Animal racional… y racionalizador

Zorra y uvas

 

 

 

 

 

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Animal racional… y racionalizador

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en el diario EL CORREO el sábado 28 de mayo del 2016 (Página 35)

«Entonces fue cuando la zorra dijo: ‘No las quiero comer. No están maduras’». Esta conclusión de la zorra resultaría razonable y convincente, si no fuera porque, previamente, ha tratado por todos los medios de alcanzar las apetitosas uvas y, como cuenta también Félix de Samaniego en los versos anteriores: «Miró, saltó y anduvo en probaduras, pero vio el imposible ya de fijo». Las fábulas resultan siempre aleccionadoras, porque las reacciones de los animales irracionales que describen, reflejan con sorprendente exactitud las del animal racional en situaciones parecidas. Por eso, resulta fácil encontrar semejanzas entre este relato y algunas reacciones humanas.

A nadie extraña el comentario de algunos al comprobar que el número de la lotería que tiene en las manos no figura entre los premiados: «Lo importante es tener buena salud y trabajo». Ante un ascenso frustrado, o no haber sido seleccionado para un puesto mejor, puede producirse una reacción parecida: «Mucho mejor seguir donde estoy; cuanto más arriba, más preocupaciones».

O ante el amor no correspondido; tras constituir el anhelado ‘sí’ de la otra persona la máxima aspiración, se explica el ‘no’ con frases de sabor agridulce («Comprometerse es atarse y lo mejor es la libertad»); o de sabor amargo: «En realidad, no tiene nada especial; es bastante vulgar». Escuchamos también ‘explicaciones de consolación’ –con la ayuda de porcentajes y el foco en algún rebuscado parámetro favorable– a los políticos que no han logrado las cuotas electorales esperadas. Ante un consumo abusivo o preocupante del alcohol («Facilita las relaciones sociales»), o se subraya que tienen control de su conducta, cuando la evidencia muestra lo contrario.

No es la actitud del optimista de «ver la botella medio llena». En el optimista la satisfacción es expresada y sentida, mientras que en los casos anteriores a la satisfacción expresada corresponde una insatisfacción o inquietud interior. La psicología dinámica denomina a estos razonamientos justificadores mecanismo de defensa de racionalización, aunque Max Weber y sus seguidores entienden ‘racionalización’ en un sentido diferente. Fue Ernest Jones, biógrafo de Freud, quien publicó el primer estudio sobre la racionalización como defensa psicológica, con la que se trata de enmascarar o afrontar sentimientos incómodos de manejar. Es utilizar razones que ‘suenan’ bien –al menos al principio– y en apariencia convincentes, para disolver el malestar o conflicto interior. Pero la racionalización puede ir más lejos.

En la «racionalización moral» se pretenden justificar acciones injustificables, para convencerse de que no violan las normas morales. Así, se intentan justificar desde pequeñas faltas (una mentira leve) a otras de extrema gravedad (un genocidio). El hurto en unos grandes almacenes, o en la organización donde uno trabaja, se justifica diciendo: «Es una compensación por lo que a uno le roban»; el defraudar en los impuestos se justifica: «Los tontos son los que más pagan», «Lo recaudado se invierte mal o sirve para la corrupción». Las reprensiones o los castigos graves e injustificables se pretenden justificar como un medio necesario para «prepararle para la vida». Peor todavía cuando se dan explicaciones o excusas para justificar el abuso y el maltrato. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Complutense, publicado hace poco, mostraba que el autoconcepto moral de los componentes de un grupo de cien condenados por violencia doméstica era tan alto como el de otro grupo de no maltratadores, aunque el nivel de autoengaño era claramente mayor en los primeros.

¿Se engaña uno a sí mismo o, en realidad, solo pretende convencer –o engañar– a los demás? No siempre se trata de esto último; tal vez porque el modo más eficaz de engañar a otros es engañarse primero uno mismo. Es posible y no raro el autoengaño; el pensamiento colabora en ello. Eso sí, la racionalización y las demás defensas psicológicas se advierten con mayor facilidad y precisión en los demás que en uno mismo. La agudeza para verlas en otros va unida a miopía o ceguera para identificarlas en uno mismo.

Por supuesto, no todo razonamiento o justificación es una de defensa psicológica de racionalización. Precisamente, el objetivo principal del pensamiento inteligente debe ser dar una explicación correcta de la realidad física, social o personal, y evitar que la capacidad humana de razonar se aparte de la verdad y se ponga, con razonamientos falaces y quebradizos, al servicio de comportamientos injustificables y reprobables.

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Ante los exámenes de junio

examenes 2

En esta entrada encontrarás los enlaces a otras entradas de este blog que contienen orientaciones sobre los exámenes. Son orientaciones fundadas en estudios controlados, pero también en mi experiencia -ya lejana- de estudiante y en la más cercana de profesor y psicólogo.

