La felicidad asequible y sostenible

Felicidad aquellos seresPublicado en el diario EL CORREO. Sábado, 2 de abril. Página 33.

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En mi segundo blog -el enlace para entrar en él está en la página o sección fija “Mi otro blog”, de este mismo blog- encontrará el artículo que sigue en formato PDF y  JPG.

 

La felicidad asequible y sostenible

Enrique Pallarés Molíns                                                                                                             Doctor en Psicología.Profesor emérito de la Universidad de Deusto

 

La felicidad no solo tiene su conmemoración anual –el 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad, según la resolución 66/281 de la Asamblea General de las Naciones Unidas–, sino que es considerada el fin último de toda acción humana. Garantizar su búsqueda figura como un derecho del ciudadano en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y en la Constitución española de 1812. El utilitarismo –o ‘felicismo’–, propone como criterio de la bondad de una acción el que lleve a la felicidad, o bienestar subjetivo, y afirma que el fin de la sociedad civil es conseguir la máxima felicidad para el máximo número de personas. El pequeño reino de Bután, en el Himalaya, concede mayor importancia a la Felicidad Nacional Bruta que al Producto Nacional Bruto. Desear felicidad forma parte de las fórmulas sociales más repetidas: «¡Feliz Año!», «Felicidades», etc.

Pero, ¿qué es la felicidad? Desde el pensamiento griego existen dos concepciones diferentes de la felicidad. Una, la hedonista, se centra en el bienestar subjetivo, mientras que la eudaimonista en el actuar bien. Recientemente, la psicología positiva añade el desarrollo o actualización de las principales fortalezas humanas.

¿Quiénes son más felices? ¿Qué determina la felicidad? La edad no tiene mayor relevancia. En contra de lo que se puede suponer, ni el aumento de los bienes materiales ni los cambios en la salud influyen de forma estable –sí momentáneamente– e importante en el nivel de felicidad. La capacidad para adaptarnos a los cambios, favorables o desfavorables, es muy grande. Coinciden, sin embargo, los estudios en la gran importancia de las relaciones sociales, sobre todo de las más estrechas.

¿Resulta asequible aumentar de forma estable la felicidad? Aunque la disposición personal y, en menor grado, las circunstancias de la vida influyen en el nivel de la felicidad de cada persona, queda un amplio margen para las actividades intencionales orientadas a mejorarla. Los especialistas en el estudio de la felicidad, entre ellos Michael Fordyce, Sonja Lyubomirsky y Martin Seligman, proponen, no recetas fáciles, sino algunas estrategias o líneas de trabajo.

Entre ellas, el ayudar a los demás, pues con ello aumenta la autoestima sana, a la vez que las ocasiones para establecer comparaciones favorables. Matthieu Ricard, un monje budista francés y especialista en biología molecular, es considerado el hombre más feliz del mundo, tras mostrar, en un estudio realizado en la Universidad de Wisconsin, un grado de activación de las áreas cerebrales relacionadas con las emociones positivas jamás alcanzado por otra persona. Además de relativizar ese título –comentó con humor sapiencial que peor sería recibir el título de hombre más desgraciado del mundo– insiste en el carácter adiestrable de la felicidad y en su estrecha relación con el altruismo y la compasión.

Otra estrategia es el practicar la gratitud, pues ayuda a reconocer todo lo positivo, que fácilmente pasaríamos por alto, a la vez que fortalece las relaciones con los demás. También ayuda el ‘saborear’ –en lugar de engullir– las experiencias positivas de la vida, del presente y también del pasado, pues es el mejor modo de intensificar y prolongar esas experiencias positivas. Sin olvidar el dar preferencia a dedicar todo el tiempo posible a las personas queridas y a las actividades en las que nos sentimos mejor. Y otras sugerencias, no menos importantes, como perdonar, adiestrarse en el manejo del estrés, sano sentido del humor, etc.

Así, pues, la felicidad no es algo que nos ocurre, sino algo asequible que podemos conseguir y mantener. Pero sin obsesionarse en alcanzar la felicidad total, pues ello lleva a proponerse expectativas poco razonables, con la consiguiente decepción al no alcanzarlas. La felicidad huye del que se limita a desearla. Recomendación útil cuando la felicidad se convierte en un puro sueño o en un objeto más de consumo.

