¿Por qué comienzan y persisten las fobias específicas?

PerroPregunta: Después de leer en este blog el post del día 13 de abril, me queda una pregunta: ¿Cuál es la causa de los miedos y de las fobias? ¿Cómo se originan las fobias específicas? Se dice que es el haber tenido una experiencia negativa o traumática con el objeto del miedo o fobia, pero yo tengo miedo fóbico a utilizar el ascensor y, sin embargo, jamás he tenido, que recuerde, un accidente o experiencia desagradable en un ascensor.

Fotografía: Protectora de Guardo (Palencia)

Respuesta. Son varios los factores –no solo uno– que pueden intervenir en el origen y desarrollo de las fobias específicas o miedos fóbicos. Estos miedos fóbicos no siempre surgen de una experiencia traumática o desagradable, como veo que es su caso (y el de otras muchas personas). Existen otras causas o factores que pueden intervenir en el origen y mantenimiento de una fobia o de un miedo, sin excluir, por supuesto, el haber tenido directamente una experiencia negativa. Voy a enumerar algunos de ellos, comenzando por el de la experiencia negativa experimentada directamente (haber sido mordido por un perro), que es el que resulta más obvio y en el primero que pensamos. En general, podemos decir que los miedos y fobias se aprenden, de forma semejante a como se aprenden otras conductas.

En primer lugar, el caso de la persona a la que le mordió un perro y que luego tiene un miedo exagerado, no solo a ese perro concreto que le mordió, sino a todos los perros. Ha generalizado el miedo y no solo teme al perro concreto que le mordió, sino a todos los perros. Esta reacción de miedo se puede, incluso, condicionar a estímulos a los que estuvo asociada la experiencia negativa (miedo a ir una granja porque allí le mordió el perro). La reacción de miedo tiende, pues, a «extenderse» a partir de la experiencia original desagradable.

Viene aquí a cuento citar el experimento que realizó el psicólogo americano John Watson, a comienzos del siglo XX, con el niño Albert. Albert, de unos once meses de edad, no tenía miedo a las ratas blancas que se utilizaban en el laboratorio donde trabajaba Watson para la investigación, e incluso jugaba con ellas. En cambio, mostraba una intensa reacción de ansiedad (lloraba) ante el ruido de la percusión súbita de dos barras de hierro. Tras presentar repetidas veces de forma simultánea el sonido de las barras de hierro y una rata blanca, terminó por mostrar también la misma reacción de miedo a la rata blanca. Había «aprendido» el miedo a la rata blanca. Es más, en sucesivos experimentos fue extendiendo o generalizando esa reacción de miedo a objetos semejantes de algún modo a la rata blanca, hasta llegar a reaccionar con miedo a un abrigo de piel con pelo.

Pero no todos los son mordidos por perros desarrollan una miedo exagerado a los perros en general. ¿Por qué unos sujetos olvidan o extinguen esas reacciones de ansiedad y miedo? ¿Por qué en otros se mantienen a lo largo del tiempo esos miedos o reacciones fóbicas? ¿Por qué no se extinguen u olvidan cuando no se vuelven a repetir? El mecanismo que interviene en el mantenimiento a lo largo del tiempo de muchos de los miedos es el alivio de la ansiedad que sigue a la evitación del objeto temido. Si usted tuvo una mala experiencia en un ascensor es muy probable que sea reacio a utilizarlo de nuevo (el mismo ascensor u otro). Es más, cuando usted se acerca al ascensor no será raro que experimente un aumento de la ansiedad, que crecerá según la proximidad al mismo. Si usted, a pesar de ese temor, entra en el ascensor repetidas veces, el posible miedo adquirido por aquella experiencia negativa o desagradable, tenderá a extinguirse, a desaparecer. Es la forma sana de reaccionar a esa experiencia desagradable. Pero si, tras una lucha interna entre entrar y no entrar al ascensor, al final decide no entrar, su ansiedad disminuirá o desaparecerá, es decir, experimentará un gran alivio por no entrar, al menos de momento. Este alivio constituye una especie de recompensa o refuerzo de la acción de evitar (o escapar) del objeto o situación temida, lo que llevará a que repita esta reacción de evitación o huida y, en definitiva, a que la reacción fóbica se haga crónica. La reacción de huida o evitación es lo característico de la fobia y lo que puede estar en la base de su perpetuación. Ese alivio temporal por huir o evitar el objeto o situación es, pues, «pan para hoy, pero hambre para mañana».

Hay que tener en cuenta que en algunos casos, sobre todo en la fobia a determinados animales, además del miedo, o más que el miedo propiamente dicho, interviene de forma importante el asco o repugnancia. En la reacción de aversión ante un pequeño ratón  o un murciélago (me refiero a los murciélagos habituales en España, que no son peligrosos), más suele ser consecuencia del asco que del miedo.

