Cuando “más es menos” y cuando “menos es más”

Kiosko y Más - El Correo - 19 ene. 2020 - Page #37

 

Unas veces «más es menos» y otras «menos es más»

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en El Correo el domingo, 19 de enero de 2020. página 37.

Enlace al texto del artículo PDF: unas veces mas es menos y otras menos es más art

Los escaparates e internet nos ponen con frecuencia en serios aprietos al tener que elegir un producto; las rebajas de enero son fechas propicias para comprar y tener que optar. Pero hay otras muchas situaciones de elección: estudios y profesión, vivienda, vacaciones, etc. ¿Por cuál me inclino?

Poder elegir es la condición y la expresión de libertad, algo deseable y necesario; pero puede tener también una contrapartida menos grata. Elegir significa tener que tomar una de las opciones y descartar otras. En la actualidad, además, se han multiplicado las posibilidades que tenemos delante, hasta sobrepasarnos. Basta con dar un vistazo a las estanterías y escaparates de los comercios, o prestar atención a la publicidad. La misma crema de diferentes marcas y precios. La oferta es, pues, enorme, variada y atractiva. Por supuesto, no siempre al alcance de todas las personas.

¿Puede el exceso de posibilidades llegar a dificultar la elección y a generar malestar? Parece que sí. Es la paradoja de la elección: cuando «Más es menos». Si carecer de la posibilidad de elegir hace la vida insoportable, el exceso de alternativas puede también bloquear la libertad y erosionar la felicidad, aunque esto depende en parte de la actitud de la persona al decidir.

¿Conviene analizar una por una concienzuda y casi obsesivamente todas las posi­bilidades? ¿o es mejor decidir sin darle demasiadas vueltas a los pros y contras de cada opción, guiados por la intuición o primera impresión? Los profesores Barry Schwartz y Andrew Ward diferencian dos tipos de personas a la hora de elegir: los maximizadores y los satisfactores.

Los maximizadores, al contrario que los satisfactores, suelen estar de acuerdo en afirmaciones como estas: «Cuando me enfrento a una elección intento imaginarme todas las opciones posibles, aunque no estén presentes en ese momento», «Me resulta muy difícil elegir un regalo, pues me pierdo al elegir», «Después de comprar algo, siento que no hice bien la elección», «Le doy muchas vueltas antes de decidirme por una prenda concreta», «Me resulta una tarea muy difícil decidirme entre varias pelícu­las (o libros)».

Los maximizadores suelen tardar mucho más tiempo en decidirse, a pesar de lo cual suelen quedar menos satisfechos y es más frecuente que rumien o lamenten su elección («¡Ojalá hubiera comprado el otro!») y utilicen el pensamiento contrafactual («Si me hubiera fijado en…»). El maximizador tiene, aunque no siempre, más probabilidades de acertar en la elección, pero a costa de experimentar mayor ansiedad y menor satisfacción subjetiva. Los satisfactores, por el contrario, optan por la opción suficientemente satisfactoria, sin excesivo análisis.

Barry Schwartz ofrece algunas orientaciones para suavizar el problema que plantea en la actualidad la existencia de tantas posibilidades de elegir. En primer lugar, ante este exceso de posibili­dades resulta recomendable elegir qué elecciones son realmente importantes y a las que vale la pena dedicarles tiempo y esfuerzo; es «elegir el elegir». Además, conviene maximizar menos y ser más satisfactor, pues solo muy pocas decisiones son lo suficientemente relevantes para que merezcan un exhaustivo análisis.

En muchos casos, sobre todo en las decisiones menos trascendentes, lo mejor es escuchar la voz de la propia intuición –la del amigo o la del precio–, sin invertir mucho tiempo ni energía. Resulta también recomendable, y siempre está en nuestras manos, no crear expectativas excesivamente altas, ya que, cuando no son sa­tisfechas, constituyen un plano inclinado hacia la infelicidad y la depresión. Insiste también Schwartz en evitar las comparaciones sociales («Ha de ser mejor que el de Fulano»), pues condi­cionan negativamente la elección.

Se da por supuesto que siempre es necesario elegir y adquirir algo; que en las cosas materiales siempre hay que inclinarse por alguna de las opciones. Las ofertas se multiplican y la publicidad, junto con la presión social, llegan a crear necesidades que, en realidad, no tenemos y urgen a la toma de decisiones innecesarias. Tal vez, el buen camino lo indicó, con su habitual fina ironía, el escritor catalán Josep Pla: «A veces bajo a la ciudad para ver los escaparates y saber lo que no necesito». Es decir, en lugar de la lista de compra, «la lista de la no compra», la lista de lo superfluo. De vez en cuando, renunciar a elegir (ropas, bebidas, smartphones…), sobre todo si la renuncia revierte en beneficio de las personas con muy escasas o nulas posibilidades materiales, es una buena, sana y laudable opción. Es decir, también «Menos es más».

 

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Edadismo: el «ismo» postergado

 

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Edadismo: el «ismo» postergado

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en el suplemento Alfa y Omega del diario ABC (26 de diciembre de 2019 al 1 de enero de 2020)

Enlace al texto del artículo en PDF: Edadismo PDF

El gerontólogo norteamericano Robert Butler acuñó el término «ageism», que se suele traducir por «edadismo», pero todavía poco extendido y no reconocido oficialmente. Porque el diccionario de la Real Academia incluye un término para el estereotipo, prejuicio y discriminación por la raza (racismo) y otro por el sexo (sexismo), pero no por la edad y en concreto el que existe hacia las personas mayores.

