Las pesadillas tienen tratamiento

Cuando las pesadillas son recurrentes y provocan intenso malestar, conviene buscar tratamiento. Existe tratamiento.

Lo podrás escuchar en este breve video, en el que explico cómo afrontarlas.

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Hacia una autoestima sana

Hacia una autoestima sana

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en El Correo y en Ideal. Domingo, 15 de noviembre

Enlace al texto en PDF:

En las últimas décadas del siglo pasado se consideró la autoestima como la clave de la salud mental y social. Se pensaba que elevar la autoestima de la ciudadanía llevaría a un descenso o a la desaparición de problemas tan graves, como la drogadicción, la delincuencia, el fracaso escolar, etc. Promover su aumento se constituyó en un verdadero movimiento o cruzada: conferencias, artículos, libros, vídeos… incluso un estado norteamericano reservó en los presupuestos una partida para el crecimiento de la autoestima. Los resultados de los estudios científicos moderaron este entusiasmo un tanto ingenuo. Con todo, hoy queda claro que la visión y valoración que uno tiene de sí mismo –la autoestima– resulta importante para su ajuste psicosocial.  

La autoestima, bien entendida, no es una cometa que sube y baja. Puede mejorar, para lo cual no existen trucos ni fórmulas mágicas, sino algunas orientaciones generales. La primera y fundamental, siguiendo a la profesora Jennifer Crocker, es no buscarla inquieta y obsesivamente, porque así se atrapa viento y no la autoestima auténtica. No vale lo de «cuanta más alta mejor», pues más importante que su altura es la solidez de sus cimientos.

La autoestima sana va estrechamente unida al conocimiento propio, tarea de toda la vida. Es preferible en el autoconocimiento evitar los adjetivos generales o abstractos, sobre todo los negativos, optar por la descripción en lugar de por la valoración, equilibrar el ‘lápiz rojo con el ‘azul’ –evitar el ‘negro’– y no trazar un autorretrato estático («Soy así»), sino dinámico («Puedo mejorar»).     

La autoestima resulta, en buena parte, de las comparaciones sociales, implícitas o explícitas. Es recomendable mirar ‘hacia arriba’ en lo que uno puede conseguir y ‘hacia abajo’ para acallar insatisfacciones en lo que resulta inalcanzable. Pero lo mejor es sustituir las comparaciones por la autoaceptación incondicional, que, lejos de impedir el cambio, lo estimula de forma saludable y eficaz. Es aceptarse a sí mismo en los fracasos y en los éxitos, imitando a las madres que aceptan incondicionalmente a su hijo, con independencia de su apariencia física o de su capacidad intelectual.  

Cada uno escucha la voz de una especie de consejero interior que le dicta lo que debe hacer y cómo se tiene que sentir en cada momento. Un ‘consejero’ que se forma en contacto con la realidad. Se ha de evitar que sea un crítico intransigente, pero tampoco excesivamente permisivo o amoral; ni el perfeccionismo que agosta la autoestima ni el laxismo que la deteriora desde dentro.  

William James, que fue quien utilizó por primera vez el término «autoestima», la conceptualizó como el cociente entre logros y aspiraciones o deseos. Según esta ecuación, se puede mejorar la autoestima aumentando el numerador (logros), pero también disminuyendo el denominador (aspiraciones). Converge con la sabiduría popular: «No es pobre el que tiene poco, sino el que mucho desea».

Los pensamientos generan las emociones y las acciones, aunque también al revés. El catastrofismo, la generalización excesiva, la polarización («o soy bueno o soy malo»), etc. se traducen en sentimientos negativos hacia uno mismo. Sustituir estos pensamientos distorsionados por otros correctos y más funcionales es otra forma de cultivar la autoestima.

También la memoria tiene un papel importante. Con el estado de ánimo bajo, el recuerdo se sesga hacia lo negativo y arrastra la autoestima hacia abajo, lo que acentúa todavía más el recuerdo de lo negativo. Un contrapeso a esta tendencia es tener mentalmente muy accesible un conjunto de imágenes y experiencias positivas del pasado, que actuarán de resorte cuando sea necesario.