Los miedos y reacciones fóbicas se pueden adquirir no solo por experiencia propia, sino también por imitación del comportamiento de otras personas. Sería el caso de una persona a la que nunca ha mordido un perro, pero que ha aprendido a reaccionar con miedo ante un perro al imitar a sus padres y hermanos que tiene fobia a los perros, o el caso del niño que observa a un perro que muerde a un compañero. El aprendizaje por observación explica algunas de las reacciones fóbicas –y, por supuesto, otras conductas– que podríamos pensar se han trasmitido genéticamente, por herencia genética, dado que las observamos dentro de los miembros de una familia. En este caso, el que compartan ese miedo u otra conducta varios miembros de la familia suele deberse más a imitación o aprendizaje observacional que a transmisión genética. La educación, en general, puede tener un papel muy importante en la aparición o no de estos miedos fóbicos. Además de imitar, también el niño obedece a órdenes como «No te acerques a eso» o «Eso es peligroso», que pueden generar en él un exceso de temor hacia un objeto o situación. Pero no siempre es necesario el contacto directo o indirecto para que se origine y mantenga una fobia específica. Se ha constatado que en muchos casos no ha existido este contacto.

Se ha prestado especial atención a los factores cognitivos, es decir, a la forma de pensar o a lo que pasa por la cabeza: «No podré afrontar la situación», «Mi corazón se acelera y cada vez irá a más», «Soy incapaz de estar cerca de un perro, aunque esté atado», «Solo de pensar en el ascensor se me ponen los pelos de punta y echo a correr». También puede existir una tendencia o sesgo a prestar especial atención a los estímulos relacionados con la fobia. Incluso puede estar en el origen de los miedos, y sobre todo en su mantenimiento a lo largo del tiempo, una información falsa o una falta de información correcta sobre el objeto o circunstancia del miedo. Por ejemplo, esta información incorrecta, aunque, por supuesto, no es la única causa, interviene con frecuencia en el miedo a volar en avión.

No hay que descartar que los factores biológicos, concretamente la transmisión genética, tengan algún papel en el origen de los miedos fóbicos o, más concretamente, en la mayor susceptibilidad a desarrollarlos. Pero insisto en el importante papel del aprendizaje y de los factores cognitivos.

¿Por qué resulta más fácil que se desarrolle una fobia a unos objetos que a otros? ¿Por qué es tan frecuente la fobia a los perros, a las alturas o a los  lugares cerrados, y tan poco frecuentes las fobias a los cañones, o a las ametralladoras? Martin Seligman propuso la llamada teoría de la preparación, comprensible pero de difícil o imposible comprobación empírica, en la indica que la adquisición de determinadas fobias o miedos está preparada biológicamente, es decir, que se aprenden con mayor facilidad porque a lo largo de la evolución han preservado la vida de los vivientes. Los peligros que el hombre ha tenido que evitar a lo largo de su vida en la tierra han sido durante muchos más milenios determinados animales o las alturas que los misiles.

En general, pues, los miedos, en su origen, tienen una función protectora. «El miedo guarda la viña» o, más exactamente, nos guarda a nosotros. El problema viene cuando pasamos de temer a pit bull terrier suelto a reaccionar con un temor semejante a un perrito inofensivo que lleva atado su dueño o ante los perros en general. Cito varias al perro como ejemplo de fobia animal la frecuencia de esta fobia, a pesar de que el perro es considerado también el mejor amigo del hombre, el animal fiel que lo acompaña y defiende. Por eso es más irracional el miedo generalizado a los perros. Solo algunas razas de perros son potencialmente peligrosas.

Estas son algunas de las explicaciones de las fobias específicas propuestas desde la psicología cognitiva-conductual, que son las más aceptadas. El psicoanálisis, por su parte, en su explicación de las fobias específicas se centra en el carácter simbólico del objeto o situación temida. Es decir, el objeto o situación temida es, en realidad, una representación o imagen de un conflicto interior inconsciente. Su explicación resulta más controvertida y la terapia correspondiente menos accesible.

¿Es necesario conocer exactamente la causa que originó un miedo fóbico para su tratamiento? No es estrictamente necesario. A la vista de la complejidad de la cuestión del origen, como se puede comprobar por lo dicho hasta aquí, no resulta fácil determinar esas causas o factores concretos. Pueden intervenir varios de los enumerados más arriba. Sin embargo, es importante tener en cuenta esas posibles explicaciones o factores que pueden intervenir en el origen de los miedos fóbicos, pues de su consideración se han desarrollado las terapias y estrategias para abordarlos. En definitiva, si las fobias se aprenden, también se pueden desaprender y aprender conductas incompatibles u opuestas a las fobias.

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Una respuesta a ¿Por qué comienzan y persisten las fobias específicas?

  1. Josemari Keynes (MN) dijo:

    Aprender y desaprender.
    Ha ahí la constante clave de la sabiduría.
    ¡Clara exposición!

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