Anuncio de mi conferencia sobre la memoria en Bilbao

Aula Cultura BilbaoLunes, 2 de marzo, 20 h. Salón El Carmen (Plaza de Indautxu). Bilbao

Organiza: Fundación Vocento y Ediciones Mensajero

Entrada libre hasta completar aforo.

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15 de febrero: Día Internacional del Cáncer Infantil

Cancer infantil13 de febrero: Día Mundial de la Radio; 14 de febrero: Día de los enamorados y del amor. ¿Y el 15 de febrero? Menos visible, o mejor dicho, menos popular, hasta el punto de que puede quedar olvidado, el 15 de febrero es el Día Internacional del Cáncer Infantil. Una enfermedad no tan frecuente, es verdad, en los niños como en otras edades, pero presente y de forma significativa. No voy a comparar porcentajes ni extenderme en amplias consideraciones. Solo unas pocas palabras de cariño.

Aunque al principio suene algo raro, estos niños con cáncer son ‘niños de oro’. Sí, de oro. Lazo dorado y medalla de oro como los campeones. El emblema del día, el lazo dorado, así lo hace visible y nos lo muestra. De oro por su empeño en curarse; de oro por su sonrisa y limpio corazón; de oro por su fortaleza frente a la enfermedad y ante la vida. De oro también, porque son la ocasión para que sus padres, hermanos, abuelos, familiares, personal sanitario y amigos activen, expresen y practiquen lo más noble que hay en el corazón humano: el oro de la solidaridad con el que más lo necesita; con el niño, con el enfermo; en este caso con el niño enfermo.

Lazo de dorado en nuestro pecho y en nuestro corazón. Día de solidaridad, nuestra y de toda la sociedad, para que se destinen los recursos necesarios en la lucha contra esta enfermedad. Nuestro cariño, empatía y simpatía con los niños que padecen esta enfermedad y con los muchos que la han vencido.

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Olvido y memoria: ¿opuestos o complementarios?

Texto del artículo sobre el olvido en relación con la memoria, que ayer (10 de febrero) publicó el diario El Correo en todas sus ediciones.

Enlace al mismo texto en formato PDF: Arte del olvido

 

El Correo. 10 de febrero del 2015. Página 34

¿Un ‘arte del olvido’?