Fomentar la autoestima sana no es mirarse al espejo y decirse «¡Soy el mejor!» o frases semejantes; esto es narcisismo, una patología de la autoestima. «Todo narcisismo es un vicio feo, y ya viejo vicio», decía Antonio Machado; autoestima insana en sobredosis.

Porque la autoestima no es un asunto puramente individual, sobre todo en tiempos difíciles como el presente. En las culturas colectivistas la autoestima individual deriva de la colectiva y se pone el énfasis en los objetivos comunes. Importante lección de estas culturas, por lo general no occidentales, con ‘egos’ más silenciosos. La situación actual ha dañado la autoestima individual y colectiva, pero también constituye un reto para elevarla sobre un fundamento sólido, ampliamente social, y llegar al convencimiento de que no hay autoestima sana contra los demás, a costa de los demás, o al margen de los demás.

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Conocerse a sí mismo. Las claves del autoconocimiento.

Espero que, en su brevedad, les ayude este video a conocerse mejor.

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Mi nuevo canal de Youtube, hermano de este blog

Voy a presentarle mi nuevo canal de Youtbe. Un hermano y no un rival ni un sustituto de este blog.

Acabo de crear un canal en Youtube. Prefiero que sea este video de presentación, de poco más de tres minutos –el primero que he subido–, el que le ofrezca la información sobre los videos futuros.

Como hizo a su tiempo con este blog, también se puede suscribir al mi canal Youtube, para que le llegue un aviso cada vez que suba un video.  

Aquí tiene el enlace al video de presentación:

¡Muchas gracias!

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Revisar las conexiones (En el Día Internacional de la Salud Mental)

Revisar las conexiones

Hace media hora he intentado entrar en una página de internet y no lo he conseguido; seguidamente en otra página con el mismo nulo resultado. (Buscaba información actualizada sobre el Día Internacional de la Salud Mental, que es hoy). Un minuto de perplejidad, hasta que se me ha ocurrido revisar el cable de internet y he comprobado que, al mover el ordenador, se había desconectado. ¡Desconectado! ¡Elemental! Me ha venido a la mente que cuando uno no funciona bien -se encuentra triste, excesivamente ansioso, airado, preocupado, pasivo…- conviene que revise sus conexiones. ¿Qué conexiones? La conexión con…

  • las demás personas;
  • la naturaleza;
  • la tele y las nuevas tecnologías;
  • mi trabajo o actividad profesional;
  • las emociones positivas: amor, gratitud, felicidad…
  • los valores más profundos y con Alguien que nos trasciende.

Te invito a revisar estas y otras conexiones. Tómate un tiempo. Hazlo con calma, sin obsesionarte ni angustiarte. Con la seguridad de que el arreglo o mejora, aunque parezca pequeña, de una conexión repercute positivamente en la mejora de las demás. Por suerte tenemos varias conexiones.

No quiero simplificar las cosas. Pero, a veces, la solución -alivio/mejora- de lo que nos preocupa, agobia o entristece, es tan sencilla como el introducir correctamente la clavija del cable de internet en el puerto del ordenador.

Hoy, 10 de octubre, se celebra, celebramos, el Día Internacional de la Salud Mental. El problema de la salud mental, a nivel social, es grave y de gran complejidad. Requiere de la movilización de muchos recursos y de aunar muchos esfuerzos. Puede parecer demasiado sencillo o simplificador lo que escribo en los párrafos anteriores. Pero me dirijo concretamente a ti, lectora y lector amable, para desearte muy buena salud mental. También, por supuesto, buena salud física y social. ¡Buena salud global! En resumen: ¡Buena salud!

«La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades» (Organización Mundial de la Salud).

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¿Por qué hacemos lo que hacemos?

«Florezco porque me gusta»

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en El Correo. Domingo, 4 de octubre del 2020.