En tiempos remotos, según una antigua leyenda, unos seres malignos muy poderosos quisieron ocultar la felicidad para que el ser humano no consiguiera encontrarla. Tras descartar varias posibilidades, concluyeron que el mejor escondrijo sería el mismo ser humano, pues la buscaría fuera, sin advertir que mora en su interior. Existe un amplio acuerdo en que la clave de la felicidad está en el interior del ser humano. Pero aquellos seres malignos nos subestimaron, pues, aunque con frecuencia buscamos la felicidad donde no está, también somos capaces de caminar –o de aprender a caminar– en la buena dirección.  [El Correo. Sábado, 2 de abril del 2016]

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20 de marzo: DÍA INTERNACIONAL DE LA FELICIDAD

Dos estudiantes de la Escuela de Artes Kulturama en Estocolmo. Fotografía: ONU/Eskinder Debebe

Dos estudiantes de la Escuela de Artes Kulturama en Estocolmo. Fotografía: ONU/Eskinder Debebe

¿Qué es el Día de la Internacional de la Felicidad? ¡Es un día para ser feliz, naturalmente! Desde 2013, las Naciones Unidas han celebrado el Día Internacional de la Felicidad como reconocimiento del importante papel que desempeña la felicidad en la vida de las personas de todo el mundo. De hecho, Las Naciones Unidas acaban de establecer 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que pretenden poner fin a la pobreza, reducir la desigualdad y proteger nuestro planeta –tres aspectos primordiales que contribuyen a garantizar el bienestar y la felicidad.-.

Este año incluso participan personajes de los dibujos animados, al unirse las Naciones Unidas con un grupo famoso por su escasa alegrìa: Los Angry Birds. Estos «pájaros enojados», embajadores del mundo de los dibujos animados, nos están ayudando a fomentar la concienciación sobre la importancia de la acción contra el cambio climático, en beneficio de nuestro futuro común. Para acompañarlos y difundir su propia acción contra el cambio climático, usen la etiqueta #AngryBirdsHappyPlanet.

«En estos momentos de graves injusticias, guerras devastadoras, desplazamientos masivos, miseria absoluta y otras causas de padecimientos provocados por el hombre, el Día Internacional de la Felicidad es una oportunidad mundial para proclamar la primacía de la paz mundial, el bienestar y la alegría». Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas.

Texto tomado de la web de las Naciones Unidas.

 

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Adicción a la autoestima

Narcissus (1597-1599). Michelangelo Merisi da Caravaggio. Óleo. Galeria Nacional de Arte Antiguo. Roma.

Narcissus (1597-1599). Michelangelo Merisi da Caravaggio. Óleo. Galeria Nacional de Arte Antiguo. Roma.

Artículo publicado en el diario EL CORREO (Vizcaya y Álava). Sábado 12 de marzo,  página 39.

Le versión en PDF aparecerá en los próximos días en mi segundo blog: https://enriquefranciscopallares.wordpress.com/

