H.M. Un hombre –casi– sin memoria

Henry MolaisonEl 2 de diciembre el año 2008 –hoy hace exactamente cinco años– fallecía, a los 82 años, H.M, cuyo nombre completo –Henry Gustav Molaison– sería revelado el año siguiente, hasta entonces oculto para preservar su vida privada. Pocas personas han llegado a ser citadas, como él lo fue, en más de 12.000 artículos científicos o a ser estudiadas por unos 100 investigadores. De su muerte ofrecieron amplia información tanto importantes revistas científicas como los diarios de mayor difusión del mundo occidental. Resulta difícil encontrar un libro sobre la memoria, relativamente reciente, que, con mayor o menor extensión, no mencione su caso. Por el importante papel que ha prestado a la neurociencia, sin ser profesional de la misma sino como sujeto de investigación, se le puede comparar con Phineas Gage.

¿Quién fue, pues, Henry Gustav Molaison? Nació el año 1926 en una familia de clase trabajadora de Hartford, en el estado norteamericano de Connecticut. Al cumplir los 16 años las crisis epilépticas, hasta entonces leves, que padecía desde hacía unos años  –tal vez, sin que se pueda asegurar, como consecuencia de un accidente que sufrió de niño–, se agravaron de forma llamativa, tanto en las manifestaciones como en la mayor frecuencia. Por ello, a pesar de la medicación que tomaba, evolucionó hasta llegar a una situación de gran incapacidad. Tuvo que dejar su trabajo de mecánico y restringir sus actividades diarias. En 1953, con 29 años, dio su consentimiento para ser sometido a una operación por el neurocirujano William Beecher Scoville, que consistió en la extirpación bilateral de la zona media del lóbulo temporal.

La operación resultó positiva en cuanto la disminución de la frecuencia y de la gravedad de las crisis epilépticas, pero tuvo también la consecuencia negativa de un grave trastorno de la memoria. En la zona de los lóbulos temporales extirpada está alojado el hipocampo y otras estructuras cerebrales, que hoy relacionamos estrechamente con la memoria. Tanto el personal del hospital como sus familiares no observaron tras la intervención ninguna alteración en su personalidad ni en su capacidad intelectual. Por ejemplo, su cociente intelectual no disminuyó. Era capaz también de resolver crucigramas, a los que era muy aficionado. También respondía por escrito a las preguntas referentes a conocimientos adquiridos con anterioridad a 1953. Pero era llamativa la alteración de su memoria. A partir de esa fecha, solo era capaz de incorporar de forma duradera escasos recuerdos nuevos, y con la condición de que estuvieran muy relacionados con alguno o algunos de los antiguos. Se trataba de un caso de amnesia profunda, con amnesia anterógrada total (no podía formar nuevos recuerdos) y amnesia retrógrada graduada en el tiempo (olvido de los recuerdos anteriores a la operación). Los recuerdos de los primeros años de su vida y gran parte de los anteriores a la operación permanecían intactos, pero no era capaz, por ejemplo, de reconocer al personal del hospital con el que trataba a diario.

Brenda Milner, la neuropsicóloga canadiense que trató y estudió a Molaison durante años, se hacía eco de su muerte como de la de un amigo, pero un amigo que no la reconocía cada vez que se encontraban. Una media hora después de haber comido, olvidaba también que lo había hecho. «Cada día está aislado en sí mismo», decía H.M.

El caso de H.M. fue presentado por primera vez a la comunidad científica internacional, en 1957, en un artículo de Scoville –el neurocirujano que realizó la intervención–, y de Brenda Milner. A partir de entonces, fue estudiado de forma constante durante los más de cincuenta años restantes de su vida, no solo por Brenda Milner, sino también por Suzanne Colkins, del Instituto de Tecnología de Massachusettsy por otros especialistas. Con posterioridad a su muerte su cerebro, ha sido objeto también de numerosos estudios.

Se puede afirmar que el estudio de H.M. marca un antes y un después en el estudio de la memoria y de su patología, a la vez que constituye el comienzo de la era moderna de la investigación de esta importante función mental. Las investigaciones realizadas sobre Henry Molaison han resultado de gran utilidad no solo para el mejor conocimiento de la amnesia, sino también para comprender mejor el funcionamiento de la memoria normal. Ante todo, fue una prueba más de la complejidad de la memoria y confirmó que sería más exacto hablar de «memorias», en plural, que de «memoria», en singular. Por ejemplo, recordaba una tarea compleja como la de copiar una figura geométrica mientras observaba lo que hacía en un espejo (memoria procedimental), pero era incapaz de recordar que esta habilidad la había adquirido no hacía mucho tiempo, durante las sesiones con la Dra. Milner (memoria episódica). El estudio de este caso mostró también la gran importancia del hipocampo y de otras estructuras de la zona media del lóbulo temporal en la consolidación y formación de los recuerdos. Y otros muchos más conocimientos sobre la memoria y el funcionamiento del cerebro. En una de las entrevistas, Suzanne Corkin, autora del libro sobre Molaison publicado hace unos meses, le preguntó si era feliz y él respondió que sí lo era y que la clave de ello creía que consistía «en que lo que descubran sobre mí les ayude a ayudar a otras personas». ¡No le olvidemos!

Corkin S. (2013). Permanent present tense. The unforgettable life of the amnesic. New York: Basic Books.

Rolls G. (2010). Classic case studies in psychology. 2ª edic. Abingdon, Oxon: Hodder Education.

Squire L.R. (2009). The legacy of patient H.M. for neuroscience. Neuron, 61, 6-9.

Watts G. (2009). Henry Gustav Molaison, “HM”. The Lancet, 373, 456.

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3 respuestas a H.M. Un hombre –casi– sin memoria

  1. Joaco dijo:

    Buen artículo. Gracias.

  2. Joaco dijo:

    Con su permiso lo comparto.

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