Estamos, pues, ante un «ismo» que, aunque afecta o afectará a todas las personas (si no mueren antes de la vejez), además de no figurar en el diccionario oficial, es menos reconocido y reprobado socialmente que el sexismo o el racismo. De hecho, se toleran con más facilidad las expresiones y comportamientos edadistas que los sexistas o racistas. El edadismo está presente en la vida diaria, en los chistes, en el trabajo, en el cine, etc. No afecta por igual a todas las personas mayores: lo acentúa el ser mujer, mientras que la fama y la riqueza lo suavizan.

En el origen del edadismo está una visión de las personas mayores como un grupo homogéneo («Todos los viejos son iguales»). Se generaliza lo que corresponde solamente a un número reducido. Es verdad que no solo se generalizan características negativas, como la de chochear o ser inútil, sino también positivas como la de «viejo sabio». Las imágenes positivas corresponden con preferencia a las sociedades tradicionales, donde las personas mayores son las «bibliotecas» y los árbitros de las relaciones humanas, mientras que las negativas a la sociedad actual. Incluso, tras un trato excesivamente amable y un lenguaje semejante en la entonación y en la simplicidad al que se emplea con un niño, subyace –sin poner en duda la buena intención ni el cariño– la consideración de la persona mayor como un niño.

La tendencia a realizar generalizaciones es connatural al conocimiento humano y lo primero que se percibe de una persona es la raza, el sexo y la edad. Esto explica la mayor frecuencia de estereotipos en torno a estas tres características. Pero, sobre todo, el edadismo tiene su origen en la admiración y exaltación actual de lo joven y de lo nuevo, de la velocidad y de la eficacia. Cabe añadir que el miedo a la muerte por parte de las personas más jóvenes se puede proyectar a las personas mayores, que se perciben más cercanas a ella.

Esta visión estereotipada se prolonga en diferentes formas de exclusión y alejamiento; puede llegar, incluso, al maltrato, sin excluir el físico. Pero, la consecuencia más grave consiste en que ellas mismas interiorizan y hacen suya esta visión negativa y terminan por percibirse como les ven los demás. Muchas personas mayores aceptan pasivamente que su memoria es irremediablemente peor («Cosas de la edad»), o que son incapaces de nuevos aprendizajes o del uso de las nuevas tecnologías. Algunos, para parecer más jóvenes, invierten importantes cantidades de dinero en tratamientos médicos y cosméticos, adoptan formas de vestir y comportamientos juveniles no siempre adecuados, etc.

El edadismo resulta muy difícil de neutralizar ya que se practica de forma automática y poco consciente, pues sus raíces se remontan a la niñez. Por eso, el primer objetivo es hacerlo explícito. Frente a la falsa idea de la homogeneidad del grupo de mayores, está la conclusión de la Gerontología de que el envejecimiento es un proceso altamente diferenciado, y que el grupo de mayores está más marcado por las diferencias entre unas y otras personas que por la homogeneidad. En consecuencia, convendría cambiar la forma de ver a las personas mayores y, en lugar de enfocar las semejanzas, poner el énfasis en las peculiaridades de cada una. Además, buscar sistemáticamente informaciones y pruebas contra las falsas creencias sobre el envejecimiento, a la vez que se ofrece a las personas mayores ocasiones para realizar algunas de las actividades que abandonaron como consecuencia de esa imagen negativa interiorizada.

El psicólogo social Gordon Allport propuso el contacto y la comunicación entre los grupos como la forma eficaz de disolver los estereotipos y prejuicios. Por esto, resulta altamente recomendable fomentar los encuentros intergeneracionales, ya que, realizados adecuadamente, añaden al debilitamiento de los estereotipos y prejuicios un importante enriquecimiento mutuo.

Finalmente, resulta necesario que todas las personas, incluyendo las mayores, adviertan la inexactitud e inconveniencia de los estereotipos y prejuicios. Es decir, que se eviten los estereotipos sobre otros grupos de edad, y en general, respecto a cualquier característica, y en su lugar nos esforcemos por ver la singularidad y originalidad de cada persona.

 

Otras publicaciones de Enrique Pallarés Molíns sobre la vejez y el envejecimiento

Sobre el tema de la vejez y el envejecimiento he publicado varios trabajos, sobre todo en la prensa. Pongo los enlaces al texto de los que aparecen en este blog. Incluyo, en primer lugar, el enlace a la información de mi último libro que aborda el tema del envejecimiento:

Información sobre mi último libro: “Para afrontar el envejecimiento”:

https://enriquepallares.wordpress.com/2019/10/01/nuevo-libro-para-afrontar-el-envejecimiento/

 

La fuente de la eterna juventud:

https://enriquepallares.wordpress.com/2017/10/02/la-fuente-de-la-eterna-juventud/

 

Envejecer bien, un objetivo alcanzable:

https://enriquepallares.wordpress.com/2019/10/21/envejecer-bien-un-objetivo-alcanzable/

 

Aún aprendo:

https://enriquepallares.wordpress.com/2016/10/16/aun-aprendo/

 

…y la Cuarta Edad:

https://enriquepallares.wordpress.com/2018/10/01/la-cuarta-edad-1-10-dia-internacional-de-las-personas-de-edad/

 

Caen las hojas:

https://enriquepallares.wordpress.com/2018/11/05/la-leccion-de-las-hojas-de-otono/

 

 

 

 

 

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Nuevo libro: “Para afrontar el envejecimiento”

Cubierta superreducida

Hoy celebramos el DÍA INTERNACIONAL DE LAS PERSONAS DE EDAD (forma suave, tal vez para evitar los términos ‘vejez’ o ‘envejecimiento’, que asustan un poco y que en algunos provocan rechazo. Coincide la celebración hoy con la aparición de mi último libro, cuyo título es “Para afrontar el envejecimiento”. No es un libro-recetario. Parte de la realidad, de momento ineludible, del envejecimiento biológico y ofrece algunos de los conocimientos de la Psicología, que puede ayudar a adaptarse activamente a esta etapa de la vida y a afrontarla bien. En parte también resultado de mi experiencia personal y de psicólogo.

