Nuestras otras reservas

nuestras-otras-reservas-imagen

Artículo publicado en El CORREO (Sábado, 17 septiembre, 2016), Diario Vasco (Sábado, 17 septiembre 2016) e IDEAL DE JAÉN (Lunes, 19 de septiembre, 2016)

Enlace al artículo en PDF de EL CORREOnuestras-otras-reservas-el_correo_bizkaia

Enlace a otros artículos míos publicado en la prensa en los últimos meses: https://enriquepallares.wordpress.com/mis-articulos/

 

 

 

Nuestras otras reservas

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

El ser humano comparte con varias especies animales –incluso las supera con creces– el hábito de almacenar para el futuro alimentos y otros artículos. Aunque esta tendencia llega en algunos casos a rozar o a entrar en la patología, al acumular desde cosas de dudosa utilidad hasta basura. El final de la fábula de la cigarra y la hormiga es una invitación a identificarse con la hormiga previsora, que almacena trigo o semillas para el invierno. Reservas para la subsistencia, utilidad y disfrute: en el frigorífico, en la despensa, en el almacén… y, si es posible, también en una entidad bancaria.

No me referiré a estas reservas tangibles, necesarias o convenientes, aunque con frecuencia superfluas. Existen otras, fundamentales para nuestra supervivencia como persona, entre las que destacan la reserva cognitiva, la reserva social y la reserva del propio yo.

Más allá del mito de que solo aprovechamos el quince por cien de nuestro cerebro, está la verdad, con fundamento científico, de la existencia de una reserva cognitiva basada en la reserva cerebral. Esta reserva cognitiva es activa: se puede acrecentar. ¿Con qué dieta y qué productos? El medio más eficaz es mantenerse activo física ‒«lo que es bueno para el corazón es bueno para el cerebro»‒, intelectual y socialmente. El aforismo «Úselo o lo perderá» es especialmente aplicable aquí. Estar despierto al mundo que nos rodea, a las expresiones culturales, a la lectura… Según las posibilidades de cada uno y tratando siempre de ampliar nuestros intereses; no está reservado a los intelectuales, sino disponible y recomendable para todos.

La segunda e importantísima reserva del ser humano es la reserva social. Es decir, la trama de vínculos que cada uno mantiene con otras personas. Una red que inyecta seguridad, vida y ánimo para seguir adelante y que, puede recogernos y evitar el choque fatal, incluso si estamos en caída libre. Para Christopher Peterson toda la Psicología Positiva se puede resumir en tres palabras: «los demás importan».

Al hacer un pronóstico sobre la evolución futura de una persona con factores de riesgo para desarrollar determinadas patologías mentales o sociales, uno de los aspectos que hay que considerar es el estado de la red de apoyo social con la que cuenta. La familia, los amigos y la comunidad son potenciales y fundamentales factores protectores, hasta el punto de poder neutralizar o paliar los factores negativos. Ahora bien, este apoyo social no se improvisa ni se forma en poco tiempo. Es una red que cada cual debe tejer con constancia y esmero a lo largo de la vida. La podemos ampliar y profundizar, sin diluirnos en ella y también reparar cuando resulta dañada.

En tercer lugar –en primero por importancia– está la reserva del propio yo, la que se almacena en lo más profundo de nosotros mismos. Constituye la gran fuerza y poder del ser humano. Resistente a todos los ataques exteriores y a la más grave adversidad. Se puede hundir todo, pero esta fortaleza seguirá en pie y cuando todo falla, queda en pie este bastión. Una reserva integrada por lo mejor de nosotros mismos. Aceptación incondicional propia y ajena, sentido de la existencia cimentado en los valores más firmes y duraderos (familia, amistad, autenticidad, trascendencia…), sano sentido del humor, sencillez, constancia, altruismo y compasión, gratitud, reconciliación, etc. Y la convicción de que no siempre es posible controlar lo que ocurre, pero sí controlar nuestra reacción a esos acontecimientos y aceptar lo que resulta imposible cambiar.

Esta reserva constituye nuestro Sistema Inmune Psicológico, en expresión de George Vaillant y de Daniel Gilbert, que nos protege de los ataques interiores y exteriores. Es un talismán que nos ayuda a convertir los fracasos en retos a superar y en ocasión para superarnos. Como las dos anteriores, esta reserva no se forma en un momento, ni procede de una lotería que, con suerte, nos puede tocar, sino que exige un trabajo constante durante toda la vida. Aunque nunca es tarde para empezar a capitalizar en ella, si no se hizo antes. A la educación, como se puede sospechar, le corresponde un papel fundamental.

El gobierno de Alemania se plantea pedir a los ciudadanos que almacenen comida y agua para diez días, ante un eventual ataque terrorista. Ningún gobierno nos pedirá almacenar las reservas a las que he aludido, aunque un buen gobierno debería crear las condiciones que las faciliten. Es tarea inexcusable de cada uno. Nuestra supervivencia y la de la sociedad dependen de que se consoliden estas reservas inmateriales

 

 

 

 

Publicado en Amor, Bienestar psicológico, EL CORREO, EL DIARIO VASCO, Enrique Pallarés Molíns, Psicología Positiva | 2 comentarios

Sentido del humor sano y sanador

 

Enlace al artículo en PDF: Sano y sanador sentido del humor pdf

Enlaces a otros artículos míos publicados en los últimos meses: https://enriquepallares.wordpress.com/mis-articulos/

*** *** *** ***

Sano y sanador sentido del humor

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en EL CORREO. Domingo, 7 de agosto del 2016. Página 37 en las ediciones de Vizcaya y de Álava.

