El perdón como fortaleza humana

Graduación en perdón. Holy Family School. Belfast. Irlanda del Norte

Graduación en perdón. Holy Family School. Belfast. Irlanda del Norte

Texto de mi último artículo en EL CORREO, sobre el perdón.

 

 

 

 

 

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El perdón como fortaleza humana

Enrique Pallarés Molíns. Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

EL CORREO. Sábado, 7 de mayo del 2016. Página 41

Desde hace milenios, las principales religiones hablan del perdón y lo recomiendan o prescriben. La filósofa Hannah Arendt, pionera en señalar el papel fundamental del perdón en las relaciones humanas, afirma que «El descubridor del papel del perdón en los asuntos humanos fue Jesús de Nazaret», y aclara que el contexto y lenguaje religioso no son razón para valorarlo menos en un sentido estrictamente secular. La Psicología inició el estudio del perdón hace pocas décadas. En la actualidad, la todavía joven Psicología Positiva considera el perdón como una fortaleza humana, a la vez que investiga, con metodología científica, en qué consiste, sus determinantes y consecuencias, y cómo fomentarlo.

Se dice que resulta más difícil definir el perdón que perdonar. Lo cierto es que existe mayor acuerdo en concretar qué no es el perdón que en su definición positiva. Perdonar no es olvidar o ignorar la ofensa, ni interferir la acción de la justicia. Perdonar es un largo y complejo proceso de sanación interna, con proyección interpersonal, que comienza por la decisión de excluir la venganza, el resentimiento, la ira y la distancia, para llegar, cuando es posible, a una reconciliación guiada por la empatía y la compasión. Implica, pues, cambios y reajustes en las emociones, pensamiento, motivación y conducta.

El resentimiento, el odio y el deseo de venganza, lejos de aliviar el dolor de la ofensa, lo prolongan y hacen más vivo. Dijo Lord Byron que «la venganza es dulce»; tal vez sea así al principio, pero pronto resulta amarga y tóxica. Perdonar es la forma de dejar de estar centrado en la ofensa y de seguir dependiendo del ofensor; es, pues, una liberación.

Le preguntó Bill Clinton a Nelson Mandela por la desaparición repentina de su rostro del odio e ira al salir de la presión, que observó años antes por televisión. Mandela respondió: «Escuché el Espíritu de Jesús que me decía: ‘Nelson, mientras estuviste en prisión eras libre; ahora que estás libre, no te conviertas en prisionero’». Lewis Smedes, autor del primer libro sobre el perdón, afirmó que «perdonar es poner en libertad a un prisionero y descubrir que ese prisionero era uno mismo».

Varios estudios muestran las consecuencias positivas del perdón para la salud mental y física, pero sobre todo para la reparación de relaciones sociales valiosas. La reconciliación supone una importante ventaja evolutiva. Por eso, el profesor Michael McCullough, que señala la función de la venganza para controlar la agresión, confirma las raíces no menos profundas del perdón, e incluso habla de un «instinto de perdón». De hecho, varias observaciones controladas, realizadas con primates, muestran la presencia en ellos de conductas de reconciliación tras la ofensa.

No es lo mismo perdonar una ofensa leve que un asesinato. Algunos pensadores han mostrado su reticencia o clara negativa a perdonar lo que consideran imperdonable; Vladimir Jankélévitch afirmó que «el perdón murió en los campos de la muerte». Pero, no olvidemos que, aunque muy difícil, siempre existe ‘la posibilidad de lo imposible’.

Pero perdonar es un don gratuito de la víctima, que el victimario o sus afines no le pueden exigir. Tampoco se puede aconsejar el perdón cuando favorece la revictimización, como a veces ocurre en la violencia familiar, pues perdonar no es carencia de asertividad ni convertirse en un «felpudo humano».

Favorece el perdón el ponerse en el lugar del otro, que no es justificar la ofensa. Perdonar no es olvidar, sino recordar de otra manera, evitar el exceso de memoria, así como neutralizar las explicaciones y los pensamientos distorsionados. Si no es expresamente desaconsejable, el acercamiento al ofensor favorece el perdón. Lo mismo que el recordar e interiorizar modelos de perdón, en lugar de modelos de venganza u odio.

La Psicología se ha centrado en el perdonar, pero es igualmente necesario el perdonarse y, sobre todo, el pedir perdón. Esto último no como mera fórmula social, sino como un clamor que sale del interior del que reconoce sus propios errores y limitaciones. No es alimentar sentimientos de culpabilidad neurótica, sino atemperar los brotes narcisistas que llevan a no reconocer los propios errores y a no pedir perdón por ellos. Perdonar no es de débiles, sino de fuertes; reconocer los propios errores y pedir perdón tampoco es signo de debilidad, sino la expresión de fortaleza de un ego no hinchado y de una autoestima sana. Llegar a esta convicción fomentará, sin duda, la cultura del perdón y de la reconciliación, tan necesarias en nuestra sociedad.

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2 respuestas a El perdón como fortaleza humana

  1. maria jose gascon cases dijo:

    Escrito muy intresante sobre el perdon.Un abrazo Enrique.

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