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Adicción a la autoestima

Enrique Pallarés Molíns
Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

EL CORREO. Sábado, 12 de marzo del 2016. página 39

Son conocidas por todos e incluidas en las clasificaciones de los trastornos mentales las adicciones a sustancias: alcohol, cocaína, opiáceos, etc. Más duda existe –incluso rechazo–, sobre el concepto de adicción no química, como la adicción al trabajo, a comprar, o a internet. Resultará todavía mucho más discutible la «adicción a la autoestima».
Por supuesto, hablo aquí de «adicción a la autoestima» en sentido figurado, sin pretender añadir otro trastorno al DSM 5, el grueso manual que clasifica y define los trastornos mentales. Pero, según el profesor Roy Baumeister se pueden aplicar metafóricamente a la relación con la autoestima tres características de la adicción a sustancias químicas: la dependencia, la tolerancia y el síndrome de abstinencia.
Aunque todas las personas buscan la aceptación de los demás y desean sentirse bien, en el adicto a la autoestima este deseo se convierte en un dominante y descontrolado anhelo de ser admirado y estar por encima de todos. Convierte su autoestima en fin y a los demás en el medio para alimentarla. Con clara irreverencia a la conocida frase de Ortega y Gasset «Yo soy yo y mi circunstancia», el adicto a la autoestima la traduce en la práctica por «Yo soy Yo y los demás son mi circunstancia».
En la adicción a algunas sustancias la tolerancia consiste en la necesidad de aumentar progresivamente la dosis para que su efecto no disminuya. El adicto a la autoestima no se satisface con un grado aceptable y necesario de reconocimiento por parte de los demás. Las dosis de elogio que recibe y el lugar destacado en que se coloca nunca le producen una satisfacción duradera. Su autoestima es voraz e insaciable.
Finalmente, las reacciones que recuerdan al síndrome de abstinencia. El desprecio, la ira y la hostilidad, que pueden llegar a la agresión, son con frecuencia la respuesta a cualquier leve crítica o comentario no favorable. Es la reacción al faltarle la dosis creciente de elogio o al resultarle insuficiente el grado de distinción respecto a los demás.
Con todo, ¿tiene sentido plantear la cuestión de una adicción a la autoestima, cuando para muchos rige aquí el principio de «cuanta más, mejor»? Sí, pues en la autoestima el problema no solo puede ser de déficit, sino también de exceso: el desarrollar una autoestima inflada y sin base. Algunas sustancias, según la dosis, pueden ser medicina o droga, e incluso veneno. Es necesaria la autoestima, pero sin llegar a la sobredosis ni a la obsesión por ella.
En los años 1960 se habló de una epidemia de baja autoestima, y la alarma social creada llevó a una proliferación de campañas y medios para elevarla. Estados Unidos fue el epicentro de esta ‘cruzada’, cuyas ondas alcanzaron al resto de Occidente. Análisis posteriores concluyen que lo que en realidad ha aumentado es la sensación subjetiva de autoestima, pero no los comportamientos y logros que se esperaba mejorarían. La profesora californiana Jean Twenge ha advertido que la epidemia ya no es ahora de baja autoestima, sino de autoestima hipertrofiada, es decir, de narcisismo y egolatría. Incluso caracteriza a los nacidos en torno a la década de 1980 como «generación Yo». Hay que tomar con cautela el concepto de generación, pues el problema no afecta a todos los nacidos esos años ni solo a los nacidos esos años. Con todo, surge la pregunta de si estaremos convirtiendo nuestra sociedad, al abonarla con una autoestima y una permisividad excesiva, en tierra fértil para el crecimiento de narcisos, pero no de bellas flores, sino en relación al mito clásico de Narciso y al narcisismo como psicopatología.
Sin mayor precisión filológica, ‘Narciso’, ‘narciso’, ‘narcisismo’ y ‘narcótico’ comparten la raíz griega ‘nark’, que hace referencia a adormecimiento, aturdimiento, o atontamiento. Caravaggio, inspirado en las Metamorfosis de Ovidio, pintó a Narciso admirando, embelesado –y atontado–, su figura reflejada en el agua, antes de lanzarse a ella para consumar su amor exclusivo a sí mismo; o, más bien, antes de ahogarse en su ego vacío.
El excesivo amor a sí mismo –o autoestima– resultó letal a Narciso. El exceso de autoestima, en cuanto conlleva egolatría, envanecimiento, excesivas exigencias con los demás y utilizarlos solo como medio, atonta y resulta tóxico al propio individuo y a la sociedad. Alfred Adler propuso un concepto de salud mental y de madurez personal que incluía la autoestima, pero fundida con el interés social o «capacidad para cooperar y contribuir al bien del grupo». El yo no crece sano y vigoroso de espaldas al nosotros.

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Anuncio conferencia en Deusto sobre la autoestima

Conferencia Autoestima Deusto

HABLAR EN MI BARRIO DE DEUSTO

Como podéis suponer, he hablado bastantes veces en Deusto, pero en la Universidad. Mañana, invitado por la Asociación de Familias de Deusto, voy a hablar en Deusto, pero en el Centro Cívico Municipal Bidarte. Es un honor para mí y me produce gran satisfacción, como vecino de Deusto, el hacerme presente en el foro de actividades culturales que organiza la Asociación de Familias de Deusto.
Por supuesto, están invitados todos los que deseen asistir, sean de Deusto, de Bilbao, o de otras poblaciones próximas. La entrada es libre.
¡Mi agradecimiento a la Asociación de Familias de Deusto por su amable invitación! ¡Eskerrik asko!

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Animales saludables y respetables

Osos

«Los animales sufren tanto como nosotros. La verdadera humanidad no nos permite imponerles tal sufrimiento. Es nuestro deber conseguir que el mundo entero lo reconozca».

(Albert Schweitzer. Premio Nobel de la Paz de 1952)

 

Artículo publicado en EL CORREO. Domingo, 17 de enero, del 2016. Página 43.