 El músico eslovaco Lukáš Kmit está concentrado por entero en la interpretación de un solo de viola. De repente, de entre el público, que absorto en la escucha casi contiene la respiración, surge una melodía competidora. No procede de otro instrumento musical, sino de un teléfono móvil. Es la conocida y pegajosa melodía de Nokia ―una de las más reproducidas; con frecuencia de forma inoportuna―, tomada del solo de guitarra Gran Vals del compositor castellonense Francisco Tárrega. ¿Cómo reaccionará el solista a este atentado acústico? Transcurridos unos segundos, y tras una mirada de desaprobación, Lukáš Kmit sorprende a los espectadores al ejecutar con su viola, precisamente, la intrusa melodía.

Un incidente que irritaría a cualquier espectador, y más todavía al intérprete, tiene una respuesta rápida, pero contenida. En lugar de la explosión de ira, posiblemente sentida internamente, toma el protagonismo el sentido del humor. Se ha dicho que el humor deshincha las velas de la ira y esta anécdota lo demuestra de forma palmaria.

Las anécdotas en las que el sentido del humor es el protagonista suscitan amplio interés y entusiasmo. Se admira en ellas el ingenio y creatividad del que las protagoniza. Una tesis doctoral, defendida hace unos años en la Universidad de Tel-Aviv, tuvo como tema el papel del humor durante el Holocausto. Resulta muy difícil, o imposible, imaginar que puedan ser objeto de humor las aterradoras escenas de los guetos y de los campos de exterminio, que nos muestran los documentales y narra la historia. Y mucho menos por parte de las víctimas. Sin embargo, no faltó el sentido del humor en aquella tragedia, incluso se considera que fue la clave de la supervivencia psicológica.

 Sin entrar en las teorías explicativas, el sentido del humor es una de las formas adaptativas de afrontar o reaccionar al estrés y a la adversidad. Abraham Maslow incluía el sentido del humor entre los rasgos que caracterizan a las personas que están en el camino del pleno desarrollo de sus potencialidades. La Psicología Positiva considera el sentido del humor una valiosa y potente fortaleza humana.

Pero no cualquier tipo de humor es sano y sanador. No lo es el humor agresivo, el que se hace a costa de humillar o menospreciar a otras personas; ese humor que surge de creerse superior a los demás, como decía Thomas Hobbes. Entonces el humor deja de ser lúbricamente y bálsamo de las relaciones sociales para convertirse en áspero abrasivo. Reírse de otros resulta relativamente fácil: mucho más fácil que reírse sanamente de uno mismo. Pero si el verdadero humor no trata de herir a los demás, tampoco ha de servir para herirse uno mismo, haciendo que le tomen a risa, a expensas de la propia dignidad y autorrespeto, aunque sea esto para congraciarse con los demás.

El humor sano no consiste en reírnos de los demás, ni de nosotros mismos, sino en reírnos todos a la vez. Es el humor que fomenta las relaciones interpersonales al compartir agudos comentarios y anécdotas graciosas, que alegran a todos. Es el humor que une. Aunque también el humor sano puede servir, como se indica más arriba, para afrontar de forma constructiva la adversidad, los fallos y las propias limitaciones. Tomar con humor los propios fallos o errores es reconocer que uno no es del todo perfecto, pero que, sin embargo, tampoco es un fracaso.

Es un humor que brota de relativizar lo que no conviene absolutizar. Es el alfiler que pincha el gigante globo que a veces formamos a partir de una nimiedad. Al relativizar, el humor invita a revisar la valoración anterior y a ver la situación desde una perspectiva más completa y equilibrada, así como a enmarcar los acontecimientos y los problemas de una forma más creativa.

Es el humor filosófico y sapiencial, que no se identifica necesariamente con la risa ―hay humor sin risa y risa sin humor― y menos con la burla, la carcajada hueca, o la superficialidad. Dice Baltasar Gracián que «no hay mayor desaire que el continuo donaire». Decimos del gracioso, agudo y con humor, que es un «salado». Así, pues, como en el uso de la sal: siempre, pero la dosis justa. Humor sano y en su medida, pero sentido del humor. Para tomar la vida en serio conviene no tomarla demasiado en serio; sino sazonada con el sentido del humor. William James afirma que el humor parece decir a la vida que «no la tomamos más en serio de lo que ella nos toma a nosotros», y por eso sugiere que «siempre se debería hablar de filosofía con una sonrisa». La seriedad y el sentido del humor no están reñidos; se complementan.

 

Publicado en Bienestar psicológico, EL CORREO, Enrique Pallarés Molíns, Psicología Positiva | Etiquetado , , , , , , , , , , | 2 comentarios

Cuando ocurre lo opuesto a lo anhelado

Cuando ocurre lo opuesto a lo anhelado

 

Enlace al artículo en PDF: Cuando ocurre lo opuesto a lo anhelado

Enlaces a otros artículos míos publicado en los últimos meses: https://enriquepallares.wordpress.com/mis-articulos/

 

Cuando ocurre lo opuesto a lo anhelado

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en EL CORREO. Domingo, 3 de julio del 2016. Página 43 en la edición de Vizcaya.

 

No trataré de los reveses de la vida, cuando se truncan deseos e ilusiones y se convierten en pequeñas o grandes frustraciones. Me referiré a algunas estrategias que a veces adoptamos, de forma casi refleja, pensando alcanzar así el objetivo de no sentirnos mal, o de sentirnos mejor. Curiosamente, el resultado es el opuesto a lo deseado; y, precisamente, por poner todo el empeño en conseguir ese objetivo.

