Doce consejos para los estudiantes

Esta entrada va dirigida, sobre todo, a los estudiantes universitarios, pero también a los que ya se acercan a la universidad.  A modo de resumen, aparecen estos doce consejos en las páginas 125-127 de mi libro Técnicas de estudio y examen para universitarios. 2ª ed. Bilbao: Ediciones Mensajero, 2007. En los capítulos de este libro se desarrollan estas y otras orientaciones relativas al estudio y trabajo intelectual (Ver la página o sección Mis libros de este blog).

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Doce consejos para los estudiantes

Desarrolla una motivación adecuada. Trata de aumentar la motivación intrínseca por lo que estudias («esto lo estudio porque me resulta interesante»). Esta motivación intrínseca la conseguirás, poco a poco, si practicas un tipo de estudio según los apartados Practica el estudio crítico y aplicado y Utiliza estrategias eficaces de aprendizaje, que encontrarás más abajo. La motivación se puede crear y desarrollar; no es algo fijo. No cedas al desánimo cuando algo no te salga como esperabas. Ante un resultado peor de lo esperado, evita echar la culpa a nadie (ni a otros, ni a ti mismo) sin después hacer nada; en lugar actuar así, revisa lo que puedes mejorar, para llegar a un plan operativo de actuación. También de los fallos se puede aprender. Evita aplicarte etiquetas negativas, como «No tengo fuerza de voluntad», «No valgo», «No puedo cambiar», etc. Por el contrario, piensa que, con el método adecuado y constancia, puedes mejorar en todo o casi todo, como otros lo hacen.

Organiza bien el tiempo. Ten un plan realista, no minucioso ni inflexible. Distribuye el tiempo de forma proporcional entre todas las materias, las diferentes partes de cada materia y las varias tareas o actividades que se pueden realizar durante el estudio. Puedes tomar la semana como unidad para planificar. Aprovecha los «tiempos muertos», esos ratos en que no tienes una actividad realmente interesante. No concedas demasiado tiempo a una materia a costa de las otras, ni te detengas demasiado tiempo en un tema, o en el comienzo de un tema, y dejes el resto casi sin ver. Lleva al día ─o «a los dos días»─ todas las asignaturas, lo que no equivale necesariamente a estudiarlo como para dar en ese momento el examen, sino que se trata de que, como mínimo, entiendas lo explicado, subrayes o hagas esquemas y realices alguna lectura. 

Crea un entorno favorable al estudio. Tanto material como personal. Un lugar que facilite la concentración y en el que te encuentres a gusto. Pero, sobre todo, crea un ambiente personal positivo, una disposición y actitud favorable al estudio. El estudio activo (lee los dos apartados siguientes) te ayudará a mantener la concentración. Procura estar en forma física y mental con una vida sana. No le quites tiempo al sueño o al descanso necesario para estudiar o intentar estudiar, pues actuar así termina por ser una mala inversión del tiempo.

Utiliza estrategias eficaces de aprendizaje. No te limites a leer y leer, sin más; ni tampoco a aprender de memoria sin entender. Estudia cada tema con un objetivo (busca algo), proponte preguntas y trata de responderlas con la o las lecturas. Alterna la visión de conjunto o general con la visión por partes, sin perder nunca la visión de conjunto del tema o cuestión. Relaciona las diferentes ideas o puntos entre sí, relaciona también lo que estudias ahora con lo anterior o con la explicación de clase, etc. Estructura (Haz un esquema escrito o mental) y «esencializa» (trata de llegar a palabras clave), pero sé capaz de reconstruir o explicar ese esquema. Hazte con frecuencia una especie de examen («¿Cómo expresaría lo que acabo de estudiar?»).

Practica el estudio crítico y aplicado. No un estudio pasivo, mecánico y superficial. Consulta otros libros y documentos. Hazte amigo de los diccionarios y enciclopedias, tanto generales como de las diferentes materias. Después de entender lo que lees trata de descubrir el punto de vista del autor, sus fuentes, los supuestos de los que parte, el rigor de sus argumentos y razonamientos, etc. Relaciona lo que estudias con otras lecturas, con noticias de actualidad, etc. Relaciona lo que aprendes en una materia con otras materias. Trata de hacer aplicaciones de lo que estudias. Estudiar así no te llevará mucho más tiempo, pero te ayudará a aprender mejor y experimentar mayor satisfacción y motivación intrínseca.