♦ Los repasos finales

https://enriquepallares.wordpress.com/2013/05/07/los-repasos-finales/

 

♦ Concentración en el estudio

https://enriquepallares.wordpress.com/2012/03/13/concentracion-durante-el-estudio/

 

♦ Los exámenes tipo test.

https://enriquepallares.wordpress.com/2013/01/07/los-examenes-tipo-test/

 

♦ Para manejar la ansiedad en los exámenes

https://enriquepallares.wordpress.com/2012/01/09/ansiedad-en-los-examenes/

 

♦ ¿Por qué a veces se queda uno en blanco en un examen? ¿Qué se puede hacer?

https://enriquepallares.wordpress.com/2013/06/03/en-los-examenes-evite-que-se-forme-un-tapon-en-la-puerta-de-salida/

 

♦ El título resulta chocante, pero no es una broma. Es un complemento y en parte repetición del artículo anterior.

https://enriquepallares.wordpress.com/2014/11/17/puede-ayudar-un-viejo-baul-a-mejorar-la-memoria/

 

¡Qué hagas unos buenos exámenes! Si no te salen como esperabas, examina las causas con la mayor objetividad posible. En cualquier caso, nunca te desanimes ni tires la toalla.

Si te salen no solo bien, sino muy bien, y sientes una especie de ‘subidón’ por el éxito, te invito a leer esta entrada anterior de este mismo blog: https://enriquepallares.wordpress.com/2015/05/22/aceptarse-en-el-exito/

 

Más información sobre los exámenes y la ansiedad en los exámenes la encontrarás en mis libros (Enrique Pallarés Molíns). Los tres publicados en Ediciones Mensajero.

Técnicas de estudio y examen para universitarios.

Vivir con menos menos ansiedad. Guía práctica.

La memoria. Guía para su conocimiento y práctica.

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El perdón como fortaleza humana

Graduación en perdón. Holy Family School. Belfast. Irlanda del Norte

Graduación en perdón. Holy Family School. Belfast. Irlanda del Norte

Texto de mi último artículo en EL CORREO, sobre el perdón.

 

 

 

 

 

Enlace al texto en PDF para bajarlo al ordenador: https://enriquefranciscopallares.wordpress.com/2016/05/09/el-perdon-como-fortaleza-humana/

Enlaces a otros artículos míos publicados en la prensa diaria: https://enriquepallares.wordpress.com/mis-articulos/

 

El perdón como fortaleza humana

Enrique Pallarés Molíns. Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

EL CORREO. Sábado, 7 de mayo del 2016. Página 41

Desde hace milenios, las principales religiones hablan del perdón y lo recomiendan o prescriben. La filósofa Hannah Arendt, pionera en señalar el papel fundamental del perdón en las relaciones humanas, afirma que «El descubridor del papel del perdón en los asuntos humanos fue Jesús de Nazaret», y aclara que el contexto y lenguaje religioso no son razón para valorarlo menos en un sentido estrictamente secular. La Psicología inició el estudio del perdón hace pocas décadas. En la actualidad, la todavía joven Psicología Positiva considera el perdón como una fortaleza humana, a la vez que investiga, con metodología científica, en qué consiste, sus determinantes y consecuencias, y cómo fomentarlo.

Se dice que resulta más difícil definir el perdón que perdonar. Lo cierto es que existe mayor acuerdo en concretar qué no es el perdón que en su definición positiva. Perdonar no es olvidar o ignorar la ofensa, ni interferir la acción de la justicia. Perdonar es un largo y complejo proceso de sanación interna, con proyección interpersonal, que comienza por la decisión de excluir la venganza, el resentimiento, la ira y la distancia, para llegar, cuando es posible, a una reconciliación guiada por la empatía y la compasión. Implica, pues, cambios y reajustes en las emociones, pensamiento, motivación y conducta.

El resentimiento, el odio y el deseo de venganza, lejos de aliviar el dolor de la ofensa, lo prolongan y hacen más vivo. Dijo Lord Byron que «la venganza es dulce»; tal vez sea así al principio, pero pronto resulta amarga y tóxica. Perdonar es la forma de dejar de estar centrado en la ofensa y de seguir dependiendo del ofensor; es, pues, una liberación.

Le preguntó Bill Clinton a Nelson Mandela por la desaparición repentina de su rostro del odio e ira al salir de la presión, que observó años antes por televisión. Mandela respondió: «Escuché el Espíritu de Jesús que me decía: ‘Nelson, mientras estuviste en prisión eras libre; ahora que estás libre, no te conviertas en prisionero’». Lewis Smedes, autor del primer libro sobre el perdón, afirmó que «perdonar es poner en libertad a un prisionero y descubrir que ese prisionero era uno mismo».

Varios estudios muestran las consecuencias positivas del perdón para la salud mental y física, pero sobre todo para la reparación de relaciones sociales valiosas. La reconciliación supone una importante ventaja evolutiva. Por eso, el profesor Michael McCullough, que señala la función de la venganza para controlar la agresión, confirma las raíces no menos profundas del perdón, e incluso habla de un «instinto de perdón». De hecho, varias observaciones controladas, realizadas con primates, muestran la presencia en ellos de conductas de reconciliación tras la ofensa.

