Animales saludables y respetables

Osos

«Los animales sufren tanto como nosotros. La verdadera humanidad no nos permite imponerles tal sufrimiento. Es nuestro deber conseguir que el mundo entero lo reconozca».

(Albert Schweitzer. Premio Nobel de la Paz de 1952)

 

Artículo publicado en EL CORREO. Domingo, 17 de enero, del 2016. Página 43.

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Animales saludables y respetables

Enrique Pallarés Molíns
Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Los animales, además de formar parte importante de la dieta de los no veganos, son utilizados para el transporte, vigilancia, defensa, compañía, rescate, guía, vestido y para un largo etcétera de utilidades, sin olvidar el ocio, el espectáculo y la investigación biomédica. Nos ofrecen, pues, un servicio esencial.
Forman parte de la historia de la Psicología los perros de Pavlov, las ratas de Watson y de Tolman, los monos rhesus de Köhler y de Harlow, las palomas de Skinner, o los gansos de Lorenz. Y otros muchos animales que contribuyeron a la adquisición de importantes conocimientos sobre aprendizaje, estrés, depresión, comunicación, apego, etc., con frecuencia a cambio de sufrimiento y de su misma vida. Pues no siempre el investigador se aplica previamente las descargas eléctricas, como hacía Martin Seligman en sus experimentos con perros sobre la indefensión aprendida al explicar la depresión.
Desde el nacimiento establecemos vínculos afectivos duraderos con las personas, de forma muy especial con la madre; relación que se amplía a los animales. Así, las conductas que expresan la relación de apego –búsqueda de proximidad y contacto, alegría con la presencia, tristeza y llanto en la separación– se observan también en el vínculo afectivo que algunos establecen con sus mascotas; a veces de igual o mayor intensidad al que mantienen con las personas. De hecho, se ha observado una relación estrecha entre el tipo de apego de un ser humano con su mascota y el de ese ser humano con sus congéneres. Los niños se identifican de forma especial con ellos, como lo muestra su conducta, sueños y dibujos.
Esto ha llevado a diseñar terapias psicológicas «asistidas por animal», orientadas a mejorar el funcionamiento emocional, cognitivo y social, desde niños a personas mayores. El animal ‘coterapeuta’, puede ser perro, gato, caballo, elefante, delfín, etc. Ya en 1792 el filántropo William Tuke sustituyó los tratamientos punitivos habituales entonces por otros basados en el refuerzo positivo, que incluían la interacción con animales. Pero fue Boris Levinson quien, en la década de 1960, inició la terapia asistida por animal, practicada en la actualidad con buenos resultados y varios modelos, según el animal, paciente y problema. Como anécdota amable y precursora, Jofie, la perrita de Sigmund Freud, solía asistir a las sesiones, y su colocación respecto al paciente ofrecía pistas a Freud sobre su personalidad; incluso avisaba cuando se excedía la duración de la sesión.
La primera acepción del término ‘mascota’, según la Real Academia, es «Persona, animal o cosa que sirve de talismán, que trae buena suerte». Y así es. Las mascotas –incluso a veces sus imágenes–, además de eficaz antídoto contra la soledad, aportan beneficios a la salud física y mental. Por eso, es recomendable su proximidad, aunque sin incurrir en el llamado ‘síndrome de Noé’ (convertir la casa en un zoo).
Pero los animales, además de saludables, son también respetables. Charles Darwin bajó al ser humano del pedestal en el que se creía radicalmente distinto y superior a los otros animales, para verlo como un eslabón más de la evolución. La evolución continúa y una de sus metas podría ser un cambio en la consideración de los demás animales por parte del ser humano y en enmendar el bajo estatus que han tenido en la filosofía y en la ética occidental, al verlos solo desde la utilidad. Incluso habría otro ‘ismo’ a reconocer y combatir: el ‘especismo’, o prejuicio y discriminación por pertenencer a una especie.
Precisaba Jeremy Bentham, a finales del siglo XVIII, que la cuestión no es tanto si los animales piensan o no, como si sufren o no. Es ampliar nuestra empatía a los animales. Reconoce Bentham que ya se ha conseguido reprobar el maltrato a seres humanos justificado por el color de la piel, y piensa que también se puede conseguir que «el número de patas, la vellosidad de la piel o la terminación del hueso sacro no sean razones suficientes para abandonar a un ser viviente a una suerte semejante» y así, «llegará el día en que la humanidad extienda su manto sobre todo ser que respira». El doctor Albert Schweitzer, premio Nobel de la Paz por su actividad humanitaria en África, afirmó que todas las criaturas, incluido el ser humano, poseen una voluntad de vivir, que hay que respetar. Tras afirmar que los animales «sufren tanto como nosotros» y que «la auténtica humanidad no nos permite hacerles sufrir», concluye Schweitzer: «Hasta que ampliemos nuestro círculo de compasión a todos los seres vivos, la humanidad no encontrará la paz».