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Animales saludables y respetables

Enrique Pallarés Molíns
Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Los animales, además de formar parte importante de la dieta de los no veganos, son utilizados para el transporte, vigilancia, defensa, compañía, rescate, guía, vestido y para un largo etcétera de utilidades, sin olvidar el ocio, el espectáculo y la investigación biomédica. Nos ofrecen, pues, un servicio esencial.
Forman parte de la historia de la Psicología los perros de Pavlov, las ratas de Watson y de Tolman, los monos rhesus de Köhler y de Harlow, las palomas de Skinner, o los gansos de Lorenz. Y otros muchos animales que contribuyeron a la adquisición de importantes conocimientos sobre aprendizaje, estrés, depresión, comunicación, apego, etc., con frecuencia a cambio de sufrimiento y de su misma vida. Pues no siempre el investigador se aplica previamente las descargas eléctricas, como hacía Martin Seligman en sus experimentos con perros sobre la indefensión aprendida al explicar la depresión.
Desde el nacimiento establecemos vínculos afectivos duraderos con las personas, de forma muy especial con la madre; relación que se amplía a los animales. Así, las conductas que expresan la relación de apego –búsqueda de proximidad y contacto, alegría con la presencia, tristeza y llanto en la separación– se observan también en el vínculo afectivo que algunos establecen con sus mascotas; a veces de igual o mayor intensidad al que mantienen con las personas. De hecho, se ha observado una relación estrecha entre el tipo de apego de un ser humano con su mascota y el de ese ser humano con sus congéneres. Los niños se identifican de forma especial con ellos, como lo muestra su conducta, sueños y dibujos.
Esto ha llevado a diseñar terapias psicológicas «asistidas por animal», orientadas a mejorar el funcionamiento emocional, cognitivo y social, desde niños a personas mayores. El animal ‘coterapeuta’, puede ser perro, gato, caballo, elefante, delfín, etc. Ya en 1792 el filántropo William Tuke sustituyó los tratamientos punitivos habituales entonces por otros basados en el refuerzo positivo, que incluían la interacción con animales. Pero fue Boris Levinson quien, en la década de 1960, inició la terapia asistida por animal, practicada en la actualidad con buenos resultados y varios modelos, según el animal, paciente y problema. Como anécdota amable y precursora, Jofie, la perrita de Sigmund Freud, solía asistir a las sesiones, y su colocación respecto al paciente ofrecía pistas a Freud sobre su personalidad; incluso avisaba cuando se excedía la duración de la sesión.
La primera acepción del término ‘mascota’, según la Real Academia, es «Persona, animal o cosa que sirve de talismán, que trae buena suerte». Y así es. Las mascotas –incluso a veces sus imágenes–, además de eficaz antídoto contra la soledad, aportan beneficios a la salud física y mental. Por eso, es recomendable su proximidad, aunque sin incurrir en el llamado ‘síndrome de Noé’ (convertir la casa en un zoo).
Pero los animales, además de saludables, son también respetables. Charles Darwin bajó al ser humano del pedestal en el que se creía radicalmente distinto y superior a los otros animales, para verlo como un eslabón más de la evolución. La evolución continúa y una de sus metas podría ser un cambio en la consideración de los demás animales por parte del ser humano y en enmendar el bajo estatus que han tenido en la filosofía y en la ética occidental, al verlos solo desde la utilidad. Incluso habría otro ‘ismo’ a reconocer y combatir: el ‘especismo’, o prejuicio y discriminación por pertenencer a una especie.
Precisaba Jeremy Bentham, a finales del siglo XVIII, que la cuestión no es tanto si los animales piensan o no, como si sufren o no. Es ampliar nuestra empatía a los animales. Reconoce Bentham que ya se ha conseguido reprobar el maltrato a seres humanos justificado por el color de la piel, y piensa que también se puede conseguir que «el número de patas, la vellosidad de la piel o la terminación del hueso sacro no sean razones suficientes para abandonar a un ser viviente a una suerte semejante» y así, «llegará el día en que la humanidad extienda su manto sobre todo ser que respira». El doctor Albert Schweitzer, premio Nobel de la Paz por su actividad humanitaria en África, afirmó que todas las criaturas, incluido el ser humano, poseen una voluntad de vivir, que hay que respetar. Tras afirmar que los animales «sufren tanto como nosotros» y que «la auténtica humanidad no nos permite hacerles sufrir», concluye Schweitzer: «Hasta que ampliemos nuestro círculo de compasión a todos los seres vivos, la humanidad no encontrará la paz».

 

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Los regalos

Regalos Emerson

 

Grabación de la entrevista en Radio Popular sobre ‘los regalos’:   https://enriquefranciscopallares.wordpress.com/2015/12/21/entrevista-en-radio-ppoular-de-bilbao-sobre-los-regalos-grabacion-en-mp3/

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Los regalos

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

 

EL CORREO, 2 de enero del 2016. Página 29.