Enrique Pallarés Molíns
Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

A pesar de la actitud ambigua actual hacia la memoria, a nadie le extraña que se fomente su mejora. Pero, ¿resulta sensato siquiera plantearse la posibilidad de un ‘arte del olvido’, de un conjunto de estrategias para olvidar? ¿Convendría dejar de considerar el olvido solo como la antítesis indeseable de la memoria? Harald Weinrich, en su erudito y sugerente estudio cultural del olvido, define al hombre como ‘animal obliviscens’, ‘animal que olvida’. Théodule-Armand Ribot, afirmó en 1881, en Las enfermedades de la memoria, que «el olvido, salvo en ciertos casos, no es una enfermedad de la memoria, sino la condición de su salud y vida».
Cuenta Cicerón que Simónides de Ceos, poeta griego al que se le atribuye la invención del método de los lugares –técnica mnemónica todavía en uso–, se ofreció al general y estadista ateniense Temístocles para adiestrarle en el ‘arte de la memoria’. Temístocles, dotado al parecer de una excelente memoria –según Plutarco conocía por su nombre a cada uno de los atenienses–, rehusó este ofrecimiento alegando: «Prefiero el arte de olvidar; porque recuerdo lo que no quiero y no soy capaz de olvidar lo que quiero». Retener todo, y con la misma intensidad, no favorece el aprendizaje significativo ni resulta positivo para la salud mental y las relaciones sociales.
Funes el Memorioso, personaje de uno de los relatos de Jorge Luis Borges, que tenía la facultad –o la desgracia– de retener toda la información que captaba, se quejaba amargamente: «Mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras». Parecido era el problema de Salomon Shereshevesky, prodigioso mnemonista, que acudió al neuropsicólogo ruso Alexander Luria en busca de remedio al sufrimiento que le producía el no poder olvidar. Un principio esencial del aprendizaje es el borrado o desvanecimiento de la información irrelevante. Junto a la ‘mnemotecnia’ tendría su sitio la ‘letotecnia’, neologismo acuñado por Luria, derivado del mitológico río Leteo, el río del olvido.
El olvido ocurre con facilidad cuando se intenta recordar un dato, y resulta muy difícil si se desea olvidar algo negativo. Como dice Baltasar Gracián, «No solo es villana la memoria para faltar cuando más fue menester, pero necia para acudir cuando no convendría: en lo que ha de dar pena es prolija y en lo que había de dar gusto es descuidada». Poco antes, afirma Gracián que el olvido es más ‘dicha’ que ‘arte’. Pero una ‘dicha’ que se puede atraer, al menos parcialmente.
Algunos se esfuerzan sin éxito por liberarse de la pervivencia dolorosa del pasado; es más, precisamente el mismo esfuerzo ansioso por olvidar puede llevar, en palabras de Daniel Wegner, al ‘proceso irónico’ de avivar y perpetuar esa desazón interior. Un primer paso es permitir a ese recuerdo molesto que ‘vaya y venga’ –sin esforzarse en rechazarlo, pero tampoco en llamarlo–, para que así termine por someterse a la ley general del olvido. Salvo en la ficción, resulta imposible revertir el tiempo y rehacer el pasado. Pero es posible cambiar la actitud hacia ese pasado, sobre todo cuando amarga el presente y constituye un lastre para el futuro. Aceptar nuestros errores pasados y aprender de ellos, así como perdonar y perdonarnos, son algunas de las estrategias que ayudan a reescribir nuestro pasado y a olvidar o desactivar, de forma sana y realista, experiencias del pasado que nos inquietan.
La era digital ha introducido cambios importantes, no solo en la función de la memoria, sino en la posibilidad del olvido. La multiplicación, simple e instantánea, de los archivos electrónicos resulta deseable en cuanto posibilita el acceso rápido a todo tipo de información. Pero también lleva a que nuestra información personal quede registrada, sin que podamos cancelarla ni controlar su uso. ¿Es necesario un ‘olvido digital’? El escritor suizo Hugo Loetscher propuso una fiesta de la liberación, en la cual se aplicaría, de forma generalizada, el comando ‘delete’: un borrado total y definitivo. Esta propuesta, más utópica que realista, prevista para el 31 de diciembre de 1999, no se cumplió. Es más, hoy contemplamos impotentes cómo nuestra información personal se archiva ‘en la nube’ con caracteres indelebles. Tal vez, solo nos queda clamar sin cesar para que los legisladores y gobernantes no olviden nuestro derecho al olvido.
El olvido puede también resultar saludable en una sociedad contra los excesos y distorsiones de la memoria. Pero, ¿cómo concretar lo que se puede olvidar del pasado? Además, con frecuencia, en lugar de por el olvido natural del pasado se opta por su manipulación: una forma perversa de olvido. El pasado, en lugar de maestro, se convierte en arma arrojadiza. Aquí no sirven las aguas del Leteo, la flor del loto ni cualquier otro remedio mágico. Tampoco sería deseable una amnesia general. Para guiar un proceso de olvido saludable son necesarios, más bien, entre otros, los valores de la justicia, la verdad y la tolerancia. Se evitará así que un exceso de memoria se transforme en el tóxico letal del resentimiento y del odio.
Umberto Eco, en una reunión informal, planteó con ingenio y humor la posibilidad de un ‘ars oblivionalis’, un ‘arte del olvido’, contrapunto al ‘ars memoriae’, practicada con éxito durante siglos. Especuló, incluso, sobre el departamento universitario al que se debería adscribir esta materia. ¿Una disciplina oxímoron, es decir, contradictoria en sí misma? El especialista en semiótica llega a la conclusión que ya adelanta en el título del ensayo: ¿Un arte del olvido? Olvídala. Pero el olvido resulta necesario, y también el ‘arte del olvido’, porque el olvido puede ser, en lugar de enemigo, un excelente complemento, incluso una función esencial de la memoria.

"FIESTA DEL OLVIDO" ("FESTA DO ESQUECEMENTO")Fotografía del río Limia en Orense. (publicada en el Norte de Castilla).Recreación actual de una leyenda romana sobre el olvido.

Los romanos creían que este río gallego era el río Leteo (o Lete) del Hades –el río cuyas aguas provocaban, según la mitología clásica de ultratumba, el olvido de los recuerdos de la vida pasada –, y por eso le llamaban río Lethes. Se cuenta que, en el año 138 a.C., el general romano Décimo Junio Bruto, encontró un grave obstáculo en sus campañas militares gallegas porque sus soldados, debido a esa falsa identificación, se oponían a cruzar el río Lethes-Limia por temor a perder la memoria. El general Décimo Junio desmontó esta creencia al cruzarlo él solo y, desde la otra orilla, llamar a cada uno de los soldados por su nombre.

