Feliz y con camisa

Feliz y con camisa a

Feliz y con camisa

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en EL CORREO. Domingo, 25 de marzo del 2018, pág. 39

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La proximidad del Día Internacional de la Felicidad (20 de marzo) invita a una breve reflexión sobre esta emoción o estado emocional, máximo anhelo del ser humano en todos los tiempos y lugares, que es la felicidad. De las muchas referencias literarias a la felicidad, el cuento de “El hombre feliz sin camisa”, del escritor ruso Lev Tolstoi, es posiblemente la más popular, lo que ahorra contar los detalles. Un zar, desahuciado por lo mejores médicos, ve la única posibilidad de curación en la propuesta de un trovador: «Su majestad sanará si se viste la camisa de un hombre feliz». Tras laboriosa búsqueda, los servidores del zar encuentran un hombre que, sentado junto a la lumbre de la chimenea de su choza, decía: «¡Qué bella es la vida! Con el trabajo realizado, una salud de hierro y afectuosos amigos y familiares ¿qué más podría pedir?». Pero la euforia de la corte se convierte en decepción cuando comprueban que el hombre feliz no tiene camisa.

Una lección que se desprende de este instructivo cuento es que la felicidad no depende de la posesión de bienes materiales: «¡Feliz sin camisa!». Eso sí, este hombre fundamentaba su felicidad en el trabajo, la salud y el cariño de familiares y amigos. ¡Excelentes fuentes de felicidad! No existe, sin embargo, ninguna prueba de que vivir en una choza o carecer de camisa genere felicidad. Era feliz no por ser pobre, sino a pesar de ser pobre.

Los estudios científicos atribuyen a las relaciones sociales el papel principal en la conquista de la felicidad, aunque sin negar ni rebajar la importancia del dinero. De hecho, las naciones con mayor renta –bien distribuida–, están entre las más felices, mientras que las más pobres ocupan los últimos puestos en el ranking mundial de la felicidad. Pero la relación entre dinero y felicidad no es lineal, sino compleja. El dinero es un factor importante hasta que se alcanza lo conveniente para una vida digna, pero, más allá, añade poca felicidad. La influencia depende mucho de su buen uso, y está probado que el compartirlo sí que aporta felicidad. Ni con más dinero, pero tampoco con menos dinero del necesario, se es más feliz. Relativizar su impacto, no es, pues, negar ni minimizar la importancia del dinero para la felicidad. Según los profesores Roy Baumeister y Kathleen Vohs «aunque el dinero no hace felices a las personas, sí parece que es capaz de hacerlas menos desgraciadas».

Es verdad que la felicidad, en última instancia, radica en la misma persona, pero sin olvidar que las condiciones exteriores, concretamente las materiales, tienen un peso importante, pues el ser humano no es puro espíritu. Sin embargo, en algunas orientaciones y consejos para ser feliz se pone tanto énfasis en los factores interiores («Es usted quien elige ser feliz») que se debilita o borra la importancia de los factores exteriores o estructurales, como el reparto justo de la riqueza, la vigencia de los derechos humanos, etc.

Por una parte, la leyenda del hombre feliz sin camisa o del ‘pobre feliz’ es una lección de que la verdadera felicidad no está en la acumulación de bienes materiales, sino que son otros valores los que fundamentan la auténtica felicidad. Pero una sesgada interpretación del cuento puede colaborar al fortalecimiento del mito del ‘pobre feliz’, falsedad elaborada a partir de algunos casos anecdóticos de personas ‘felices, aunque pobres’. La finalidad o razón de este mito puede ser prevenir o paliar los sentimientos de culpabilidad y la mala conciencia ante la pobreza. El mito del ‘pobre feliz’ tiene el peligro de convertirse en una estrategia, más o menos deliberada, de justificar las flagrantes desigualdades y de negar el carácter problemático de la pobreza, así como la gravedad de su impacto: «Los pobres pueden ser felices, como el del cuento».

La pobreza, sobre todo la extrema, no engendra felicidad, sino estrés y emociones negativas. Fomenta un estado afectivo de inseguridad, indefensión y desesperanza que reduce la motivación y altera la toma de decisiones para realizar las acciones encaminadas a salir de esta situación. Es decir, se forma un círculo vicioso o espiral negativa que cristaliza la situación desfavorable.

Tal vez convenga, sin dejar de admirar el bello cuento de Tolstoi, introducir algún cambio en su contenido o, mejor, en su interpretación. Admiremos a los que consiguen ser felices sin tener una camisa –y que incluso comparten lo poco que tienen con otros–, pero sacudamos nuestra conciencia personal y social para lograr que todos lleguen a ser felices con, al menos, un par de camisas.

Si desea leer más sobre el tema de la felicidad, he publicado hace un mes un libro, cuyo título es “La felicidad asequible y sostenible”. Encontraré información de este libro en este mismo blog, haciendo clic en este enlacehttps://enriquepallares.wordpress.com/2018/02/07/nuevo-libro-la-felicidad-asequible-y-sostenible/

 

 

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2 respuestas a Feliz y con camisa

  1. 1950mayo dijo:

    Genial Un abrazo

    Miguel A. Marrero Deniz

    > El 26 mar 2018, a las 9:47, Blog de Enrique Pallarés Molíns escribió: > > >

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