Las fiestas de Navidad son fechas especialmente propicias para los regalos; pero no las únicas, pues son muchas, y en aumento, las ocasiones para dar y recibir regalos: cumpleaños, boda, graduación, bautizo… A estas hay que añadir, dentro de la llamada «comercialización del calendario», los «días de…»: día de la madre, día del padre…
Intercambiar regalos es una práctica universal, en el tiempo y en el espacio, una forma de expresar gratitud, de mostrar interés y aprecio, a la vez que de establecer y fortalecer los vínculos entre personas y grupos. El regalo es el lenguaje –sin palabras, pero muy expresivo–, del amor, la amistad y la gratitud. En su clásico ensayo, destaca Marcel Mauss que la pervivencia del regalo es para congratularse, pues muestra que no todo está clasificado en términos de compra y venta, y que las cosas pueden tener, además del valor mercantil, un valor afectivo.
Tras el regalo hay un conjunto, a veces complejo, de emociones y motivos, tanto en el donante (¿Acertaré?) como en el receptor (¿Por qué este regalo?). A algunos les resulta agradable elegir el regalo, pues es una ocasión para expresar su afecto, pero otros experimentan ansiedad y temen no acertar. El narcisista elige el regalo pensando no tanto en el que lo va a recibir, sino en distinguirse y aparecer él como singular. Sin llegar a esto, es frecuente fallar en el regalo al no culminar la difícil tarea de ponerse en el lugar del receptor. El receptor trata de adivinar las emociones e intenciones del donante (¿Es sincero? ¿Será para controlarme?) y decide aceptar o no el regalo, pues a veces cuesta más recibir que dar. Por eso, dar y recibir regalos –las personas alternan ambas actividades– es una ocasión propicia para desarrollar la empatía y el ponerse en el lugar del otro.
Pero, ¿qué características debe reunir un regalo? Aunque no siempre se cumple en la práctica, se acepta como referencia, al hacer y juzgar un regalo, que suponga al donante cierto sacrificio (dinero, tiempo, esfuerzo), que el objetivo principal sea agradar al receptor, que se trate de algo apropiado y, finalmente, que suscite sorpresa y agrado. El envolverlo, a la vez que otorga a un objeto la categoría de regalo, facilita el requisito de sorpresa y es la ocasión para demostrar el buen gusto y el afecto.
Los regalos tienen en la actualidad una proyección económica importante y su práctica es bienvenida por el comercio, a la vez que suscita el interés investigador del economista. Según los estudios, con frecuencia citados y discutidos, del profesor de economía norteamericano Joel Waldfogel, la valoración que el receptor hace del regalo es entre un 10 y un 30% menor que el precio real de dicho regalo. Ante esta «pérdida irrecuperable de eficiencia de la Navidad», sin entrar en su valor sentimental, sugiere Waldfogel optar por el regalo en efectivo o en tarjetas.
Sin embargo, varios estudios de psicólogos muestran que las personas tienden a apreciar más lo que han recibido como regalo que lo que han comprado. Es decir, el regalo puede ser un modo de «crear valor»; más por lo que representa que por su precio de mercado.
Como defensa ante el bombardeo de la publicidad, que convierte el regalo en una carrera de consumo y competición, ayudará escuchar a Ralph Emerson: «Los anillos y demás joyas no son regalos, sino remedos de regalo. El único regalo es una parte de ti mismo». No es necesario papel especial para regalar tiempo, escucha, afecto, amistad, sangre… vida. Estos regalos retornan al donante como experiencia de profunda satisfacción; se convierten en un autorregalo. Así, un buen regalo para un niño es avivar y reforzar su generosidad natural para compartir.
El regalo de los Magos, un cuento de O. Henry (William Sydney Porter), nos presenta a una joven pareja, que en su extrema pobreza solo poseen dos cosas de valor: el reloj familiar de oro de Jim y la hermosa y larga cabellera de Delia. La víspera de Navidad, cada uno siente la imperiosa necesidad de hacer al otro un buen regalo. Delia compra, con la venta de su cabellera, una cadena para el reloj de Jim; mientras Jim, con la venta del reloj, adquiere un juego de peinetas de carey para la cabellera de Delia. Al intercambiar los regalos, tras la sorpresa y el desconcierto inicial, se consuelan y abrazan. O. Henry, que reconoce la actuación apresurada y algo insensata de la pareja, comparada con la sabiduría de los Magos de Oriente, concluye: «De todos los que dan y reciben regalos, los más sabios son las personas como Jim y Delia. Ellos son los verdaderos Magos».