Enlace al texto de este artículo de El Correo en formato PDF:

El escritor y folclorista judío-norteamericano Natham Ausubel recoge esta historieta, que adapto y abrevio. En una ciudad europea, en pleno furor antisemita, un grupito de niños gritaba con fuerza «¡Cerdo judío!» al pasar delante del taller de un sastre judío. Discurrió el sastre cómo evitar este indeseable ‘saludo’ y probó esta estrategia. Consiguió detener a dos de ellos, cuando ya comenzaban su huida, les tranquilizó y les propuso este trato: «Os daré 90 centavos cada día que me llaméis «¡Cerdo judío!». Muy sorprendidos los niños, volvieron al día siguiente y cada uno recibió los 90 centavos prometidos. A los tres días, el sastre les comunicó que, en adelante, la cantidad sería de 70 centavos. Tras otras dos reducciones, que aceptaron a regañadientes, les dijo que en el futuro les daría 10 centavos. Entonces, el jefecillo del grupo se encaró con el sastre y le espetó: «¿Crees que por solo 10 centavos te vamos a llamar “¡Cerdo judío!”?». Y le dejaron de molestar.

Estos niños pasaron de insultar al sastre por gusto a hacerlo por la recompensa externa; en términos psicológicos su motivación intrínseca fue remplazada por la motivación extrínseca. La motivación intrínseca, cuyo fundamento está en la tendencia hu­mana a la autodeterminación –ser agente de la propia vida–, consiste en realizar las actividades por la satisfacción misma que producen y no por las pre­siones o recompensas exteriores.

Los profesores Edward L. Deci y Richard M. Ryan, de la Universidad de Rochester, conocidos investigadores de la motivación intrínseca, mostraron sus importantes consecuencias positivas. No solo lleva a un mejor rendimiento y a conseguir metas elevadas, sino también a experimentar mayor satisfacción. Las recompensas exteriores, como vemos en el relato, pueden socavar la motivación intrínseca y llevar al cese de la actividad. El sastre, guiado por su intuición natural, actuó como un experto profesional en modificación de conducta.

Sería vivir de espaldas a la realidad y al sentido común pretender que las personas realicen sus actividades (profesionales, académicas…) exclusivamente por gusto, prescindiendo del sueldo o de las calificaciones. Porque no solo las recompensas y presiones exteriores minan la motivación intrínseca; ciertas condiciones de la actividad laboral y académica favorecen muy poco el realizar las tareas única o preferentemente por ellas mismas. Las circunstancias actuales de extrema incertidumbre tampoco ayudan mucho a encontrar esta satisfacción. 

Pero estas condiciones negativas no bloquean y dejan un margen –a veces muy estrecho–, para fomentar el gusto e interés por la tarea. En la práctica las personas actúan movidas por una mezcla de motivación intrínseca y extrínseca, entre los dos extremos de ese dial. La aguja o señal no está fija, sino que se puede mover hacia el extremo que optimiza la tarea y la satisfacción personal. No es recomendable instalarse en el pesimismo y tachar de ingenuidad el decidir cambiar a mejor. 

Descubrir la novedad en lo cotidiano y en lo sencillo, mostrar gusto por la tarea, no es someterse pasivamente al orden establecido ni renunciar a trabajar para que las condiciones mejoren, sino actuar con sabiduría creativa. Veo con frecuencia profesionales que, incluso en tareas socialmente poco brillantes muestran interés y satisfacción como si fuera el primer día. No se han ‘quemado’. La satisfacción en una tarea depende de la tarea, pero no menos de la actitud hacia esa tarea. En cualquier caso, es posible hacer virtud de la necesidad y suscitar interés por la actividad que se tiene que realizar.

