Las siete (y más) inteligencias

Hoy, viernes 21, a la tarde 18,30 h., Howard Gardner, junto con otros galardonados, recibe en el teatro Campoamor de Oviedo el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

Howard Gardner es un psicólogo americano, nacido en 1943 en el Estado de Pensilvania y profesor de la Universidad de Harvard. Conocido por sus libros, artículos y conferencias sobre psicología y educación, varias de ellas traducidas al español, se le asocia sobre todo a la teoría de las múltiples inteligencias, que es el aspecto de su obra al que me voy a referir en esta entrada.

La palabra «inteligencia» la asociamos generalmente al singular: «La» inteligencia. Sin embargo, ya desde la teoría bifactorial de la inteligencia. propuesta en 1927 por el psicólogo inglés Charles E. Spearman , y sobre todo tras la aportación del psicólogo e ingeniero americano Louis Thurstone, se vio que la inteligencia no era una entidad monolítica y homogénea, sino que podían considerarse en ella varias capacidades, aptitudes o factores. Con la ayuda del análisis factorial, una compleja técnica matemática de uso frecuente en psicología y ciencias sociales, se han ofrecido varias soluciones, propuestas o modelos diferentes sobre la composición y organización de las aptitudes intelectuales.

La postura de Howard Gardner, sin embargo, va más allá. En su teoría de las múltiples inteligencias afirma que, en realidad, no existe una inteligencia sino varias inteligencias, independientes entre sí. Pero, a pesar de que cada una de estas inteligencias funciona como un sistema separado, pueden interactuar entre sí y armonizarse para producir nuestras diferentes actividades. Gardner afirma, en su primera obra (Frames of mind: The theory of Multiple Intelligences, 1983) que, como mínimo, existen estas siete inteligencias: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal-cinestésica (destreza en los ejercicios corporales), interpersonal (conocimiento de los demás), intrapersonal (conocimiento propio). Posteriormente, añadió la naturalista, y estudia la posibilidad de incluir también una inteligencia existencial y otra inteligencia moral. Veamos una brevísima descripción de cada una de estas inteligencias:

Lingüística. Es la habilidad para el reconocimiento de las palabras, así como de las estructuras y diferentes usos del lenguaje. Queda reflejada en tareas como leer un libro, escribir un poema, comprender un mensaje oral  y, en general, en la función del lenguaje. Guarda relación sobre todo con las profesiones de periodista, abogado, novelista, poeta, etc. Pero resulta muy importante también para el funcionamiento y adaptación general del sujeto, sobre todo en las sociedades en que se acentúa la importancia de lo lingüístico.

Espacial. La inteligencia espacial es la que se utiliza para captar con precisión las relaciones en el espacio de dos y tres dimensiones, así como para imaginar o reproducir aspectos de esta experiencia visual, cuando el estímulo físico no está presente. Queda reflejada en actividades como comprender un plano o aprovechar bien un espacio. Guarda relación sobre todo, con las profesiones de arquitecto, ingeniero, bellas artes, cartógrafo, etc.

Lógico-matemática. Esta inteligencia se refiere a la habilidad para comprender los sistemas de símbolos abstractos y operar con ellos. Está también estrechamente relacionada con la capacidad para pensar lógica y sistemáticamente al evaluar las ideas propias. Se pone en práctica al solucionar problemas de matemáticas, razonar lógicamente, resolver cálculos, etc. Se ejercita de modo especial en las profesiones de matemático y científico.

Musical. La inteligencia musical es la capacidad y sensibilidad para diferenciar tonos, melodías y, en general, los diferentes sonidos. Es también la habilidad para combinar tonos y frases musicales en ritmos más amplios, así como para comprender los aspectos afectivos de la música. Está directa y estrechamente relacionada con las profesiones de músico, compositor o crítico musical, pero también con el ser aficionado a la música, etc.

