Subrayar y estudiar, a la vez

Hablando de su ritmo de estudio, a más de un estudiante le he oído decir: «Primero lo subrayo y luego lo estudio». Yo creo que el subrayar, si se hace bien, ya es verdadero estudio. Es decir, se puede subrayar y estudiar a la vez. Para subrayar y estudiar a la vez es necesario que el subrayado no se reduzca o casi se limite a la pura acción mecánica de trazar líneas o rayas de colores. Esta ecuación lo resume de forma gráfica:

 Actividad manual + Actividad mental = 100

 Cuanta más «actividad manual», menos «actividad mental». Cuanto más subrayamos, menos actividad intelectual realizamos.

Cuanta más «actividad mental», menos «actividad manual». Cuanta más actividad intelectual realizamos, menos subrayaremos.

Algunas consideraciones y recomendaciones para convertir el subrayado en estudio y no en un puro ejercicio manual.

¿Qué es lo esencial del subrayado? No es trazar rayas, sino destacar las ideas y datos más importantes de un texto.

Para qué sirve el subrayado. El esfuerzo al subrayar muy poco te hace comprender mejor el texto. Además, es una forma de preparar el resumen y el esquema. Facilita también el recuerdo posterior. Finalmente, al volver a leerlo, ayuda a realizar un estudio más activo.

Subraya poco, muy poco. Al subrayar adopta la actitud del tacaño que trata de ahorrar al máximo el bolígrafo, lápiz o rotulador. Antes de subrayar, piensa porqué subrayas esta o esta otra palabra. El pensar qué es lo que vas a subrayar y tratar de «economizar», te ayudará a entender mejor lo que estudias. Una de las estrategias para recordar mejor es sintetizar, resumir en una o pocas palabras.

No subrayes en la primera lectura. En la primera lectura casi todo o todo te parece importante. Si subrayas en la primera lectura, subrayarás más de la cuenta. Comienza a subrayar en la segunda o, casi mejore, en la tercera lectura.

No subrayes párrafos enteros. Si todo el párrafo es importante –por ejemplo, una definición–, es mejor trazar una raya o marca vertical en el margen izquierdo. Después, busca las palabras más importantes de ese párrafo y subráyalas. Trata, incluso, de no subrayar frases enteras, sino las palabras más importantes.

Establece diferencias en el subrayado. Dentro de lo importante, puedes destacar todavía lo que es más importante. Para ello, utiliza los colores o rayas diferentes (doble raya, ondulada, puntos, etc.). Elabora una especie de código tuyo (por ejemplo: rojo para lo esencial, azul para lo importante, etc.).

Utiliza el subrayado estructural. Es decir, presta atención no solo a lo que es importante, sino también a cómo se organizan o estructuran las ideas o los datos. Unas se subordinan a otras: hay una jerarquización en ellas. Descubre esta estructura u organización y destácala. Para ello, utiliza letras (mayúsculas, minúscula), números (romanos, árabes), signos, o combínalos entre sí, de modo que expresen la organización de las ideas o datos del texto. Puedes poner estas letras en el margen izquierdo, aunque también en el mismo texto. Con este tipo de subrayado estructural preparas el esquema o, más exactamente, es ya el esquema.

Lo que dejas sin subrayar no desaparece. No te preocupes si al subrayar no señalas todas las palabras que a primera vista te parecen importantes. Recuerda: lo que dejas sin subrayar no se borra. El subrayado es para activar la mente, es decir, para estudiar, mientras lo llevas a cabo. Pero también para activarla, cuando vuelves a leer el texto que has subrayado.

Las palabras subrayadas como una pregunta. Que las palabras subrayadas salten a la vista y te evoquen mentalmente la idea o información que está allí. Que sean como una pregunta a la que de forma automática das respuesta mentalmente, con la posibilidad de comprobar en el mismo texto.

Prueba a utilizar un tipo de subrayado que podemos llamar «sugerente». Es decir, subraya únicamente las palabras-clave, es decir, aquellas palabras en las que se puede encerrar una idea importante, puede ser un sustantivo, pero también un adjetivo, un verbo, una conjunción, una preposición o un adverbio. Por ejemplo, si en un párrafo la idea fundamental es la enumeración, puedes optar por subrayar solamente palabras como la «y», «también» o «además». Prueba a realizar alguna vez, por lo menos, este tipo de subrayado sugerente y también inteligente.

Posibilidad de completar el subrayado. Se puede completar el subrayado con algunas señales realizadas en los márgenes del libro o de los apuntes.  Son anotaciones muy breves –palabras o abreviaturas–,  que pueden resultar muy útiles para los repasos. Por ejemplo:

–Palabras-clave. En el margen superior o en el inferior.

–Organización (enumeraciones) y estructura; definiciones. En el margen izquierdo.

–Observaciones (dudas, referencias, etc.). En el margen derecho.

(Tomado del libro Técnicas de estudio y examen para universitarios, de Enrique Pallarés Molíns. Bilbao: Ediciones Mensajero, 2007. 2ª edición).

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2 respuestas a Subrayar y estudiar, a la vez

  1. Josemari Keynes bzw.(MN) dijo:

    ¡Una técnica aparentemente simple pero de dividendos enjundiosos!
    ¿A cuanto tiempo se remontará?

  2. Pingback: Al comenzar el curso académico | Blog de Enrique Pallarés Molíns

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