¿Quiere tener más información de este libro? Haciendo clic en el siguiente enlace encontrará un archivo PDF que contiene:

-la cubierta y la portada del libro

-el índice

-el prólogo

-la contracubierta

-breve información de los libros que he publicado hasta el momento.

Enlace para acceder al archivo con esta información:

Información Para afrontar el envejecimiento y libros

 

¡Muchas gracias por su interés!

 

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No nos olvidemos de la memoria

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No nos olvidemos de la memoria

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

EL CORREO. Viernes, 6 de septiembre. página 27.

Enlace al texto en PDF: No nos olvidemos de la memoria

Se atribuye a Marcelino Menéndez Pelayo esta frase: «la memoria es la inteligencia de los tontos». Dudo que Menéndez Pelayo sea su autor o, si lo es, estoy seguro de que la dijo o escribió con un sentido muy concreto, y no para denigrar la memoria. Sin una buena memoria resultaría inexplicable la ingente y erudita obra de don Marcelino, sobre todo en su tiempo, lejos de la era digital, cuando era necesario confiar de forma especial en la propia memoria.

La actitud hacia la memoria ha seguido un curso pendular y de ambigüedades. Es cierto que la memoria es una función compleja y que sería más correcto hablar de ‘memorias’ en plural que de ‘memoria’ en singular. Durante siglos se basó el aprendizaje en la memoria, y los tratados sobre la ‘ars memoriae’ eran muy estimados y utilizados. En la actualidad, sin embargo, algunos la quieren desterrar del aula y evitar todo lo que sea aprender ‘de memoria’. No goza de buena fama la memoria en algunos ambientes educativos. «¡Lo que tiene es solo buena memoria!», se afirma para rebajar los logros académicos de un estudiante. Es la memoria contrapuesta a inteligencia. Por otra parte, perder la memoria es uno de los máximos temores que surgen con la edad, y el estado funcional de la memoria se considera un índice fundamental del funcionamiento cognitivo y de la capacidad adaptativa de la persona.

La correcta comprensión de lo que se intenta aprender es la mejor estrategia de la memoria. «La memoria es indisociable del pensar. El arte de recordar es el arte de pensar», decía el reconocido psicólogo norteamericano William James. No es correcto, pues, crear o mantener un conflicto entre memorizar y razonar. Memoria y razonamiento no se oponen, sino que se necesitan y complementan.

Es cierto que no se ha de sobrecargar la memoria –ni el aguante– de los estudiantes con informaciones innecesarias o poco importantes. El aprender de memoria la lista de los reyes godos o de los faraones de Egipto pertenece a otros tiempos. Pero evitar aprender ‘de memoria’ los datos e informaciones más relevantes (nombres, fechas, fórmulas, definiciones…), podría resultar muy negativo para la buena formación del estudiante. Conviene evitar la memorización indiscriminada, pero también el no retener con exactitud las informaciones fundamentales de cada materia y las que pertenecen al conocimiento o cultura general.

El que «total, luego se olvida» no justifica el no esforzarse en aprenderlos, por lo menos en alguna ocasión. Muchas de las informaciones que aprendimos en la escuela y durante el bachillerato ahora no podríamos repetirlas. Pero al ‘evaporarse’ dejaron un ‘poso’ que fue estructurando nuestra mente. Queda un eco y huella, que se puede fácilmente revivir, y que sirve también de guía para aprender nuevos conocimientos. No podemos juzgar la utilidad de la memoria solo por lo que ahora recordamos literal y espontáneamente.

La extraordinaria accesibilidad en internet de informaciones de todo tipo no es una buena razón para ‘jubilar’ la memoria. Abandonaríamos rápidamente la consulta de un médico que, al indicarle un dolor en la zona abdominal, tiene que acudir a su tableta u ordenador para saber qué órganos se alojan en esa zona, y después continuar la consulta, también en la tableta o en el ordenador, sobre los posibles problemas de esos órganos, etc. Es más, dudo que se pueda realizar una búsqueda inteligente y fructuosa en internet sin pasar por la experiencia de haber retenido alguna vez la información más relevante de la materia.

En la mitología griega Mnemosine es la diosa de la memoria y también la madre de las musas, patronas e inspiradoras de las artes y las ciencias. Como dice la que fue profesora de la Universidad de Londres, Frances Yates, en su documentadísimo libro sobre la historia de la memoria, no puede haber enfrentamiento entre la madre y las hijas. Porque la función principal de la memoria no es ser el almacén del pasado, sino la base para construir el futuro.  En la toma de decisiones más elemental, el recuerdo de la experiencia pasada resulta clave. Lo mismo en un debate o diálogo, la agilidad para ofrecer el dato preciso en el momento oportuno. Y, por supuesto, en la práctica profesional.

Dice Luis Buñuel, al comienzo de sus memorias: «Hay que haber comenzado a perder la memoria, aunque sea sólo a retazos, para darse cuenta de que esta memoria es lo que constituye toda nuestra vida. Una vida sin memoria no sería vida… Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento. Sin ella no somos nada». Nada.