No es lo mismo perdonar una ofensa leve que un asesinato. Algunos pensadores han mostrado su reticencia o clara negativa a perdonar lo que consideran imperdonable; Vladimir Jankélévitch afirmó que «el perdón murió en los campos de la muerte». Pero, no olvidemos que, aunque muy difícil, siempre existe ‘la posibilidad de lo imposible’.

Pero perdonar es un don gratuito de la víctima, que el victimario o sus afines no le pueden exigir. Tampoco se puede aconsejar el perdón cuando favorece la revictimización, como a veces ocurre en la violencia familiar, pues perdonar no es carencia de asertividad ni convertirse en un «felpudo humano».

Favorece el perdón el ponerse en el lugar del otro, que no es justificar la ofensa. Perdonar no es olvidar, sino recordar de otra manera, evitar el exceso de memoria, así como neutralizar las explicaciones y los pensamientos distorsionados. Si no es expresamente desaconsejable, el acercamiento al ofensor favorece el perdón. Lo mismo que el recordar e interiorizar modelos de perdón, en lugar de modelos de venganza u odio.

La Psicología se ha centrado en el perdonar, pero es igualmente necesario el perdonarse y, sobre todo, el pedir perdón. Esto último no como mera fórmula social, sino como un clamor que sale del interior del que reconoce sus propios errores y limitaciones. No es alimentar sentimientos de culpabilidad neurótica, sino atemperar los brotes narcisistas que llevan a no reconocer los propios errores y a no pedir perdón por ellos. Perdonar no es de débiles, sino de fuertes; reconocer los propios errores y pedir perdón tampoco es signo de debilidad, sino la expresión de fortaleza de un ego no hinchado y de una autoestima sana. Llegar a esta convicción fomentará, sin duda, la cultura del perdón y de la reconciliación, tan necesarias en nuestra sociedad.

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Primero de mayo: Día de la Madre

Maternidad Felix Alonso Arenas Oviedo 2

Maternidad. Félix Alonso Arena. 2003. Oviedo: Parque San Francisco

¿Primero de mayo, Día de la madre? Cuando se escucha la expresión ‘día de la madre’ suena, más bien, a día de promoción del regalo a la madre; día o días de regalo, o mejor dicho, de comprar el regalo, de consumir en los centros comerciales promotores de esta celebración. Para los que impulsaron esta fiesta y otras semejantes –los que ‘comercializan’ el calendario–, lo único importante es el comprar el regalo y el fomento del consumo. Pero, mientras no se establezca por la ONU, al margen de lo mercantil, una fecha de celebración del DÍA MUNDIAL DE LA MADRE (con mayúsculas), podemos acogernos a esta fecha, alentada por el comercio y aceptada sin demasiadas críticas por la sociedad. Mejor es algo que nada.

Apartémonos del espíritu comercial adherido a esta celebración. Rescatémosla de ese interesado objetivo. Que sea un día para recordar a las madres, a nuestras madres que, no durante un día, sino durante muchos días y noches –sin horarios ni honorarios, sin descansos semanales ni vacaciones– estuvieron vigilantes y solícitas para proveer nuestras necesidades de todo tipo y sobre todo para entregarnos su amor. Amor expresado de diferente forma en cada etapa de la vida, pero siempre un amor total y no egoísta. Amor resistente e invulnerable a la muerte, pues cuando la madre termina los días de su vida, continúa extendiendo desde Arriba sus manos protectoras sobre su hijo, porque la madre ha quedado en el fondo del corazón del hijo, para que encuentre la mejor decisión en el momento oportuno e inspirarle buenos sentimientos. La madre nunca se jubila como madre; ni después de la muerte.

Los neurobiólogos hablan de oxitocina (la hormona de la vinculación afectiva y del amor), pero nos entenderemos mejor llamando a las cosas, de forma llana, por su nombre común; en el caso del amor de la madre: amor desinteresado, amor incondicional, amor en que se ama a la persona amada porque sí, por ella misma, sin condiciones; amor oblativo, dispuesta a dar a los hijos todo su ser, incluso la vida; amor que lo da todo y que se da a sí misma; amor en estado puro, a la vez que atento a todas las necesidades de la persona amada. Como dijo Erich Fromm, amor que no ama a la persona amada porque la necesita, sino que la necesita porque la ama. El amores lo primero. Amor siempre abierto en un abrazo acogedor, a pesar de no ser siempre retribuido con la gratitud del hijo. Amor que también se expresa en el perdón incondicional, inmediato y repetido. Reconozco, por si alguien piensa que me aparto de la realidad, que no todas las madres actúan de forma tan modélica, pero cuando no es así, lo señalamos como excepción: la excepción confirma la regla.