Corporal-cinestésica. Esta inteligencia consiste en la habilidad para usar con destreza el propio cuerpo, con el fin de expresarse a sí mismo o de alcanzar determinados objetivos (remar). La coordinación exacta de movimientos resulta fundamental en algunas actividades y tareas, pero forma parte de muchas de nuestras acciones cotidianas. Es también la habilidad para manejar objetos con destreza. Profesiones en las que juega un papel fundamental esta inteligencia: atleta, bailarín, esgrima, etc.

Interpersonal. Como sugiere la palabra, la inteligencia interpersonal se refiere a la habilidad para percibir y responder adecuadamente los diferentes estados de ánimo, temperamentos, motivos e intenciones de las demás personas. Dos profesiones en que se pone en juego de modos especial esta inteligencia: relaciones públicas y psicólogo. Pero todos la ejercemos de modo continuo en nuestras relaciones con los demás.

Intrapersonal. Habilidad o sensibilidad para percibir los propios estados de ánimo, para reconocer los propios puntos fuertes y los puntos débiles, nuestros cambios de estado de ánimo, nuestras emociones, lo que nos influye positiva y negativamente. Capacidad también para utilizar la información que proviene de nosotros mismos para actuar adaptativamente. Resulta muy importante para el ajuste y bienestar, así como para el crecimiento personal.

Naturalista. Capacidad de los seres humanos para reconocer y comprender determinadas características del ambiente natural. Más concretamente, habilidad para distinguir entre los diferentes seres vivos (plantas, animales). Es también la sensibilidad hacia las  características y fenómenos del mundo natural (océanos, lluvia, montañas). Esta habilidad resultó vital en los tiempos primitivos, y todavía resulta hoy importante para el agricultor o para el botánico. Resulta ahora también importante y vital desarrollarla, sobre todo para no destruir la naturaleza y en su lugar saber captar la riqueza que nos brinda para el bienestar personal.

Inteligencia existencial. Es la capacidad para ver y considerar los acontecimientos y la realidad más allá de lo que nos muestran los sentidos. Es la capacidad para plantearse y tratar las últimas cuestiones, como el sentido de la vida, la muerte, etc. Advierte Gardner que todavía no encuentra evidencia empírica para considerar la inteligencia existencial como la novena inteligencia.

Algunas de estas inteligencias tienen su equivalente en las teorías clásicas o factorialistas, mientras que otras ─las seis últimas─ son nuevas como tipos de inteligencia. En cualquier caso, las conclusiones de Gardner no son resultado del análisis factorial, sino de una consideración mucho más amplia de la naturaleza del hombre y de su evolución, incluyendo la información que proviene del estudio del cerebro humano. Gardner, como neuropsicólogo, considera que existen localizaciones cerebrales de cada una de estas inteligencias, pues así lo demuestra el efecto específico que tiene en las diferentes inteligencias la zona cerebral afectada por una lesión. Pero, el reconocer la existencia de esta base biológica no implica, ni mucho menos, que sea inútil el entrenamiento intenso de cada una de esas inteligencias, que tiene lugar en bastantes casos tras detectarse que el sujeto posee una dotación especial en esa inteligencia.

Una de las ventajas que advierte Gardner en su concepción de las  múltiples inteligencias es que se evita con ella el etnocentrismo y el sesgo cultural en que incurren la mayor parte de las otras teorías y concepciones de la inteligencia. Así, las culturas de influencia occidental conceden tal primacía a la inteligencia lingüística y a la lógico-matemática, que terminan por considerar que la inteligencia se reduce fundamentalmente –y se ha de medir y valorar– teniendo en cuenta casi exclusivamente esas variedades de inteligencia. Sin embargo, en las culturas en las que, por ejemplo, la navegación sin barcos a motor ocupa un puesto central, no resultarán tan importantes la inteligencia lógico-matemática ni la lingüística y, en cambio, concederán la primacía a la inteligencia espacial y a la corporal-cinestésica.