Hace varias décadas, Daniel Wegner, de la Universidad de Harvard, informó del resultado de un experimento en el que dio a los participantes la consigna de no pensar en un oso blanco y, caso de pensar en él, hacer sonar un zumbador y verbalizar el pensamiento del oso. Aportaba así control experimental a una anécdota que cuenta Fyodor Dostoyevsky en “Notas de invierno sobre impresiones de verano”: «Trata de ponerte esta tarea: no pensar en un oso polar; y verás que la cosa maldita llegará a tu mente cada minuto». La tarea parecía a primera vista de extraordinaria sencillez, pero el resultado fue el opuesto a lo esperado, a juzgar por el elevado número de sonidos del zumbador y de verbalizaciones “oso blanco” de los participantes.

Normalmente controlamos nuestro pensamiento. Pero, sobre todo en circunstancias de estrés y ansiedad, puede ocurrir que no dejemos de pensar o de imaginarnos lo que no deseamos. Querer olvidar un pensamiento o imagen, con insistencia y ansiedad, suele favorecer el tenerlo todavía más presente. Se produce este efecto paradójico porque el deseo de no imaginar o pensar en algo se desdobla en dos procesos mentales: uno dirigido a que no aparezca el “oso blanco” y el otro orientado a vigilar si aparece o no. Este segundo proceso es el responsable de que el oso siga bien presente en la mente, a pesar del esfuerzo, o precisamente “por” el esfuerzo para impedir que aparezca.

Algo parecido ocurre cuando uno se esfuerza en conciliar el sueño, o se preocupa y agobia por no conseguirlo; practica así la mejor estrategia para permanecer insomne toda la noche. Contar ovejas puede resultar eficaz, si uno no está demasiado atento al número de ovejas que ya han pasado y a las que tendrá que contar hasta conciliar el sueño.

Esforzarse para que desaparezca la ansiedad conduce a su elevación y alimenta la espiral de exacerbación. Es la ansiedad provocada por el deseo de que desaparezca; el miedo al miedo: el peor de los miedos. La evitación o huida fóbica de un objeto o situación no peligrosa es la causa de la persistencia y aumento del miedo fóbico. El esfuerzo por relajarse perfectamente puede llevar a un aumento de la tensión. O disminuir la concentración precisamente por querer alcanzar una concentración total. A veces la medicina se convierte en veneno.

Pero también se observa este proceso paradójico en el caso del puro anhelo y preocupación por elevar la autoestima, o en la búsqueda de la felicidad y el placer. Buscarlas directa y rápidamente, con obsesión, sin seguir las adecuadas estrategias -indirectas y menos rápidas-, aleja y hace inalcanzables esas deseadas metas.

Recuerda esto lo que cuenta el filósofo y médico griego Sexto Empírico del pintor Apeles, para ejemplificar la vía hacia la suspensión del juicio del escepticismo. Estaba este famoso pintor a punto de terminar el retrato de un caballo en pleno esfuerzo de una carrera. Solo le faltaba plasmar en el lienzo la espuma de la boca. Tras fracasar en varios intentos, enfadado consigo mismo, lanzó al cuadro la esponja de limpiar los pinceles. Acertó por casualidad en la boca del caballo y la espuma quedó así perfectamente reflejada y el retrato del caballo felizmente terminado.

El sueño, la relajación, la autoestima y la felicidad, como las palomas, se escapan al quererlas agarrar. Existen varios recursos para estas situaciones, pero a veces conviene empezar con otra estrategia. Por ejemplo: permitir al pensamiento indeseado que “vaya y venga”, aceptar la ansiedad inicial, dejar vagar la mente en lugar de concentrarla en que llegue el sueño, no luchar contra las tensiones cuando se busca la relajación. Incluso, en la técnica terapéutica de intención paradójica, desde Viktor Frankl, hacer lo contrario: tensión para relajarse, pensar con insistencia en el pensamiento indeseado, etc. En el caso de la autoestima y la felicidad, seguir lo indicado por los especialistas, que coincide con el desarrollo y crecimiento personal. Así, pues, junto a los objetivos que exigen un empeño y esfuerzo directo y total, otros, como los citados, es mejor no pretender alcanzarlos directa e inmediatamente ni obsesionarse en ello.

Publicado en Autoayuda, Bienestar psicológico, Bienestar subjetivo, EL CORREO, Emociones, Enrique Pallarés Molíns, Estrés, Sueño | Etiquetado , , , , , | 2 comentarios

La gratitud, un barómetro moral

La gratitud, un barómetro moral 4 imagen

Artículo publicado en EL CORREO. Sábado, 11 de junio del 2016.

Enlace al texto en PDF: La gratitud, un barómetro moral 4

Otros artículos míos publicados en los últimos meses en la prensa: en la página o sección fija de este blog “Mis artículos”.

 

La gratitud, un barómetro moral

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

 

Las expresiones de gratitud, como «¡Gracias!», «¡Muchas gracias!», son de uso muy frecuente en la comunicación humana y están entre las primeras que aprendemos de un idioma. Las principales religiones conceden gran valor a la gratitud, incluso prescriben y ritualizan su práctica. La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el año 2000 como el año de Acción de Gracias, a la vez que Año Internacional de la Cultura de la Paz. ¡Gratitud y Paz! La valora también la sabiduría popular en refranes como: «Es de bien nacidos ser agradecidos».

Según Cicerón la gratitud «no solo es la mayor de las virtudes, sino la madre de todas ellas». Pero, además de valiosa en sí misma, desempeña varias e importantes funciones. Los especialistas en el estudio de la felicidad destacan el importante papel de la gratitud para aumentar la felicidad, por cuanto neutraliza la tendencia a hacernos insensibles, con el paso del tiempo, a lo que nos produjo satisfacción en un primer momento. La gratitud contrarresta esta «adaptación hedónica» al convertir los bienes cotidianos en continua novedad. Ayuda también a la resiliencia o fortalecimiento personal tras la adversidad.