Ese es el amor de la madre, que merece un monumento –no pocas ciudades han erigido monumentos a la madre– en cada lugar del mundo, en cada calle y en cada casa, pero sobre todo en el corazón de cada hijo o hija. Al buscar una ilustración para esta entrada, no he encontrado mucha dificultad por la oferta abundante de posibilidades, de monumentos a la madre y a la maternidad que existen. La verdad es que hubiera preferido ilustrarla con alguna foto de la vida real, de esas madres que vemos en las calles y en los parques, pero también de esas madres que pasan días, meses y años junto a sus hijos con enfermedades o incapacidades importantes que trasforman su dolor en alegría. Una escultura representa a todas ellas a la vez.

Descubrir o redescubrir de forma plena ese amor de la madre, grabado en nuestro interior, revivirlo y profundizarlo, será la mejor semilla para la transformación del mundo, y la chispa que provoque y extienda el incendio de la reconciliación y la paz universal. El amor cálido y desinteresado de la madre es el modelo para que las relaciones sociales funcionen de forma armónica y concorde; es el bálsamo y lúbricamente para evitar que los complicados engranajes de la sociedad chirríen y se atoren.

Un regalo, por muy costoso que sea, sin la envoltura de la profunda y cotidiana gratitud, vale muy poco.  La gratitud diaria –no solo el Día de la Madre– y el retorno de sus desvelos en cuidados cuando la madre lo necesita, es el mejor regalo. Mi felicitación, gratitud y reconocimiento a todas las madres: a las que leáis estas líneas, a todas mis amigas y conocidas; a las que no habéis parido a vuestros hijos biológicamente, pero sí con la adopción y el amor… a todas nuestras madres que desde hace años nos protegen desde lo Alto; a todas las madres, amatxos, o mamás del mundo.

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La felicidad asequible y sostenible

Felicidad aquellos seresPublicado en el diario EL CORREO. Sábado, 2 de abril. Página 33.

Otros artículos míos, publicados en los últimos meses en la prensa diaria, en la página o seccion fija Mis artículos de este mismo blog.

 

En mi segundo blog -el enlace para entrar en él está en la página o sección fija “Mi otro blog”, de este mismo blog- encontrará el artículo que sigue en formato PDF y  JPG.

 

La felicidad asequible y sostenible

Enrique Pallarés Molíns                                                                                                             Doctor en Psicología.Profesor emérito de la Universidad de Deusto

 

La felicidad no solo tiene su conmemoración anual –el 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad, según la resolución 66/281 de la Asamblea General de las Naciones Unidas–, sino que es considerada el fin último de toda acción humana. Garantizar su búsqueda figura como un derecho del ciudadano en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y en la Constitución española de 1812. El utilitarismo –o ‘felicismo’–, propone como criterio de la bondad de una acción el que lleve a la felicidad, o bienestar subjetivo, y afirma que el fin de la sociedad civil es conseguir la máxima felicidad para el máximo número de personas. El pequeño reino de Bután, en el Himalaya, concede mayor importancia a la Felicidad Nacional Bruta que al Producto Nacional Bruto. Desear felicidad forma parte de las fórmulas sociales más repetidas: «¡Feliz Año!», «Felicidades», etc.

Pero, ¿qué es la felicidad? Desde el pensamiento griego existen dos concepciones diferentes de la felicidad. Una, la hedonista, se centra en el bienestar subjetivo, mientras que la eudaimonista en el actuar bien. Recientemente, la psicología positiva añade el desarrollo o actualización de las principales fortalezas humanas.

¿Quiénes son más felices? ¿Qué determina la felicidad? La edad no tiene mayor relevancia. En contra de lo que se puede suponer, ni el aumento de los bienes materiales ni los cambios en la salud influyen de forma estable –sí momentáneamente– e importante en el nivel de felicidad. La capacidad para adaptarnos a los cambios, favorables o desfavorables, es muy grande. Coinciden, sin embargo, los estudios en la gran importancia de las relaciones sociales, sobre todo de las más estrechas.

¿Resulta asequible aumentar de forma estable la felicidad? Aunque la disposición personal y, en menor grado, las circunstancias de la vida influyen en el nivel de la felicidad de cada persona, queda un amplio margen para las actividades intencionales orientadas a mejorarla. Los especialistas en el estudio de la felicidad, entre ellos Michael Fordyce, Sonja Lyubomirsky y Martin Seligman, proponen, no recetas fáciles, sino algunas estrategias o líneas de trabajo.

Entre ellas, el ayudar a los demás, pues con ello aumenta la autoestima sana, a la vez que las ocasiones para establecer comparaciones favorables. Matthieu Ricard, un monje budista francés y especialista en biología molecular, es considerado el hombre más feliz del mundo, tras mostrar, en un estudio realizado en la Universidad de Wisconsin, un grado de activación de las áreas cerebrales relacionadas con las emociones positivas jamás alcanzado por otra persona. Además de relativizar ese título –comentó con humor sapiencial que peor sería recibir el título de hombre más desgraciado del mundo– insiste en el carácter adiestrable de la felicidad y en su estrecha relación con el altruismo y la compasión.

