¿Es mortal para el amor una relación larga?

Dedico esta entrada a mis queridos amigos José y María Luisa, que hoy celebran ─celebramos─ en Bilbao sus cincuenta años de matrimonio (Madrid, 28 de septiembre de 1961)

Mi afectuosa felicitación.

 «Las personas deberían estar siempre enamoradas. Por eso, nunca se deberían casar» (Oscar Wilde). La psicología actual, sobre todo la psicología positiva, ha comprobado y destacado los beneficios del amor para la salud mental y el bienestar personal; por lo que apoyaría la primera parte de la cita de Oscar Wilde. Pero está menos de acuerdo con la segunda parte. El matrimonio, o la prolongación y estabilidad de una relación no mata necesariamente el amor. El amor, incluso el amor romántico, puede sobrevivir a una larga relación como es la del matrimonio.

Un revisión de 25 estudios sobre esta cuestión, que incluyen más de seis mil sujetos, realizada por los especialistas en la psicología del amor Bianca Azevedo y Arthur Aron, publicada en Review of General Psychology (2009), concluye que el amor, incluso con sus características de intensidad e interés sexual, puede permanecer durante mucho tiempo y de forma semejante a como se experimentaba al comienzo, salvo en que ya no presenta la característica de obsesivo, como es frecuente al comienzo. Es decir, el amor no tiene que derivar de forma inevitable en solo amistad, o en una mera convivencia cuando no existen otras alternativas viables a una situación de estancamiento. Es más, esta pervivencia del amor a lo largo del tiempo está asociada a una mayor sensación de bienestar personal.

Resulta ampliamente conocido el modelo explicativo del amor propuesto por Robert J. Sternberg, profesor de la Universidad de Yale, que utiliza para comprenderlo en su totalidad la imagen de un triángulo, en el que cada uno de los tres vértices representa uno de los tres componentes del amor: pasión, intimidad y decisión/compromiso. Por supuesto, a lo largo de la relación y de los años suele prevalecer o estar más desarrollado uno u otro de los tres. El componente decisión/compromiso se refiere, a corto plazo, a la decisión de amar a la otra persona y, a largo plazo, al compromiso de mantener en el futuro la relación, de ser siempre fiel y hacer crecer el amor. Este componente es muy importante, pues es el «guardián» de la relación y resulta esencial para que el amor siga vivo, incluso en los tiempos difíciles. Por otra parte, es el componente sobre el que más control se puede ejercer. Suprimir la decisión/compromiso es privar al amor de la fuerza que lo mantiene vivo, tanto en las circunstancias fáciles como en las difíciles.

Los psicólogos evolucionistas Lorne Campbell y Bruce J. Ellis, al igual que David Buss, muestran que la estabilidad y continuidad de la relación responde a lo que ellos llaman una presión evolutiva. La invalidez en que nace el ser humano y sus grandes potencialidades exigen para su desarrollo integral unos cuidados constantes y esmerados tanto de la madre como del padre, que resultan más eficaces con su prolongada convivencia y armonía. La duración de la relación de la pareja favorecería la superviviencia de la cría humana y su maduración como ser humano.

Las estadísticas de divorcios, rupturas e infidelidades no parecen apoyar todo lo dicho. Con todo, es necesario recordar que los autores que hemos citado afirman solamente que el amor puede o debería mantenerse a lo largo del tiempo –en muchos casos, menos visibles para los medios de comunicación, como así ocurre– y no tratan de reflejar la situación sociológica actual. También Elaine Hatfield, psicóloga especialista en el amor, y sus colegas constatan, en un reciente estudio, los efectos erosivos del tiempo sobre el amor. Son varias y complejas las fuerzas que actúan contra la continuidad de la relación. A pesar de todo, es posible hacer durar el amor, y muchas o la mayoría de las parejas así se lo proponen y desean al comenzar la relación. Considero que no conviene que nos acostumbremos a tomar la ruptura como modelo o como lo normal, pues es deseable y posible la estabilidad. Es mejor que el divorcio o la separación sigan siendo noticia, es decir, excepción. Pero la continuidad de la relación no es algo que viene dado con el primer «sí», sino que es una tarea a realizar. Una tarea no siempre fácil, no solo de uno sino de los dos, y una tarea para todos los días, para cada día y cada momento.

El citado profesor Robert J. Sternberg propone otra concepción del amor, complementaria de su primer modelo, esta vez como una historia o narración, que cada uno elabora y que a la vez guía su modo de experimentar la relación. Cada miembro de la pareja vive su relación de acuerdo con una o varias historias, aunque Sternberg solo desarrolla en su libro (Love is a story) las veinticinco que considera más frecuentes. Una de ellas es la del jardín, en la que el jardinero cultiva con esmero las plantas y los árboles. Cada miembro de la pareja sería a la vez jardinero y planta, el que imparte los cuidados y el que los recibe. Cuidados que son la comunicación fluida, la comprensión, apertura y honestidad, confianza, sensibilidad, empatía, practicar el perdón, acentuar lo positivo, moderada idealización, etc. Todo ellos a partir de una escala de valores en que prevalezcan los humanos y sociales sobre los hedonistas y egoistas.

Los párrafos anteriores forman parte de uno de los capítulos del libro que estoy preparando sobre psicología del amor, que espero publicar en el primer semestre del año 2012.

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