 

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Los regalos

Regalos Emerson

 

Grabación de la entrevista en Radio Popular sobre ‘los regalos’:   https://enriquefranciscopallares.wordpress.com/2015/12/21/entrevista-en-radio-ppoular-de-bilbao-sobre-los-regalos-grabacion-en-mp3/

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Los regalos

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

 

EL CORREO, 2 de enero del 2016. Página 29.

Las fiestas de Navidad son fechas especialmente propicias para los regalos; pero no las únicas, pues son muchas, y en aumento, las ocasiones para dar y recibir regalos: cumpleaños, boda, graduación, bautizo… A estas hay que añadir, dentro de la llamada «comercialización del calendario», los «días de…»: día de la madre, día del padre…
Intercambiar regalos es una práctica universal, en el tiempo y en el espacio, una forma de expresar gratitud, de mostrar interés y aprecio, a la vez que de establecer y fortalecer los vínculos entre personas y grupos. El regalo es el lenguaje –sin palabras, pero muy expresivo–, del amor, la amistad y la gratitud. En su clásico ensayo, destaca Marcel Mauss que la pervivencia del regalo es para congratularse, pues muestra que no todo está clasificado en términos de compra y venta, y que las cosas pueden tener, además del valor mercantil, un valor afectivo.
Tras el regalo hay un conjunto, a veces complejo, de emociones y motivos, tanto en el donante (¿Acertaré?) como en el receptor (¿Por qué este regalo?). A algunos les resulta agradable elegir el regalo, pues es una ocasión para expresar su afecto, pero otros experimentan ansiedad y temen no acertar. El narcisista elige el regalo pensando no tanto en el que lo va a recibir, sino en distinguirse y aparecer él como singular. Sin llegar a esto, es frecuente fallar en el regalo al no culminar la difícil tarea de ponerse en el lugar del receptor. El receptor trata de adivinar las emociones e intenciones del donante (¿Es sincero? ¿Será para controlarme?) y decide aceptar o no el regalo, pues a veces cuesta más recibir que dar. Por eso, dar y recibir regalos –las personas alternan ambas actividades– es una ocasión propicia para desarrollar la empatía y el ponerse en el lugar del otro.
Pero, ¿qué características debe reunir un regalo? Aunque no siempre se cumple en la práctica, se acepta como referencia, al hacer y juzgar un regalo, que suponga al donante cierto sacrificio (dinero, tiempo, esfuerzo), que el objetivo principal sea agradar al receptor, que se trate de algo apropiado y, finalmente, que suscite sorpresa y agrado. El envolverlo, a la vez que otorga a un objeto la categoría de regalo, facilita el requisito de sorpresa y es la ocasión para demostrar el buen gusto y el afecto.
Los regalos tienen en la actualidad una proyección económica importante y su práctica es bienvenida por el comercio, a la vez que suscita el interés investigador del economista. Según los estudios, con frecuencia citados y discutidos, del profesor de economía norteamericano Joel Waldfogel, la valoración que el receptor hace del regalo es entre un 10 y un 30% menor que el precio real de dicho regalo. Ante esta «pérdida irrecuperable de eficiencia de la Navidad», sin entrar en su valor sentimental, sugiere Waldfogel optar por el regalo en efectivo o en tarjetas.
Sin embargo, varios estudios de psicólogos muestran que las personas tienden a apreciar más lo que han recibido como regalo que lo que han comprado. Es decir, el regalo puede ser un modo de «crear valor»; más por lo que representa que por su precio de mercado.
Como defensa ante el bombardeo de la publicidad, que convierte el regalo en una carrera de consumo y competición, ayudará escuchar a Ralph Emerson: «Los anillos y demás joyas no son regalos, sino remedos de regalo. El único regalo es una parte de ti mismo». No es necesario papel especial para regalar tiempo, escucha, afecto, amistad, sangre… vida. Estos regalos retornan al donante como experiencia de profunda satisfacción; se convierten en un autorregalo. Así, un buen regalo para un niño es avivar y reforzar su generosidad natural para compartir.
El regalo de los Magos, un cuento de O. Henry (William Sydney Porter), nos presenta a una joven pareja, que en su extrema pobreza solo poseen dos cosas de valor: el reloj familiar de oro de Jim y la hermosa y larga cabellera de Delia. La víspera de Navidad, cada uno siente la imperiosa necesidad de hacer al otro un buen regalo. Delia compra, con la venta de su cabellera, una cadena para el reloj de Jim; mientras Jim, con la venta del reloj, adquiere un juego de peinetas de carey para la cabellera de Delia. Al intercambiar los regalos, tras la sorpresa y el desconcierto inicial, se consuelan y abrazan. O. Henry, que reconoce la actuación apresurada y algo insensata de la pareja, comparada con la sabiduría de los Magos de Oriente, concluye: «De todos los que dan y reciben regalos, los más sabios son las personas como Jim y Delia. Ellos son los verdaderos Magos».