Otra estrategia es el practicar la gratitud, pues ayuda a reconocer todo lo positivo, que fácilmente pasaríamos por alto, a la vez que fortalece las relaciones con los demás. También ayuda el ‘saborear’ –en lugar de engullir– las experiencias positivas de la vida, del presente y también del pasado, pues es el mejor modo de intensificar y prolongar esas experiencias positivas. Sin olvidar el dar preferencia a dedicar todo el tiempo posible a las personas queridas y a las actividades en las que nos sentimos mejor. Y otras sugerencias, no menos importantes, como perdonar, adiestrarse en el manejo del estrés, sano sentido del humor, etc.

Así, pues, la felicidad no es algo que nos ocurre, sino algo asequible que podemos conseguir y mantener. Pero sin obsesionarse en alcanzar la felicidad total, pues ello lleva a proponerse expectativas poco razonables, con la consiguiente decepción al no alcanzarlas. La felicidad huye del que se limita a desearla. Recomendación útil cuando la felicidad se convierte en un puro sueño o en un objeto más de consumo.

En tiempos remotos, según una antigua leyenda, unos seres malignos muy poderosos quisieron ocultar la felicidad para que el ser humano no consiguiera encontrarla. Tras descartar varias posibilidades, concluyeron que el mejor escondrijo sería el mismo ser humano, pues la buscaría fuera, sin advertir que mora en su interior. Existe un amplio acuerdo en que la clave de la felicidad está en el interior del ser humano. Pero aquellos seres malignos nos subestimaron, pues, aunque con frecuencia buscamos la felicidad donde no está, también somos capaces de caminar –o de aprender a caminar– en la buena dirección.  [El Correo. Sábado, 2 de abril del 2016]

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20 de marzo: DÍA INTERNACIONAL DE LA FELICIDAD

Dos estudiantes de la Escuela de Artes Kulturama en Estocolmo. Fotografía: ONU/Eskinder Debebe

Dos estudiantes de la Escuela de Artes Kulturama en Estocolmo. Fotografía: ONU/Eskinder Debebe

¿Qué es el Día de la Internacional de la Felicidad? ¡Es un día para ser feliz, naturalmente! Desde 2013, las Naciones Unidas han celebrado el Día Internacional de la Felicidad como reconocimiento del importante papel que desempeña la felicidad en la vida de las personas de todo el mundo. De hecho, Las Naciones Unidas acaban de establecer 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que pretenden poner fin a la pobreza, reducir la desigualdad y proteger nuestro planeta –tres aspectos primordiales que contribuyen a garantizar el bienestar y la felicidad.-.

Este año incluso participan personajes de los dibujos animados, al unirse las Naciones Unidas con un grupo famoso por su escasa alegrìa: Los Angry Birds. Estos «pájaros enojados», embajadores del mundo de los dibujos animados, nos están ayudando a fomentar la concienciación sobre la importancia de la acción contra el cambio climático, en beneficio de nuestro futuro común. Para acompañarlos y difundir su propia acción contra el cambio climático, usen la etiqueta #AngryBirdsHappyPlanet.

«En estos momentos de graves injusticias, guerras devastadoras, desplazamientos masivos, miseria absoluta y otras causas de padecimientos provocados por el hombre, el Día Internacional de la Felicidad es una oportunidad mundial para proclamar la primacía de la paz mundial, el bienestar y la alegría». Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas.

Texto tomado de la web de las Naciones Unidas.

 

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Adicción a la autoestima

Narcissus (1597-1599). Michelangelo Merisi da Caravaggio. Óleo. Galeria Nacional de Arte Antiguo. Roma.

Narcissus (1597-1599). Michelangelo Merisi da Caravaggio. Óleo. Galeria Nacional de Arte Antiguo. Roma.

Artículo publicado en el diario EL CORREO (Vizcaya y Álava). Sábado 12 de marzo,  página 39.

Le versión en PDF aparecerá en los próximos días en mi segundo blog: https://enriquefranciscopallares.wordpress.com/