Por otra parte, la gratitud favorece que el benefactor continúe su acción. Por eso, está reconocida como un importante reforzador y motivador moral. La gratitud, además, se ha integrado en la terapia psicológica, de modo especial la terapia japonesa Naikan, centrada precisamente en el arte de su desarrollo y expresión. La gratitud, en fin, como otras emociones positivas, fomenta la salud mental, corporal y social. Pero, además de saludable, la gratitud es también agradable; para el filósofo francés André Comte-Sponville es «la más placentera de todas las virtudes y el más virtuoso de todos los placeres».

¿Cómo fomentar la gratitud? Sin infravalorar ni olvidar las expresiones o fórmulas sociales de gratitud, existen varias sencillas sugerencias. El profesor Robert Emmons, reconocido especialista en el tema, recomienda llevar un diario de gratitud, para anotar cada día, tras hacerlo consciente, todo aquello por lo que deberíamos estar agradecidos. Llevar este diario, al menos durante unos días o de vez en cuando, unido a la introspección y reflexión que exige, ayudará sin duda a descubrir todo aquello por lo que podemos estar agradecidos, así como a las personas a las que debemos gratitud. Y, de vez en cuando, un autoexamen de gratitud: durante los últimos meses, durante mi vida, ¿qué debo agradecer? ¿a quién debo agradecer? El complemento natural de estos sentimientos internos de gratitud es su expresión directa.

No es necesario subrayar la importancia de educar la y en gratitud. Es profundizar y extender, sobre todo con el ejemplo, en esa familiar pregunta-mandato de los padres al niño, «¿Cómo se dice?», cuando alguien le hace un regalo u obsequio. Niño agradecido, niño y adulto más feliz.

Pero, sobre todo, importa concebir la vida en clave de gratitud y alejarnos de la actitud del narcisista para quien «son los demás quienes deben agradecerme a mí». La personalidad agradecida, al contrario, siente y aprecia lo mucho positivo y gratuito que recibe cada día y, especialmente, lo recibido en el pasado, pues ve la vida y los acontecimientos no como algo que «se me debe dar», sino como un don que, simple y generosamente, «se me da». La comida del mediodía, la puesta del sol de esta tarde, la amabilidad del dependiente o de la enfermera, la agradable conversación con el amigo, la persona que me cedió el asiento… ¡y el vivir este día! Para el corazón agradecido casi todo es un don y motivo de gratitud; ve el mundo y lo que ocurre con las lentes de la gratitud y no con las del cambista. Gratitud dirigida a los padres, familia, amigos y a un interminable etcétera; el creyente también a Aquél a quien reconoce como autor de la vida y fuente de todo bien.

Conviene no olvidar la perspectiva del autor del beneficio. Séneca, en su obra ‘De los beneficios’, indica el peligro de hacer un favor u obra buena con el fin principal de recibir el agradecimiento del receptor. Es un aviso para que la actitud del receptor, de gratitud o de ingratitud, no condicione la acción del benefactor.

El descenso del barómetro predice perturbación atmosférica. La gratitud ha sido calificada de «barómetro moral», es decir, como un indicador y predictor del estado moral de la sociedad y de las personas. Procuremos que este barómetro moral mantenga un buen nivel y evitemos que descienda, pues con ello aumentará el riesgo de perturbaciones sociales y personales.

 

Publicado en Bienestar subjetivo, Psicología Positiva, Psicología Social | Etiquetado , , ,

Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión (4 de junio)

Tomada de Infocop Online

Fotografía tomada de Infocop Online

A comienzos de los años sesenta del siglo veinte, el pediatra germano C. Henry Kempe y sus colegas describieron el síndrome del niño golpeado (*). Este primer estudio constituyó un acontecimiento fundamental, origen de un número importante de investigaciones científicas y de la toma de conciencia sobre esta lamentable realidad del abuso infantil. A los artículos de investigación, libros y congresos de especialistas, se unieron las medidas legales, médicas y psicológicas para tratar, atajar y prevenir el problema. Posteriormente, la identificación y estudios del maltrato, se extendió a otras víctimas de la violencia interpersonal y familiar, como las mujeres y las personas mayores.

Un documento preparado para la 69 Asamblea Mundial de la Salud (27 de mayo del 2016) insiste en las graves consecuencias y secuelas del maltrato infantil en sus diferentes formas y ofrece algunos datos relativos a la extensión del problema. Concretamente, el que la cuarta parte de los adultos del estudio afirmen haber sufrido algún tipo de maltrato físico durante su niñez y el que el porcentaje asciende al 36% si se refiere a haber sufrido abuso psicológico. Niños maltratados físicamente, tomados como objeto sexual, obligados a trabajar precozmente, etc. etc.

Cifras que producen pavor y que provocarían una reacción de negro pesimismo y radical desesperanza, si no fuera por la existencia de otra realidad, que es la del porcentaje, mucho mayor, de madres y padres que se entregan en cuerpo y alma a la cría y educación de sus hijos, que comparten con ellos momentos de alegría y afecto, que están a su lado día y noche durante la enfermedad, que, en definitiva, les dan lo mejor de sí mismos.

Día de conciencia para erradicar esta lacra del maltrato infantil. Día también para caer en la cuenta que una forma de maltrato infantil, especialmente preocupante en nuestras latitudes, es la excesiva permisividad en la educación, el no ayudar a los niños a que desarrollen el autocontrol y el respeto a los demás, para lo cual resulta imprescindible establecer ciertos límites y normas, en una educación guiada por los principales valores. Hemos de evitar, en nuestros ambientes con mayor desarrollo económico y disfrute de libertades, que el Síndrome del Niño Golpeado sea reemplazado por un Síndrome del Niño Consentido o Mimado, dos versiones graves de maltrato infantil.

