Miguel de Unamuno: ¿también psicólogo?

Joaquin-Sorolla-Y-Bastida-Miguel-de-UnamunoHoy, 29 de septiembre, hace 150, nació en Bilbao Miguel de Unamuno. Conocido por casi todos, leído por menos, tal vez resulta más difícil clasificarlo como intelectual. ¿Especialista en lengua griega? Sí, pero algo más: ensayista, poeta, filósofo. ¿También psicólogo? Tal vez dudaríamos en responder afirmativamente a esta última pregunta. La verdad es que no aparece su nombre en los tratados de Historia de la psicología, como tampoco en las enciclopedias o diccionarios especializados en Psicología. No estudió la carrera de Psicología –en su tiempo no existía y tardaría todavía varias décadas en iniciarse–, pero sus escritos, incluso su poesía, contienen muchas intuiciones y conocimientos muy válidos para el psicólogo y para la Psicología. La Psicología no se reduce, o no debe reducirse, a la Psicología Experimental. Surgió de la matriz común de las ciencias que es la filosofía y, si hoy resulta imprescindible el rigor metodológico, tampoco parece adecuado prescindir de aportaciones tan valiosas como las que ofrece la obra de don Miguel. Los análisis que hace de sus propias vivencias, incluyendo las de su niñez, así como sus intuiciones sobre el sentir y actuar del hombre, siguen teniendo plena validez en la actualidad. Solo a modo de ejemplo, insisto en que solo a modo de ejemplo, presentaré tres citas, las tres tomadas del capítulo primero de su obra Del sentimiento trágico de la vida en el hombre y en los pueblos.

El objeto de la filosofía, y por supuesto de la psicología, ha de ser el hombre. Pero no el hombre en abstracto, sino el hombre concreto. Es necesario conjugar las necesarias generalizaciones que realiza la ciencia psicológica con la mirada al hombre concreto, al hombre de carne y hueso:

«Homo sum: nihil humani a me alienum puto, dijo el cómico latino. Y yo diría más bien, nullum hominem a me alienum puto; soy hombre, a ningún otro hombre estimo extraño. Porque el adjetivo humanus me es tan sospechoso como su sustantivo abstracto humanitas, la humanidad. Ni lo humano ni la humanidad, ni el adjetivo simple, ni el sustantivado, sino el sustantivo concreto: el hombre. El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere -sobre todo muere-, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano.
»Porque hay otra cosa, que llaman también hombre, y es el sujeto de no pocas divagaciones más o menos científicas. Y es el bípedo implume de la leyenda, el zóon politikón de Aristóteles, el contratante social de Rousseau, el homo oeconomicus de los manchesterianos, el homo sapiens de Linneo o, si se quiere, el mamífero vertical. Un hombre que no es de aquí o de allí ni de esta época o de la otra, que no tiene ni sexo ni patria, una idea, en fin. Es decir, un no hombre.
»El nuestro es otro, el de carne y hueso; yo, tú, lector mío; aquel otro de más allá, cuantos pensamos sobre la Tierra.
»Y este hombre concreto, de carne y hueso, es el sujeto y el supremo objeto a la vez de toda filosofía, quiéranlo o no ciertos sedicentes filósofos».

También es digno de mención para el psicólogo actual el énfasis que Unamuno pone en la afectividad, en el mundo de los sentimientos, a los que considera la característica diferencial del hombre. En los años 1980 se produce en la Psicología la llamada «revolución afectiva», que consiste en destacar la vida emocional o afectiva del hombre, hasta entonces postergada u olvidada, primero por el conductismo y después por la «revolución cognitiva» de los años 1960. Hoy estamos precisamente dentro de esta corriente que reivindica la importancia fundamental de lo afectivo. El aviso de Unamuno sigue teniendo plena validez.

«El hombre, dicen, es un animal racional. No sé por qué no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental. Y acaso lo que de los demás animales le diferencia sea más el sentimiento que no la razón. Más veces he visto razonar a un gato que no reír o llorar. Acaso llore o ría por dentro, pero por dentro acaso también el cangrejo resuelva ecuaciones de segundo grado».

Me resulta también interesante la valoración que hace de la memoria. La memoria como base de nuestra personalidad, de nuestra identidad. La unión que establece la memoria, que no es una reproducción mecánica del pasado, entre el recuerdo vivo y el futuro: el recuerdo que empuja y construye el futuro.

«La memoria es la base de la personalidad individual, así como la tradición lo es de la personalidad colectiva de un pueblo. Se vive en el recuerdo y por el recuerdo, y nuestra vida espiritual no es, en el fondo, sino el esfuerzo de nuestro recuerdo por perseverar, por hacerse esperanza, el esfuerzo de nuestro pasado por hacerse porvenir».

En mi segundo blog le he dedicado a Miguel de Unamuno una entrada más extensa –aunque, por supuesto, siempre inferior a lo que se merece–, en la que incluyo varios fragmentos de sus poemas y de su obra en prosa, que encontraréis en el siguiente enlace y que os invito a leer:

http://enriquefranciscopallares.wordpress.com/2014/09/29/150-aniversario-del-nacimiento-de-miguel-de-unamuno/

Ilustración: Miguel de Unamuno. Oleo sobre lienzo de Joaquín Sorolla y Bastida. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

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2 respuestas a Miguel de Unamuno: ¿también psicólogo?

  1. Joaquín dijo:

    Extraordinarioa sensibilidad hablar de lo que es parte inexcusable de la psicología; los afectos. Hoy parece que si no se ve en IRMF no existe.

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