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Adicción a la autoestima

Enrique Pallarés Molíns
Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

EL CORREO. Sábado, 12 de marzo del 2016. página 39

Son conocidas por todos e incluidas en las clasificaciones de los trastornos mentales las adicciones a sustancias: alcohol, cocaína, opiáceos, etc. Más duda existe –incluso rechazo–, sobre el concepto de adicción no química, como la adicción al trabajo, a comprar, o a internet. Resultará todavía mucho más discutible la «adicción a la autoestima».
Por supuesto, hablo aquí de «adicción a la autoestima» en sentido figurado, sin pretender añadir otro trastorno al DSM 5, el grueso manual que clasifica y define los trastornos mentales. Pero, según el profesor Roy Baumeister se pueden aplicar metafóricamente a la relación con la autoestima tres características de la adicción a sustancias químicas: la dependencia, la tolerancia y el síndrome de abstinencia.
Aunque todas las personas buscan la aceptación de los demás y desean sentirse bien, en el adicto a la autoestima este deseo se convierte en un dominante y descontrolado anhelo de ser admirado y estar por encima de todos. Convierte su autoestima en fin y a los demás en el medio para alimentarla. Con clara irreverencia a la conocida frase de Ortega y Gasset «Yo soy yo y mi circunstancia», el adicto a la autoestima la traduce en la práctica por «Yo soy Yo y los demás son mi circunstancia».
En la adicción a algunas sustancias la tolerancia consiste en la necesidad de aumentar progresivamente la dosis para que su efecto no disminuya. El adicto a la autoestima no se satisface con un grado aceptable y necesario de reconocimiento por parte de los demás. Las dosis de elogio que recibe y el lugar destacado en que se coloca nunca le producen una satisfacción duradera. Su autoestima es voraz e insaciable.
Finalmente, las reacciones que recuerdan al síndrome de abstinencia. El desprecio, la ira y la hostilidad, que pueden llegar a la agresión, son con frecuencia la respuesta a cualquier leve crítica o comentario no favorable. Es la reacción al faltarle la dosis creciente de elogio o al resultarle insuficiente el grado de distinción respecto a los demás.
Con todo, ¿tiene sentido plantear la cuestión de una adicción a la autoestima, cuando para muchos rige aquí el principio de «cuanta más, mejor»? Sí, pues en la autoestima el problema no solo puede ser de déficit, sino también de exceso: el desarrollar una autoestima inflada y sin base. Algunas sustancias, según la dosis, pueden ser medicina o droga, e incluso veneno. Es necesaria la autoestima, pero sin llegar a la sobredosis ni a la obsesión por ella.
En los años 1960 se habló de una epidemia de baja autoestima, y la alarma social creada llevó a una proliferación de campañas y medios para elevarla. Estados Unidos fue el epicentro de esta ‘cruzada’, cuyas ondas alcanzaron al resto de Occidente. Análisis posteriores concluyen que lo que en realidad ha aumentado es la sensación subjetiva de autoestima, pero no los comportamientos y logros que se esperaba mejorarían. La profesora californiana Jean Twenge ha advertido que la epidemia ya no es ahora de baja autoestima, sino de autoestima hipertrofiada, es decir, de narcisismo y egolatría. Incluso caracteriza a los nacidos en torno a la década de 1980 como «generación Yo». Hay que tomar con cautela el concepto de generación, pues el problema no afecta a todos los nacidos esos años ni solo a los nacidos esos años. Con todo, surge la pregunta de si estaremos convirtiendo nuestra sociedad, al abonarla con una autoestima y una permisividad excesiva, en tierra fértil para el crecimiento de narcisos, pero no de bellas flores, sino en relación al mito clásico de Narciso y al narcisismo como psicopatología.
Sin mayor precisión filológica, ‘Narciso’, ‘narciso’, ‘narcisismo’ y ‘narcótico’ comparten la raíz griega ‘nark’, que hace referencia a adormecimiento, aturdimiento, o atontamiento. Caravaggio, inspirado en las Metamorfosis de Ovidio, pintó a Narciso admirando, embelesado –y atontado–, su figura reflejada en el agua, antes de lanzarse a ella para consumar su amor exclusivo a sí mismo; o, más bien, antes de ahogarse en su ego vacío.
El excesivo amor a sí mismo –o autoestima– resultó letal a Narciso. El exceso de autoestima, en cuanto conlleva egolatría, envanecimiento, excesivas exigencias con los demás y utilizarlos solo como medio, atonta y resulta tóxico al propio individuo y a la sociedad. Alfred Adler propuso un concepto de salud mental y de madurez personal que incluía la autoestima, pero fundida con el interés social o «capacidad para cooperar y contribuir al bien del grupo». El yo no crece sano y vigoroso de espaldas al nosotros.

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Anuncio conferencia en Deusto sobre la autoestima

Conferencia Autoestima Deusto

HABLAR EN MI BARRIO DE DEUSTO

Como podéis suponer, he hablado bastantes veces en Deusto, pero en la Universidad. Mañana, invitado por la Asociación de Familias de Deusto, voy a hablar en Deusto, pero en el Centro Cívico Municipal Bidarte. Es un honor para mí y me produce gran satisfacción, como vecino de Deusto, el hacerme presente en el foro de actividades culturales que organiza la Asociación de Familias de Deusto.
Por supuesto, están invitados todos los que deseen asistir, sean de Deusto, de Bilbao, o de otras poblaciones próximas. La entrada es libre.
¡Mi agradecimiento a la Asociación de Familias de Deusto por su amable invitación! ¡Eskerrik asko!

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Animales saludables y respetables

Osos

«Los animales sufren tanto como nosotros. La verdadera humanidad no nos permite imponerles tal sufrimiento. Es nuestro deber conseguir que el mundo entero lo reconozca».