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¡Feliz Año Nuevo!

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Mis mejores deseos para 2016 a los que les llegan las entradas de este blog por suscripción y a los que lo visitan ocasionalmente, así como a sus personas queridas. ¡Muchas  gracias por seguirme!

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¡Feliz Navidad!

Navidad 2015 Claustro

¡Feliz Navidad! ¡Felices fiestas!

 

 

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Nuestras emociones en las Navidades

Charlotte Puebla. Alumna del C. P. Griseras de Tudela.  Ganadora del concurso de tarjetas navideñas del Ayuntamiento de Tudela. 2012.

Charlotte Puebla. Alumna del C. P. Griseras de Tudela. Ganadora del concurso de tarjetas navideñas del Ayuntamiento de Tudela. 2012.

 

 

 

 

 

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Nuestras emociones en las Navidades

Enrique Pallarés Molíns
Promoción 1962

Vuelos. Revista de los Antiguos Alumnos de Jesuitas. Tudela. NAVARRA. Diciembre, 2015. Número 80. (*)

En los días navideños se intensifican las sensaciones con la iluminación y decoración, el belén, el árbol, la música, los regalos… y los olores de la cocina. También las emociones se intensifican y con frecuencia se acentúan los contrastes entre ellas, a la vez que despiertan emociones dormidas. Bien es verdad que no todos sienten algo especial estos días.
Los que ya están alegres pueden llegar a la euforia, mientras que los que experimentan tristeza o soledad, esa tristeza y soledad acentúan su oscuridad. ¿Cómo es posible la tristeza durante estos días? El mismo sentir como obligación el tener que estar alegre, puede acentuar la tristeza. En otros se debe al hueco dejado por los seres queridos arrancados por la muerte. La ‘silla vacía’ del comedor o del salón resulta especialmente visible e hiriente estos días. Además, hay pérdidas de otro tipo, como la de la salud, la del trabajo o la de la casa. Y la más grave: la pérdida del sentido de la propia vida. Tras las frías estadísticas del paro y los porcentajes de prevalencia de las enfermedades, sufren personas y familias concretas. A veces este dolor resulta tan intenso, que llega a apagar toda luz de esperanza. Y esto en la privilegiada y reducida zona del mundo donde vivimos, cuya nota media en bienestar material es bastante alta. En gran parte del planeta, las injusticias, las guerras, la hambruna, las epidemias, las catástrofes naturales, etc. pueden llegar a anestesiar y aplanar las emociones, o a disolverlas en la amargura de la desesperanza.
Choque de emociones dentro de uno mismo, al evocar con tristeza experiencias positivas, aunque irrepetibles, de tiempos ya pasados. «No hay mayor dolor que recordar en la desgracia los días felices» les dice Francesca de Rímini, condenada en el infierno, a Dante y a Virgilio. Pero no siempre «cualquier tiempo pasado fue mejor». La nostalgia de un pasado feliz, contrastado con un presente menos feliz, resulta en parte de idealizar el pasado. Se aconseja revivir momentos positivos del pasado, pero para cimentar la esperanza en el futuro y seguir adelante.
Contraste también entre los que pretenden vanamente, con los excesos, reducir sus emociones negativas o el vacío interior, y los que encuentran profunda alegría y satisfacción cooperando a que otros se sientan mejor. La existencia de tantas personas generosas con su tiempo, esfuerzo e ilusión –con frecuencia sin apenas ruido–, prueba que el corazón del hombre puede albergar el odio destructor o la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, pero también, y no menos, la empatía y la compasión.
Recomiendan evitar los excesos en la mesa para que no se disparen los niveles de colesterol y de glucosa… ni la aguja de la báscula del baño. Tal vez no resulten superfluas algunas recomendaciones de higiene emocional con el fin de evitar las resacas afectivas. Como ejemplo, sugiero algunas.
