Los libros nos esperan

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Los libros nos esperan

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en el diario EL CORREO. Domingo, 23 abril, 2017. Día Mundial del Libro

La presencia de los libros hoy en la calle, además de una iniciativa comercial en el Día Mundial del Libro, es la imagen de la disponibilidad permanente del libro. El libro ha desempeñado y desempeña un papel esencial en nuestra formación intelectual y humana, así como en el progreso de la civilización. Es el amigo fiel que instruye y recrea, que nos acerca la experiencia, la investigación y la creatividad de muchas personas de diferentes tiempos y lugares; que nos libera de la ignorancia y nos guía en la búsqueda de la verdad. A cualquier hora está dispuesto al diálogo y a responder a nuestras dudas. Es el consejero fiel, discreto y respetuoso, que sugiere sin imponer. Con todo, el libro vive en la actualidad un momento de incertidumbre. ¿Sobrevivirá a la era digital y de la imagen? ¿Morirá el libro, precisamente, por un exceso de libros? ¿o por la disminución de lectores?

En 1935 decía Ortega y Gasset a los participantes en el Congreso Internacional de Bibliotecarios: «Hay demasiados libros». La producción bibliográfica en España desde entonces ha pasado de unos 5.000 títulos en 1934 a los más de 81.000 en 2016. No parece, pues, que sea inminente el fin de la galaxia Guttenberg y del homo typographicus, la muerte del libro. Pero Ortega no se refería tanto al exceso en cantidad como al descenso de la calidad, al peligro que trae consigo la facilidad de imprimir un libro y la consiguiente edición de libros movida por el interés económico o por el prestigio. Así, surgen los falsos libros, «unos objetos impresos que se benefician de su externo parecido con el verdadero libro». Ya en 1477, a pocos años de la invención de la imprenta, Hieronimo Squarciafico, humanista y editor veneciano, expresó su preocupación por las consecuencias de este crucial invento: «La abundancia de libros hará a los hombres menos estudiosos». Es decir, más superficiales.

Entonces, ¿cuantos más libros, peor? Se atribuye, entre otros, a Tomás de Aquino la frase «Temo al hombre de un solo libro» («Hominem unius libri timeo»). Frase que unos entienden como un aviso para evitar que la formación personal se limite a un solo libro, se cierre a otras perspectivas y se atrinchere en una actitud dogmática. Pero también se puede entender como el temor a ser derrotado en un debate intelectual con quien ha profundizado en uno o pocos libros, y ha conseguido así evitar la dispersión y estructurar bien su mente.

El remedio al exceso de libros no está en implantar una censura de calidad que impida hacer gemir las prensas a todo candidato a libro que no supere la mediocridad. Es el lector quien debe realizar esta tarea, porque el libro solo es libro por el lector que lo lee y revive. Un libro, sin el concurso vivificante del lector, es un mero objeto, solo una cosa. El lector, al seleccionar los libros, actúa de juez regulador de la producción bibliográfica, siempre que no se deje guiar por la moda y la publicidad. Que no por leer ‘lo último’ olvide ‘lo primero’ en calidad, es decir, esas obras sin caducidad, que han sobrevivido al paso de los años y de los siglos: los libros de solera.

Hoy es de obligado recuerdo, por celebrarse el aniversario de su muerte, la obra perenne de Shakespeare y de Cervantes. Pero también la de otros grandes autores en las diferentes áreas de la creación literaria y del saber. Porque hay libros que no vale la pena leer, otros que conviene leer, y algunos para releer e incluso aprender. Estos grandes libros no se suelen ver en los escaparates ni entre las novedades, aunque siempre están discreta y fácilmente disponibles. Dice Ítalo Calvino que los libros en las bibliotecas hablan entre ellos y que el buen lector escucha esa conversación. Así es. El buen lector dialoga con el autor y escucha ese interesante coloquio de los libros, coordinado y vertebrado por unos cuantos libros básicos, bien leídos y aprendidos, que forman las estanterías y los plúteos de nuestra mente.

El libro puede resistir temperaturas superiores a los 451 grados Fahrenheit, pero no sobrevive al olvido ni a la frívola superficialidad de tomarlo como un objeto más de moda y de consumo. Los medios digitales, bien utilizados –sin olvidar los derechos de autor–, no matarán el libro. La digitalización e internet ponen, incluso, a nuestro alcance bibliotecas y libros que antes resultaban de imposible o de muy difícil acceso. Además, se puede alternar de forma equilibrada el ‘cliquear’ con el paso lento y acariciador de las hojas de este amigo incondicional, cuya fiesta hoy celebramos. Con gratitud: ¡Felicidades, amigo! ¡Por muchos años!

Artículo relacionado, publicado en mayo del 2015: Libro electrónico o libro de papel b

 

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2 respuestas a Los libros nos esperan

  1. Isidro Gracia Arriazu dijo:

    Enrique me ha encantado el artículo; te felicito y al mismo tiempo te envío un Abrazo.

    Isidro.

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