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El mecanismo de defensa de Desplazamiento

En Duplicados (Counterparts), uno de los relatos de Dublineses (1914), James Joyce, describe la personalidad y las reacciones de un padre de familia, Farrington, escribiente de un abogado. Farrington vive frustrado por su monótono trabajo de transcribir documentos legales y por las repetidas críticas y amenazas de Mr. Alleyne, su jefe. Un día, tras una reprensión especialmente dura, al volver a casa golpea violentamente con un palo a su hijo Tom –a pesar de sus lágrimas y peticiones de clemencia–, únicamente porque ha dejado que se apague la lámpara. Podemos suponer que Farrington hubiera golpeado con ganas a su jefe, pero eso le resultaba imposible si quería mantener su puesto y el medio de subsistencia de su familia con cinco hijos. No puede dirigir la ira que le provoca la reprensión de su jefe y, en general, su trabajo, hacia su objetivo natural y espontáneo. Tampoco sabe manejar la ira de otra forma alternativa más adecuada, que sería lo correcto. Por eso, la dirige a un objetivo más fácil: su hijo.

Al leer esta historieta de ficción, seguramente se le ocurrirán a usted otros ejemplos semejantes, pero de la vida diaria o de la historia. Casos en que el débil paga o recibe los golpes en lugar del fuerte. Los ejemplos de lo que ha venido en llamarse «chivo expiatorio» son frecuentes en la vida social, incluso en las relaciones entre países, sin escluir a los niños y adolescentes. Por eso, no resulta necesario ilustrar este artículo con una fotografía o dibujo, pues la imagen o imágenes ilustrativas viene con facilidad y nitideza a nuestra mente.

El psicoanálisis, aunque también otros psicólogos no psicoanalistas, hablan aquí de mecanismos de defensa de Desplazamiento, uno de los mecanismos o procesos mentales que utilizamos para no sentirnos mal o para sentirnos mejor. El mecanismo de defensa de Desplazamiento consiste en la reorientación o redirección de un sentimiento, deseo, respuesta o acción, originariamente dirigida –o que, naturalmente, se dirigiría– a un determinado objeto (persona), hacia otro objeto (persona) que resulta menos amenazador, o más fácil, que al que se dirigiría originariamente. El sentimiento o deseo, que no se puede realizar o satisfacer en una determinada meta u objetivo, se transfiere a otra meta u objetivo o meta sustitutiva –persona u objeto– del original, que resulta más accesible y relacionado con él de alguna manera. Los sentimientos, la acción o respuesta permanecen las mismas, pero cambia el objetivo o meta.

La descarga de la emoción –de ira o de tipo erótico– se realiza en un objeto (persona, animal o cosa) que se percibe como más débil, menos peligroso o más adecuado para recibir la descarga de los sentimientos que aquél al que iba originalmente dirigido, es decir, el que ha inducido el sentimiento o deseo. Como los otros mecanismos de defensa, no se trata de un proceso deliberado y calculado conscientemente, sino que es inconsciente o no del todo consciente. Farrington, al golpear a su hijo, casi seguro que no advierte la verdadera razón de su acción. Con frecuencia ocurre así: resulta más fácil advertir y explicar la conducta de otras personas que la propia. Podemos tener una agudeza visual extraordinaria para observar la puesta en acción de este mecanismo de defensa en otras personas, y a la vez experimentar cierta miopia para detectarlo en nosotros.

¿Sólo se desplazan emociones negativas? No. También se pueden desplazar emociones positivas, aunque la explicación en este caso puede resultar un poco más complicada. Una persona que recibe una buena noticia a través del móvil o de la radio, cuando asiste a un espectáculo o camina por la calle, y abraza al que tiene al lado. De forma semejante, el que desplaza a los hijos el amor dirigido al cónyuge fallecido, o el que desplaza a un animal el afecto o amor –con unas atenciones excesivas y exclusivas–, en lugar de hacerlo a una persona humana, debido a que, por alguna razón, no logra establecer una relación afectiva significativa con otras personas.

(Algunos párrafos de este artículo están tomados del capítulo 7 -Deplazamiento: descargar las emociones donde resulta más fácil- de mi libro dedicado a los mecanismos de defensa. Pallarés Molíns, Enrique: Los mecanismos de defensa. Cómo nos engañamos para sentirnos mejor. Bilbao: Ediciones Mensajero).

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Actualización de dos páginas de este blog

He actualizado las dos páginas o secciones fijas ‘Actividades’ y ‘En los medios’ de este blog.