Repasa con frecuencia. Realiza varios repasos, no solo poco antes de los exámenes. El primero, al poco de estudiar algo y, después, de vez en cuando. Reserva un espacio de tiempo a la semana para repasar. Pero haz repasos activos, no simplemente «leer y leer». Aprende a realizar los repasos sin emplear mucho tiempo: varios repasos rápidos. Utiliza las ayudas (subrayado, esquemas, mapas conceptuales, fichas de repaso, etc.). Reconstruye mentalmente lo estudiado (autoexamen), comprueba con los apuntes o el libro si los has hecho bien, y termina con otra lectura.

Mejora tu memoria. Mejorar la memoria es mejorar la forma de aprender. Entiende y comprende todo lo que lees. Sintetiza y simplifica, hasta llegar a palabras-clave o palabras que te suscitan el recuerdo de lo estudiado. Visualiza e imagina hasta llegar a «ver» o «sentir» lo que estudias. Relacionar unas cosas con otras es el «pegamento» de la memoria. Comprueba si has aprendido bien con una especie de autoexamen. No es lo mismo entender (o creer que se entiende) que dominar y ser capaz de aplicar lo estudiado. Ten bien presente que el recuerdo viene poco a poco, con suavidad, por asociación, sin tratar de forzarlo.  

Sigue las clases y orientaciones del profesor. Conoce bien los objetivos, método de trabajo y criterios de evaluación de cada materia. Aprovecha al máximo las clases, pues es una forma de optimizar tu tiempo. Presta atención a los puntos que el profesor señala como importantes. Revisa diariamente los apuntes. Relaciona la explicación del profesor con el libro o libros. Dentro de tu estudio, puede resultar provechoso dar un vistazo rápido a lo que van a explicar próximamente. Aprovecha la disponibilidad de los profesores para aclarar tus dudas y desarrollar la forma de aprender mejor.

Prepara bien los exámenes. Desde comienzo de curso. En la etapa inmediata, dedica la mayor parte del tiempo a los repasos activos. Da un vistazo al conjunto de las preguntas, antes de empezar a responderlas. Haz una especie de esquema ─por escrito o mental─ de cada pregunta, antes de empezar a redactar. Reparte el tiempo proporcionalmente entre las partes del examen. Adquiera las estrategias de cada tipo de examen: desarrollo, «tipo test», oral, etc.

Aprende a manejar la ansiedad durante los exámenes. Evita los agobios en los días anteriores. No te alarmes si experimentas algo más de ansiedad: acéptalo y no aumentes la ansiedad por sentir ansiedad. Se trata de manejar la ansiedad y no de suprimirla. No pretendas recordar todo a la vez: el recuerdo llega a su ritmo, por asociación, pero nunca bajo la presión de querer acordarte de todo a la vez. No te atasques en lo que ahora no recuerdas. Da un vistazo a las preguntas y, durante unos minutos, deja que venga a tu mente de forma espontánea cualquier dato o información, aunque no sea correcta; después vendrá la selección y la estructuración. Recurre, si te resulta necesario a utilizar algunas de las estrategias generales y técnicas para manejar la ansiedad.

Planifica y realiza con esmero los trabajos académicos. Lo más importante en los trabajos académicos es el ejercicio y desarrollo de importantes habilidades intelectuales, como buscar, seleccionar, relacionar, organizar, estructurar y resumir la información, o llegar a conclusiones; además, por supuesto, de aprender a expresar correctamente por escrito lo que has elaborado, así como a realizar presentaciones orales. No tomes información de cualquier libro, revista o página de internet. Selecciona las fuentes de tu trabajo con una actitud crítica. Comprende bien las ideas o datos que tomas prestados y no copies literalmente: cita siempre las fuentes que utilizas. Haz un borrador. Estructura bien las ideas. Deja claro cuál es el objetivo de tu trabajo, las conclusiones a las que llegas y sus límites. Redacta con claridad, pues un trabajo no es solo para ti, sino algo que tienen que leer y entender otros.  

Mejora tus estrategias, técnicas y hábitos de estudio. Un objetivo fundamental de los años de estudiante, sobre todo durante la universidad, es aprender a aprender. Revisa de vez en cuando tu forma de estudiar. Proponte algunos objetivos concretos para mejorar tus estrategias y hábitos de trabajo intelectual. No pretendas hacerlo todo a la vez, ni te agobies al ver muchas recomendaciones juntas. Poco a poco, pero con constancia. Releer este libro y consultarlo con frecuencia, puede ser una buena ayuda para aprender a aprender. El cuestionario de las páginas 113-117 te ayudará de forma especial para empezar.

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2 respuestas a Doce consejos para los estudiantes

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