La felicidad asequible y sostenible

Felicidad aquellos seresPublicado en el diario EL CORREO. Sábado, 2 de abril. Página 33.

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La felicidad asequible y sostenible

Enrique Pallarés Molíns                                                                                                             Doctor en Psicología.Profesor emérito de la Universidad de Deusto

 

La felicidad no solo tiene su conmemoración anual –el 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad, según la resolución 66/281 de la Asamblea General de las Naciones Unidas–, sino que es considerada el fin último de toda acción humana. Garantizar su búsqueda figura como un derecho del ciudadano en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y en la Constitución española de 1812. El utilitarismo –o ‘felicismo’–, propone como criterio de la bondad de una acción el que lleve a la felicidad, o bienestar subjetivo, y afirma que el fin de la sociedad civil es conseguir la máxima felicidad para el máximo número de personas. El pequeño reino de Bután, en el Himalaya, concede mayor importancia a la Felicidad Nacional Bruta que al Producto Nacional Bruto. Desear felicidad forma parte de las fórmulas sociales más repetidas: «¡Feliz Año!», «Felicidades», etc.

Pero, ¿qué es la felicidad? Desde el pensamiento griego existen dos concepciones diferentes de la felicidad. Una, la hedonista, se centra en el bienestar subjetivo, mientras que la eudaimonista en el actuar bien. Recientemente, la psicología positiva añade el desarrollo o actualización de las principales fortalezas humanas.

¿Quiénes son más felices? ¿Qué determina la felicidad? La edad no tiene mayor relevancia. En contra de lo que se puede suponer, ni el aumento de los bienes materiales ni los cambios en la salud influyen de forma estable –sí momentáneamente– e importante en el nivel de felicidad. La capacidad para adaptarnos a los cambios, favorables o desfavorables, es muy grande. Coinciden, sin embargo, los estudios en la gran importancia de las relaciones sociales, sobre todo de las más estrechas.

¿Resulta asequible aumentar de forma estable la felicidad? Aunque la disposición personal y, en menor grado, las circunstancias de la vida influyen en el nivel de la felicidad de cada persona, queda un amplio margen para las actividades intencionales orientadas a mejorarla. Los especialistas en el estudio de la felicidad, entre ellos Michael Fordyce, Sonja Lyubomirsky y Martin Seligman, proponen, no recetas fáciles, sino algunas estrategias o líneas de trabajo.

Entre ellas, el ayudar a los demás, pues con ello aumenta la autoestima sana, a la vez que las ocasiones para establecer comparaciones favorables. Matthieu Ricard, un monje budista francés y especialista en biología molecular, es considerado el hombre más feliz del mundo, tras mostrar, en un estudio realizado en la Universidad de Wisconsin, un grado de activación de las áreas cerebrales relacionadas con las emociones positivas jamás alcanzado por otra persona. Además de relativizar ese título –comentó con humor sapiencial que peor sería recibir el título de hombre más desgraciado del mundo– insiste en el carácter adiestrable de la felicidad y en su estrecha relación con el altruismo y la compasión.

Otra estrategia es el practicar la gratitud, pues ayuda a reconocer todo lo positivo, que fácilmente pasaríamos por alto, a la vez que fortalece las relaciones con los demás. También ayuda el ‘saborear’ –en lugar de engullir– las experiencias positivas de la vida, del presente y también del pasado, pues es el mejor modo de intensificar y prolongar esas experiencias positivas. Sin olvidar el dar preferencia a dedicar todo el tiempo posible a las personas queridas y a las actividades en las que nos sentimos mejor. Y otras sugerencias, no menos importantes, como perdonar, adiestrarse en el manejo del estrés, sano sentido del humor, etc.

Así, pues, la felicidad no es algo que nos ocurre, sino algo asequible que podemos conseguir y mantener. Pero sin obsesionarse en alcanzar la felicidad total, pues ello lleva a proponerse expectativas poco razonables, con la consiguiente decepción al no alcanzarlas. La felicidad huye del que se limita a desearla. Recomendación útil cuando la felicidad se convierte en un puro sueño o en un objeto más de consumo.

En tiempos remotos, según una antigua leyenda, unos seres malignos muy poderosos quisieron ocultar la felicidad para que el ser humano no consiguiera encontrarla. Tras descartar varias posibilidades, concluyeron que el mejor escondrijo sería el mismo ser humano, pues la buscaría fuera, sin advertir que mora en su interior. Existe un amplio acuerdo en que la clave de la felicidad está en el interior del ser humano. Pero aquellos seres malignos nos subestimaron, pues, aunque con frecuencia buscamos la felicidad donde no está, también somos capaces de caminar –o de aprender a caminar– en la buena dirección.  [El Correo. Sábado, 2 de abril del 2016]

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4 respuestas a La felicidad asequible y sostenible

  1. maria jose gascon cases dijo:

    Precioso articulo sibre la felicidad .Un abrazo Enrique

  2. Extraordinario artículo, Enrique. Siempre tan acertado. Muchas gracias.

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