En el Día Mundial de la Salud Mental. 2013

Philippe PinelEl Día Mundial de la Salud Mental es una ocasión propicia para recordar a los que dieron pasos fundamentales en la liberación de los enfermos mentales y en el tratamiento adecuado de la enfermedad mental. El médico francés Philippe Pinel, director primero del hospital de Bicêtre y luego del de la Salpetriere, ambos en París, ocupa un lugar muy especial en esta lucha a favor del enfermo mental. En el cuadro de Robert Fleury aparece supervisando, un día del año 1795, la liberación de los enfermos mentales de las cadenas, con las que estaban amarrados, hacinados en lóbregas, húmedas y sucias estancias. Llama la atención que el trato más humano a los enfermos mentales que Pinel prescribió y promovió, estuvo en gran parte inspirado en el que ya les dispensaba Jean-Baptiste Pussin, supervisor o celador de las salas del hospital de Bicêtre y antiguo enfermo de dicho hospital, que no poseía titulación o especialización académica. Pussin sentía y manifestaba en su trabajo y en su vida una actitud claramente positiva y benevolente hacia los enfermos mentales, lo que, unido a su carácter profundamente observador, le hacía ver la parte intacta de la personalidad de cada uno de estos enfermos y ponerla en juego en beneficio del propio enfermo.

Juan Gilabert JofréEn España, el padre mercedario valenciano Juan Gilabert Jofré (1350-1417) promovió, en 1409, la fundación del primer establecimiento del mundo para proporcionar atención médica a los enfermos mentales, a la vez que liberarlos de los ataques de otros ciudadanos, oficialmente sanos. Joaquín Sorolla inmortalizó en uno de sus cuadros la escena en que el P. Jofré protege a un joven enfermo mental de la agresión de un grupo de personas. Tras este incidente, el P. Jofré proclamó desde el púlpito de la Catedral de Valencia: «Hay en esta ciudad muchas obras piadosas, caritativas y de gran provecho para los pobres; pero falta una que es de suma necesidad: es decir, un Hospital o Casa en donde los pobres inocentes y enajenados sean acogidos. Pues muchos pobres inocentes van por esta ciudad pasando grandes necesida­des de hambre, frío y malos tratamientos ».

Como he dicho, estos son solo tres ejemplos de una larga lista de personas, unas más conocidas que otras, que han impulsado a lo largo de la historia un trato adecuado y digno al enfermo mental, acorde con los derechos humanos. Aunque no exista una mención explícita en esta historia ni en la historia de la psiquiatría, no podemos olvidar a muchos familiares de dichos enfermos que, a la aplicación del tratamiento adecuado, unen el cariño y el afecto. De forma callada y anónima, se entregan a esta tarea y ponen como objetivo su vida el bienestar de su ser querido, posponiendo con frecuencia su propio bienestar.

Todavía queda mucho por hacer en este terreno enfermedad y salud mental y es necesario no detenerse hasta conseguir un trato plenamente humano al enfermo mental. Especialmente en los países más pobres, donde la atención a los enfermos mentales se aparta claramente, no solo del ideal, sino de los mínimos requeridos para que pueda hablarse de un trato humano. Por ejemplo, falta de centros y de servicios comunitarios adecuados, escasa proporción de los que pueden acceder a las terapias farmacológicas y psicológicas. Pero las deficiencias en el tratamiento de la enfermedad mental y promoción de la salud mental no son exclusivas de los países menos desarrollados. En todos, incluyendo en el nuestro, queda mucho camino todavía por recorrer y una larga tarea por delante.

Tarea para los gobernantes e instituciones, pero también para todos los ciudadanos, para todos nosotros. Poco se puede avanzar en este terreno con actitudes negativas o de recelo hacia la enfermedad mental y hacia los enfermos mentales. Nos horrorizan las cadenas que se utilizaban en el pasado (y, en algunos países, todavía en la actualidad), pero la falta de comprensión y las actitudes negativas o de indiferencia hacia la enfermedad mental puede ser tan inmovilizadoras e hirientes, o más, que las cadenas de hierro. Conviene superar esa actitud, en gran parte autodefensiva, de sentirnos de distinta naturaleza que las personas que sufren algún tipo de trastorno mental y comprender, como lo ha puesto de relieve la psicopatología contemporánea, que existe una línea continúa entre lo que llamamos enfermo mental y sano. Diferencia de grado y no cualitativa. Recordemos que la Organización Mundial de la Salud define la salud mental: «como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad». Definición coherente con la de salud general, que figura en la Constitución de la OMS, y que todavía sigue vigente: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».

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