10 de octubre: Día Mundial de la Salud Mental

La Organización Mundial de la Salud nos recuerda el diez de octubre de cada año algo que para muchas personas y para sus familias –los afectados por los trastornos mentales– es una penosa y a veces trágica realidad; y no un día, sino todos los días del año. (¿Solo nos acordamos de la salud cuando nos falta?). Es esta, pues, un fecha adecuada para sensibilizarnos, para sensibilizar nuestra mente y nuestro corazón con la realidad de las personas que sufren algún tipo de trastorno psíquico, a la vez que para tomar la decisión de prolongar y desarrollar esta actitud de interés en el futuro.

Los porcentajes de personas afectadas por los trastornos mentales son muy elevados, tanto los que se refieren a la prevalencia de los trastornos, como los que recogen la información de las personas que no reciben la asistencia adecuada. Pero los fríos datos de las estadísticas, a pesar de ser alarmantes, no muestran el rostro de las personas concretas que los sufren. Porque los trastornos mentales siempre implican sufrimiento y malestar, o reducción del bienestar; para la persona afectada, su entorno familiar, o para ambos. Conviene empezar por recordar que las personas con estos problemas no son de distinta naturaleza ni cualitativamente diferentes que los que oficialmente no los padecen. Tal vez la aportación más importante de la psicopatología contemporánea ha sido mostrar la continuidad entre lo que llamamos normalidad psicológica y la anormalidad o patología mental. Una convergencia de factores psicológicos, sociales y biológicos, con diferentes proporciones en cada tipo de trastorno y en cada caso, han conducido a su manifestación. En unas personas, la acumulación de factores que predisponen a los trastornos (vulnerabilidad) o el acontecimiento activador han llegado al grado que ha hecho que aparezca el trastorno; en otros, no. Se trata, pues, más de diferencias cuantitativas o de grado que cualitativas o de naturaleza.

Las etiquetas utilizadas en los diagnósticos –esquizofrenia, trastorno bipolar, etc.– necesarias posiblemente para el progreso de la psicopatología y de los tratamientos, nunca deben servir para difuminar o igualar lo peculiar y propio de cada uno de los sujetos a los que se les aplica. Es más, podríamos aplicar aquí uno de los principios de la medicina psicosomática: es más importante conocer bien a la persona que tiene la enfermedad que la enfermedad que tiene la persona. Es más importante, pues, ver el mundo variado, complejo y dinámico de cada una de estas personas, que limitarnos a la generalizadora etiqueta, fruto en parte de la pereza mental, que llega al máximo cuando se limita al acrónimo: «Es un TOC» (Trastorno obsesivo-compulsivo).

Hace unos años disfruté con la lectura del libro Concierto para instrumentos desafinados, de Juan Antonio Vallejo-Nágera. La visión profundamente humana de este conocido psiquiatra descubría la riqueza que escondían los enfermos tratados por él, que podían llegar a producir un bello concierto a pesar de no estar bien afinados. Me gusto, sobre todo, la empatía cariñosa del profesor Vallejo-Nágera con estas personas, el hecho de que sabía adentrarse en el alma de cada uno de los que trataba. Es el saber meterse en la piel del otro o, como dicen algunos, en los zapatos del otro; saber ver desde dentro de la experiencia del otro, sin realizar juicios fáciles y superficiales. Saber adoptar la perspectiva del otro es signo,  a su vez, de madurez, por lo que supone de superación del egocentrismo infantil.

En este día, 10 de octubre, ante todo, pues, comprensión hacia las personas con algún tipo de padecimiento psíquico. Comprensión que requiere información, con el fin de neutralizar los errores e inexactitudes sobre la salud mental y los trastornos mentales que, aunque ampliamente difundidos, generan prejuicios y discriminación, que se suman al sufrimiento de estas personas, e incluso lo provocan. La cercanía a la experiencia diaria de las manifestaciones de problemas psíquicos, lleva con frecuencia a pensar o afirmar, por ejemplo, que «se comporta así porque le da la gana», o a apelar con facilidad a la herencia genética que, sin negar su importancia –de diferente grado en cada problema–, se puede confundir su influencia con la que procede del ambiente, sobre todo con el ambiente temprano.  