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¡Feliz Año Nuevo!

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Mis mejores deseos para 2016 a los que les llegan las entradas de este blog por suscripción y a los que lo visitan ocasionalmente, así como a sus personas queridas. ¡Muchas  gracias por seguirme!

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¡Feliz Navidad!

Navidad 2015 Claustro

¡Feliz Navidad! ¡Felices fiestas!

 

 

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Nuestras emociones en las Navidades

Charlotte Puebla. Alumna del C. P. Griseras de Tudela.  Ganadora del concurso de tarjetas navideñas del Ayuntamiento de Tudela. 2012.

Charlotte Puebla. Alumna del C. P. Griseras de Tudela. Ganadora del concurso de tarjetas navideñas del Ayuntamiento de Tudela. 2012.

 

 

 

 

 

Enlace al texto del artículo en PDFEmociones de la Navidad Vuelos

Nuestras emociones en las Navidades

Enrique Pallarés Molíns
Promoción 1962

Vuelos. Revista de los Antiguos Alumnos de Jesuitas. Tudela. NAVARRA. Diciembre, 2015. Número 80. (*)

En los días navideños se intensifican las sensaciones con la iluminación y decoración, el belén, el árbol, la música, los regalos… y los olores de la cocina. También las emociones se intensifican y con frecuencia se acentúan los contrastes entre ellas, a la vez que despiertan emociones dormidas. Bien es verdad que no todos sienten algo especial estos días.
Los que ya están alegres pueden llegar a la euforia, mientras que los que experimentan tristeza o soledad, esa tristeza y soledad acentúan su oscuridad. ¿Cómo es posible la tristeza durante estos días? El mismo sentir como obligación el tener que estar alegre, puede acentuar la tristeza. En otros se debe al hueco dejado por los seres queridos arrancados por la muerte. La ‘silla vacía’ del comedor o del salón resulta especialmente visible e hiriente estos días. Además, hay pérdidas de otro tipo, como la de la salud, la del trabajo o la de la casa. Y la más grave: la pérdida del sentido de la propia vida. Tras las frías estadísticas del paro y los porcentajes de prevalencia de las enfermedades, sufren personas y familias concretas. A veces este dolor resulta tan intenso, que llega a apagar toda luz de esperanza. Y esto en la privilegiada y reducida zona del mundo donde vivimos, cuya nota media en bienestar material es bastante alta. En gran parte del planeta, las injusticias, las guerras, la hambruna, las epidemias, las catástrofes naturales, etc. pueden llegar a anestesiar y aplanar las emociones, o a disolverlas en la amargura de la desesperanza.
Choque de emociones dentro de uno mismo, al evocar con tristeza experiencias positivas, aunque irrepetibles, de tiempos ya pasados. «No hay mayor dolor que recordar en la desgracia los días felices» les dice Francesca de Rímini, condenada en el infierno, a Dante y a Virgilio. Pero no siempre «cualquier tiempo pasado fue mejor». La nostalgia de un pasado feliz, contrastado con un presente menos feliz, resulta en parte de idealizar el pasado. Se aconseja revivir momentos positivos del pasado, pero para cimentar la esperanza en el futuro y seguir adelante.
Contraste también entre los que pretenden vanamente, con los excesos, reducir sus emociones negativas o el vacío interior, y los que encuentran profunda alegría y satisfacción cooperando a que otros se sientan mejor. La existencia de tantas personas generosas con su tiempo, esfuerzo e ilusión –con frecuencia sin apenas ruido–, prueba que el corazón del hombre puede albergar el odio destructor o la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, pero también, y no menos, la empatía y la compasión.
Recomiendan evitar los excesos en la mesa para que no se disparen los niveles de colesterol y de glucosa… ni la aguja de la báscula del baño. Tal vez no resulten superfluas algunas recomendaciones de higiene emocional con el fin de evitar las resacas afectivas. Como ejemplo, sugiero algunas.
