Estoy de acuerdo sin estar de acuerdo

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Estoy de acuerdo sin estar de acuerdo

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en El Correo. Domingo, 12 de febrero del 2017. Página 43

Los cuentos contienen y nos ofrecen grandes dosis de la sabiduría popular acumulada a lo largo de los siglos. Algunos se adelantaron siglos o milenios a lo que luego confirmará la Psicología. El del traje nuevo del rey (o emperador), en sus diferentes versiones, es uno de ellos. Unos pícaros se ofrecen al rey para confeccionarle un traje de un tejido tan especial que causará la admiración de todos, aunque, eso sí, solo lo podrán ver las personas honradas. Simulan como buenos actores los detalles del proceso de confección del traje, y una vez ‘terminado’, concluyen la farsa y ‘visten’ al rey para desfilar por las calles de la ciudad. Todos admiran y comentan en voz alta la belleza del traje que no ven, pero que sienten que tienen que decir que ven. Nadie discrepa, hasta que la espontaneidad de un niño rompe con este falso consenso al decir en voz alta: «¡El rey está desnudo!».

Los psicólogos sociales Daniel Katz y Floyd Allport acuñaron la expresión ‘ignorancia pluralista’ para describir una situación relativamente común en los grupos humanos. La mayoría de los miembros no está de acuerdo, o no totalmente, con una idea o actitud, pero, a la vez, cada uno piensa que los demás sí lo están y, en consecuencia, expresan su acuerdo con algo en lo que no están de acuerdo.  El profesor acaba de explicar una cuestión difícil: «El que no lo haya entendido, que levante la mano». Ningún movimiento; silencio absoluto. Fernando no ha comprendido bien la explicación y desea hacer una pregunta. Observa a sus compañeros y se dice a sí mismo: «Soy el único que no lo ha entendido. Si pregunto, quedaré como tonto». En realidad, hay muchos ‘Fernandos’, pero todos interpretan que el silencio de los demás indica que lo han entendido bien.

Una investigación realizada en la Universidad de Princeton mostró que el aumento del consumo excesivo y frecuente de alcohol en el campus se podía explicar, al menos en parte, por este proceso. La norma o regla social que muchos de los universitarios percibían era: «Es normal excederse en la bebida», «Todos lo hacen». Estimaban, incluso, que tanto el promedio del grupo como sus amigos experimentaban menos malestar por la ingesta de alcohol que ellos. Además, el comportamiento de los que beben en exceso resulta tan visible que ayuda a creer que se trata de una conducta normal.

Este modo de pensar y comportarse, relacionado con el ‘falso consenso’ y con la ‘espiral del silencio’, explica comportamientos sociales relevantes. Así, la discrepancia entre las conductas públicas y las privadas: defender o no contradecir una determinada actitud o idea, con la que uno no está de acuerdo privadamente, por creer que los demás apoyan esa actitud u opinión. En las organizaciones y en la vida diaria de los diferentes grupos, muchos participantes ‘ven’ sin ver, e incluso ponderan la belleza de ‘trajes’ que no existen.

Varias circunstancias facilitan estas falsas adhesiones: la existencia de una minoría influyente y activa, la difusión por los medios de comunicación de lo que se considera que es lo normal, etc. Pero, en el fondo, el miedo a disentir y a ser marginado, siempre presente, sobre todo en la adolescencia y juventud.

Las consecuencias son importantes. Llegar a acuerdos precarios y frágiles; a ‘síes’ que luego se convierten en ‘noes’ o en indiferencia y pasividad. Opiniones que se adscriben a la mayoría del grupo, aunque son solo una niebla difusa que se disipa con el sol de la autenticidad, salvo que la indiferencia o el miedo a exponer el propio punto de vista provoque su consolidación. Tensión, a veces angustiosa, del que se siente forzado a decir lo que no piensa, en lugar de expresar con libertad su verdadera opinión. Tal vez terminará por ‘ver’ el ‘traje invisible’; o por callar: la ‘espiral del silencio’. Con frecuencia, «quien calla, otorga».

Entre la expresión agresiva de las propias convicciones y la cesión, más o menos pasiva, a lo que se piensa que es el punto de vista de la mayoría, existe la tercera posibilidad de manifestar de forma correcta y serena el propio punto de vista. Con asertividad: tras reflexionar y escuchar a otras opiniones, sin agresión ni ira, pero con claridad y firmeza. No siempre resulta fácil. Es necesaria esa mirada fresca y auténtica de la realidad, propia del niño: «¡El rey está desnudo!». Esa voz espontánea y valiente que expresa lo que de verdad ve, piensa y siente; capaz de hacer emerger el fondo de integridad y coherencia de los que, en su interior, no están de acuerdo con lo que consideran que no deben estar de acuerdo.

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7 respuestas a Estoy de acuerdo sin estar de acuerdo

  1. Excelente artículo, me pareció que es un caso conocido también como la paradoja de Abilene.

  2. manuelaresti dijo:

    Muchísimas gracias por tu artículo. Personalmente me inclino por la tercera posibilidad pero es muy difícil de llevarla a cabo…

  3. maria jose gascon cases dijo:

    Así es Enrique. A veces otorgas por miedo a meter la pata. No suele ser mi caso. Decir tu punto de vista es gravoso a veces, aunque sí reconozco que debería hacerlo con más tranquilidad. Besos

  4. manuelaresti dijo:

    Me encantaría comprar el libro el perdón como fortaleza humana. He tomado la decisión a raíz de la lectura de este artículo de opinión. Un abrazo. GH

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