En primer lugar, aceptar nuestras emociones, acentuadas en su variedad y en sus contrastes, como una ayuda para conocernos mejor y para el crecimiento personal. Reconocer y aceptar –sin, por supuesto, fomentar–, algún pequeño exceso, como algún enfado. Reconocer estas reacciones unas veces espontáneas, y otras consecuencia del alcohol, en lugar de negarlas, es el primer paso para su control. Aceptar también que, por diferentes razones, no sintamos nada especial.
La envidia, más o menos encubierta, se puede intensificar estos días. Compras, regalos, fiestas, etc. porque otros lo hacen, y siempre tratando –como una norma rígida–, de no ser menos que los demás. El bombardeo de la publicidad cumple su objetivo. Caso de realizar comparaciones, hagámoslas, en lo que se refiere al consumo, con los que están por debajo de nosotros; ‘envidiemos’ y tratemos de imitar a los que nos superan en saber vivir felices con menos bienes materiales o en ser más agradecidos.
Adoptar una actitud de ‘cierta’ distancia emocional y objetividad. No se trata de permanecer afectivamente frío, como el cava o la nieve, sino de vivir con lucidez la experiencia presente. Esto no excluye permitir que fluya un sentido del humor amable y que, eventualmente, emerja incluso el cómico que llevamos dentro. Es conducir nuestras emociones en lugar de que ellas nos controlen y evitar los excesos emocionales, que luego pueden provocar la resaca de la vergüenza, los sentimientos de culpa o las enemistades.
Fomentar la auténtica alegría, en lugar de la risa hueca con la que a veces se trata de compensar la ansiedad o el vacío interior. Los psicólogos que señalan los caminos hacia la auténtica felicidad y alegría, insisten en la importancia de dedicar tiempo a las personas queridas, ayudar a otros, saborear la experiencia presente, etc. Fomentar la alegría en los demás es la mejor manera de aumentar la propia. Es ‘contagiar’ y dejarse ‘contagiar’ por el sano sentido del humor.
Consultamos con frecuencia el barómetro para pronosticar el tiempo. Se ha dicho que la gratitud es el ‘barómetro moral’ de una sociedad y, por supuesto, de una persona. Cuando son más frecuentes las bajas presiones atmosféricas, es buen momento para hacer subir el barómetro moral de la gratitud. Conviene cambiar la visión de la vida: de como «algo que se me debe» a «algo que se me regala».
Estos días se asocian también a un aumento de nuestra generosidad hacia los más necesitados. Es importante conocer nuestras emociones, pero no lo es menos conocer e intentar sentir, de vez en cuando, las emociones de los demás: «Ponernos en los zapatos del otro», aunque sean de distinto número. ¿Cómo se puede sentir estos días quien acaba de perder el trabajo, perder un hijo, o recibir un diagnóstico grave? Con este ejercicio de empatía y compasión no se pretende acibarar el turrón, sino ensanchar y enriquecer nuestros sentimientos y colocar en su sitio nuestro ego.
¿Cómo reaccionar ante las ‘sillas vacías’? El proceso del duelo no sigue una línea recta, sino de altibajos, y estos días favorecen la intensificación de la aflicción. A algunos les ayuda ‘escuchar’ a la persona querida fallecida que les invita a no renunciar a un encuentro familiar y a no entristecer a los demás. Admita sus sentimientos de aflicción y no se avergüence de ellos, incluso si están acompañados de lágrimas, pero tampoco se culpabilice por no estar triste todo el tiempo ni por participar en encuentros que estrechan la unión familiar y la amistad. Estos días son adecuados para celebrar con gozo y satisfacción interior la vida de estas personas queridas ausentes y agradecer los años vividos juntos.
La contemplación –no la mirada superficial– del Portal de Belén puede ser un potente estímulo para fomentar las emociones positivas, a la vez que la psicoterapia y el fármaco más eficaz para controlar las negativas. Esa sencilla y familiar escena irradia amor, paz interior y hacia los demás, esperanza, gratitud, generosidad, empatía, profundidad espiritual… Dios nace en la cercanía y en la ternura del amor. Su venida constituye el mejor regalo, fuente de valores y fortalezas fundamentales, no solo para los cristianos, sino para toda la humanidad. Que este mensaje de paz, amor y esperanza no lo acallen la publicidad consumista, el laicismo militante ni la tendencia a trivializar lo realmente valioso cuando se ofrece con sencillez.