El filósofo alemán Arthur Schopenhauer describe, en un breve y poético apartado de “Parerga y Paralipomena”, la admiración de un observador ante un campo florido, a la vez que expresa en voz alta su perplejidad y pesar porque la mayoría de esas flores se marchitarán sin ser contempladas por nadie. El campo le contesta: «Florezco porque me gusta: en eso, en florecer y en existir, estriba mi alegría y mi gozo». Una invitación, a pocas semanas de comenzar el curso, para afianzar y renovar el interés y gusto por la tarea que uno realiza o, por lo menos, para reducir una posible animadversión. Invitación también a los responsables a asegurar y afianzar unas condiciones laborales y académicas que favorezcan o no impidan encontrar interés y satisfacción en la tarea. Se reducirá así una fuente importante de estrés y crecerá el bienestar subjetivo y la salud mental. Porque el desinterés y la desgana no solo deterioran la tarea, sino también a quien así la realiza

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Cambio de hábitos ante la COVID-19

Cambio de hábitos

Enrique Pallarés Molíns

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en EL Correo. Domingo, 30 de agosto de 2020. Página 34

Publicado en La Rioja. Lunes, 31 de agosto de 2020.

Uno de los frentes, no el único, para la contención de la COVID-19, es el cambio de algunos hábitos personales y sociales. Aunque están en el foco de los medios y en la diana de algunas medidas legales, no pretendo culpar de los rebrotes únicamente a las actividades festivas grupales y al ocio nocturno, pero tampoco se puede negar ni minimizar su importante papel.

Tras estos comportamientos están ciertas creencias, sostenidas más o menos conscientemente. Una de ellas es la ilusión de invulnerabilidad, creencia falsa que niega o minimiza la probabilidad de una amenaza real, como el consumo excesivo de alcohol, o el ser contagiado o contagiar a otros. Responde, a su vez, al pensamiento egocéntrico de que uno, o el grupo, constituye una excepción a las leyes naturales. Es muestra también de un optimismo exagerado y no realista, acompañado de una sensación de control exagerada («Está bajo mi control»), tan negativa como percibir que todo escapa al propio control.

Hay más. Walter Mischel, en un experimento clásico, repartió un caramelo a varios niños, con esta instrucción: «si lo conservas sin comerlo, cuando regrese te daré dos». Algunos niños optaron por la gratificación inmediata y se lo comieron al momento, mientras que otros lo guardaron y, así, recibieron después dos caramelos más. Saber posponer la gratificación es un buen indicador de la personalidad madura, capaz de regular la propia conducta y de prevenir las consecuencias de sus acciones. Limitar los contactos, mantener la distancia social, usar correctamente la mascarilla, o cumplir las normas higiénicas, son condiciones, no para recibir dos caramelos, sino para conservar la salud propia y la ajena.  

La presión del grupo constituye un factor muy importante o determinante en estas personas reunidas para la socialización festiva, con ese eficaz creador de ‘ambiente’ y desinhibidor que es el alcohol. Con frecuencia se observa el llamado ‘pensamiento de grupo’, o proceso por el que se toman decisiones irracionales, debido a la tendencia a la conformidad y a descartar la disidencia. Los miembros prefieren la armonía y la cohesión del grupo al pensamiento racional y crítico. La reflexión lúcida sobre esta dinámica constituirá una vacuna eficaz, para ser capaz de decir «no» a comportamientos grupales inadecuados, con los que en el fondo no se está de acuerdo.

Importa también ser consciente de que, además del grupo de amistad, de familia o de edad, está el grupo social más amplio. Porque no vivimos en una burbuja que impide la repercusión de nuestras acciones en los demás, sino en una red global de influencias, en la que todo repercute en cadena en todos.

La proximidad y el contacto físico expresan, y a la vez estrechan, la amistad y el afecto, pero, por desgracia, en el momento actual favorecen también el contagio. Mantener la distancia social y frenar las efusiones afectivas y de alegría con contacto, cuando hay riesgo de contagio, es saber apreciar la salud propia y la ajena. Los confinamientos temporales y la abstención del contacto corporal al saludar pueden ser, paradójicamente, la ocasión para profundizar en lo que es la auténtica cercanía y aprecio. Una circunstancia propicia también para reducir la dependencia excesiva del grupo, tan negativa como la búsqueda del aislamiento autosuficiente de los demás.