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Viajar para crecer

ViajarParaCrecer

Viajar para crecer

Enrique Pallarés Molíns.

Doctor en Psicología y profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en el suplemento Alfa y Omega del diario ABC. Jueves, 25 de julio de 2019

Enlace al texto en PDF (la página de Alfa y Omega): Viajar para crecer

Millones de personas se desplazan durante todo el año a lo largo y ancho del mundo por muy diversas razones, en viajes largos y cortos. Parece como si el viajar, el desplazarse de un lugar a otro, fuera una característica esencial de la naturaleza humana. Si no lo es por naturaleza, la historia nos ofrece abundantes testimonios del nomadismo de los seres humanos. Unos lo hacen por razones de negocios, otros movidos por la urgente necesidad de salir de la miseria, de la guerra o de la persecución; el explorar nuevas tierras ha empujado a muchos a emprender largos viajes con un incierto destino. La fe también ha movido y mueve a encaminarse hacia lugares donde lo sagrado se manifiesta de forma especial.

Las vacaciones de verano propician el viajar por viajar, el viajar para conocer otros lugares, para romper la rutina cotidiana y ensanchar el campo visual, la mente y el corazón. Porque los viajes ensanchan la mente y son una forma de disolver los prejuicios que albergamos sobre otros grupos humanos. El escritor americano Mark Twain concluye con su habitual ironía el relato de uno de los primeros viajes organizados de la historia –en la segunda mitad del siglo XIX–, en el que participó: «Viajar es nefasto para el prejuicio, la intolerancia y la estrechez de miras; y muchos de los nuestros lo necesitan desesperadamente por ese motivo». Mahatma Gandhi consideraba que los viajes constituyen «el lenguaje de la paz».

Pero este ensanchamiento de la mente y del corazón no se produce automáticamente. Depende de la actitud con la que uno inicie y establezca el contacto con las nuevas tierras y sus habitantes. Algunos convierten el viaje en un objeto de consumo y viajan más para contarlo a los amigos y conocidos que para el disfrute y el enriquecimiento personal. Es lo contrario a una actitud de respeto y empatía hacia las gentes de los lugares que visitamos. El buen viajero no va a enseñar ni a exhibir su autosuficiencia ni su chovinismo, sino a ver, escuchar, aprender y compartir con sencillez; ligero de equipaje y ligero de prejuicios.

Porque el objetivo del viaje no es contarlo a los demás, sino contárselo a uno mismo, para vivenciar con tranquilidad la experiencia. Es permitir que las tierras y personas visitadas entren en nuestro interior y se conviertan en algo nuestro. Lo importante no es llegar a zonas remotas y exóticas. Existe un turismo más sencillo, pero no menos enriquecedor, como es el viajar a zonas rurales para pasar varios días o semanas. Comprobaremos que esa «España vaciada», necesitada de auxilio urgente y que ha lanzado varios SOS, no está, en realidad, ‘vacía’ del todo, sino llena de los valores de las personas que la habitan y de la diversidad de paisajes y tradiciones. Son lugares donde el tiempo se remansa y el reloj avanza a un ritmo más sosegado que en la ciudad. Sin idealizar ni llegar a una exaltación romántica de lo rural y de lo primitivo, el urbanita –adulto y niño– necesita este acercamiento y contacto directo con la naturaleza y con las expresiones más genuinas de la vida.

Pero no todos pueden disfrutar de un viaje vacacional, bien por padecer alguna enfermedad, cuidar un enfermo, no poder interrumpir el trabajo o, simplemente, por falta de recursos económicos. Tampoco todos los viajes son viajes de placer. Los cruceros y los yates de recreo no son las únicas embarcaciones que surcan el Mediterráneo. Muchas personas lo hacen, a la desesperada, en las nada confortables pateras, sobrecargadas hasta el riesgo de naufragio por seres humanos que huyen de la guerra, del hambre o de la persecución, intentando alcanzar las costas de Europa, donde no son recibidos, precisamente, con los brazos abiertos.

El ser humano es el único animal que puede viajar mentalmente a lo largo del tiempo. Viajar hacia el pasado, estimulados por los lugares que visitamos, lejos de las comodidades y seguridades de nuestra residencia habitual; volver al pasado para navegar con mayor seguridad y firmeza hacia el futuro. El viajar ha sido considerado también símbolo del viaje interior, del encuentro con uno mismo y con Dios.

Dice el escritor norteamericano y viajero incansable Herman Melville, que «el viaje es para un espíritu noble como un renacimiento. Tiende a enseñarnos una profunda humildad, ampliando nuestro altruismo hasta abarcar la humanidad al completo». Un ‘re-nacimiento’ personal y espiritual, es decir, la posibilidad de un encuentro con lo más auténtico y profundo de uno mismo, a la vez que un tiempo propicio para el cultivo espiritual. El contacto con la naturaleza, la lectura reflexiva de un buen libro y la conversación reposada facilitan esta terapia psicológica y espiritual que pueden llegar a ser los viajes.

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Policromía en lugar de blanco o negro

 

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Enlace al texto del artículo en formato PDF: Policromía en lugar blanco o negro

Policromía en lugar de blanco o negro

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en EL CORREO. Domingo, 26 de mayo del 2019. página 35 y en DIARIO VASCO. Domingo, 26 de mayo del 2019. página 26

 

Hoy es rara la producción de una película o la toma de una fotografía en blanco y negro. Los televisores en blanco y negro tuvieron una existencia efímera en comparación con la de los de color. Hace años, incluso, se colorearon algunas de las películas relevantes de la historia del cine. En realidad, tanto las películas como las fotografías o la televisión, que llamamos ‘en blanco y negro’, incluyen varias tonalidades de gris; por lo que, hablando con propiedad, no son solo ‘en blanco y negro’.

