25 N Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Día internacional de violencia mujeresNo es, o no debería, ser uno más de los ‘Día Mundial de…’ o ‘Día Internacional de…’. El amplio y creciente calendario de ‘días de…’, cuyo fin es tomar conciencia de un problema real relevante, no debe crear habituación ni callo. El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer no es un ‘día’ más. Este año la ONU propone que el día 25 de noviembre tenga su continuidad en los días siguientes, hasta el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. De este modo se deja bien claro que la violencia contra las mujeres afecta directamente a los derechos humanos. La violencia que se ejerce contra ellas es una clara violación de los derechos humanos. Así, pues, 16 días, por lo menos, de reflexión y actividad para la eliminación de esta lacra personal y social que es la violencia de contra la mujer a lo largo de su vida: desde la niñez a la vejez y en sus diferentes estados.
La violencia contra la mujer, en sus diferentes variantes, desde la violencia física a la psicológica y de las formas más brutas a las más sutiles, es el resultado o el subproducto de la discriminación que sufre en la sociedad. Discriminación que, a su vez, guarda estrecha relación con los estereotipos de género, es decir, con una visión y comprensión incorrecta de las diferencias entre hombres y mujeres, que distorsiona negativamente el perfil psicosocial de la mujer.
Es cierto que existen diferencias entre mujeres y hombres, pero no tan elevadas como los estereotipos de género indican, sin otro fundamento que el de su tozudez y rígida transmisión. Está demostrado que son mayores las semejanzas entre ambos sexos que las diferencias en el terreno, por ejemplo, de las aptitudes intelectuales y de otros rasgos psicológicos. En cualquier caso, las diferencias nunca pueden justificar la discriminación y mucho menos el poder despótico de un sexo sobre otro, es decir, del hombre contra la mujer. Muchas de las diferencias son, más bien, consecuencia de la misma discriminación.
Las mujeres y los hombres no somos de distintos planetas –como sugiere el título de un conocido libro–, sino de provincias o de pueblos cercanos o, mejor dicho, del mismo lugar, pues mujeres y hombres constituimos y formamos parte de una única humanidad.
Al leer hace unas horas en el sitio de las Naciones Unidas, correspondiente a este 25 N, datos concretos sobre los distintos tipos de violencia que se practican contra la mujer en el mundo, he sentido indignación y vergüenza. Pero no podemos quedarnos en la indignación y la vergüenza. Las Naciones Unidas invitan a la acción, más allá del día 25 N, incluso más allá de los 16 días siguientes. Los estereotipos sobre las diferencias de género, que con frecuencia terminan por ser contra la mujer, se adquieren y consolidan muy tempranamente, en los primeros años de la vida –con diferentes acentos dentro de cada cultura–, de modo que pueden ser tan connaturales a nosotros que apenas los advirtamos, de modo semejante a la imposibilidad de ver directamente con nuestros ojos una mancha pintada en nuestra frente. Porque los estereotipos y la consiguiente discriminación son eso: una mancha, una mancha tóxica. Ciertos chistes, expresiones y formas espontáneas de juzgar a las mujeres son solo algunos ejemplos o muestras.
Necesitamos el espejo de los conocimientos establecidos científicamente para advertir y ser conscientes de estas creencias automatizadas que llevan a la discriminación. Pero, sobre todo, el espejo del sano sentido común, que tampoco justifica la discriminación, sino que proclama la igualdad y la no superioridad de un sexo respecto al otro. No dejemos de mirar a esos espejos hasta que borremos del todo de nuestra frente y de nuestro interior esa mancha discriminadora. Esto exige una acción educación temprana y continuada que erosione estas falsas creencias, que se una a las disposiciones legales y actitudes sociales que luchan contra la discriminación. Son innegables los avances realizados en esta línea, sobre todo durante las últimas décadas. Pero no lo suficiente como para dar tregua a la campaña de eliminación de la violencia contra la mujer; desde todos los frentes, todos los días del año y en todas las partes del mundo, empezando por nosotros mismos.
Con estas sencillas y espontáneas reflexiones no trato solamente de defender a las mujeres contra la violencia. Con toda seguridad, ellas mismas se pueden defender y lo harán mucho mejor que yo, pues son evidentes las razones que existen contra la sinrazón de la violencia hacia las mujeres. Aunque resulte a primera vista chocante, trato también de ayudar a los hombres que practican algún tipo de maltrato, de defenderles, se entiende, de ellos mismos; porque no hay nada que degrade más a un ser humano que el ejercer violencia contra otro. La víctima, aunque desgraciadamente no siempre ocurre así –a veces, además de ser víctima, la mujer se siente culpable–, puede caminar con la cabeza más alta que el victimario. El hombre o todo grupo social que maltrata física o psicológicamente a una mujer se degrada hasta tal punto que necesita, además de una ejemplar sanción penal y de una firme condena social, una reeducación eficaz. Promovamos una educación que erradique esta violencia contra las mujeres. Pintemos el mundo de naranja o de puntos lila.

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4 respuestas a 25 N Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

  1. Gracias, Enrique. Ojalá semillas como esta tuya vayan dando fruto y consigan romper estructuras físicas y mentales que perpetúan estados que degradan y humillan a la mujer. Que sirvan para tomar conciencia. Un abrazo.

    • Gracias a ti, Arantza por tu amable y reforzador comentario. Como puedes suponer, totalmente de acuerdo con lo que dices. A ver si llegamos a que no sea necesrio celebrar el 25N. Mientras tanto, pongamos nuestro granito de arena. Un abrazo, Enrique

  2. maria jose gascon cases dijo:

    Muy bueno el articulo.Besos Enrique y hasta las vacaciones navideñas por el pueblo

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