El mecanismo de defensa de Desplazamiento

En Duplicados (Counterparts), uno de los relatos de Dublineses (1914), James Joyce, describe la personalidad y las reacciones de un padre de familia, Farrington, escribiente de un abogado. Farrington vive frustrado por su monótono trabajo de transcribir documentos legales y por las repetidas críticas y amenazas de Mr. Alleyne, su jefe. Un día, tras una reprensión especialmente dura, al volver a casa golpea violentamente con un palo a su hijo Tom –a pesar de sus lágrimas y peticiones de clemencia–, únicamente porque ha dejado que se apague la lámpara. Podemos suponer que Farrington hubiera golpeado con ganas a su jefe, pero eso le resultaba imposible si quería mantener su puesto y el medio de subsistencia de su familia con cinco hijos. No puede dirigir la ira que le provoca la reprensión de su jefe y, en general, su trabajo, hacia su objetivo natural y espontáneo. Tampoco sabe manejar la ira de otra forma alternativa más adecuada, que sería lo correcto. Por eso, la dirige a un objetivo más fácil: su hijo.

Al leer esta historieta de ficción, seguramente se le ocurrirán a usted otros ejemplos semejantes, pero de la vida diaria o de la historia. Casos en que el débil paga o recibe los golpes en lugar del fuerte. Los ejemplos de lo que ha venido en llamarse «chivo expiatorio» son frecuentes en la vida social, incluso en las relaciones entre países, sin escluir a los niños y adolescentes. Por eso, no resulta necesario ilustrar este artículo con una fotografía o dibujo, pues la imagen o imágenes ilustrativas viene con facilidad y nitideza a nuestra mente.

El psicoanálisis, aunque también otros psicólogos no psicoanalistas, hablan aquí de mecanismos de defensa de Desplazamiento, uno de los mecanismos o procesos mentales que utilizamos para no sentirnos mal o para sentirnos mejor. El mecanismo de defensa de Desplazamiento consiste en la reorientación o redirección de un sentimiento, deseo, respuesta o acción, originariamente dirigida –o que, naturalmente, se dirigiría– a un determinado objeto (persona), hacia otro objeto (persona) que resulta menos amenazador, o más fácil, que al que se dirigiría originariamente. El sentimiento o deseo, que no se puede realizar o satisfacer en una determinada meta u objetivo, se transfiere a otra meta u objetivo o meta sustitutiva –persona u objeto– del original, que resulta más accesible y relacionado con él de alguna manera. Los sentimientos, la acción o respuesta permanecen las mismas, pero cambia el objetivo o meta.

La descarga de la emoción –de ira o de tipo erótico– se realiza en un objeto (persona, animal o cosa) que se percibe como más débil, menos peligroso o más adecuado para recibir la descarga de los sentimientos que aquél al que iba originalmente dirigido, es decir, el que ha inducido el sentimiento o deseo. Como los otros mecanismos de defensa, no se trata de un proceso deliberado y calculado conscientemente, sino que es inconsciente o no del todo consciente. Farrington, al golpear a su hijo, casi seguro que no advierte la verdadera razón de su acción. Con frecuencia ocurre así: resulta más fácil advertir y explicar la conducta de otras personas que la propia. Podemos tener una agudeza visual extraordinaria para observar la puesta en acción de este mecanismo de defensa en otras personas, y a la vez experimentar cierta miopia para detectarlo en nosotros.

¿Sólo se desplazan emociones negativas? No. También se pueden desplazar emociones positivas, aunque la explicación en este caso puede resultar un poco más complicada. Una persona que recibe una buena noticia a través del móvil o de la radio, cuando asiste a un espectáculo o camina por la calle, y abraza al que tiene al lado. De forma semejante, el que desplaza a los hijos el amor dirigido al cónyuge fallecido, o el que desplaza a un animal el afecto o amor –con unas atenciones excesivas y exclusivas–, en lugar de hacerlo a una persona humana, debido a que, por alguna razón, no logra establecer una relación afectiva significativa con otras personas.

(Algunos párrafos de este artículo están tomados del capítulo 7 -Deplazamiento: descargar las emociones donde resulta más fácil- de mi libro dedicado a los mecanismos de defensa. Pallarés Molíns, Enrique: Los mecanismos de defensa. Cómo nos engañamos para sentirnos mejor. Bilbao: Ediciones Mensajero).

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