Preferimos el color en las imágenes que tomamos, salvo algunas excepciones artísticas. Pero esta preferencia y búsqueda de la variedad y de los matices del color no se aplica con igual fuerza en las descripciones o valoraciones de nosotros mismos, de otras personas, o de los grupos e instituciones. En este caso, optamos con frecuencia, y al margen del arte, por la monocromía en estado puro, con la omisión de los colores y de las tonalidades de gris. Es la huida a los extremos.

  Entre las distorsiones cognitivas que el psicólogo norteamericano Aaron T. Beck enumera y describe como claves para explicar algunos problemas mentales –sobre todo, los trastornos de ansiedad, la depresión o la ira– está el pensamiento polarizado o visión en blanco o negro. En el pensamiento polarizado se tienen en cuenta solo los extremos, sin matices: «Éxito o fracaso», «bueno o malo», «izquierdas o derechas». Es ver y juzgar en términos extremos y simplificar en exceso la compleja realidad.

La polarización o monocromía no se queda en una afirmación o juicio rotundo, sino que genera un modo de sentir y actuar claramente disfuncional. Es ver la realidad y actuar con unas gafas dotadas de un filtro que niega las tonalidades intermedias. Además, la polarización no suele presentarse aislada, sino que opta por la sinergia con otras distorsiones cognitivas, igualmente desfiguradoras de la realidad; por ejemplo, con una visión en túnel, que reduce al extremo el campo visual a considerar, con las generalizaciones exageradas, etc.

Criticar la polarización o adhesión a los extremos no significa elogiar el centro político, sino invitar a que, en todos los segmentos del arco político, incluyendo el centro, se evite, o se reduzca lo más posible el pensamiento polarizado y se opte por la moderación. Es trabajar para que las fuerzas centrípetas y constructivas se impongan a las centrífugas y destructivas.

Si el punto medio o la equidistancia es muy difícil de conseguir en la práctica, la solución está en la noble confrontación de los diferentes puntos de vista en un encuentro y diálogo guiado por el objetivo de lograr el bienestar social. Es evitar que la praxis política y la convivencia se conviertan en la palestra donde egos extremos pelean y los ciudadanos actúan de sufrientes espectadores. Es muy de desear siempre, pero de modo especial en el momento actual que la tendencia a la polarización y al alejamiento se sustituya por la convergencia y el acercamiento.

Para neutralizar o rebajar la polarización propone la terapia cognitiva ver y juzgar la realidad con diferentes tonalidades de gris. Pero todavía es mejor utilizar una paleta con alegres colores y matices. Evitar, pues, los juicios radicales y cortar el proceso destructivo de polarización que brota en cuanto dicotomizamos la realidad social entre ‘los míos’, que son ‘los buenos’, y ‘los otros’, que son ‘los malos’. Tarea no solo de los líderes políticos, sino de cada ciudadano, que con su voto y su opinión puede influir para que se eviten o suavicen las confrontaciones descalificadoras, estériles y nocivas.

La ONU ha declarado a 2019 Año Internacional de la Moderación. Algunos asocian ‘moderación’ con un pensar y actuar timorato y pusilánime. Pero la moderación implica actuar con ánimo y valor, con la valentía del que sabe defender sus ideas, pero también sabe rectificar cuando es preciso y reconocer los aciertos del otro. La citada declaración «Subraya la importancia de la moderación como método utilizado en las sociedades para contrarrestar el extremismo en todos sus aspectos y seguir contribuyendo a la promoción del diálogo, la tolerancia, la comprensión y la cooperación».

La naturaleza siempre acoge, pero de forma especial en este florido mayo, una gran variedad de colores y tonalidades en una bella sinfonía a pesar de su heterogeneidad. Nos brinda un hermoso y deleitable espectáculo, pero también nos ofrece la lección de que es posible armonizar colores diferentes y evitar tanto la empobrecedora polarización blanco o negro como un confuso cuadro abigarrado y sin sentido.

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Terapia cuaresmal (Cuaresma y Psicología)

Terapia cuaresmal

La Cuaresma no es una terapia biológica ni psicológica. Pero las actitudes cuaresmales tienen varios puntos de semejanza con las que promueve la Psicología. Entre ellas, sobriedad, solidaridad con los necesitados, revisión de la propia vida, reconciliación, encuentro con el Absoluto que nos trasciende.  Las encontrarás brevemente descritas en este artículo.

Terapia cuaresmal

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en el suplemento semanal Alfa y Omega del diario ABC. Jueves, 28 de marzo del 2019.

Si quieres acceder al texto de la imagen en PDF, haz clic en este enlace: Terapia cuaresmal art

La Cuaresma no es, por supuesto, una terapia psicológica propiamente dicha. Pero durante este tiempo se insiste en fomentar algunas actitudes que coinciden o convergen con las recomendaciones de la Psicología Humanista y de la Positiva. Por eso, en sentido figurado, podemos hablar de «Terapia cuaresmal». Una ‘terapia’ no solo para los déficits, sino también para el crecimiento integral.