Aparecen, junto con las otras páginas, en la cabecera del blog. Sus enlaces directos desde aquí son:

Actividades:

https://enriquepallares.wordpress.com/actividades/

En los medios:

https://enriquepallares.wordpress.com/media/

He realizado la misma actualización en mi segundo blog:

https://enriquefranciscopallares.wordpress.com

 

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Reciclar para la paz un objeto bélico

IMG_1193Este peculiar florero, que ven en las fotografías, es un objeto familiar y en la actualidad un tanto raro, que exige un breve comentario. Lo he visto en casa de mis padres desde niño, desde siempre; en Ablitas, luego en Tudela y, por fin, en La Codoñera, en la casa de mi hermana; a donde regresó hace unos años tras su periplo de varias décadas por Navarra. Sí; volvió a su lugar de procedencia, porque IMG_1194pertenece a una bala de obús disparada en estas tierras del Teruel, donde la Guerra Civil –o ‘Incivil’– fue especialmente cruenta. Es el casquillo o parte que quedaba junto al mortero, después de salir la bala. Desconozco dónde fue fabricado y cuál de los dos bandos contendientes lo utilizó. Lo que está claro es que era un objeto para causar la muerte y la destrucción.

Tras el paso devastador de la Guerra quedaron por estos pueblos numerosos ejemplares, como el presente o semejantes a él. Muchos de ellos fueron vendidos por los que los recogieron, con el fin de extraer algún beneficio económico, a modo de mínima compensación por los cuantiosos perjuicios que les ocasionó la Guerra.

IMG_1196El ejemplar de las fotografías fue ‘reciclado’ como recipiente para flores, a modo de jarrón, sin requerir mucho esfuerzo, pues solo precisó de una buena limpieza por parte de mi madre. Desconozco sus características técnicas –antes he hablado de ‘bala de obús’ por decir algo, pero mis conocimientos de artillería, y en general de armamentística, son absolutamente nulos– y solo me interesa el destino no destructor y ornamental que le dio mi madre a esta herramienta originariamente bélica. Lo mismo hicieron otras personas, pues he visto ‘floreros’ semejantes en otras casas. Así, un objeto destinado a la muerte y a la destrucción, quedó convertido en un recipiente para flores: su mejor y más adecuado uso: de lo feo a lo bello, de lo malo a lo bueno. Recuerda este reciclaje el gesto de los soldados portugueses en la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974, que introducían un clavel en el cañón de sus fusiles para mostrar de este modo su decisión de no utilizarlos. La diferencia es que aquellos fusiles, cuando el clavel se marchitó, estuvieron dispuestos otra vez para su finalidad bélica, aunque, eso sí, ya no bajo el control de un dictador. Estos casquillos, no: quedaron destinados a ser floreros para siempre. Al final, es el sano sentido común del pueblo llano quien da el uso más apropiado a las armas. «De las espadas forjarán arados; de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra» (Isaías, capítulo 2). El deseo ardiente de la humanidad.

Decía el político y periodista francés Georges Clemenceau que «la guerra es un asunto demasiado serio para dejarla en manos de los militares». Pienso que habría que añadir, después de ‘militares’, ‘gobernantes, políticos y fabricantes de armas’. Es decir, no habría que dejar la decisión de iniciar una guerra en manos de los que activan la contienda, de algún modo se lucran de ella económicamente –o hinchando su ego–, y la dirigen en todo momento a salvo de los disparos, desde lejos de los campos de batalla.

En la zarzuela, que se desarrolla en Aragón, «Gigantes y cabezudos», el coro de mujeres canta esta popular jota, que sin duda habrán escuchado alguna vez (Si la desconocen o no la recuerdan, la pueden localizar con facilidad en internet): «Si las mujeres mandasen,/ en vez de mandar los hombres,/ serían balsas de aceite/ los pueblos y las naciones». Dejando la cuestión sobre las diferencias en agresividad entre «las mujeres» y «los hombres» a los especialistas en Psicología del Género, esta jota refleja la opinión que sobre las guerras tienen quienes salen más perjudicados por ellas. Es el punto de vista de las madres que pierden a sus hijos, pero también de los hijos que mueren o quedan malheridos, de los que pierden a su pareja, de los que ven destruidas sus casas, profanados sus campos y sufren el hambre, la miseria… y todo el cortejo de calamidades que siembran las contiendas; en especial la extensión y multiplicación del odio y del rencor.

