Cuando ocurre lo opuesto a lo anhelado

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Cuando ocurre lo opuesto a lo anhelado

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en EL CORREO. Domingo, 3 de julio del 2016. Página 43 en la edición de Vizcaya.

 

No trataré de los reveses de la vida, cuando se truncan deseos e ilusiones y se convierten en pequeñas o grandes frustraciones. Me referiré a algunas estrategias que a veces adoptamos, de forma casi refleja, pensando alcanzar así el objetivo de no sentirnos mal, o de sentirnos mejor. Curiosamente, el resultado es el opuesto a lo deseado; y, precisamente, por poner todo el empeño en conseguir ese objetivo.

Hace varias décadas, Daniel Wegner, de la Universidad de Harvard, informó del resultado de un experimento en el que dio a los participantes la consigna de no pensar en un oso blanco y, caso de pensar en él, hacer sonar un zumbador y verbalizar el pensamiento del oso. Aportaba así control experimental a una anécdota que cuenta Fyodor Dostoyevsky en “Notas de invierno sobre impresiones de verano”: «Trata de ponerte esta tarea: no pensar en un oso polar; y verás que la cosa maldita llegará a tu mente cada minuto». La tarea parecía a primera vista de extraordinaria sencillez, pero el resultado fue el opuesto a lo esperado, a juzgar por el elevado número de sonidos del zumbador y de verbalizaciones “oso blanco” de los participantes.

Normalmente controlamos nuestro pensamiento. Pero, sobre todo en circunstancias de estrés y ansiedad, puede ocurrir que no dejemos de pensar o de imaginarnos lo que no deseamos. Querer olvidar un pensamiento o imagen, con insistencia y ansiedad, suele favorecer el tenerlo todavía más presente. Se produce este efecto paradójico porque el deseo de no imaginar o pensar en algo se desdobla en dos procesos mentales: uno dirigido a que no aparezca el “oso blanco” y el otro orientado a vigilar si aparece o no. Este segundo proceso es el responsable de que el oso siga bien presente en la mente, a pesar del esfuerzo, o precisamente “por” el esfuerzo para impedir que aparezca.

Algo parecido ocurre cuando uno se esfuerza en conciliar el sueño, o se preocupa y agobia por no conseguirlo; practica así la mejor estrategia para permanecer insomne toda la noche. Contar ovejas puede resultar eficaz, si uno no está demasiado atento al número de ovejas que ya han pasado y a las que tendrá que contar hasta conciliar el sueño.

Esforzarse para que desaparezca la ansiedad conduce a su elevación y alimenta la espiral de exacerbación. Es la ansiedad provocada por el deseo de que desaparezca; el miedo al miedo: el peor de los miedos. La evitación o huida fóbica de un objeto o situación no peligrosa es la causa de la persistencia y aumento del miedo fóbico. El esfuerzo por relajarse perfectamente puede llevar a un aumento de la tensión. O disminuir la concentración precisamente por querer alcanzar una concentración total. A veces la medicina se convierte en veneno.

Pero también se observa este proceso paradójico en el caso del puro anhelo y preocupación por elevar la autoestima, o en la búsqueda de la felicidad y el placer. Buscarlas directa y rápidamente, con obsesión, sin seguir las adecuadas estrategias -indirectas y menos rápidas-, aleja y hace inalcanzables esas deseadas metas.

Recuerda esto lo que cuenta el filósofo y médico griego Sexto Empírico del pintor Apeles, para ejemplificar la vía hacia la suspensión del juicio del escepticismo. Estaba este famoso pintor a punto de terminar el retrato de un caballo en pleno esfuerzo de una carrera. Solo le faltaba plasmar en el lienzo la espuma de la boca. Tras fracasar en varios intentos, enfadado consigo mismo, lanzó al cuadro la esponja de limpiar los pinceles. Acertó por casualidad en la boca del caballo y la espuma quedó así perfectamente reflejada y el retrato del caballo felizmente terminado.

El sueño, la relajación, la autoestima y la felicidad, como las palomas, se escapan al quererlas agarrar. Existen varios recursos para estas situaciones, pero a veces conviene empezar con otra estrategia. Por ejemplo: permitir al pensamiento indeseado que “vaya y venga”, aceptar la ansiedad inicial, dejar vagar la mente en lugar de concentrarla en que llegue el sueño, no luchar contra las tensiones cuando se busca la relajación. Incluso, en la técnica terapéutica de intención paradójica, desde Viktor Frankl, hacer lo contrario: tensión para relajarse, pensar con insistencia en el pensamiento indeseado, etc. En el caso de la autoestima y la felicidad, seguir lo indicado por los especialistas, que coincide con el desarrollo y crecimiento personal. Así, pues, junto a los objetivos que exigen un empeño y esfuerzo directo y total, otros, como los citados, es mejor no pretender alcanzarlos directa e inmediatamente ni obsesionarse en ello.

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2 respuestas a Cuando ocurre lo opuesto a lo anhelado

  1. maria jose gascon cases dijo:

    Buenos dias Enrique.Aqui en la casa de Codoñera leyendo tu articulo.Espero vengais pronto.Saludos

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