Sin ser lo más importante, llama la atención la invitación cuaresmal a las restricciones en la comida –el ayuno y la abstinencia–, en la actualidad reducidas a la mínima expresión. ¿Una reliquia del pasado «que hay que mantener», sin más? Creo que no. Es una invitación a la sobriedad y al autocontrol. En el siglo XVII el escritor veneciano Alvise Cornaro recomendaba una vida sobria como el mejor medio para la longevidad. El biogerontólogo norteamericano Leonard Hayflick, aludiendo a los recientes estudios que asocian frugalidad con longevidad, sustituye la conocida frase «Somos lo que comemos» por «Somos lo que no comemos».

Pero el objetivo de la templanza y sobriedad cuaresmal no es precisamente prolongar la vida, sino reforzar el control sobre nuestros deseos e impulsos y facilitar así la aspiración a metas más elevadas. Estas pequeñas privaciones alimentarias, además, pueden ayudar a sentir empatía con esos 800 millones de seres humanos que sufren el azote del hambre; empatía difícil de experimentar, por otra parte, desde nuestras latitudes donde el despilfarro de los alimentos es tan frecuente.

Sobriedad ampliable a otras áreas: al vestir, a las diversiones y, en general, al estilo de vida. Optar por un estilo de vida sencillo, aunque no por eso menos satisfactorio. Es más, la clave del bienestar psicológico pleno está en optar por las cosas y actividades sencillas, en las que la persona está sobre las cosas y no las cosas sobre ella. Para el pensador francés André Comte-Sponville «La templanza es la virtud por la cual continuamos siendo señores de nuestros placeres y no sus esclavos».

Durante la Cuaresma se nos invita también a la generosidad con los más necesitados. La Psicología ha encontrado escasa relación entre el aumento de bienes materiales y el aumento de la felicidad, pero ha comprobado que su buen uso, como el compartir esos bienes, produce más satisfacción y bienestar que su mera acumulación. Es la paradoja de la auténtica felicidad, que crece al dar y disminuye al acaparar. Pero también está probado el efecto positivo en el bienestar psicológico de invertir parte de esa gran riqueza, que es el tiempo, en actividades prosociales. Se trata, pues, de algo más que de dar una limosna para tranquilizar la conciencia.

La Psicología recomienda la observación de la propia conducta como primer paso para su adecuada modificación y para fortalecer el autocontrol. Es reflexionar sobre nuestras actitudes y acciones para confrontarlas con nuestras mejores metas y objetivos. Y, más allá, la revisión de la propia vida, recomendada por los gerontólogos desde Robert Butler, como un medio para el envejecimiento positivo –aunque no solo beneficiosa en la vejez– y constituida en terapia psicológica. Una revisión de la propia vida, en la que los recuerdos luminosos surgen para alegrarse y los oscuros para su sanación.

Ocasión propicia, pues, para contemplar el camino recorrido con el objeto de rectificar la ruta, incluso darle un giro de 180 grados. Un proceso de revisión profunda con la luz del perdón: perdonar, aceptar el perdón, pedir perdón y perdonarse. Perdón que se prolonga en compasión. Conjugar, pues, en sus varias formas el verbo perdonar, como el modo más eficaz de reconciliarnos con Dios, con las demás personas… y con nosotros mismos.

La Cuaresma es también una terapia de crecimiento porque es un tiempo especial para la gratitud. Un tiempo para experimentar y expresar gratitud por todos los beneficios recibidos. La Psicología Positiva muestra con claridad las importantes consecuencias positivas para la salud mental, corporal y social de practicar la gratitud. Es ver el mundo y la vida como algo que «se me da» y no como algo que «se me debe».

Días también para espabilar el oído y el corazón a la escucha de Aquel que es «más íntimo que mi intimidad». Tiempo, pues, para el encuentro con ese Ser personal que nos trasciende sin anularnos; que lejos de debilitar nuestro yo, lo fortalece sin hincharlo; que no roba nuestra autoestima, sino que la sana y fundamenta con solidez; que nos invita a escuchar a las demás personas, incluso a las que no piensan como nosotros; que hace ver al ser humano que no vive en el caos ni abandonado a su suerte, sino en un universo con un sentido y una meta, donde todavía es posible, aunque no fácil, el abrazo fraterno de la reconciliación.

 

 

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Conferencia sobre Psicología del Perdón (invitación)

FortalezaHumanaPerdon

Les invito a mi conferencia:

El perdón como fortaleza humana.  El perdón visto desde la Psicología.

Por Enrique Pallarés Molíns. Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto. Autor del libro “El perdón como fortaleza humana”

Organiza: Parroquia de San Francisco Javier

Día y hora: miércoles, 27 de febrero, a las 19:30 h.

Lugar: Salón de actos de la Parroquia San Francisco Javier. Ajuriaguerra, 42, piso 3º. Bilbao.

Entrada libre

Publicaciones de Enrique Pallarés Molíns relacionadas con el tema del perdón.

Libro y capítulo de libro:

+Pallarés Molíns, Enrique. El perdón como fortaleza humana. Bilbao: Ediciones Mensajero (Grupo Comunicación Loyola), 2016. 245 páginas. Información sobre este libro en: https://enriquepallares.wordpress.com/2016/11/15/nuevo-libro-el-perdon-como-fortaleza-humana/

+Pallarés Molíns, Enrique. Del odio y el resentimiento a la reconciliación por el perdón. En M.C. Azaústre Serrano (Coord.), Una espiritualidad de la reconciliación y la no violencia, (pp. 19-56). Ávila: CITeS-Universidad de la Mística, 2016. (Colección Cátedra Josefa Segovia, 4).

