Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión (4 de junio)

Tomada de Infocop Online

Fotografía tomada de Infocop Online

A comienzos de los años sesenta del siglo veinte, el pediatra germano C. Henry Kempe y sus colegas describieron el síndrome del niño golpeado (*). Este primer estudio constituyó un acontecimiento fundamental, origen de un número importante de investigaciones científicas y de la toma de conciencia sobre esta lamentable realidad del abuso infantil. A los artículos de investigación, libros y congresos de especialistas, se unieron las medidas legales, médicas y psicológicas para tratar, atajar y prevenir el problema. Posteriormente, la identificación y estudios del maltrato, se extendió a otras víctimas de la violencia interpersonal y familiar, como las mujeres y las personas mayores.

Un documento preparado para la 69 Asamblea Mundial de la Salud (27 de mayo del 2016) insiste en las graves consecuencias y secuelas del maltrato infantil en sus diferentes formas y ofrece algunos datos relativos a la extensión del problema. Concretamente, el que la cuarta parte de los adultos del estudio afirmen haber sufrido algún tipo de maltrato físico durante su niñez y el que el porcentaje asciende al 36% si se refiere a haber sufrido abuso psicológico. Niños maltratados físicamente, tomados como objeto sexual, obligados a trabajar precozmente, etc. etc.

Cifras que producen pavor y que provocarían una reacción de negro pesimismo y radical desesperanza, si no fuera por la existencia de otra realidad, que es la del porcentaje, mucho mayor, de madres y padres que se entregan en cuerpo y alma a la cría y educación de sus hijos, que comparten con ellos momentos de alegría y afecto, que están a su lado día y noche durante la enfermedad, que, en definitiva, les dan lo mejor de sí mismos.

Día de conciencia para erradicar esta lacra del maltrato infantil. Día también para caer en la cuenta que una forma de maltrato infantil, especialmente preocupante en nuestras latitudes, es la excesiva permisividad en la educación, el no ayudar a los niños a que desarrollen el autocontrol y el respeto a los demás, para lo cual resulta imprescindible establecer ciertos límites y normas, en una educación guiada por los principales valores. Hemos de evitar, en nuestros ambientes con mayor desarrollo económico y disfrute de libertades, que el Síndrome del Niño Golpeado sea reemplazado por un Síndrome del Niño Consentido o Mimado, dos versiones graves de maltrato infantil.

(*) KEMPE CH, SILVERMAN FN, STEELE BF, DROEGEMUELLER W, SILVER HK. (1962). The battered-child syndrome. JAMA, 181,17-24.

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