Cultivar la autoestima de forma sana

El diario ABC, del día 17 de diembre de 2011, en el Suplemento de Salud, publicó este artículo mío. Es un breve esquema de la parte que en mi libro, del mismo título que esta entrada, dedico a la mejora de la autoestima. Lo podéis encontrar también en un archivo pdf de Adobe Acrobat, que es la página correspondiente del diario ABC escanead, haciendo clic en este enlace: Artículo ABC

Enrique Pallarés Molíns (*)

Aunque varios estudios han moderado el entusiasmo inicial, que consideraba la autoestima como un componente esencial de la salud mental y social, todavía tiene hoy un lugar importante. Pero, ¿solo se mantiene la autoestima con los éxitos y en circunstancias favorables? ¿Se hunde necesariamente con la adversidad? A pesar de la relación que espontáneamente establecemos entre autoestima y buenos resultados, la autoestima sana, fundada en valores sólidos y estables, puede sobrevivir –incluso fortalecerse– en los momentos difíciles.

La autoestima no es una característica fija ni un globo que se hincha y deshincha espontáneamente, sino que requiere un cultivo constante, para lo cual no existen fórmulas mágicas, sino algunas orientaciones. La primera, siguiendo a la profesora Jennifer Crocker, es no buscarla ansiosamente. Aquí no vale lo de «cuanto más alta mejor», pues es más importante la calidad que la cantidad. Mejorar la autoestima es, en realidad, desarrollarse y crecer como persona, que debe armonizarse y cooperar con los demás.

En segundo lugar, en la medida en que nos conozcamos mejor, nuestra estima también será mejor y ocupará el lugar que le corresponde. Evitemos al describirnos los adjetivos generales o abstractos, sobre todo los negativos, prefiramos la descripción a la valoración –una mirada lo más objetiva posible de nosotros mismos–, compensemos el lápiz rojo con el azul –evitemos el negro– y no tracemos un autorretrato estático («Soy así y no puedo cambiar»), sino que incluyamos siempre la posibilidad de mejorar.    

La autoestima resulta, en parte, de las comparaciones sociales, implícitas o explícitas. Miremos, pues, hacia arriba para superarnos, pero también hacia abajo para callar nuestras insatisfacciones y quejas. Lo mejor, sin embargo, es sustituir las comparaciones por la autoaceptación incondicional, que, lejos de impedir el cambio, lo estimula de forma sana y eficaz. Es aceptarse a sí mismo en los fracasos y en los éxitos, imitando a las madres, que aceptan incondicionalmente a sus hijos, sean gordos o flacos, inteligentes o menos inteligentes. Cada uno escucha la voz de una especie de consejero interior que le dicta lo que debe hacer y cómo se tiene que sentir. A los de baja autoestima les habla un crítico severo y tirano, que es necesario identificar, para luego moderar o silenciar. 

El perfeccionismo, con sus diferentes formas y manifestaciones, impide el desarrollo de la autoestima, además de ser un lastre para las buenas realizaciones. Su mejor antídoto es reconocer los propios errores y aprender de ellos.

William James, que fue quien utilizó por primera vez el término «autoestima», la concibió como el cociente entre logros y pretensiones. Según esta ecuación, se puede mejorar la autoestima aumentando el numerador (logros), pero también disminuyendo el denominador (pretensiones). Recordemos la voz de la sabiduría antigua: «No es pobre el que tiene poco, sino el que desea mucho».

Nuestros pensamientos generan nuestras emociones y acciones. El catastrofismo, la generalización excesiva, polarización («o soy bueno o soy malo»), etc. se traducen en sentimientos negativos hacia nosotros mismos. Sustituir estos pensamientos distorsionados por otros más correctos y funcionales es otra forma de cultivar la autoestima. Pero también hay que prestar atención a la memoria. Con el estado de ánimo bajo, sobre todo durante la depresión, el recuerdo se sesga hacia lo negativo y arrastra hacia abajo a la autoestima. Un contrapeso a esta tendencia es tener mentalmente muy accesible un conjunto de imágenes y experiencias positivas de nuestro pasado y apoyarnos en ellas. Además de esto, corrijamos del pasado lo que es posible para, después, perdonarnos de verdad.  

Finalmente, la autoestima sana no es un asunto puramente individual. No es mirarse al espejo y decirse «¡Soy el mejor!»; esto es narcisismo, una patología de la autoestima. Mi autoestima es inseparable de la de los demás, sobre todo en tiempo de crisis. Esto lo tienen bien en cuenta otras sociedades menos individualistas que la nuestra, donde la autoestima del individuo deriva de la del grupo. Convendría, pues, tener siempre presente que no hay autoestima auténtica si es contra los demás, a costa de los demás o al margen de los demás.

Enrique Pallarés Molíns es profesor de la Universidad de Deusto y autor del libro La autoestima: cómo cultivarla de forma sana (Ediciones Mensajero).

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2 respuestas a Cultivar la autoestima de forma sana

  1. Su cuestión daría de sí para un libro. Pero por algún especialista más competente que yo. Gracias por su comentario.

  2. ALMA FELIX dijo:

    MUY ACERTADO

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