Artículos en la prensa diaria:

+Pallarés Molíns, Enrique. El perdón como fortaleza humana. EL CORREO. Sábado, 7 de mayo del 2016. Página 41. Enlace al texto de este artículo: https://enriquepallares.wordpress.com/2016/05/09/el-perdon-como-fortaleza-humana/

+Pallarés Molíns, Enrique. La necesidad de pedir perdón. EL CORREO. Sábado, 5 de mayor del 2018. Página 35. Enlace al texto de este artículo:

https://enriquepallares.wordpress.com/2018/05/05/la-necesidad-de-pedir-perdon/

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El mejor regalo que podemos regalar

 

los regalos

Estamos en unos días especiales para hacer y recibir regalos. Hace un par de años escribí un artículo de opinión en El Correo, sobre los regalos. Vi hace unos días que no estaba en este blog y pensé en ‘reeditarlo’, en volverlo a publicar. Tal vez a algunos les guste leerlo si en su día no lo hicieron, o releerlo y compartirlo si ya lo leyeron. A mí, personalmente, me ha gustado volver a leerlo. Perdón a los que les moleste la repetición.

Termina el artículo con el resumen de un bellísimo cuento del escritor norteamericano O. Henry. Lo incluye Jorge Luis Borges en su selecta antología de cuentos de la literatura universal, titulada “Cuentos memorables”. Ciertamente que es un cuento ‘memorable’, digno de ser recordado. Como muestra, cuando escribí este artículo nos sorprendió que el cuento les encantó tanto a los niños de unos once años de un aula de un colegio público de Bilbao como a un grupo de personas mayores del proyecto Bizi-Bete de Cáritas-Mayores de Bizkaia. Un cuento para todos y algunas reflexiones en el artículo, que espero os interesen y agraden.  

 

 

Acceso al texto del artículo en PDF: Los regalos art

Los regalos

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en El Correo. 2 enero del 2016

Las fiestas de Navidad son fechas especialmente propicias para los regalos; pero no las únicas, pues son muchas, y en aumento, las ocasiones para dar y recibir regalos: cumpleaños, boda, graduación, bautizo… A estas hay que añadir, dentro de la llamada «comercialización del calendario», los «días de…»: día de la madre, día del padre…

Intercambiar regalos es una práctica universal, en el tiempo y en el espacio, una forma de expresar gratitud, de mostrar interés y aprecio, a la vez que de establecer y fortalecer los vínculos entre personas y grupos. El regalo es el lenguaje –sin palabras, pero muy expresivo–, del amor, la amistad y la gratitud. En su clásico ensayo, destaca Marcel Mauss que la pervivencia del regalo es para congratularse, pues muestra que no todo está clasificado en términos de compra y venta, y que las cosas pueden tener, además del valor mercantil, un valor afectivo.

Tras el regalo hay un conjunto, a veces complejo, de emociones y motivos, tanto en el donante (¿Acertaré?) como en el receptor (¿Por qué este regalo?). A algunos les resulta agradable elegir el regalo, pues es una ocasión para expresar su afecto, pero otros experimentan ansiedad y temen no acertar. El narcisista elige el regalo pensando no tanto en el que lo va a recibir, sino en distinguirse y aparecer él como singular. Sin llegar a esto, es frecuente fallar en el regalo al no culminar la difícil tarea de ponerse en el lugar del receptor. El receptor trata de adivinar las emociones e intenciones del donante (¿Es sincero? ¿Será para controlarme?) y decide aceptar o no el regalo, pues a veces cuesta más recibir que dar. Por eso, dar y recibir regalos –las personas alternan ambas actividades– es una ocasión propicia para desarrollar la empatía y el ponerse en el lugar del otro.

Pero, ¿qué características debe reunir un regalo? Aunque no siempre se cumple en la práctica, se acepta como referencia, al hacer y juzgar un regalo, que suponga al donante cierto sacrificio (dinero, tiempo, esfuerzo), que el objetivo principal sea agradar al receptor, que se trate de algo apropiado y, finalmente, que suscite sorpresa y agrado. El envolverlo, a la vez que otorga a un objeto la categoría de regalo, facilita el requisito de sorpresa y es la ocasión para demostrar el buen gusto y el afecto.

Los regalos tienen en la actualidad una proyección económica importante y su práctica es bienvenida por el comercio, a la vez que suscita el interés investigador del economista. Según los estudios, con frecuencia citados y discutidos, del profesor de economía norteamericano Joel Waldfogel, la valoración que el receptor hace del regalo es entre un 10 y un 30% menor que el precio real de dicho regalo. Ante esta «pérdida irrecuperable de eficiencia de la Navidad», sin entrar en su valor sentimental, sugiere Waldfogel optar por el regalo en efectivo o en tarjetas.

Sin embargo, varios estudios de psicólogos muestran que las personas tienden a apreciar más lo que han recibido como regalo que lo que han  comprado. Es decir, el regalo puede ser un modo de «crear valor»; más por lo que representa que por su precio de mercado.

Como defensa ante el bombardeo de la publicidad, que convierte el regalo en una carrera de consumo y competición, ayudará escuchar a Ralph Emerson: «Los anillos y demás joyas no son regalos, sino remedos de regalo. El único regalo es una parte de ti mismo». No es necesario papel especial para regalar  tiempo, escucha, afecto, amistad, sangre… vida. Estos regalos retornan al donante como experiencia de profunda satisfacción; se convierten en un autorregalo. Así, un buen regalo para un niño es avivar y reforzar su generosidad natural para compartir.