(*) KEMPE CH, SILVERMAN FN, STEELE BF, DROEGEMUELLER W, SILVER HK. (1962). The battered-child syndrome. JAMA, 181,17-24.

Publicado en Psicología, Psicopatología | Etiquetado , ,

Animal racional… y racionalizador

Zorra y uvas

 

 

 

 

 

Texto en PDF en mi segundo blog: https://enriquefranciscopallares.wordpress.com/

Otros articulo míos publicados en los últimos meses en la prensa diaria: https://enriquepallares.wordpress.com/mis-articulos/

 

Animal racional… y racionalizador

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en el diario EL CORREO el sábado 28 de mayo del 2016 (Página 35)

«Entonces fue cuando la zorra dijo: ‘No las quiero comer. No están maduras’». Esta conclusión de la zorra resultaría razonable y convincente, si no fuera porque, previamente, ha tratado por todos los medios de alcanzar las apetitosas uvas y, como cuenta también Félix de Samaniego en los versos anteriores: «Miró, saltó y anduvo en probaduras, pero vio el imposible ya de fijo». Las fábulas resultan siempre aleccionadoras, porque las reacciones de los animales irracionales que describen, reflejan con sorprendente exactitud las del animal racional en situaciones parecidas. Por eso, resulta fácil encontrar semejanzas entre este relato y algunas reacciones humanas.

A nadie extraña el comentario de algunos al comprobar que el número de la lotería que tiene en las manos no figura entre los premiados: «Lo importante es tener buena salud y trabajo». Ante un ascenso frustrado, o no haber sido seleccionado para un puesto mejor, puede producirse una reacción parecida: «Mucho mejor seguir donde estoy; cuanto más arriba, más preocupaciones».

O ante el amor no correspondido; tras constituir el anhelado ‘sí’ de la otra persona la máxima aspiración, se explica el ‘no’ con frases de sabor agridulce («Comprometerse es atarse y lo mejor es la libertad»); o de sabor amargo: «En realidad, no tiene nada especial; es bastante vulgar». Escuchamos también ‘explicaciones de consolación’ –con la ayuda de porcentajes y el foco en algún rebuscado parámetro favorable– a los políticos que no han logrado las cuotas electorales esperadas. Ante un consumo abusivo o preocupante del alcohol («Facilita las relaciones sociales»), o se subraya que tienen control de su conducta, cuando la evidencia muestra lo contrario.

No es la actitud del optimista de «ver la botella medio llena». En el optimista la satisfacción es expresada y sentida, mientras que en los casos anteriores a la satisfacción expresada corresponde una insatisfacción o inquietud interior. La psicología dinámica denomina a estos razonamientos justificadores mecanismo de defensa de racionalización, aunque Max Weber y sus seguidores entienden ‘racionalización’ en un sentido diferente. Fue Ernest Jones, biógrafo de Freud, quien publicó el primer estudio sobre la racionalización como defensa psicológica, con la que se trata de enmascarar o afrontar sentimientos incómodos de manejar. Es utilizar razones que ‘suenan’ bien –al menos al principio– y en apariencia convincentes, para disolver el malestar o conflicto interior. Pero la racionalización puede ir más lejos.

En la «racionalización moral» se pretenden justificar acciones injustificables, para convencerse de que no violan las normas morales. Así, se intentan justificar desde pequeñas faltas (una mentira leve) a otras de extrema gravedad (un genocidio). El hurto en unos grandes almacenes, o en la organización donde uno trabaja, se justifica diciendo: «Es una compensación por lo que a uno le roban»; el defraudar en los impuestos se justifica: «Los tontos son los que más pagan», «Lo recaudado se invierte mal o sirve para la corrupción». Las reprensiones o los castigos graves e injustificables se pretenden justificar como un medio necesario para «prepararle para la vida». Peor todavía cuando se dan explicaciones o excusas para justificar el abuso y el maltrato. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Complutense, publicado hace poco, mostraba que el autoconcepto moral de los componentes de un grupo de cien condenados por violencia doméstica era tan alto como el de otro grupo de no maltratadores, aunque el nivel de autoengaño era claramente mayor en los primeros.

¿Se engaña uno a sí mismo o, en realidad, solo pretende convencer –o engañar– a los demás? No siempre se trata de esto último; tal vez porque el modo más eficaz de engañar a otros es engañarse primero uno mismo. Es posible y no raro el autoengaño; el pensamiento colabora en ello. Eso sí, la racionalización y las demás defensas psicológicas se advierten con mayor facilidad y precisión en los demás que en uno mismo. La agudeza para verlas en otros va unida a miopía o ceguera para identificarlas en uno mismo.

Por supuesto, no todo razonamiento o justificación es una de defensa psicológica de racionalización. Precisamente, el objetivo principal del pensamiento inteligente debe ser dar una explicación correcta de la realidad física, social o personal, y evitar que la capacidad humana de razonar se aparte de la verdad y se ponga, con razonamientos falaces y quebradizos, al servicio de comportamientos injustificables y reprobables.

Publicado en Enrique Pallarés Molíns, Mecanismos de defensa | Etiquetado , , , , ,

Ante los exámenes de junio

examenes 2

En esta entrada encontrarás los enlaces a otras entradas de este blog que contienen orientaciones sobre los exámenes. Son orientaciones fundadas en estudios controlados, pero también en mi experiencia -ya lejana- de estudiante y en la más cercana de profesor y psicólogo.