¡Feliz Navidad! ¡Feliz Año Nuevo!

 

(*) Esta mañana he recibido la revista ‘Vuelos’. No, no la encontraréis en los quioscos ni en las librerías. Pero es bien conocida, o mejor dicho, familiar –«nuestra revista»– para los que somos antiguos alumnos del Colegio San Francisco Javier; del «Bendecido Colegio de Tudela», como cantamos en su himno, que los jesuitas dirigen en Tudela de Navarra desde 1891.
En mi tiempo de colegial ‘Vuelos’ era la revista del Colegio; la revista seria u oficial. Porque había otra revista, más informal y sencilla, cuyo nombre era ‘El Chopo’. Los antiguos alumnos tenían su boletín (Boletín de Antiguos Alumnos). No sé exactamente cuándo, pero ya hace años, ‘Vuelos’ pasó a ser la revista de los Antiguos Alumnos, con una frecuencia de publicación bianual (abril y diciembre).
En este número 80, en las páginas 16 y 17 hay un artículo mío cuyo título es “Nuestras emociones en las navidades”. Con algunos retoques y añadidos es el mismo que publiqué en el diario El Correo el 31 de diciembre del 2014 y que posteriormente inserté en mi primer blog. Me produce especial satisfacción compartir ahora estas sencillas reflexiones con mis compañeros de Colegio, con los anteriores a mí y con los más jóvenes. Espero que les ayude. Como veréis, soy de la promoción del 62, de los que terminamos el curso Preuniversitario en el año 1962. Desde entonces ha llovido mucho y caído mucha nieve en el Moncayo, cuya fotografía ilustra el artículo y también este blog.
Agradezco, de verdad, a Rosa Tobajas el interés y esmero que ha puesto en la preparación de la publicación del artículo. Y también a todos vosotros por prestarle atención.

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Ludwig Guttmann. Un hombre al servicio de los lesionados medulares

Ludwig Guttmann

Esta noche (5 de diciembre del 2015, 22:05 h.) proyectan en TVE-2 una película cuyo título es «Los mejores hombres». Trata de la vida de Ludwig Guttmann: uno de los mejores hombres.

Hay muchas personas que merecen el reconocimiento y agradecimiento de la humanidad. Personas que han hecho algo importante por los demás, que han iniciado y continuado una importante actividad humanitaria. Algunos lo han hecho en circunstancias realmente difíciles, como Ludwig Guttmann. Este neurocirujano y neurólogo judío (1899-1980) fue el fundador de los Juegos Paralímpicos, dentro de una humanización del trato y de una integración psicosocial de los lesionados medulares.
A pesar de que, como a todos los judíos, se le había retirado a Guttmann el pasaporte y la posibilidad de ejercer la neurocirugía, von Ribbentrop, Ministro de Asuntos Exteriores de Hitler, le ordenó en 1938 trasladase a Portugal para tratar a un amigo del dictador Salazar. Se le autorizó regresar pasando por Inglaterra, donde consiguió asilo, para él y para su familia.
En aquel tiempo, el futuro de los enfermos medulares, sobre todo de los parapléjicos, era realmente negro, con altas tasas de mortalidad y una calidad de vida muy precaria. Las autoridades sanitarias británicas le pidieron Guttmann un informe sobre estos enfermos, de resultas del cual se inició un tratamiento más adecuado, con la creación de un centro especializado para los lesionados medulares, del que Guttmann fue nombrado director.
Su objetivo no era solo el tratamiento quirúrgico y médico, sino la reintegración de los lesionados medulares a la sociedad, en la que se sintieran útiles y respetados. Dentro de este objetivo integrador, junto a otros talleres y actividades, promovió en estos enfermos la práctica del deporte, que no solo tenía un efecto beneficioso para el cuerpo, sino también importantes ventajas psicosociales. Deportes como el tiro con arco, lanzamiento de jabalina, billar, etc., ayudaban a los lesionados medulares a salir del aislamiento, compensar los sentimientos de inferioridad y mejorar su autoestima. Terminada la Segunda Guerra Mundial, se iniciaron y extendieron progresivamente estos juegos y competiciones olímpicas, más allá de Stoke Mandeville, a otros centros. En 1960, durante los Juegos Olímpicos de Roma, fueron reconocidos oficialmente como Juegos Paralímpicos.
Como es frecuente que les ocurra a los pioneros, Ludwig Guttmann sufrió las críticas, incomprensiones y dificultades de los que pensaban que no merecía la pena ni estaban justificadas las elevadas inversiones económicas en personas con alto grado de discapacidad. Pero Guttmann tuvo y mantuvo su fe en el ser humano –en sí mismo y en los demás–, y siguió adelante hacia su meta humanitaria. Así, mientras en su país de origen se exterminaba a los seres humanos con cualquier tipo de deficiencia física, psíquica o social, este reconocido neurocirujano y neurólogo centro su objetivo y esfuerzo en el trato humano e integrador de los lesionados medulares.

