La paz, un asunto de todos

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 La paz, un asunto de todos

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en EL CORREO. Domingo, 18 de diciembre del 2016. Página 43

Decía el político francés Georges Clemenceau que «la guerra es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de los militares». También la paz es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de los que gobiernan las naciones y la economía. Todos estamos, o debemos estar, concernidos y comprometidos en el establecimiento y afianzamiento de la paz. La paz es un asunto de todos.  Las navidades son fechas propicias para escuchar mejor el mensaje de paz, que constituye el clamor de la humanidad desde los tiempos remotos. Los encuentros familiares y de amigos invitan a desear también el encuentro y la armonía de toda la humanidad.

El objetivo no es solo la ausencia de guerras y episodios violentos, sino también la paz positiva, es decir, el establecimiento de un orden social que haga desaparecer o reduzca sustancialmente las injusticias económicas, culturales, de género, ecológicas…, que constituyen auténticas barreras para la paz. Paz entre las naciones y entre las personas; pero, también, paz con la naturaleza y paz dentro de cada uno.

La Psicología ha intentado e intenta colaborar en la construcción de la paz ‒también ha servido a la guerra‒, con sus análisis y pautas para la intervención. En 1902 pronunció William James una conferencia, con el título El equivalente moral de la guerra, considerada el inicio de la Psicología de la Paz. Aunque algunas de sus ideas resultaban más comprensibles entonces, otras ofrecen un importante y actual mensaje. Así, su visión del universo que, aunque inseguro, no está determinado de forma mecanicista, sino que es susceptible a la acción transformadora del ser humano. Pensaba también James que resulta improbable que las guerras desaparezcan mientras no se sustituyan los motivos y objetivos que las desencadenan por otros atractivos e ilusionantes, pero pacíficos.

Décadas después, el psicólogo social Gordon Allport propuso la hipótesis del contacto, que se ha mostrado eficaz para mejorar las actitudes entre grupos y fomentar la tolerancia. El contacto entre grupos y personas, en un ambiente de seguridad e igualdad, diluye de forma progresiva los prejuicios, origen de muchos conflictos, y conduce a la empatía y comprensión mutua. La Psicología ha descrito también los rasgos de la persona que busca la paz. Por ejemplo: reconocer y rechazar todo tipo de violencia, empatía, flexibilidad mental, tolerancia, autenticidad, confianza, capacidad para escuchar y para comunicar, amabilidad sin sumisión pasiva, ánimo y constancia, ausencia de narcisismo… Descripción y meta a alcanzar.

La educación, por supuesto, desempeña un papel fundamental en la construcción de la paz. Al comienzo de la Constitución de la Unesco, los países firmantes declaran: «…puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz». En 1932, cuando el auge de los regímenes totalitarios presagiaba una nueva guerra, Albert Einstein planteó a Sigmund Freud la cuestión de cómo liberar al ser humano de la fatalidad de la guerra. En su respuesta, el fundador del psicoanálisis, tras mostrar su pesimismo, abría una puerta de esperanza, todavía incierta pero posible: «Todo lo que fomenta el crecimiento de la cultura, trabaja al mismo tiempo contra la guerra». Cultura contra la guerra y la violencia.

Cultura basada en los valores de la justicia, la verdad, la libertad, el respeto mutuo y en la firme convicción de compartir una humanidad común, en lugar de enfocar lo que divide. Cultura que, en vez de ir contra las personas, dirija los esfuerzos a construir una sociedad y un planeta habitables para todos. Cultura para blindarse a la propaganda ‒explícita e implícita‒, que pretende justificar la guerra, con frecuencia deshumanizando al adversario. Cultura para la resolución pacífica de los conflictos, así como para practicar el perdón y la reconciliación. En fin, la cultura de la paz.

El efecto mariposa, expresión acuñada por el meteorólogo y matemático Edward Loren, afirma en el contexto de la teoría del caos, que pequeñas causas pueden generar grandes efectos. «El aleteo de una mariposa en Hong Kong puede provocar una tempestad en Nueva York». En estos días mágicos de las navidades, soñemos y apliquemos esta metáfora en su versión benéfica. Movamos con ilusión, energía y constancia las alas de nuestra paz interior, en la seguridad de que este gesto no quedará estéril; se transformará en la fecunda semilla de la que crecerá el árbol de la paz. «Sin esperanza, no puede haber paz», escribió Albert Camus.

 

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2 respuestas a La paz, un asunto de todos

  1. ¿ Y , el mito de Caín y Abel ?¿ No es una advertencia pesimista pero constatable como cruz de lo humano?

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