♦ Los repasos finales

https://enriquepallares.wordpress.com/2013/05/07/los-repasos-finales/

 

♦ Concentración en el estudio

https://enriquepallares.wordpress.com/2012/03/13/concentracion-durante-el-estudio/

 

♦ Los exámenes tipo test.

https://enriquepallares.wordpress.com/2013/01/07/los-examenes-tipo-test/

 

♦ Para manejar la ansiedad en los exámenes

https://enriquepallares.wordpress.com/2012/01/09/ansiedad-en-los-examenes/

 

♦ ¿Por qué a veces se queda uno en blanco en un examen? ¿Qué se puede hacer?

https://enriquepallares.wordpress.com/2013/06/03/en-los-examenes-evite-que-se-forme-un-tapon-en-la-puerta-de-salida/

 

♦ El título resulta chocante, pero no es una broma. Es un complemento y en parte repetición del artículo anterior.

https://enriquepallares.wordpress.com/2014/11/17/puede-ayudar-un-viejo-baul-a-mejorar-la-memoria/

 

¡Qué hagas unos buenos exámenes! Si no te salen como esperabas, examina las causas con la mayor objetividad posible. En cualquier caso, nunca te desanimes ni tires la toalla.

Si te salen no solo bien, sino muy bien, y sientes una especie de ‘subidón’ por el éxito, te invito a leer esta entrada anterior de este mismo blog: https://enriquepallares.wordpress.com/2015/05/22/aceptarse-en-el-exito/

 

Más información sobre los exámenes y la ansiedad en los exámenes la encontrarás en mis libros (Enrique Pallarés Molíns). Los tres publicados en Ediciones Mensajero.

Técnicas de estudio y examen para universitarios.

Vivir con menos menos ansiedad. Guía práctica.

La memoria. Guía para su conocimiento y práctica.

Publicado en Enrique Pallarés Molíns, Técnicas estudio | Etiquetado ,

El perdón como fortaleza humana

Graduación en perdón. Holy Family School. Belfast. Irlanda del Norte

Graduación en perdón. Holy Family School. Belfast. Irlanda del Norte

Texto de mi último artículo en EL CORREO, sobre el perdón.

 

 

 

 

 

Enlace al texto en PDF para bajarlo al ordenador: https://enriquefranciscopallares.wordpress.com/2016/05/09/el-perdon-como-fortaleza-humana/

Enlaces a otros artículos míos publicados en la prensa diaria: https://enriquepallares.wordpress.com/mis-articulos/

 

El perdón como fortaleza humana

Enrique Pallarés Molíns. Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

EL CORREO. Sábado, 7 de mayo del 2016. Página 41

Desde hace milenios, las principales religiones hablan del perdón y lo recomiendan o prescriben. La filósofa Hannah Arendt, pionera en señalar el papel fundamental del perdón en las relaciones humanas, afirma que «El descubridor del papel del perdón en los asuntos humanos fue Jesús de Nazaret», y aclara que el contexto y lenguaje religioso no son razón para valorarlo menos en un sentido estrictamente secular. La Psicología inició el estudio del perdón hace pocas décadas. En la actualidad, la todavía joven Psicología Positiva considera el perdón como una fortaleza humana, a la vez que investiga, con metodología científica, en qué consiste, sus determinantes y consecuencias, y cómo fomentarlo.

Se dice que resulta más difícil definir el perdón que perdonar. Lo cierto es que existe mayor acuerdo en concretar qué no es el perdón que en su definición positiva. Perdonar no es olvidar o ignorar la ofensa, ni interferir la acción de la justicia. Perdonar es un largo y complejo proceso de sanación interna, con proyección interpersonal, que comienza por la decisión de excluir la venganza, el resentimiento, la ira y la distancia, para llegar, cuando es posible, a una reconciliación guiada por la empatía y la compasión. Implica, pues, cambios y reajustes en las emociones, pensamiento, motivación y conducta.

El resentimiento, el odio y el deseo de venganza, lejos de aliviar el dolor de la ofensa, lo prolongan y hacen más vivo. Dijo Lord Byron que «la venganza es dulce»; tal vez sea así al principio, pero pronto resulta amarga y tóxica. Perdonar es la forma de dejar de estar centrado en la ofensa y de seguir dependiendo del ofensor; es, pues, una liberación.

Le preguntó Bill Clinton a Nelson Mandela por la desaparición repentina de su rostro del odio e ira al salir de la presión, que observó años antes por televisión. Mandela respondió: «Escuché el Espíritu de Jesús que me decía: ‘Nelson, mientras estuviste en prisión eras libre; ahora que estás libre, no te conviertas en prisionero’». Lewis Smedes, autor del primer libro sobre el perdón, afirmó que «perdonar es poner en libertad a un prisionero y descubrir que ese prisionero era uno mismo».

Varios estudios muestran las consecuencias positivas del perdón para la salud mental y física, pero sobre todo para la reparación de relaciones sociales valiosas. La reconciliación supone una importante ventaja evolutiva. Por eso, el profesor Michael McCullough, que señala la función de la venganza para controlar la agresión, confirma las raíces no menos profundas del perdón, e incluso habla de un «instinto de perdón». De hecho, varias observaciones controladas, realizadas con primates, muestran la presencia en ellos de conductas de reconciliación tras la ofensa.

No es lo mismo perdonar una ofensa leve que un asesinato. Algunos pensadores han mostrado su reticencia o clara negativa a perdonar lo que consideran imperdonable; Vladimir Jankélévitch afirmó que «el perdón murió en los campos de la muerte». Pero, no olvidemos que, aunque muy difícil, siempre existe ‘la posibilidad de lo imposible’.

Pero perdonar es un don gratuito de la víctima, que el victimario o sus afines no le pueden exigir. Tampoco se puede aconsejar el perdón cuando favorece la revictimización, como a veces ocurre en la violencia familiar, pues perdonar no es carencia de asertividad ni convertirse en un «felpudo humano».