Para Gardner cada una de las inteligencias tiene valor propio, y es solo el contexto cultural el que atribuye más importancia a una que a otra. En general, una persona puede ser excepcional en un tipo de inteligencia y pobre en otra. A nadie se le oculta la importancia que en la vida tienen lo que Gardner denomina inteligencia intrapersonal, inteligencia interpersonal e inteligencia existencial, en muchos casos superior a la inteligencia lógico-abstracta o a la lingüística, que son las más valoradas en los contextos académicos. La conocida inteligencia emocional, expresión y concepto acuñado por Peter Salowey y John D. Mayer, aunque dado a conocer al gran público por Daniel Goleman, se inserta en el enfoque y sugerencias de Howard Gardner.

La insistencia de Gardner en la complejidad y heterogeneidad de la inteligencia, así como en el carácter social de este concepto, deja bien claro que la inteligencia no es una «cosa», un rasgo fijo como el color del pelo. El concepto «inteligencia» es un concepto construido socialmente y no una realidad independiente, como el uso de la expresión tan familiar «tengo un cociente intelectual de 120» puede equivocadamente hacernos creer.   

También indica Gardner que esta concepción de la inteligencia puede resultar interesante como base para detectar, ya desde temprana edad, a los niños con talentos especiales, con vistas a educarles adecuadamente. Las diferentes inteligencias se desarrollan a diferentes ritmos. Algunos compositores musicales, muestran ya su talento durante la niñez, mientras que la inteligencia lógico matemática suele manifestarse después. Esta teoría de Gardner ha tenido una repercusión imporante en algunos proyectos educativos innovadores.   

La teoría de las multiples inteligencias de Gardner también ha recibido varias críticas. Se ha hecho referencia a si está justificado o no agrupar bajo el nombre de inteligencia un conjunto tan heterogéneo de cualidades, como indican algunas de las inteligencias de Gardner. Los más críticos subrayan que al hablar de la inteligencia nos estamos refiriendo en realidad a las aptitudes mentales, donde no tendrían cabida algunas de las inteligencias que él propone.

Sandra Scarr anotó que sería maravillosa la propuesta de Gardner, si todas las sociedades fueran tan justas que el hecho de tener poco desarrollada una de estas inteligencias se pudiera compensar con una mayor habilidad en otra. En una sociedad en que todos deben tener una carrera universitaria, esto no resulta fácil. Tampoco parece que son tan independientes, como Gardner, afirma estas inteligencias entre sí, pues existen correlaciones importantes en algunos de los tests utilizados por él mismo, sobre todo entre la lingüística, espacial y lógico-matemática.

Estas, y otras críticas formuladas en la obra colectiva editada por Joe L. Kincheloe (Multiple Intelligences reconsidered), no empañan ni desmerecen la meritoria obra del galardonado hoy que, como hemos indicado, incluye otras sugerentes reflexiones sobre la educación y la sociedad futura, que vale la pena tener en cuenta.

¡Enhorabuena, Howard Gardner!

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2 respuestas a Las siete (y más) inteligencias

  1. Anonimous dijo:

    Excelente información.
    No es raro que cada cual se enquiste en su propia dimensión de inteligencia y pase por alto los demás.
    En el mundo empresarial y de gestión se hace un hincapié excepcional en los números. Lo que no es medible no sirve para nada, despreciando otras aproximaciones al concepto de dirigir.

    Nota:Ya nos hemos conectado a twitter que es una red social relativamente ‘ordenada’.

    • Muchas gracias. Aunque conozco muy poco el mundo empresarial y de gestión pienso que tiene que ser muy importante para moverse en él, además de la inteligencia que usted indica, la intrapersonal y la interpersonal. Además, tal vez alguna otra que Gardner no ha concretado (o no se atreve a concretar). Me parece importante destacar que la intrapersonal y la interpersonal no se cursan en ninguna universidad, pues a ellas se puede aplicar de forma especial el dicho de “quod natura no dat, Salmantica non praestat”.

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