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25 N Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Día internacional de violencia mujeresNo es, o no debería, ser uno más de los ‘Día Mundial de…’ o ‘Día Internacional de…’. El amplio y creciente calendario de ‘días de…’, cuyo fin es tomar conciencia de un problema real relevante, no debe crear habituación ni callo. El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer no es un ‘día’ más. Este año la ONU propone que el día 25 de noviembre tenga su continuidad en los días siguientes, hasta el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. De este modo se deja bien claro que la violencia contra las mujeres afecta directamente a los derechos humanos. La violencia que se ejerce contra ellas es una clara violación de los derechos humanos. Así, pues, 16 días, por lo menos, de reflexión y actividad para la eliminación de esta lacra personal y social que es la violencia de contra la mujer a lo largo de su vida: desde la niñez a la vejez y en sus diferentes estados.
La violencia contra la mujer, en sus diferentes variantes, desde la violencia física a la psicológica y de las formas más brutas a las más sutiles, es el resultado o el subproducto de la discriminación que sufre en la sociedad. Discriminación que, a su vez, guarda estrecha relación con los estereotipos de género, es decir, con una visión y comprensión incorrecta de las diferencias entre hombres y mujeres, que distorsiona negativamente el perfil psicosocial de la mujer.
Es cierto que existen diferencias entre mujeres y hombres, pero no tan elevadas como los estereotipos de género indican, sin otro fundamento que el de su tozudez y rígida transmisión. Está demostrado que son mayores las semejanzas entre ambos sexos que las diferencias en el terreno, por ejemplo, de las aptitudes intelectuales y de otros rasgos psicológicos. En cualquier caso, las diferencias nunca pueden justificar la discriminación y mucho menos el poder despótico de un sexo sobre otro, es decir, del hombre contra la mujer. Muchas de las diferencias son, más bien, consecuencia de la misma discriminación.
Las mujeres y los hombres no somos de distintos planetas –como sugiere el título de un conocido libro–, sino de provincias o de pueblos cercanos o, mejor dicho, del mismo lugar, pues mujeres y hombres constituimos y formamos parte de una única humanidad.
Al leer hace unas horas en el sitio de las Naciones Unidas, correspondiente a este 25 N, datos concretos sobre los distintos tipos de violencia que se practican contra la mujer en el mundo, he sentido indignación y vergüenza. Pero no podemos quedarnos en la indignación y la vergüenza. Las Naciones Unidas invitan a la acción, más allá del día 25 N, incluso más allá de los 16 días siguientes. Los estereotipos sobre las diferencias de género, que con frecuencia terminan por ser contra la mujer, se adquieren y consolidan muy tempranamente, en los primeros años de la vida –con diferentes acentos dentro de cada cultura–, de modo que pueden ser tan connaturales a nosotros que apenas los advirtamos, de modo semejante a la imposibilidad de ver directamente con nuestros ojos una mancha pintada en nuestra frente. Porque los estereotipos y la consiguiente discriminación son eso: una mancha, una mancha tóxica. Ciertos chistes, expresiones y formas espontáneas de juzgar a las mujeres son solo algunos ejemplos o muestras.
Necesitamos el espejo de los conocimientos establecidos científicamente para advertir y ser conscientes de estas creencias automatizadas que llevan a la discriminación. Pero, sobre todo, el espejo del sano sentido común, que tampoco justifica la discriminación, sino que proclama la igualdad y la no superioridad de un sexo respecto al otro. No dejemos de mirar a esos espejos hasta que borremos del todo de nuestra frente y de nuestro interior esa mancha discriminadora. Esto exige una acción educación temprana y continuada que erosione estas falsas creencias, que se una a las disposiciones legales y actitudes sociales que luchan contra la discriminación. Son innegables los avances realizados en esta línea, sobre todo durante las últimas décadas. Pero no lo suficiente como para dar tregua a la campaña de eliminación de la violencia contra la mujer; desde todos los frentes, todos los días del año y en todas las partes del mundo, empezando por nosotros mismos.
Con estas sencillas y espontáneas reflexiones no trato solamente de defender a las mujeres contra la violencia. Con toda seguridad, ellas mismas se pueden defender y lo harán mucho mejor que yo, pues son evidentes las razones que existen contra la sinrazón de la violencia hacia las mujeres. Aunque resulte a primera vista chocante, trato también de ayudar a los hombres que practican algún tipo de maltrato, de defenderles, se entiende, de ellos mismos; porque no hay nada que degrade más a un ser humano que el ejercer violencia contra otro. La víctima, aunque desgraciadamente no siempre ocurre así –a veces, además de ser víctima, la mujer se siente culpable–, puede caminar con la cabeza más alta que el victimario. El hombre o todo grupo social que maltrata física o psicológicamente a una mujer se degrada hasta tal punto que necesita, además de una ejemplar sanción penal y de una firme condena social, una reeducación eficaz. Promovamos una educación que erradique esta violencia contra las mujeres. Pintemos el mundo de naranja o de puntos lila.