Favorece el perdón el ponerse en el lugar del otro, que no es justificar la ofensa. Perdonar no es olvidar, sino recordar de otra manera, evitar el exceso de memoria, así como neutralizar las explicaciones y los pensamientos distorsionados. Si no es expresamente desaconsejable, el acercamiento al ofensor favorece el perdón. Lo mismo que el recordar e interiorizar modelos de perdón, en lugar de modelos de venganza u odio.

La Psicología se ha centrado en el perdonar, pero es igualmente necesario el perdonarse y, sobre todo, el pedir perdón. Esto último no como mera fórmula social, sino como un clamor que sale del interior del que reconoce sus propios errores y limitaciones. No es alimentar sentimientos de culpabilidad neurótica, sino atemperar los brotes narcisistas que llevan a no reconocer los propios errores y a no pedir perdón por ellos. Perdonar no es de débiles, sino de fuertes; reconocer los propios errores y pedir perdón tampoco es signo de debilidad, sino la expresión de fortaleza de un ego no hinchado y de una autoestima sana. Llegar a esta convicción fomentará, sin duda, la cultura del perdón y de la reconciliación, tan necesarias en nuestra sociedad.

Publicado en Emociones, Enrique Pallarés Molíns, Perdón, Psicología, Psicología Positiva, Psicología Social | Etiquetado , , , , , , , , | 2 comentarios

Primero de mayo: Día de la Madre

Maternidad Felix Alonso Arenas Oviedo 2

Maternidad. Félix Alonso Arena. 2003. Oviedo: Parque San Francisco

¿Primero de mayo, Día de la madre? Cuando se escucha la expresión ‘día de la madre’ suena, más bien, a día de promoción del regalo a la madre; día o días de regalo, o mejor dicho, de comprar el regalo, de consumir en los centros comerciales promotores de esta celebración. Para los que impulsaron esta fiesta y otras semejantes –los que ‘comercializan’ el calendario–, lo único importante es el comprar el regalo y el fomento del consumo. Pero, mientras no se establezca por la ONU, al margen de lo mercantil, una fecha de celebración del DÍA MUNDIAL DE LA MADRE (con mayúsculas), podemos acogernos a esta fecha, alentada por el comercio y aceptada sin demasiadas críticas por la sociedad. Mejor es algo que nada.

Apartémonos del espíritu comercial adherido a esta celebración. Rescatémosla de ese interesado objetivo. Que sea un día para recordar a las madres, a nuestras madres que, no durante un día, sino durante muchos días y noches –sin horarios ni honorarios, sin descansos semanales ni vacaciones– estuvieron vigilantes y solícitas para proveer nuestras necesidades de todo tipo y sobre todo para entregarnos su amor. Amor expresado de diferente forma en cada etapa de la vida, pero siempre un amor total y no egoísta. Amor resistente e invulnerable a la muerte, pues cuando la madre termina los días de su vida, continúa extendiendo desde Arriba sus manos protectoras sobre su hijo, porque la madre ha quedado en el fondo del corazón del hijo, para que encuentre la mejor decisión en el momento oportuno e inspirarle buenos sentimientos. La madre nunca se jubila como madre; ni después de la muerte.

Los neurobiólogos hablan de oxitocina (la hormona de la vinculación afectiva y del amor), pero nos entenderemos mejor llamando a las cosas, de forma llana, por su nombre común; en el caso del amor de la madre: amor desinteresado, amor incondicional, amor en que se ama a la persona amada porque sí, por ella misma, sin condiciones; amor oblativo, dispuesta a dar a los hijos todo su ser, incluso la vida; amor que lo da todo y que se da a sí misma; amor en estado puro, a la vez que atento a todas las necesidades de la persona amada. Como dijo Erich Fromm, amor que no ama a la persona amada porque la necesita, sino que la necesita porque la ama. El amores lo primero. Amor siempre abierto en un abrazo acogedor, a pesar de no ser siempre retribuido con la gratitud del hijo. Amor que también se expresa en el perdón incondicional, inmediato y repetido. Reconozco, por si alguien piensa que me aparto de la realidad, que no todas las madres actúan de forma tan modélica, pero cuando no es así, lo señalamos como excepción: la excepción confirma la regla.

Ese es el amor de la madre, que merece un monumento –no pocas ciudades han erigido monumentos a la madre– en cada lugar del mundo, en cada calle y en cada casa, pero sobre todo en el corazón de cada hijo o hija. Al buscar una ilustración para esta entrada, no he encontrado mucha dificultad por la oferta abundante de posibilidades, de monumentos a la madre y a la maternidad que existen. La verdad es que hubiera preferido ilustrarla con alguna foto de la vida real, de esas madres que vemos en las calles y en los parques, pero también de esas madres que pasan días, meses y años junto a sus hijos con enfermedades o incapacidades importantes que trasforman su dolor en alegría. Una escultura representa a todas ellas a la vez.

Descubrir o redescubrir de forma plena ese amor de la madre, grabado en nuestro interior, revivirlo y profundizarlo, será la mejor semilla para la transformación del mundo, y la chispa que provoque y extienda el incendio de la reconciliación y la paz universal. El amor cálido y desinteresado de la madre es el modelo para que las relaciones sociales funcionen de forma armónica y concorde; es el bálsamo y lúbricamente para evitar que los complicados engranajes de la sociedad chirríen y se atoren.

