¿Está sumido el hipnotizado en un sueño profundo?

«Siente usted el peso de sus párpados… cada vez le pesan más… más… necesita cerrarlos… Entra usted en un sueño profundo,… cada vez más profundo…»… «Y ahora, va a despertar…». En las películas, novelas, sobre algún escenario o en algunos programas de televisión hemos escuchado estas, o parecidas palabras, que un hipnotizador dirige a un sujeto que, sentado o de pié, comienza a quedarse traspuesto. Estas escenas que corresponden más a la versión popular de la hipnosis –o a la hipnosis espectáculo–, junto con la etimología de la palabra hipnosis (del griego hypnos, sueño), inducen a pensar que la hipnosis es un estado de conciencia equivalente al sueño.

Pero el hipnotizado no está dormido, está concentrado en las palabras que le dirige el hipnotizador y es consciente del momento y circunstancias en que ocurre esa experiencia. El trazado electroencefalográfico, es decir, el registro de la actividad eléctrica cerebral, durante la hipnosis no es el mismo que el del sueño. Está despierto, muy despierto.

La palabra «hipnosis» fue utilizada por primera vez en 1843 por el cirujano  de Manchester James Braid, quien inventó esté término para no utilizar el de magnetismo. Fue a finales del siglo XVIII cuando la hipnosis, con el nombre de magnetismo animal o mesmerismo, se puso de moda en varios lugares de Europa, sobre todo en París. Pero tampoco fue Mesmer su inventor, pues consta que ya se practicaba en algunas civilizaciones de la antigüedad. El nombre de mesmerismo se debe a Franz Anton Mesmer (1734-1815), un médico alemán que creía en la existencia de un fluido sutil que impregnaba el universo, incluyendo el cuerpo humano. Según él, la causa de las enfermedades era un desequilibrio en la distribución de este fluido y su terapia consistía la reequilibración, que realizaba con un llamativo ceremonial, vestido con una capa y otros ornamentos. Con sus «pases» o imposición de manos sobre el enfermo y la utilización de cubas con agua magnetizada, barras y otros instrumentos transmitía la energía reequlibradora, y a veces conseguía resultados espectaculares. Logró entusiasmar y poner en vilo a la ciudad de París durante varios años.

La comisión nombrada por el rey Luis XVI, presidida por el famoso científico Benjamín Franklin, embajador de los Estados Unidos en Francia, y en la que también participaban el químico Roy Antoine-Laurent de Lavoisier y Joseph-Ignace Guillotin, concluyó que los fenómenos y resultados del magnetismo animal eran debidos en su mayor parte a la imaginación del paciente. A pesar de que la teoría del magnetismo animal y las técnicas concretas de Mesmer quedaron en gran parte desacreditadas, el interés por utilizar la hipnosis como método terapéutico continuó.

El Marqués de Puységur (1751-1825) dio un paso importante respecto al mesmerismo al descubrir el llamado trance hipnótico, muy diferente a las convulsiones y otras manifestaciones hasta entonces habituales. Al magenetizar o hipnotizar a uno de sus criados, observó  en él un estado semejante en apariencia al sueño, al que dio el nombre de sonambulismo artificial. Utilizada la hipnosis como técnica terapéutica a partir del siglo XIX, estuvo asociada a nombres ilustres como August Ambrose Liebaut (1823-1904), o el eminente neurólogo Jean-Martin Charcot (1825-1893). El mismo Sigmund Freud quedó sorprendido ante las demostraciones de Charcot en el Hospital de la Salpêtrière y también al principio aplicó la hipnosis, aunque pronto la abandonó. Fue a partir de la segunda década del siglo XX cuando Clark Leonard Hull, profesor de psicología experimental de la Universidad de Wisconsin, comenzó a estudiar la hipnosis científicamente por medio de experimentos controlados. Años después, Ernest Hilgard y sus colaboradores inauguraron en la Universidad de Stanford un laboratorio para el estudio científico de la hipnosis.

En la actualidad convive una tradición y práctica popular de la hipnosis con otra que promueve la investigación y práctica científica rigurosa. Existen institutos universitarios y sociedades científicas y se celebran congresos dedicados al estudio científico de la hipnosis o a la formación de los profesionales especialistas. Además, junto a un importante número de libros científicos sobre el tema, existen también varias publicaciones periódicas, como Contemporary Hypnosis, International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis. European Journal of Clinical Hypnosis, American Journal of Clinical Hypnosis, etc.

