Primero de mayo: Día de la Madre

Maternidad Felix Alonso Arenas Oviedo 2

Maternidad. Félix Alonso Arena. 2003. Oviedo: Parque San Francisco

¿Primero de mayo, Día de la madre? Cuando se escucha la expresión ‘día de la madre’ suena, más bien, a día de promoción del regalo a la madre; día o días de regalo, o mejor dicho, de comprar el regalo, de consumir en los centros comerciales promotores de esta celebración. Para los que impulsaron esta fiesta y otras semejantes –los que ‘comercializan’ el calendario–, lo único importante es el comprar el regalo y el fomento del consumo. Pero, mientras no se establezca por la ONU, al margen de lo mercantil, una fecha de celebración del DÍA MUNDIAL DE LA MADRE (con mayúsculas), podemos acogernos a esta fecha, alentada por el comercio y aceptada sin demasiadas críticas por la sociedad. Mejor es algo que nada.

Apartémonos del espíritu comercial adherido a esta celebración. Rescatémosla de ese interesado objetivo. Que sea un día para recordar a las madres, a nuestras madres que, no durante un día, sino durante muchos días y noches –sin horarios ni honorarios, sin descansos semanales ni vacaciones– estuvieron vigilantes y solícitas para proveer nuestras necesidades de todo tipo y sobre todo para entregarnos su amor. Amor expresado de diferente forma en cada etapa de la vida, pero siempre un amor total y no egoísta. Amor resistente e invulnerable a la muerte, pues cuando la madre termina los días de su vida, continúa extendiendo desde Arriba sus manos protectoras sobre su hijo, porque la madre ha quedado en el fondo del corazón del hijo, para que encuentre la mejor decisión en el momento oportuno e inspirarle buenos sentimientos. La madre nunca se jubila como madre; ni después de la muerte.

Los neurobiólogos hablan de oxitocina (la hormona de la vinculación afectiva y del amor), pero nos entenderemos mejor llamando a las cosas, de forma llana, por su nombre común; en el caso del amor de la madre: amor desinteresado, amor incondicional, amor en que se ama a la persona amada porque sí, por ella misma, sin condiciones; amor oblativo, dispuesta a dar a los hijos todo su ser, incluso la vida; amor que lo da todo y que se da a sí misma; amor en estado puro, a la vez que atento a todas las necesidades de la persona amada. Como dijo Erich Fromm, amor que no ama a la persona amada porque la necesita, sino que la necesita porque la ama. El amores lo primero. Amor siempre abierto en un abrazo acogedor, a pesar de no ser siempre retribuido con la gratitud del hijo. Amor que también se expresa en el perdón incondicional, inmediato y repetido. Reconozco, por si alguien piensa que me aparto de la realidad, que no todas las madres actúan de forma tan modélica, pero cuando no es así, lo señalamos como excepción: la excepción confirma la regla.

Ese es el amor de la madre, que merece un monumento –no pocas ciudades han erigido monumentos a la madre– en cada lugar del mundo, en cada calle y en cada casa, pero sobre todo en el corazón de cada hijo o hija. Al buscar una ilustración para esta entrada, no he encontrado mucha dificultad por la oferta abundante de posibilidades, de monumentos a la madre y a la maternidad que existen. La verdad es que hubiera preferido ilustrarla con alguna foto de la vida real, de esas madres que vemos en las calles y en los parques, pero también de esas madres que pasan días, meses y años junto a sus hijos con enfermedades o incapacidades importantes que trasforman su dolor en alegría. Una escultura representa a todas ellas a la vez.

Descubrir o redescubrir de forma plena ese amor de la madre, grabado en nuestro interior, revivirlo y profundizarlo, será la mejor semilla para la transformación del mundo, y la chispa que provoque y extienda el incendio de la reconciliación y la paz universal. El amor cálido y desinteresado de la madre es el modelo para que las relaciones sociales funcionen de forma armónica y concorde; es el bálsamo y lúbricamente para evitar que los complicados engranajes de la sociedad chirríen y se atoren.

Un regalo, por muy costoso que sea, sin la envoltura de la profunda y cotidiana gratitud, vale muy poco.  La gratitud diaria –no solo el Día de la Madre– y el retorno de sus desvelos en cuidados cuando la madre lo necesita, es el mejor regalo. Mi felicitación, gratitud y reconocimiento a todas las madres: a las que leáis estas líneas, a todas mis amigas y conocidas; a las que no habéis parido a vuestros hijos biológicamente, pero sí con la adopción y el amor… a todas nuestras madres que desde hace años nos protegen desde lo Alto; a todas las madres, amatxos, o mamás del mundo.

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2 respuestas a Primero de mayo: Día de la Madre

  1. maria jose gascon cases dijo:

    Asi es es el amor de madre.Como lo describes.Besos

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