En primer lugar, aceptar nuestras emociones, acentuadas en su variedad y en sus contrastes, como una ayuda para conocernos mejor y para el crecimiento personal. Reconocer y aceptar –sin, por supuesto, fomentar–, algún pequeño exceso, como algún enfado. Reconocer estas reacciones unas veces espontáneas, y otras consecuencia del alcohol, en lugar de negarlas, es el primer paso para su control. Aceptar también que, por diferentes razones, no sintamos nada especial.
La envidia, más o menos encubierta, se puede intensificar estos días. Compras, regalos, fiestas, etc. porque otros lo hacen, y siempre tratando –como una norma rígida–, de no ser menos que los demás. El bombardeo de la publicidad cumple su objetivo. Caso de realizar comparaciones, hagámoslas, en lo que se refiere al consumo, con los que están por debajo de nosotros; ‘envidiemos’ y tratemos de imitar a los que nos superan en saber vivir felices con menos bienes materiales o en ser más agradecidos.
Adoptar una actitud de ‘cierta’ distancia emocional y objetividad. No se trata de permanecer afectivamente frío, como el cava o la nieve, sino de vivir con lucidez la experiencia presente. Esto no excluye permitir que fluya un sentido del humor amable y que, eventualmente, emerja incluso el cómico que llevamos dentro. Es conducir nuestras emociones en lugar de que ellas nos controlen y evitar los excesos emocionales, que luego pueden provocar la resaca de la vergüenza, los sentimientos de culpa o las enemistades.
Fomentar la auténtica alegría, en lugar de la risa hueca con la que a veces se trata de compensar la ansiedad o el vacío interior. Los psicólogos que señalan los caminos hacia la auténtica felicidad y alegría, insisten en la importancia de dedicar tiempo a las personas queridas, ayudar a otros, saborear la experiencia presente, etc. Fomentar la alegría en los demás es la mejor manera de aumentar la propia. Es ‘contagiar’ y dejarse ‘contagiar’ por el sano sentido del humor.
Consultamos con frecuencia el barómetro para pronosticar el tiempo. Se ha dicho que la gratitud es el ‘barómetro moral’ de una sociedad y, por supuesto, de una persona. Cuando son más frecuentes las bajas presiones atmosféricas, es buen momento para hacer subir el barómetro moral de la gratitud. Conviene cambiar la visión de la vida: de como «algo que se me debe» a «algo que se me regala».
Estos días se asocian también a un aumento de nuestra generosidad hacia los más necesitados. Es importante conocer nuestras emociones, pero no lo es menos conocer e intentar sentir, de vez en cuando, las emociones de los demás: «Ponernos en los zapatos del otro», aunque sean de distinto número. ¿Cómo se puede sentir estos días quien acaba de perder el trabajo, perder un hijo, o recibir un diagnóstico grave? Con este ejercicio de empatía y compasión no se pretende acibarar el turrón, sino ensanchar y enriquecer nuestros sentimientos y colocar en su sitio nuestro ego.
¿Cómo reaccionar ante las ‘sillas vacías’? El proceso del duelo no sigue una línea recta, sino de altibajos, y estos días favorecen la intensificación de la aflicción. A algunos les ayuda ‘escuchar’ a la persona querida fallecida que les invita a no renunciar a un encuentro familiar y a no entristecer a los demás. Admita sus sentimientos de aflicción y no se avergüence de ellos, incluso si están acompañados de lágrimas, pero tampoco se culpabilice por no estar triste todo el tiempo ni por participar en encuentros que estrechan la unión familiar y la amistad. Estos días son adecuados para celebrar con gozo y satisfacción interior la vida de estas personas queridas ausentes y agradecer los años vividos juntos.
La contemplación –no la mirada superficial– del Portal de Belén puede ser un potente estímulo para fomentar las emociones positivas, a la vez que la psicoterapia y el fármaco más eficaz para controlar las negativas. Esa sencilla y familiar escena irradia amor, paz interior y hacia los demás, esperanza, gratitud, generosidad, empatía, profundidad espiritual… Dios nace en la cercanía y en la ternura del amor. Su venida constituye el mejor regalo, fuente de valores y fortalezas fundamentales, no solo para los cristianos, sino para toda la humanidad. Que este mensaje de paz, amor y esperanza no lo acallen la publicidad consumista, el laicismo militante ni la tendencia a trivializar lo realmente valioso cuando se ofrece con sencillez.

¡Feliz Navidad! ¡Feliz Año Nuevo!