El regalo de los Magos, un cuento de O. Henry (pseudónimo de William Sydney Porter), nos presenta a una joven pareja, que en su extrema pobreza solo poseen dos cosas de valor: el reloj familiar de oro de Jim y la hermosa y larga cabellera de Delia. La víspera de Navidad, cada uno siente la imperiosa necesidad de hacer al otro un buen regalo. Delia compra, con la venta de su cabellera, una cadena para el reloj de Jim; mientras Jim, con la venta del reloj, adquiere un juego de peinetas de carey para la cabellera de Delia. Al intercambiar los regalos, tras la sorpresa y el desconcierto inicial, se consuelan y abrazan. O. Henry, que reconoce la actuación apresurada y algo insensata de la pareja, comparada con la sabiduría de los Magos de Oriente, concluye: «De todos los que dan y reciben regalos, los más sabios son las personas como Jim y Delia. Ellos son los verdaderos Magos».

 

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Lotería de Navidad

Lotería

A propósito de la lotería

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en El Correo. Domingo, 16 de diciembre del 2018

Enlace a este artículo en PDF: A proposito de la loteria art

Cada mañana del 22 de diciembre escuchamos una melodía familiar: los niños y niñas del madrileño colegio de San Ildefonso cantan los premios de la Lotería de Navidad. Desde 1771 colaboran con la diosa Fortuna en el reparto de premios en dinero –el potente y codiciado motivador de la conducta humana–, aunque la mejor parte va a las arcas del Estado.

La lotería de Navidad está ampliamente extendida y casi constituye una obligación adquirir alguna participación. Nada que ver, pues, con la ludopatía o adicción a los juegos de azar, patología antigua y actual, que no se limita a una sola ocasión. Pero algunos no adquieren un número cualquiera, sino que lo seleccionan de acuerdo con los dígitos que lo componen («Que termine en 5»), la relación de los dígitos del número con una fecha determinada, o bien se adquiere en una administración de lotería ‘especial’.

Si al adquirir un décimo de lotería tuviera que elegir obligatoriamente entre el 43689 y el 22222, ¿por cuál de los dos optaría? Peguntas semejantes a esta propusieron los psicólogos Daniel Kahneman –premio Nobel de Economía– y Amos Tversky para estudiar esos atajos mentales o heurísticos que utiliza el ser humano para tomar decisiones. Pocos elegían el segundo número, pues, aunque ambos tienen la misma probabilidad de ser premiados, el 22222 no es representativo de los números aleatorios («¡Cómo va a tocar a ese número!»).

Esta conducta, como otras conductas supersticiosas, está estrechamente asociada a la ilusión de control. Elijo la administración donde adquirir el décimo y elijo el número, pensando que controlo lo que resulta incontrolable. Una muestra más de la mezcla de racionalidad e irracionalidad del ser humano. El psicólogo norteamericano Skinner comprobó que también las palomas mostraban conductas supersticiosas tras seguir el adecuado programa en la caja experimental.

La lotería es también ocasión para otra ilusión positiva, la ilusión de que me va a tocar. Es un sesgo bien estudiado la tendencia a sobreestimar las probabilidades de que nos toque la lotería e infraestimar la posibilidad de tener un accidente de automóvil. Estas ilusiones positivas comunes y leves en principio nada tienen de patológico –«De ilusión también se vive»–, incluso pueden resultar estimulantes para seguir adelante.

¿Y si me toca un premio importante? Precisamente con este fin y, en última instancia para sentirse mejor, se adquieren las participaciones. Los estudios sobre la relación entre ser agraciado en la lotería y la felicidad son más cautelosos. Admiten que con un premio importante se produce un aumento de la felicidad, pero casi tan breve y poco consistente como las burbujas del cava con el que se celebra. No digo que genere depresión ni que resulte indeseable. Pero las investigaciones advierten que la clave de la felicidad auténtica está, sobre todo, en los vínculos con las personas queridas. Tal vez por eso es frecuente repartir el décimo con familiares y amigos, para compartir con ellos la posible suerte.

¿Y si no me toca? Para algunos, el no ser premiado activa el pensamiento contrafactual, asociado a la cavilación o al lamentarse por lo que no hizo y piensa que debería haber hecho («Si hubiera comprado el otro décimo»). Para prevenir posteriores lamentos no se rechaza la participación que le ofrece un conocido «No vaya a ser que toque». Pero, con frecuencia, se utiliza el mecanismo de defensa de racionalización o explicación razonable con la que uno trata de convencerse de que, en el fondo, el no haber sido agraciado no es una tragedia y que, tal vez, incluso sea lo mejor: «Lo importante es que tengamos paz, salud y trabajo». ¿Equivale al «Están verdes» del zorro de la fábula al ver que no podía alcanzar las apetitosas uvas? El que no se consuela es porque no quiere. ¿O es un ejemplo de respuesta, ni agresiva ni autoagresiva, a una leve frustración? Algunos no se desaniman y vuelven a probar suerte en el también popular sorteo de El Niño.

Los niños y niñas del Colegio de San Ildefonso continúan cantado números y premios. Una melodía que constituye una especie de pregón navideño, como la iluminación de las calles, el belén, o la compra del turrón. Los seres humanos formamos reflejos condicionados como el perro de Pávlov, que salivaba al escuchar el timbre, asociado previamente a la comida. Que esta familiar melodía y algo nostálgica constituya un estímulo condicionado para suscitar en nosotros el deseo de unas agradables y entrañables navidades: días de familia y de amistad, y no de hiperconsumo o de excesos. ¡Feliz Navidad y Año Nuevo!

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