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¿De qué hablaré esta tarde en la conferencia sobre la felicidad?

Sociedad El SitioHoy, lunes, 16 de noviembre, pronuncio una conferencia en Bilbao sobre el tema La felicidad asequible y sostenible, organizada por la veterana y prestigiosa Sociedad El Sitio (19,30 h. Hotel Silken Indautxu. Pl. Bombero Echániz. Entrada libre hasta completar aforo).

¿De qué voy a hablar esta tarde? Por supuesto, de la felicidad, pero de la felicidad asequible y sostenible. Con este título quiero indicar que la felicidad es asequible; pero también que me voy a referir a la felicidad que es asequible, a la que resulta alcanzable. Hay personas que entienden la felicidad solo como la ausencia total de todo lo molesto y negativo, como un estado emocional en que todo son sensaciones positivas sin presencia de nada negativo. Esta felicidad no es ciertamente asequible, no existe, no es la felicidad humana; perseguirla es querer atrapar el viento, pretender alcanzar algo irreal.

La felicidad la entiendo no solo como sentir una emoción o conmoción especial, como experimentar algo diferente y sublime, cercano al éxtasis, sino, sobre todo, como sentirse bien consigo mismo, encontrarse bien dentro de la propia piel y en la otra piel que son las demás personas, como desplegar y actualizar de forma armónica nuestras posibilidades. Es la felicidad razonable, la auténtica felicidad, la felicidad asequible y que, además, podemos sostener o mantener.

La felicidad, en este sentido, es la máxima aspiración del hombre; el fin último de la acción del hombre, como afirmó hace siglos Aristóteles. Es también el fin del estado –hacer posible la felicidad de los ciudadanos– según el pensamiento de la Ilustración (Así, se reconoce en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la primera Constitución Española, de 1812).

Pero, ¿hay algún truco para ser feliz? La respuesta es: No. Según una leyenda, unos seres malignos y muy poderosos, decidieron ocultar la felicidad al hombre; esconderla de tal modo que no la pudiera ver ni fuera capaz de encontrarla. Se reunieron para concretar el lugar donde ocultarían la felicidad. Uno de ellos propuso que el fondo del mar podía ser un buen escondite, otro que un bosque, un tercero que en el interior de una montaña. Así, cada uno presentó su propuesta para esconder la felicidad, bien escondida, bien oculta. Una por una estas alternativas eran rechazadas por los demás, pensando que el hombre, tarde o temprano, sería capaz de encontrarla en ese lugar. Hasta que habló el último, que todavía no había hecho su propuesta, y dijo: «Escondamos la felicidad dentro del hombre mismo, pongámosla en su interior; seguro que, así, no la encontrará. Buscará por todas partes y no advertirá que está dentro de él». A todos los demás les pareció que ese era el mejor lugar para que el hombre no la encontrase nunca.