Las decisiones sobre iniciar o no una guerra deberían ser tomadas por las personas que la van a sufrir y por todas las personas que tienen, de verdad, el corazón limpio de odio, de rencor y de resentimiento: las personas buenas ‘en el buen sentido de la palabra’. De este modo, como dice la jota, «serían balsas de aceite los pueblos y las naciones». Eso, balsas tranquilas de ese excelente aceite que se produce estos días en estas queridas tierras del Bajo Aragón.

IMG_1197Precisamente, en la fotografía, para mí central del presente artículo (a la izquierda), este objeto bélico sirve para contener y mostrar un ramo de olivo, de ese árbol símbolo de la paz y de la inmortalidad. El ramo procede de un olivo pluricentenario, cultivado en La Codoñera por mis antepasados (abuelos, bisabuelos,…), por mis tíos y primos, así como por los trabajadores que han colaborado con mi familia. El jugo de la fruta del olivo, el aceite de color de oro, cumple, además de la función alimenticia, la de lubricante y suavizador, a la vez que se extiende de forma persistente (‘como una mancha de aceite’) y penetra por las articulaciones y engranajes más ásperos. Este bálsamo de suavidad y persistencia hace que todo funcione con suavidad y armonía. ¡Buen modelo y ejemplo para nosotros! Como nota curiosa, el pañito blanco sobre el que reposa este peculiar florero lo tejió mi madre en Tudela hace varias décadas. El ‘florero’ se ha quedado en La Codoñera con las flores artificiales de la fotografía (el campo no nos ofrece ahora el colorido de la primavera), mientras que el ramo de olivo lo deposité ayer por la sobre la tumba de mis padres y de mi hermano en el cementerio de Tudela.

El recuerdo de la Jornada Mundial por la Paz, que celebramos el primer día del nuevo año –cada día del año deberían ser una Jornada Mundial por la Paz–, es una ocasión propicia para activar la tareas de limpieza de nuestro corazón de todo rastro de odio, resentimiento y rencor, origen de todas las guerras y conflictos. Porque, junto a las guerras de los militares, hay otras pequeñas –a veces no tan pequeñas– guerras, tensiones y conflictos en el ámbito familiar, laboral y social. El corazón humano no está hecho para el odio, sino para la concordia y el amor. El reconocimiento de los derechos humanos, el considerar a los demás como iguales y no como inferiores, la extinción del deseo de dominar al otro, así como el acercamiento y el diálogo, es la vía acertada –no ausente de escollos y dificultades– para llegar a la base firme de amor, concordia y solidaridad, materia fundamental, aunque a veces ocultada, del corazón humano. ¡Feliz Año Nuevo!

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Emociones de la Navidad

Mi artículo sobre las emociones en la Navidad que publicó el diario El Correo en su edición de 31 de diciembre lo encontraréis en un archivo de formato PDF a través del siguiente enlace: Q__ELCORREO_2014_12_31_VIZ036

¡Feliz Año Nuevo!

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¡Feliz año 2015!

Feliz año 2015 D

Os deseo de todo corazón un feliz año 2015, en el que se cumplan vuestros mejores deseos y aumente vuestra paz interior y con los demás. ¡Feliz Año Nuevo!

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El REGALO DIARIO DEL SOL

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El Sol se acaba de poner en el horizonte de La Codoñera, hoy, domingo 28 de diciembre. Al retirarse a descansar, el Sol nos deja, con la ayuda de las nubes, una estela de colores, diferente cada día y cambiante cada minuto. Hermoso espectáculo, para verlo, o mejor, para contemplarlo directamente, pues la cámara o el pincel solo nos dan una pálida imagen de este bello y cotidiano regalo del Sol. Terapia de serenidad y paz interior. ¡Buenas noches y buen descanso!

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Entrevista en la Cadena SER sobre la memoria

Durante estos dos últimos meses he dado varias conferencias (Santander, Irún, Madrid y Vitoria) sobre el conocimiento y práctica de la memoria, tema de mi último libro («La memoria. Guía para su conocimiento y práctica». Ediciones Mensajero, 2014). Con motivo este motivo me entrevistaron varios medios. Acabo de encontrar el enlace de la entrevista que me hizo Aloña Velasco, en la Cadena Ser, el día 14 de este mes. Dura unos 10 minutos.

Durante los dos próximos meses os presentaré alguna más y trataré de publicar un listado completo de las entrevistas, a ser posible con sus enlaces, en la sección de «En los Medios» de este blog.

Este es el enlace a la entrevista de Cadena SER:

http://play.cadenaser.com/audio/000WB0136820141214161431/enrique-pallares/

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