Una actitud más relajada ante la vida

En el capítulo 5 de mi libro Vivir con menos ansiedad: Manual práctico (*) describo varios métodos de relajación como el de respiración diafragmática, la relajación-meditación de Benson, relajación muscular progresiva y aplicada, etc. Pueden constituir una eficaz ayuda para manejar los problemas de ansiedad y otros problemas psicológicos, siempre que se apliquen de forma adecuada y constante. Termino este capítulo 5 con un apartado cuyo título y contenido es el de esta entrada.  

Sin una actitud general hacia la vida más relajada y tran­quila no sirven de mucho las técnicas y métodos anteriores. No se trata de tomar la vida y sus obligaciones a la ligera, sino de afrontar las tareas y los acontecimientos de la vida con más calma y perspectiva. Tal vez le ayude alguna o algunas de es­tas sugerencias:

Trate de mantener siempre una postura corporal relajada. Tanto en el trabajo como en el tiempo de ocio; tanto si está sentado como de pie o caminando. Evite tensar los músculos que no es necesario que estén tensados para la postura o ac­tividad que realiza. Por ejemplo, procure no llevar los hom­bros encogidos, no tense los músculos del rostro al realizar una acción con las manos, etc. Sin llegar a obsesionarse, revise mentalmente su cuerpo de vez en cuando para ver si mantiene en tensión músculos que no es necesario tensar, y permita que se relajen. Observe si eleva demasiado la voz, come muy rápido, etc.

Practique algún tipo de ejercicio físico. Como verá en el capítulo 15, la práctica habitual de ejercicio físico constituye una ayuda, de eficacia probada, para reducir las tensiones y promover la sensación de bienestar. Tenga en cuenta las orien­taciones que allí se proponen.

Incluya en su vida tiempos de descanso. Prevea y tome tiempos de descanso, sobre todo cuando se encuentre realmen­te agobiado y, especialmente, cuando considera que no puede perder ni un minuto. Tal como suena. Cuanto más convencido esté de que no puede tomar un descanso, más lo necesita, in­cluso para realizar bien esa actividad que juzga tan importante y considera que no le permite descansar. Continuar una tarea cansado y agobiado no es, en realidad, una buena inversión del tiempo. A veces es suficiente con descansos breves, pero otras veces son necesarios descansos de mayor duración. El criterio de la duración es que, al terminar el descanso, se en­cuentre relajado y con una actitud más positiva.

Evite y prevenga las prisas. Con prisas no se suelen realizar mejor las tareas ni, por lo general, son de verdad necesarias. Las prisas son muchas veces consecuencia de una falta de pla­nificación, de asumir excesivas tareas y responsabilidades, de un modo de ser perfeccionista, o de pura impaciencia.

No sea víctima de la improvisación, ni esclavo de la plani­ficación. Por el contrario: planifique su vida con flexibilidad. Elabore una distribución flexible de su tiempo y sea organiza­do en el trabajo, en el ocio, en su vida. Pero acepte e incluya las excepciones y las sorpresas en esa planificación. La plani­ficación tiene que estar a su servicio, y no usted al servicio de la planificación.

Realice con frecuencia actividades realmente agradables para usted. Espontáneamente sabemos lo que nos ayuda a re­ducir las tensiones y a encontrarnos bien, pero, con frecuencia, en la práctica lo olvidamos. Lectura, escuchar música, ejercicio físico, aficiones personales, estar en la naturaleza, cine, paseo, conversación con personas que aprecia, etc. Concrete las acti­vidades que más le ayudan a sentirse mejor. Encuentre tiempo para ellas, diaria o semanalmente.

Evite regir su vida por metas y normas rígidas. Algunas de las metas de actuación que nos proponemos, respecto al rendimiento y al éxito, son tan inflexibles que generan mucha tensión en nosotros y, por supuesto, también en los que nos rodean. No se trata de adscribirse a un estilo de vida pasota e irresponsable, pero sí de relativizar algunas normas internas y metas a partir de los valores humanos más fundamentales.

Tome con perspectiva los acontecimientos y las experien­cias de la vida. Trate de no dejarse llevar ni por los momentos altos ni por los bajos de su estado de ánimo. Tome cierta dis­tancia y relativice las experiencias emocionales intensas. Aun­que no resulta fácil, procure disminuir la intensidad afectiva al experimentar los acontecimientos. Viva con menos euforia y exaltación los momentos positivos y no se hunda en los ne­gativos.

Disminuya la acumulación de las pequeñas molestias. Las pequeñas inquietudes y molestias diarias, acumuladas, pue­den llegar a generar tensiones más graves. Cada una por se­parado no constituye un problema, pero sí cuando se suman. No se trata, necesariamente, de suprimirlas –algunas son in­evitables y forman parte de la vida–, pero sí de ser consciente de ellas y afrontarlas de forma adecuada, antes de que se acu­mulen y desborden. O de neutralizarlas con otras experiencias de signo positivo.

 (*) Pallarés Molíns, Enrique: Vivir con menos ansiedad. Manual práctico. 2ª edic. Bilbao: Ediciones Mensajero, 2010. (Más detalles en la sección Mis libros de este blog)

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4 respuestas a Una actitud más relajada ante la vida

  1. Josemari Keynes dijo:

    Sabiduría acendrada muchas veces oída y lamentablemente poco practicada.

    • Muchas gracias por el comentario y por leer mi libro. Espero que le ayude a reducir el número de respuestas indicativas de síntomas de ansiedad. Estoy de acuerdo con usted en que habría que realizar una tarea informativa y preventiva de estos problemas. Saludos y mis deseos de que se encuentre cada vez mejor.

  2. Inés dijo:

    Compré su libro en la Feria del Libro de Madrid hace unos días. Hice lo que me sugirió: responder el test inicial para ver qué capítulos me interesan más. El resultado ha sido que 8 de forma “urgente” y 12 más como “complemento”. Todo un éxito teniendo en cuenta que si hubiera hecho el test hace 10 años tendría que leérmelo todo de forma “urgente”. Quiero decirle que me alegra lo que leo. Me alegro de que la investigación en el tema de la ansiedad haya avanzado tanto y que ahora la información sea más concreta, acertada y accesible. Supongo que va con los tiempos y con las necesidades que van surgiendo.
    Sin embargo, pienso que es necesaria una divulgación aún más profunda para que todo este conocimiento pueda llegar a edades más tempranas, pues ahora me doy cuenta de que muchas actitudes de apariencia insignificante pueden llegar a desarrollarse y provocar importantes patologías.
    Un saludo.

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