La verdad es que estos seres sobrenaturales solo acertaron en parte. Hay muchos que buscan la felicidad fuera de ellos mismos, en las circunstancias externas (dinero, prestigio, etc.) y allí no la encuentran. Algunos, más que buscarla, esperan que la felicidad les llegue donde están sin ellos moverse. Pero también hay otras que la buscan de forma correcta; descubren sus fortalezas –las fortalezas que todas las persona tenemos– y tratan de desarrollarlas y actualizarlas. Toman la felicidad no como un fin individualista o egoísta, sino que entiende que es inseparable «el sentirse bien consigo mismo… y el sentirse bien con los demás». El desarrollar y actualizar las potencialidades humanas.

Varios psicólogos han señalado este camino de forma relativamente concreta. Hace unas décadas fue Michel Fordyce con sus 14 puntos fundamentales para conseguir la felicidad. Más recientemente, destaca Sonja Lyubomirsky, que ha estudiado y propuesto varias líneas o estrategias para favorecer el desarrollo de la felicidad, lo que ella llama «actividades intencionales para ser feliz». No quiero olvidarme del excelente libro La auténtica felicidad, de Martin Seligman ni de su libro más reciente, Flourish, en el que, para evitar equívocos, prefiere este nombre al de felicidad o de bienestar subjetivo.

Tampoco quiero pasar por alto los estudios y propuestas de Ed Diener y de otros.
Sonja Liubomirsky representaba en un gráfico tipo ‘tarta’ o ‘queso’ los factores que determinan la felicidad humana. Por supuesto, no hay que tomar este ejemplo como la exactitud de la geometría, pues se trata de una aproximación. Parte de la «tarta» está ya determinada o bloqueada; no depende de nosotros (herencia, personalidad). Otra parte, la más pequeña aunque parezca extraño, depende de la circunstancias (edad, lugar de residencia, ingresos económicos, trabajo, salud, etc.). Pero hay todavía una buena porción, casi tan grande como la primera, que depende de nosotros, que está en nuestras manos. Aprovechemos esa porción de ‘tarta’.

Como digo, no se trata de recetas sorprendentes, sino de advertir que la felicidad está en nuestro interior y que depende de nuestro hacer. No hay que esperar que nos llegue, aunque tampoco es necesario realizar nada excepcional, que no podamos hacer. Los autores anteriores sugieren el camino o los caminos. Por ejemplo, realizar actos de amabilidad en beneficio de los demás, procesar –con la memoria y la imaginación– las experiencias positivas de nuestra vida, practicar la gratitud, reconocer que nuestras personas queridas son también nuestra mayor fortaleza, modificar algunas de nuestras formas de pensar y de ver el mundo que nos rodea… y otras más. Se trata, en definitiva, de desarrollar nuestras mejores fortalezas; de actualizar nuestras mejores potencialidades. Esa es la felicidad asequible y sostenible. Sobre este tema, pues, hablaré esta tarde en la Sociedad El Sitio.

Mi agradecimiento a la Sociedad El Sitio por su invitación.

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Anuncio próxima conferencia sobre la felicidad

Sociedad El SitioMi próxima conferencia:

 

 

Título: La felicidad asequible y sostenible
Hablará: Enrique Pallarés Molíns
Organiza: Sociedad El Sitio
Día y hora: lunes, 16 de noviembre del 2015. 19:30 h.
Lugar: Hotel Silken Indautxu (Plaza Bombero Echániz)
Entrada libre hasta completar aforo

El mismo lunes, a las 16:15, tengo una entrevista en Radio Popular sobre el tema de conferencia.

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¿Pensar en la muerte?

IMG_1105Enlaces a mi último artículo, publicado en El Correo. Domingo 1 de noviembre. Página 41.

Provisionalmente, hasta que se solucione una dificultad técnica relativa a la indexación y difusión de este blog en Google, en los posts aparecerá solamente el enlace o enlaces al texto completo del artículo, pero no aparecerá directamente el texto del artículo, como hasta ahora.

Espero que se solucione pronto este problema. Mientras tanto, para poder leer el artículo, será necesario acudir a los archivos PDF, haciendo ‘clic’ en cualquiera de los dos enlaces que aparecen a continuación.

Enlace para acceder al texto del artículo en PDF del autor: Pensar en la muerte 01.11

Enlace para acceder al texto del artículo en PDF de El Correo: Pensar en la muerte EC

Enlace a otros artículos míos publicados en los últimos meses en la prensa diaria: https://enriquepallares.wordpress.com/mis-articulos/

 

 

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