Algunas de las normas restrictivas para contener la COVID-19 chocan con usos y costumbres, arraigados con fuerza. Pero no son restricciones caprichosas ni limitan los derechos fundamentales más de lo que lo hace la norma de tráfico para los vehículos de no saltarse un stop o de no circular por las aceras. Es más, en general, resultan saludables. Por ejemplo, las limitaciones al ocio nocturno facilitarán la saludable sincronización con el ritmo circadiano de sueño-vigilia, a la vez que posibilitarán el descanso de los que sufren con indefensión los ruidos de la ‘movida nocturna’. 

La mayoría cumple las normas establecidas, pero una minoría adopta, incluso con arrogancia, la postura insolidaria o inconsciente de incumplirlas; algunos, incluso, muestran un negacionismo militante, apelando a ideas pseudocientíficas y siguiendo intereses políticos y económicos ocultos. La reflexión razonada, sin buscar culpables ni realizar generalizaciones inexactas, evitará reacciones defensivas de rechazo, a la vez que fomentará la creatividad para buscar formas alternativas de socialización y de ocio, compatibles con la prevención de la COVID-19. Pero la situación es tan grave como para que la autoridad no mire para otro lado ante los incumplimientos.

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Celebrar la amistad (30 de julio: Día Internacional de la Amistad)

Día Internacional de la Amistad

Celebrar la amistad

Enrique Pallarés Molíns

Promoción 1962

Publicado en el número de abril 2020 de la revista Vuelos (Antiguos Alumnos del Colegio San Francisco Javier, de Tudela de Navarra)

Enlace al texto en PDF: Celebrar la amistad

La Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó en 2011 la celebración, cada 30 de julio, del Día Internacional de la Amistad. El 26 de abril se celebrará en el Colegio San Francisco Javier de Tudela la reunión anual de Antiguos Alumnos. Dos días especiales para reflexionar y estimular el cultivo de la amistad durante todos los días del año, pues, como dice Aristóteles, sin la amistad la vida sería un error. Las noticias de guerras, violación de los derechos humanos, miseria y, en general, de insolidaridad y hostilidad son muy frecuentes y clamorosas. La marea negra del desencuentro y del odio, además de tóxica, dificulta el reconocimiento de las fuerzas constructivas, como la amistad, presentes también y con potente fuerza en el ser humano.

La amistad es una forma de relación interpersonal observable en todas las etapas de la vida, lugares y tiempos, aunque con expresiones propias. No es antropomorfismo aplicar el término ‘amistad’ a los animales, pues en el reino animal, por ejemplo, en los primates, elefantes y delfines, se observan comportamientos equivalentes a la amistad; y por supuesto, entre el ser humano y algunos animales. La amistad es, pues, un fenómeno universal, pero en el ser humano muestra unas características especiales de profundidad y trascendencia.

Existen diferentes grados de intensidad y compromiso en la amistad –del amigo/conocido al íntimo amigo–, pero siempre se incluye o se aspira a un clima de aceptación, confianza, fidelidad y ayuda. Amistad, incluso, como el amor, más allá de la muerte. El amigo de verdad escucha, aconseja y apoya de forma desinteresada. Aristóteles proponía como modelo de la amistad el amor de las madres a los hijos, pues «los siguen queriendo sin buscar la correspondencia en el amor».

Un objetivo, es cierto, difícil de alcanzar. Algunas redes sociales hacen demasiado fácil la amistad o, más bien, una trivialización de la amistad si no se supera ese nivel de realidad virtual. Se puede aplicar aquí la sentencia que Nietzsche pone en boca de Zaratustra: «Existe la camaradería: ¡ojalá exista la amistad!». Es la tarea de cultivar la amistad, complemento de la justicia, desde sus formas más superficiales a las más sólidas. Porque, aunque no abunda, existe la verdadera amistad, modelo y meta hacia donde orientar las relaciones interpersonales.