 

(*) Esta mañana he recibido la revista ‘Vuelos’. No, no la encontraréis en los quioscos ni en las librerías. Pero es bien conocida, o mejor dicho, familiar –«nuestra revista»– para los que somos antiguos alumnos del Colegio San Francisco Javier; del «Bendecido Colegio de Tudela», como cantamos en su himno, que los jesuitas dirigen en Tudela de Navarra desde 1891.
En mi tiempo de colegial ‘Vuelos’ era la revista del Colegio; la revista seria u oficial. Porque había otra revista, más informal y sencilla, cuyo nombre era ‘El Chopo’. Los antiguos alumnos tenían su boletín (Boletín de Antiguos Alumnos). No sé exactamente cuándo, pero ya hace años, ‘Vuelos’ pasó a ser la revista de los Antiguos Alumnos, con una frecuencia de publicación bianual (abril y diciembre).
En este número 80, en las páginas 16 y 17 hay un artículo mío cuyo título es “Nuestras emociones en las navidades”. Con algunos retoques y añadidos es el mismo que publiqué en el diario El Correo el 31 de diciembre del 2014 y que posteriormente inserté en mi primer blog. Me produce especial satisfacción compartir ahora estas sencillas reflexiones con mis compañeros de Colegio, con los anteriores a mí y con los más jóvenes. Espero que les ayude. Como veréis, soy de la promoción del 62, de los que terminamos el curso Preuniversitario en el año 1962. Desde entonces ha llovido mucho y caído mucha nieve en el Moncayo, cuya fotografía ilustra el artículo y también este blog.
Agradezco, de verdad, a Rosa Tobajas el interés y esmero que ha puesto en la preparación de la publicación del artículo. Y también a todos vosotros por prestarle atención.

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Ludwig Guttmann. Un hombre al servicio de los lesionados medulares

Ludwig Guttmann

Esta noche (5 de diciembre del 2015, 22:05 h.) proyectan en TVE-2 una película cuyo título es «Los mejores hombres». Trata de la vida de Ludwig Guttmann: uno de los mejores hombres.

Hay muchas personas que merecen el reconocimiento y agradecimiento de la humanidad. Personas que han hecho algo importante por los demás, que han iniciado y continuado una importante actividad humanitaria. Algunos lo han hecho en circunstancias realmente difíciles, como Ludwig Guttmann. Este neurocirujano y neurólogo judío (1899-1980) fue el fundador de los Juegos Paralímpicos, dentro de una humanización del trato y de una integración psicosocial de los lesionados medulares.
A pesar de que, como a todos los judíos, se le había retirado a Guttmann el pasaporte y la posibilidad de ejercer la neurocirugía, von Ribbentrop, Ministro de Asuntos Exteriores de Hitler, le ordenó en 1938 trasladase a Portugal para tratar a un amigo del dictador Salazar. Se le autorizó regresar pasando por Inglaterra, donde consiguió asilo, para él y para su familia.
En aquel tiempo, el futuro de los enfermos medulares, sobre todo de los parapléjicos, era realmente negro, con altas tasas de mortalidad y una calidad de vida muy precaria. Las autoridades sanitarias británicas le pidieron Guttmann un informe sobre estos enfermos, de resultas del cual se inició un tratamiento más adecuado, con la creación de un centro especializado para los lesionados medulares, del que Guttmann fue nombrado director.
Su objetivo no era solo el tratamiento quirúrgico y médico, sino la reintegración de los lesionados medulares a la sociedad, en la que se sintieran útiles y respetados. Dentro de este objetivo integrador, junto a otros talleres y actividades, promovió en estos enfermos la práctica del deporte, que no solo tenía un efecto beneficioso para el cuerpo, sino también importantes ventajas psicosociales. Deportes como el tiro con arco, lanzamiento de jabalina, billar, etc., ayudaban a los lesionados medulares a salir del aislamiento, compensar los sentimientos de inferioridad y mejorar su autoestima. Terminada la Segunda Guerra Mundial, se iniciaron y extendieron progresivamente estos juegos y competiciones olímpicas, más allá de Stoke Mandeville, a otros centros. En 1960, durante los Juegos Olímpicos de Roma, fueron reconocidos oficialmente como Juegos Paralímpicos.
Como es frecuente que les ocurra a los pioneros, Ludwig Guttmann sufrió las críticas, incomprensiones y dificultades de los que pensaban que no merecía la pena ni estaban justificadas las elevadas inversiones económicas en personas con alto grado de discapacidad. Pero Guttmann tuvo y mantuvo su fe en el ser humano –en sí mismo y en los demás–, y siguió adelante hacia su meta humanitaria. Así, mientras en su país de origen se exterminaba a los seres humanos con cualquier tipo de deficiencia física, psíquica o social, este reconocido neurocirujano y neurólogo centro su objetivo y esfuerzo en el trato humano e integrador de los lesionados medulares.

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