(Albert Schweitzer. Premio Nobel de la Paz de 1952)

 

Artículo publicado en EL CORREO. Domingo, 17 de enero, del 2016. Página 43.

Enlace al texto del artículo en PDF: Animales saludables y respetables

Enlaces a otros artículos míos publicados en la prensa diaria: https://enriquepallares.wordpress.com/mis-articulos/

Animales saludables y respetables

Enrique Pallarés Molíns
Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Los animales, además de formar parte importante de la dieta de los no veganos, son utilizados para el transporte, vigilancia, defensa, compañía, rescate, guía, vestido y para un largo etcétera de utilidades, sin olvidar el ocio, el espectáculo y la investigación biomédica. Nos ofrecen, pues, un servicio esencial.
Forman parte de la historia de la Psicología los perros de Pavlov, las ratas de Watson y de Tolman, los monos rhesus de Köhler y de Harlow, las palomas de Skinner, o los gansos de Lorenz. Y otros muchos animales que contribuyeron a la adquisición de importantes conocimientos sobre aprendizaje, estrés, depresión, comunicación, apego, etc., con frecuencia a cambio de sufrimiento y de su misma vida. Pues no siempre el investigador se aplica previamente las descargas eléctricas, como hacía Martin Seligman en sus experimentos con perros sobre la indefensión aprendida al explicar la depresión.
Desde el nacimiento establecemos vínculos afectivos duraderos con las personas, de forma muy especial con la madre; relación que se amplía a los animales. Así, las conductas que expresan la relación de apego –búsqueda de proximidad y contacto, alegría con la presencia, tristeza y llanto en la separación– se observan también en el vínculo afectivo que algunos establecen con sus mascotas; a veces de igual o mayor intensidad al que mantienen con las personas. De hecho, se ha observado una relación estrecha entre el tipo de apego de un ser humano con su mascota y el de ese ser humano con sus congéneres. Los niños se identifican de forma especial con ellos, como lo muestra su conducta, sueños y dibujos.
Esto ha llevado a diseñar terapias psicológicas «asistidas por animal», orientadas a mejorar el funcionamiento emocional, cognitivo y social, desde niños a personas mayores. El animal ‘coterapeuta’, puede ser perro, gato, caballo, elefante, delfín, etc. Ya en 1792 el filántropo William Tuke sustituyó los tratamientos punitivos habituales entonces por otros basados en el refuerzo positivo, que incluían la interacción con animales. Pero fue Boris Levinson quien, en la década de 1960, inició la terapia asistida por animal, practicada en la actualidad con buenos resultados y varios modelos, según el animal, paciente y problema. Como anécdota amable y precursora, Jofie, la perrita de Sigmund Freud, solía asistir a las sesiones, y su colocación respecto al paciente ofrecía pistas a Freud sobre su personalidad; incluso avisaba cuando se excedía la duración de la sesión.
La primera acepción del término ‘mascota’, según la Real Academia, es «Persona, animal o cosa que sirve de talismán, que trae buena suerte». Y así es. Las mascotas –incluso a veces sus imágenes–, además de eficaz antídoto contra la soledad, aportan beneficios a la salud física y mental. Por eso, es recomendable su proximidad, aunque sin incurrir en el llamado ‘síndrome de Noé’ (convertir la casa en un zoo).
Pero los animales, además de saludables, son también respetables. Charles Darwin bajó al ser humano del pedestal en el que se creía radicalmente distinto y superior a los otros animales, para verlo como un eslabón más de la evolución. La evolución continúa y una de sus metas podría ser un cambio en la consideración de los demás animales por parte del ser humano y en enmendar el bajo estatus que han tenido en la filosofía y en la ética occidental, al verlos solo desde la utilidad. Incluso habría otro ‘ismo’ a reconocer y combatir: el ‘especismo’, o prejuicio y discriminación por pertenencer a una especie.
Precisaba Jeremy Bentham, a finales del siglo XVIII, que la cuestión no es tanto si los animales piensan o no, como si sufren o no. Es ampliar nuestra empatía a los animales. Reconoce Bentham que ya se ha conseguido reprobar el maltrato a seres humanos justificado por el color de la piel, y piensa que también se puede conseguir que «el número de patas, la vellosidad de la piel o la terminación del hueso sacro no sean razones suficientes para abandonar a un ser viviente a una suerte semejante» y así, «llegará el día en que la humanidad extienda su manto sobre todo ser que respira». El doctor Albert Schweitzer, premio Nobel de la Paz por su actividad humanitaria en África, afirmó que todas las criaturas, incluido el ser humano, poseen una voluntad de vivir, que hay que respetar. Tras afirmar que los animales «sufren tanto como nosotros» y que «la auténtica humanidad no nos permite hacerles sufrir», concluye Schweitzer: «Hasta que ampliemos nuestro círculo de compasión a todos los seres vivos, la humanidad no encontrará la paz».