El lema del Día Mundial para la Salud Mental para este año es «Invirtamos en salud mental». Malos tiempos corren –de la crisis y sus fantasmas–, para solicitar un aumento en las partidas presupuestarias destinadas a la salud mental, cuando los medios nos informan de los recortes en la sanidad corporal. Por lo menos, habría que ser consecuentes con la prioridad que se debe conceder al bienestar integral de la persona, y evitar así que la salud mental sea el pariente pobre de la sanidad. Estamos en día Mundial, y los sucesivos informes de OMS nos acercan la realidad de muchos países en que estos trastornos ni siquiera son tenidos en cuenta, o no pueden beneficiarse de las terapias y fármacos adecuados para su tratamiento.

Más allá de las decisiones de los gobernantes, nosotros, los ciudadanos de a pie, también podemos realizar inversiones en salud mental. La Organización Mundial de la Salud, al constituirse en 1946, definió la salud como «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Al citar esta definición, un comunicado reciente de la misma OMS subraya –y sospecho que con orgullo, a la vez que con afán de precisión– que esta definición de salud no ha sido modificada desde 1948, año en que entró en vigor.     

Esta definición muestra que es necesario ir más allá –sin saltarse el «más acá»– del tratamiento para detener el proceso patológico o la intervención para reducir sus consecuencias, y se adentra en el panorama de la prevención primaria. Esta prevención radical, que actúa sobre las raíces de los factores que generan estos problemas para impedir que aparezcan, no solo es tarea de cada uno, sino de toda la sociedad; pero no solo de la sociedad en abstracto, sino de cada uno de nosotros en concreto. Todos podemos hacer algo, poner nuestro grano o granito de arena para promover la salud mental. Nuestra conducta en la familia, trabajo, ocio o en la misma calle, influye positiva o negativamente en el bienestar de los demás. Una frase o sonrisa amable, sobre todo en el momento oportuno, puede aliviar el dolor y el malestar de una persona. Podemos contagiar malestar, pero también bienestar; podemos contagiar crispación pero también distensión y armonía. Con nuestro modo de actuar y, sobre todo, con nuestro modo de ser, podemos ser difusores de la salud mental. Pero, para contagiar salud mental, primero o simultáneamente, dejarnos contagiar nosotros mismos por la salud. Convendría, pues, que sin llegar a actitudes narcisistas o de excesiva autocontemplación, cuidásemos también de nuestra propia salud mental. Cuidar de la propia salud mental es cuidar de de nuestra salud total y de la de los demás. Considero que pensar, sentir y actuar con la guía de los valores humanos y sociales sólidamente establecidos es promover la salud mental.

Todo esto puede parecer utópico, pero no es una pura quimera ni un devaneo al hilo de la oportunidad de este día. Los fines nos atraen. Como afirmaba Alfred Adler, cuyo nombre ocupa un lugar muy destacado en la historia de los esfuerzos en pro de la salud mental, más que el pasado, son los fines los que mueven al hombre. Él hablaba de finalismo ficcional, es decir, de fines nobles como es una humanidad fraterna que, aunque ficticios por cuanto todavía no son realidad en este momento, mueven y dan sentido a la acción del hombre para conseguirlos. Y al caminar hacia ellos el hombre consigue poco a poco la auténtica salud mental. Para terminar, recordemos, una vez más: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».

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2 respuestas a 10 de octubre: Día Mundial de la Salud Mental

  1. Anónimo dijo:

    Mensaje para rumiarse con detenimiento.
    Como la vida misma.

  2. ALEX SALAZAR dijo:

    Me parece muy importante que le esten dando un puesto importante y claro respecto al problema de la salud mental, ya que cada dia encontramos mas y mas personas con dichos trastornos.

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