Vuelta al trabajo y a la escuela

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Vuelta al trabajo y a la escuela

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en El Correo. Domingo, 3 de septiembre del 2017. Página 41

Se acabaron las vacaciones. Se cierra este paréntesis –para algunos muy breve– del año laboral y escolar. Vuelta a las aulas y al trabajo. Vuelta a los horarios fijos, a las exigencias del trabajo y del estudio. Solemos decir «Vuelta a la normalidad», dando a entender que las vacaciones son algo anormal o extraordinario. De los días azules a los grises.

En estas fechas se habla con frecuencia del ‘síndrome postvacacional’ (‘estrés postvacacional’, o ‘depresión postvacacional’), para etiquetar un conjunto, no bien definido, de reacciones psicológicas de breve duración al retornar al trabajo. Entre ellas, descenso en la motivación y en el rendimiento, cansancio, problemas del sueño, irritabilidad, bajo estado de ánimo, etc. Según los escasos, y no del todo fiables estudios realizados, afectaría a entre el 5 y el 60 por cien de los que se reincorporan al trabajo. Curiosamente, las cifras más elevadas corresponden a las encuestas en las que se pregunta directa y escuetamente «si ha experimentado o no el síndrome postvacacional».

La reincorporación al trabajo después de las vacaciones exige un esfuerzo de adaptación y produce una reacción de estrés de baja intensidad y duración. Es volver a un horario más rígido que el de las vacaciones, a unas exigencias de atención y ejercicio de las habilidades propias de la tarea, a asumir responsabilidades, a la posibilidad de cometer errores, a tensiones con compañeros y superiores.

Pero esto no hay que considerarlo una enfermedad ni es necesario inventar una etiqueta patológica para lo que es, en realidad, un proceso de adaptación normal. Las principales clasificaciones de los trastornos mentales no incluyen el ‘síndrome postvacacional’. Sin embargo, ha adquirido gran popularidad en los medios de comunicación y en las conversaciones cotidianas. Tal vez esta misma popularidad coopera a que algunos sientan lo que creen que se ‘debe sentir’ en estas fechas. En cualquier caso, es mucho mayor el estrés del que no encuentra trabajo o está en riesgo de perderlo.

Según el profesor Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, el ‘estrés postvacacional’ puede afectar a algunas personas de forma grave, debido a que a la vuelta al trabajo se unen circunstancias laborales o personales adversas. Así, los que vuelven a un trabajo en condiciones especialmente negativas, debido a jefes o compañeros hostiles; las víctimas de acoso escolar; los profesores con alumnos muy problemáticos; o cuando concurren problemas familiares, de salud, económicos, etc.

Pero este lado negativo no es toda la verdad. La vuelta al trabajo o al centro escolar para muchos es fuente de experiencias positivas. Por ejemplo, el reencuentro con personas conocidas y amigas. El mismo trabajo, bien realizado, incluso el menos brillante, puede ser una fuente importante de satisfacción y de realización personal.

Para prevenir y abreviar los posibles efectos molestos del proceso de reincorporación al trabajo o al estudio se ofrecen algunas sugerencias. Por ejemplo, fragmentar las vacaciones, regresar a la residencia habitual un par de días antes de la incorporación al trabajo para normalizar progresivamente el ritmo de sueño y de comidas, evitar reanudar la actividad laboral o académica el primer día de la semana, fomentar actividades gratificantes, etc. La profesora Robles Ortega, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada, recomienda también, y me parece muy oportuno, no conceder mucha importancia a estas posibles reacciones de adaptación, de breve duración y completamente normales.

  Tal vez la mejor prevención sea dejar de ver el trabajo o el estudio como una condena y tratar de tomarlos como un reto y un medio de realización personal, aunque es cierto que a veces las circunstancias hacen muy difícil esta mirada amable. Es responsabilidad de empresarios, jefes y educadores no solo hacer menos odioso el trabajo o el estudio, sino más también más humano y atractivo.

Pero también al que vuelve al trabajo o al estudio le corresponde rebajar, si es del caso, la enemistad con su tarea y activar el talismán interior que todos tenemos –tal vez algo oxidado–, para convertir en agradable o en neutro lo que al principio pudo resultar desagradable; un talismán para convertir el gris en azul y la sombra en luz. El trabajo es tan necesario como las vacaciones. Desde hace más de dos mil años los filósofos estoicos nos invitan a hacer virtud de la necesidad, es decir, a retomar con buen ánimo y talante el deber del trabajo y del estudio.

 

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