«…Salud, dinero y amor»

Seguro que ha relacionado ya las tres palabras del título –«estas tres «cosas»– con la popular canción de Rodolfo Sciammarella: «Tres cosas hay la vida,…». El que las tenga, «que le dé gracias a Dios», porque es lo máximo a lo que se puede aspirar, porque el poseerlas equivale a ser feliz. «Salud, dinero y amor». Parece que ser rico, gozar de buena salud y vivir una relación de amor constituye la síntesis de todo lo deseable. Pero, ¿son de verdad «estas tres cosas» la clave de la felicidad, o el secreto para alcanzarla y mantenerla? La felicidad, o bienestar subjetivo, ha sido estudiada por psicólogos y sociólogos desde hace varias décadas. Entre otras cuestiones, han tratado de averiguar qué es lo que determina la felicidad y cómo se puede desarrollar y aumentar en las personas. En esta entrada me voy a referir brevemente a los tres factores a los que alude el título. ¿Qué importancia tiene para la felicidad los bienes materiales, la salud y el amor? ¿Son tan importantes como la opinión general, o casi general, les atribuye?

Comenzaremos por el dinero, por los bienes materiales. Para ser feliz es necesario un cierto nivel de bienes materiales. Por eso, hasta cierto punto, la felicidad se puede adquirir con dinero. Pero, más allá de ese nivel en que se han satisfecho las necesidades normales, el aumento de bienes materiales no produce un aumento duradero de la felicidad. Confirman esta afirmación los estudios realizados, por ejemplo, con los ganadores de lotería del estado de Illinois. En el momento de ganar el premio experimentaban un aumento de bienestar subjetivo y de la felicidad, pero, al poco tiempo, volvían al nivel anterior. La explicación principal de este efecto es la llamada adaptación hedónica o tendencia a habituarnos a lo bueno (también a lo malo), de modo que, aunque un logro o una meta material nos produce temporalmente un ascenso ─o un subidón─ en nuestra sensación de felicidad, la sensación subjetiva de bienestar termina por volver al nivel anterior, a la línea de base. Se ilustra este hecho con la imagen del hámster en su rueda o noria, que intenta escalar por su interior, pero, tras un ascenso, el mecanismo de la rueda le pone en su sitio, a la misma altura en que estaba antes del intento.  

La salud juega también un papel en la felicidad, pero no determinante. De hecho, la felicidad o sensación subjetiva de bienestar mantiene una correlación baja con la salud objetiva, es decir, con la salud cuantificada en las investigaciones por las visitas al médico, lista de síntomas, consultas médicas, fármacos prescritos, etc. La salud subjetiva o evaluación que una persona hace de su propia salud, presenta una correlación mayor con la felicidad, pero no muy grande. Así, las personas con parálisis por daño medular, en contra de lo que se puede esperar, solo puntúan un poco más bajo en los cuestionarios de felicidad que las personas sin daño medular. Algo parecido ocurre con otras enfermedades graves.

En cambio el amor y, en general, las relaciones sociales juegan un papel muy importante en la adquisición y mantenimiento de la felicidad. Las investigaciones realizadas coinciden en mostrar que las personas que consideran que tienen buenas relaciones sociales y con amigos –no solo en cantidad, sino en calidad– son también más felices que los insatisfechos con sus relaciones sociales o con los que no las tienen. Los resultados de varios estudios convergen en que las personas casadas, como grupo, experimentan mayor nivel de felicidad que los solteros, viudos o divorciados. Sin embargo, si el estar casado es uno de los factores demográficos que mejor predice el grado de felicidad de una persona, la causa de esa felicidad puede deberse también a que las personas más felices tienden a contraer matrimonio con mayor frecuencia que los menos felices.  

No se trata de aplicar literalmente el cuento del hombre feliz, sin camisa, ni de una invitación a que los pobres vivan resignados en su miseria. Más bien sería una reflexión para que al que le sobran bienes materiales se plantee el compartirlos con los que lo necesitan. A diferencia del amor y de las relaciones sociales, el dinero y la salud no influyen demasiado –o influyen mucho menos de lo que se piensa espontáneamente– en la adquisición y mantenimiento de la felicidad. Y continúa la popular canción: «El que tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide. La salud y la platita, que no la tire, que no la tire».

Algo de esto dije, entre otras cosas, en la conferencia que pronuncié el día 3 de este mes en la conferencia organizada por el Forum Larramendi de San Sebastián. Con mi agradecimiento a su director, Luis Manuel de la Encina, que me invitó e hizo la presentación, y al público que lleno el salón y acogió mi intervención con interés.

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2 respuestas a «…Salud, dinero y amor»

  1. Josemari Keynes dijo:

    Hay que recuperar el pasaje sobre el amor de San Pablo. Un estado/actitud que concentra todos los atributos positivos del alma humana.

  2. alberto dijo:

    Interesante. publique algo respecto al mismo tema. salud, dinero y amor. acepto comentarios

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