Se han propuesto varias explicaciones de la hipnosis. La teoría de la disociación –o de la neodisociación para Ernest Hilgard–, siguiendo al psicólogo francés Pierre Janet (1859-1947), afirma que algunas funciones de la mente se pueden disociar o des-agregar del resto del psiquismo y funcionar de forma autónoma. Esto es lo que ocurriría durante la hipnosis. Aunque le resulte a usted extraño, la disociación es una experiencia común, por supuesto en menor grado. Sin duda, usted habrá conducido su automóvil mientras mantenía una interesante conversación, ajena a la conducción, con el copiloto. Es como si su mente o psiquismo estuviera dividido en dos: conductor y conversador. Es capaz de prestar atención simultáneamente a la conducción y a la conversación. Esta disociación, si se la puede llamar así, es muy leve y frágil, pues si percibe un obstáculo no habitual en la carretera, con toda seguridad dejará de prestar atención a la conversación y se centrará en el control del automóvil; o si en la conversación su copiloto le dice, de repente, que le van a despedir a usted de su trabajo, intentará aparcar, o tendrá un grave accidente, pues le resultará muy difícil o imposible prestar atención a la conducción. En la hipnosis se produciría un estado de disociación de mucha mayor profundidad que el que ocurre en este ejemplo o en otros semejantes. En razón de esa disociación, es posible durante la hipnosis mantener la mano sumergida en un cubo con agua a cuatro grados sin experimentar dolor. Es como si dentro de la persona existiera un «espectador oculto» capaz de experimentar esa sensación de una manera desapasionada, sintiendo la sensación del agua, pero no el dolor.  

Otra explicación de la hipnosis es la llamada de la representación de roles o papeles o teoría sociocognitivo de la hipnosis. Según esta explicación el hipnotizado actúa tal como se espera que actúe, es decir, de acuerdo con las expectativas que existen en nuestra sociedad respecto al rol o papel de hipnotizado. Hace suyas esas expectativas y cogniciones sociales sobre la hipnosis y actúa en consecuencia. Los que asistieron a mis clases de Psicología Básica recordarán que, antes de explicarles esta teoría, con gran sorpresa de todos o de la mayoría, le ordenaba a uno de los alumnos que tomase la carpeta y los libros de otro compañero, los dejase en la última mesa del aula y volviese a su sitio; a otro que viniera a darme la mano y me entregase una hoja de papel en blanco; a otro que abriese y cerrase la puerta del aula, para comprobar si había alguien fuera. Todos ejecutaban mis órdenes de forma literal. Por supuesto, no estaban hipnotizados; simplemente, actuaban como se espera que actúe un alumno, pensando tal vez que «por algo lo hará el profesor» o «como alumno tengo que hacer lo que me dice el profesor». La verdad es que me limité a dar órdenes muy poco comprometidas, y que esto ocurría en los comienzos del curso y de su carrera. Del hipnotizado se espera, también, que se comporte como hipnotizado, y eso es lo que hace. Nada más.

Dos explicaciones de la hipnosis, pues, con dos visiones muy diferentes respecto a la misma. La primera, sin defender su equivalencia con el sueño, afirma que la hipnosis es un estado alterado de conciencia. La segunda pone en continuidad la hipnosis con lo que ocurre en las relaciones sociales de la vida diaria y no considera oportuno hablar de estado de conciencia alterado. La polémica continúa.

Todo lo relacionado con la hipnosis resulta interesante o fascinante para muchas personas. Quedan en los párrafos precedentes varias cuestiones abiertas y pendientes. Dejo para futuras entradas el desarrollo de algunas de esas cuestiones, como son la del grado en que el hipnotizador puede controlar la conducta del hipnotizado, los métodos de inducción hipnótica, si todas las personas son igualmente hipnotizables, hipnosis y memoria y aplicaciones de la hipnosis.

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4 respuestas a ¿Está sumido el hipnotizado en un sueño profundo?

  1. MdeGorosabel dijo:

    Interesante exposición
    Me queda una pregunta:
    Hay que tener poderes especiales para hipnotizar o se trata de un puro protocolo
    que puede seguir cualquiera con la colaboración del paciente?

    • Su pregunta me parece muy oportuna. Pienso que no hay que tener poderes especiales, pero sí, una buena formación psicológica, así como los conocimientos y el entrenamiento adecuado en hipnosis clínica. Considero que la hipnosis no es un entretenimiento. Algunos de los fenómenos que se relacionan con la hipnosis se pueden provocar también sin hipnosis. Desde este punto de vista, hay que personas que pueden influir sobre otras de forma llamativa. Muchas gracias por su pregunta. La tendré en cuenta en las futuras entradas que traten de la hipnosis. Trataré, por ejemplo, el grado en que las personas son susceptibles a la hipnosis.

  2. MdeGorosabel dijo:

    Interesante.Gracias.
    Tal vez conozca Vd. la serie televisiva ‘el mentalista’
    En caso contrario le recomíendo vea algún capítulo
    Seguro que le da pie a algún jugoso comentario
    Si lo desea puedo dejarle unos Dvds en su consulta en UD.

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