La verdadera amistad no implica encerrarse en una relación con una o pocas personas afines; tiende a hacerse más profunda, pero también a extenderse en la diversidad. Amistad intercultural, amistad entre pueblos, amistad intergeneracional, amistad con la natural y amistad con Dios fuente del amor y de la verdadera amistad. Pero, también, amistad con uno mismo, es decir, reconciliación interior, para hacer posible y cimentar bien la amistad con otras personas.

El jesuita italiano Matteo Ricci abrió un canal de comunicación y amistad entre China y Europa. El regalo que le hizo al príncipe Jian’an, en 1595, fue precisamente un librito con cien máximas sobre la amistad. No resisto a transcribir algunas de ellas, que constituyen unas acertadas pinceladas sobre la amistad:

«Mi amigo no es otro, sino una mitad de mí mismo y, por lo tanto, un segundo yo. Por tanto, debo mirar a mi amigo como a mí mismo

«Antes de hacer amigos, deberíamos examinar. Después de hacer amigos, deberíamos confiar»

«Si no puedes ser amigo de ti mismo, ¿cómo podrás ser amigo de otro?»

«Si uno tiene muchos amigos íntimos, entonces no tiene amigos íntimos»

«Un amigo es la riqueza del pobre, la fuerza del débil y la medicina del enfermo»

 «Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro», instruye el Eclesiástico. También la Psicología ha mostrado las consecuencias positivas de la amistad. Además de antídoto de la soledad no deseada y de sus consecuencias negativas, tener amigos es clave para el bienestar personal y para la auténtica felicidad. Pues la amistad no solo protege en la adversidad, sino que es también condición esencial de la felicidad. Los estudios empíricos sobre los factores que determinan la felicidad humana ponen en primer lugar claramente las relaciones de familia y de amistad.

El médico y pensador aragonés Pedro Laín Entralgo, autor de un profundo y bien organizado tratado sobre la amistad –de obligada referencia–, la consideraba fundamental para el buen funcionamiento de la vida pública española. Entre el pesimismo y la esperanza, proponía que la relación política, incluso si se realiza en la discrepancia y en la oposición, tuviera como fundamento la amistad y la inteligencia. Amistad e inteligencia para comprender, respetar y acercarse al otro, incluso si no se coincide en ideas. Aunque resulta poco realista pretender que el manto sanador de la amistad cubra repentinamente la crispada selva de la vida política y social actual, no es utópico conseguir un debilitamiento progresivo de la enemistad y un reciclaje de los potentes esfuerzos orientados a destruir al adversario político en energía constructiva para el bien común.

La amistad, además de explicada por destacados filósofos y psicólogos y de inspirar muchas novelas y películas, ha sido loada en bellos poemas y canciones. El político y poeta cubano José Martí, en uno de los poemas de Versos sencillos, propone la rosa blanca como imagen de la amistad pura:

Cultivo una rosa blanca

en junio como en enero

para el amigo sincero

que me da su mano franca

Pero, al final de su breve y sencillo poema, el poeta deja claro que no cultiva el odio ni el rencor hacia el que no le quiere bien:

Y para el cruel que me arranca

el corazón con que vivo,

cardo ni ortiga cultivo;

cultivo la rosa blanca

¡Que la rosa blanca prevalezca sobre la ortiga! ¡Que la cordialidad y la amistad derrita el hielo de la hostilidad! Adecuado y oportuno mensaje para esta celebración de la amistad que es la reunión anual de Antiguos Alumnos del Colegio: que retroceda el árido desierto de la enemistad, y avance el acogedor jardín donde crecen las rosas blancas de la amistad. Esa amistad que, según el filósofo griego Epicuro de Samos, «danza alrededor del mundo y, como un heraldo, nos invita a todos a que despertemos para celebrar la felicidad».