Un regalo, por muy costoso que sea, sin la envoltura de la profunda y cotidiana gratitud, vale muy poco.  La gratitud diaria –no solo el Día de la Madre– y el retorno de sus desvelos en cuidados cuando la madre lo necesita, es el mejor regalo. Mi felicitación, gratitud y reconocimiento a todas las madres: a las que leáis estas líneas, a todas mis amigas y conocidas; a las que no habéis parido a vuestros hijos biológicamente, pero sí con la adopción y el amor… a todas nuestras madres que desde hace años nos protegen desde lo Alto; a todas las madres, amatxos, o mamás del mundo.

Publicado en Amor, Bienestar psicológico, Enrique Pallarés | Etiquetado , , | 2 comentarios

La felicidad asequible y sostenible

Felicidad aquellos seresPublicado en el diario EL CORREO. Sábado, 2 de abril. Página 33.

Otros artículos míos, publicados en los últimos meses en la prensa diaria, en la página o seccion fija Mis artículos de este mismo blog.

 

En mi segundo blog -el enlace para entrar en él está en la página o sección fija “Mi otro blog”, de este mismo blog- encontrará el artículo que sigue en formato PDF y  JPG.

 

La felicidad asequible y sostenible

Enrique Pallarés Molíns                                                                                                             Doctor en Psicología.Profesor emérito de la Universidad de Deusto

 

La felicidad no solo tiene su conmemoración anual –el 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad, según la resolución 66/281 de la Asamblea General de las Naciones Unidas–, sino que es considerada el fin último de toda acción humana. Garantizar su búsqueda figura como un derecho del ciudadano en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y en la Constitución española de 1812. El utilitarismo –o ‘felicismo’–, propone como criterio de la bondad de una acción el que lleve a la felicidad, o bienestar subjetivo, y afirma que el fin de la sociedad civil es conseguir la máxima felicidad para el máximo número de personas. El pequeño reino de Bután, en el Himalaya, concede mayor importancia a la Felicidad Nacional Bruta que al Producto Nacional Bruto. Desear felicidad forma parte de las fórmulas sociales más repetidas: «¡Feliz Año!», «Felicidades», etc.

Pero, ¿qué es la felicidad? Desde el pensamiento griego existen dos concepciones diferentes de la felicidad. Una, la hedonista, se centra en el bienestar subjetivo, mientras que la eudaimonista en el actuar bien. Recientemente, la psicología positiva añade el desarrollo o actualización de las principales fortalezas humanas.

¿Quiénes son más felices? ¿Qué determina la felicidad? La edad no tiene mayor relevancia. En contra de lo que se puede suponer, ni el aumento de los bienes materiales ni los cambios en la salud influyen de forma estable –sí momentáneamente– e importante en el nivel de felicidad. La capacidad para adaptarnos a los cambios, favorables o desfavorables, es muy grande. Coinciden, sin embargo, los estudios en la gran importancia de las relaciones sociales, sobre todo de las más estrechas.

¿Resulta asequible aumentar de forma estable la felicidad? Aunque la disposición personal y, en menor grado, las circunstancias de la vida influyen en el nivel de la felicidad de cada persona, queda un amplio margen para las actividades intencionales orientadas a mejorarla. Los especialistas en el estudio de la felicidad, entre ellos Michael Fordyce, Sonja Lyubomirsky y Martin Seligman, proponen, no recetas fáciles, sino algunas estrategias o líneas de trabajo.

Entre ellas, el ayudar a los demás, pues con ello aumenta la autoestima sana, a la vez que las ocasiones para establecer comparaciones favorables. Matthieu Ricard, un monje budista francés y especialista en biología molecular, es considerado el hombre más feliz del mundo, tras mostrar, en un estudio realizado en la Universidad de Wisconsin, un grado de activación de las áreas cerebrales relacionadas con las emociones positivas jamás alcanzado por otra persona. Además de relativizar ese título –comentó con humor sapiencial que peor sería recibir el título de hombre más desgraciado del mundo– insiste en el carácter adiestrable de la felicidad y en su estrecha relación con el altruismo y la compasión.

Otra estrategia es el practicar la gratitud, pues ayuda a reconocer todo lo positivo, que fácilmente pasaríamos por alto, a la vez que fortalece las relaciones con los demás. También ayuda el ‘saborear’ –en lugar de engullir– las experiencias positivas de la vida, del presente y también del pasado, pues es el mejor modo de intensificar y prolongar esas experiencias positivas. Sin olvidar el dar preferencia a dedicar todo el tiempo posible a las personas queridas y a las actividades en las que nos sentimos mejor. Y otras sugerencias, no menos importantes, como perdonar, adiestrarse en el manejo del estrés, sano sentido del humor, etc.

Así, pues, la felicidad no es algo que nos ocurre, sino algo asequible que podemos conseguir y mantener. Pero sin obsesionarse en alcanzar la felicidad total, pues ello lleva a proponerse expectativas poco razonables, con la consiguiente decepción al no alcanzarlas. La felicidad huye del que se limita a desearla. Recomendación útil cuando la felicidad se convierte en un puro sueño o en un objeto más de consumo.

En tiempos remotos, según una antigua leyenda, unos seres malignos muy poderosos quisieron ocultar la felicidad para que el ser humano no consiguiera encontrarla. Tras descartar varias posibilidades, concluyeron que el mejor escondrijo sería el mismo ser humano, pues la buscaría fuera, sin advertir que mora en su interior. Existe un amplio acuerdo en que la clave de la felicidad está en el interior del ser humano. Pero aquellos seres malignos nos subestimaron, pues, aunque con frecuencia buscamos la felicidad donde no está, también somos capaces de caminar –o de aprender a caminar– en la buena dirección.  [El Correo. Sábado, 2 de abril del 2016]

Publicado en Bienestar psicológico, EL CORREO, Enrique Pallarés, Felicidad, Psicología Positiva | Etiquetado , , , , , , | 4 comentarios