 

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Los regalos

Regalos Emerson

 

Grabación de la entrevista en Radio Popular sobre ‘los regalos’:   https://enriquefranciscopallares.wordpress.com/2015/12/21/entrevista-en-radio-ppoular-de-bilbao-sobre-los-regalos-grabacion-en-mp3/

Otros artículos míos publicados en la prensa durante los últimos meses: https://enriquefranciscopallares.wordpress.com/mis-articulos/

Los regalos

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

 

EL CORREO, 2 de enero del 2016. Página 29.

Las fiestas de Navidad son fechas especialmente propicias para los regalos; pero no las únicas, pues son muchas, y en aumento, las ocasiones para dar y recibir regalos: cumpleaños, boda, graduación, bautizo… A estas hay que añadir, dentro de la llamada «comercialización del calendario», los «días de…»: día de la madre, día del padre…
Intercambiar regalos es una práctica universal, en el tiempo y en el espacio, una forma de expresar gratitud, de mostrar interés y aprecio, a la vez que de establecer y fortalecer los vínculos entre personas y grupos. El regalo es el lenguaje –sin palabras, pero muy expresivo–, del amor, la amistad y la gratitud. En su clásico ensayo, destaca Marcel Mauss que la pervivencia del regalo es para congratularse, pues muestra que no todo está clasificado en términos de compra y venta, y que las cosas pueden tener, además del valor mercantil, un valor afectivo.
Tras el regalo hay un conjunto, a veces complejo, de emociones y motivos, tanto en el donante (¿Acertaré?) como en el receptor (¿Por qué este regalo?). A algunos les resulta agradable elegir el regalo, pues es una ocasión para expresar su afecto, pero otros experimentan ansiedad y temen no acertar. El narcisista elige el regalo pensando no tanto en el que lo va a recibir, sino en distinguirse y aparecer él como singular. Sin llegar a esto, es frecuente fallar en el regalo al no culminar la difícil tarea de ponerse en el lugar del receptor. El receptor trata de adivinar las emociones e intenciones del donante (¿Es sincero? ¿Será para controlarme?) y decide aceptar o no el regalo, pues a veces cuesta más recibir que dar. Por eso, dar y recibir regalos –las personas alternan ambas actividades– es una ocasión propicia para desarrollar la empatía y el ponerse en el lugar del otro.
Pero, ¿qué características debe reunir un regalo? Aunque no siempre se cumple en la práctica, se acepta como referencia, al hacer y juzgar un regalo, que suponga al donante cierto sacrificio (dinero, tiempo, esfuerzo), que el objetivo principal sea agradar al receptor, que se trate de algo apropiado y, finalmente, que suscite sorpresa y agrado. El envolverlo, a la vez que otorga a un objeto la categoría de regalo, facilita el requisito de sorpresa y es la ocasión para demostrar el buen gusto y el afecto.
Los regalos tienen en la actualidad una proyección económica importante y su práctica es bienvenida por el comercio, a la vez que suscita el interés investigador del economista. Según los estudios, con frecuencia citados y discutidos, del profesor de economía norteamericano Joel Waldfogel, la valoración que el receptor hace del regalo es entre un 10 y un 30% menor que el precio real de dicho regalo. Ante esta «pérdida irrecuperable de eficiencia de la Navidad», sin entrar en su valor sentimental, sugiere Waldfogel optar por el regalo en efectivo o en tarjetas.
Sin embargo, varios estudios de psicólogos muestran que las personas tienden a apreciar más lo que han recibido como regalo que lo que han comprado. Es decir, el regalo puede ser un modo de «crear valor»; más por lo que representa que por su precio de mercado.
Como defensa ante el bombardeo de la publicidad, que convierte el regalo en una carrera de consumo y competición, ayudará escuchar a Ralph Emerson: «Los anillos y demás joyas no son regalos, sino remedos de regalo. El único regalo es una parte de ti mismo». No es necesario papel especial para regalar tiempo, escucha, afecto, amistad, sangre… vida. Estos regalos retornan al donante como experiencia de profunda satisfacción; se convierten en un autorregalo. Así, un buen regalo para un niño es avivar y reforzar su generosidad natural para compartir.
El regalo de los Magos, un cuento de O. Henry (William Sydney Porter), nos presenta a una joven pareja, que en su extrema pobreza solo poseen dos cosas de valor: el reloj familiar de oro de Jim y la hermosa y larga cabellera de Delia. La víspera de Navidad, cada uno siente la imperiosa necesidad de hacer al otro un buen regalo. Delia compra, con la venta de su cabellera, una cadena para el reloj de Jim; mientras Jim, con la venta del reloj, adquiere un juego de peinetas de carey para la cabellera de Delia. Al intercambiar los regalos, tras la sorpresa y el desconcierto inicial, se consuelan y abrazan. O. Henry, que reconoce la actuación apresurada y algo insensata de la pareja, comparada con la sabiduría de los Magos de Oriente, concluye: «De todos los que dan y reciben regalos, los más sabios son las personas como Jim y Delia. Ellos son los verdaderos Magos».

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