 

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Santa Ana y san Joaquín. Día de los Abuelas y Abuelos

abuelos

Monumento a los Abuelos. Hamilton Reed Armstrong, 2005. Pl. de San Joaquín y Santa Ana, Torremolinos (Málaga).

Santa Ana y San Joaquín La Roldana

Santa Ana, San Joaquín y la Virgen. Luisa Roldán (La Roldana, 1652-1706). Terracota policromada. 51 x 35 x 30 cm. Museo de Guadalajara.

La escultura de Luisa Roldán y el monumento de Hamilton Reed Armstrong, dos obras artísticas dedicadas a los abuelos. Estoy seguro de que cada uno de nosotros tiene también en su corazón un monumento dedicado a sus abuelos, formado con los recuerdos entrañables e indelebles de esas personas queridas que son los abuelos.

En mi libro Para afrontar el envejecimiento dedico a los abuelos un apartado, del cual extraigo estos dos párrafos: «Ser abuelo puede considerarse como una experiencia nor­mativa que afecta a gran parte de los adultos, a la que se le concede gran importancia, incluso algunos consideran el he­cho de tener un nieto como un marcador o señal de entrar en la vejez. El aumento de la esperanza de vida multiplica las pro­babilidades de ser abuelo, a la vez que la mayor frecuencia de divorcios y el trabajo de la mujer fuera del hogar contribuyen a que la función del abuelo adquiera mayor relevancia.

La relación con los nietos constituye una experiencia muy positiva, dado que, por lo general, se trata de una relación cá­lida e indulgente, que cumple varias funciones. Fomenta la cohesión familiar y simboliza la continuidad del pasado con el futuro. Es, pues, una forma privilegiada de relación inter­generacional, esencial para que el niño adquiera el sentido de la continuidad histórica y cultural. Los abuelos ofrecen a los nietos un amor incondicional, a la vez que esta relación puede servir para prevenir en los nietos la formación o acentuación de estereotipos negativos contra las personas mayores».

(Enrique Pallarés Molíns: Para afrontar el envejecimiento. Bilbao: Mensajero, 2019. Página 183

 

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Para afrontar el envejecimiento (reseña)

Para afrontar el envejecimiento A y O

Reseña de mi último libro “Para afrontar el envejecimiento”. La publicó ayer, Día del Libro, el semanario

Alfa y Omega. Nº 1177 – 23-07-2020.

Título: Para afrontar el envejecimiento
Autor: Enrique Pallarés Molíns
Editorial: Mensajero

En 2050, según el informe Perspectivas de la población mundial, la población de 60 años o más se habrá duplicado respecto a nuestros días. Cuando llegue el cambio de siglo, habrá tres veces más personas de esa edad que en la sociedad actual, ya envejecida. El conjunto de fuertes cambios (biológicos, laborales, familiares…) en las últimas décadas de la vida lleva en ocasiones a que la vejez se convierta en una etiqueta que acabe desembocando en generalizaciones indebidas, estereotipos e incluso algunas formas de discriminación bautizadas como edadismo. Incluso las propias personas mayores, al interiorizarlas, pueden excluirse de la vida social.

El psicólogo Enrique Pallarés, profesor emérito de la Universidad de Deusto, ofrece en esta obra un compañero de viaje para las personas mayores y quienes conviven con ellas. De forma sencilla y sintética, explica los procesos que afectan a las funciones intelectuales y la memoria, y cómo la propia personalidad, las emociones, las relaciones personales o el ritmo de actividad y descanso van evolucionando con los años. Sin idealizar la tercera edad, ofrece orientaciones (que no pretenden ser recetas) para vivir estos años de la mejor forma posible. También con una mirada más allá, a la cuestión del sentido y a la muerte, para entender mejor esta porción de la vida.

M. M. L.

 

Si desea más información sobre este libro (índice, prólogo, contracubierta, listado de mis libros) la encontrará haciendo ‘control clic’ en este enlace:

Información Para afrontar el envejecimiento y libros

 

 

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