La necesidad de pedir perdón

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La necesidad de pedir perdón

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

 

Publicado en EL CORREO. Sábado, 5 de mayo del 2018.

 

Perdonar y pedir perdón constituyen, junto con el perdonarse a uno mismo, la llamada ‘tríada del perdón’. Perdonar y pedir perdón son procesos naturalmente complementarios, aunque es posible perdonar sin petición de perdón y la petición de perdón no ser correspondida. Perdón que rellena la brecha de la injusticia provocada por la ofensa y que repara las relaciones entre las personas.

No es lo mismo un leve empujón que un asesinato. Pero, a igual gravedad de la ofensa, las formas de pedir perdón tampoco son iguales. Porque existe una forma estratégica o táctica, cuyo objetivo no es tanto pedir perdón como tratar de lavar la imagen o ganar aceptación social. Algunas peticiones de perdón, incluso, son un modo de justificar la ofensa y de prolongarla. ¿Qué requisitos debe cumplir la petición de perdón para facilitar su concesión y evitar la revictimización?

Ante todo, ha de quedar muy claro el reconocimiento de la ofensa, quién es el ofensor y quién el ofendido. Desvirtúan o corrompen la petición de perdón las explicaciones vagas o incompletas, así como el racionalizar o tratar de justificar la ofensa. Hablar de daños colaterales o de consecuencias de un conflicto, eludiendo o velando la realidad cruel del asesinato o de otros tipos graves de ofensa, es una cínica perversión, no solo del perdón, sino de la misma comunicación humana.

La auténtica petición de perdón implica el sincero arrepentimiento, una de las siete cosas que, según el Talmud de Babilonia, creó Dios antes de crear el universo. Arrepentimiento expresado, además de con lenguaje claro, con la reparación, en el grado en que ésta todavía sea posible.

Además, el que pide perdón no ha de esperar recibirlo de forma automática e inmediata. Las ofensas especialmente graves exigen en la víctima, incluso cuando decide perdonar, un complejo proceso psicológico. Lo recuerda la ‘Guía general de buenas prácticas en el trato con víctimas del terrorismo…’, del Gobierno Vasco: «Las víctimas no deben ser obligadas a sobrellevar la carga del perdón y la reconciliación, cuestiones muy complejas…». La etimología de ‘perdón’ (‘per-donare’) muestra también su carácter de don gratuito.

Aunque resulte una obviedad, evitar la ofensa y la siembra de odio es una ‘tarea’ preventiva, y las más deseable, que hace innecesaria la compleja tarea de pedir perdón y de perdonar. Resulta aplicable aquí la máxima «Primum non nocere» («Lo primero, no causar daño»).

Comenta George Vaillant, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Harvard, que en épocas pasadas tener autoridad equivalía a estar exento de pedir perdón. Asistimos hoy –en la llamada ‘era de las disculpas’– a peticiones de perdón por parte de líderes políticos y religiosos, con frecuencia de ofensas que ellos personalmente no cometieron. Sean bienvenidas y estimuladas las sinceras peticiones de perdón, muestra de que las instituciones, no solo son capaces de cometer errores, sino también de arrepentirse y de rectificar.

No resulta fácil pedir perdón, ya que algunos lo perciben como signo de debilidad y muestra de baja autoestima. Pero, en realidad, solo las personas o grupos que han construido o reconstruido su identidad y su autoestima sobre lo pilares de la autenticidad y del sentido de humanidad son capaces de pedir perdón y de mostrar así su sólida fortaleza. Tanto el pedir perdón, como el otorgarlo, no son signo de debilidad.

Para fomentar la cultura del perdón y de la reconciliación –«Sin perdón no hay futuro» y el presente constituye una pesadilla–, es necesario subrayar el esencial papel del pedir perdón. El profesor Aaron Lazare, autor de un libro de referencia sobre el tema, afirma que, dada su cualidad sanadora, «Las disculpas deberían ser contadas entre las conductas más profundas de la humanidad». Australia instituyó en 1998 el Día Nacional de Pedir Perdón (National Sorry Day), que se celebra cada 26 de mayo. Si no se juzga necesario aumentar el ya denso calendario de los ‘Día de…’, resulta imprescindible activar una actitud sincera de pedir perdón por las ofensas cometidas, o por ‘mirar a otro lado’, como única vía hacia la anhelada reconciliación y paz social.

El poeta zamorano León Felipe expresó con hondura la necesidad vital de pedir perdón, en un poema que refleja el dolor de una persona de edad avanzada al constatar la pérdida de su memoria y de las personas a quienes pedir perdón: «Las palabras se me van/ como palomas de un palomar desahuciado y viejo/ y sólo quiero que la última paloma,/ la última palabra pegadiza y terca,/ que recuerde al morir sea ésta: Perdón».

 

Otras publicaciones mías sobre el tema del perdón:

+Pallarés Molíns, Enrique. El perdón como fortaleza humana. Bilbao: Ediciones Mensajero (Grupo Comunicación Loyola), 2016. 245 páginas. Información sobre este libro en: https://enriquepallares.wordpress.com/2016/11/15/nuevo-libro-el-perdon-como-fortaleza-humana/

+Pallarés Molíns, Enrique. Del odio y el resentimiento a la reconciliación por el perdón. En M.C. Azaústre Serrano (Coord.), Una espiritualidad de la reconciliación y la no violencia, (pp. 19-56). Ávila: CITeS-Universidad de la Mística, 2016. (Colección Cátedra Josefa Segovia, 4).

+Pallarés Molíns, Enrique. El perdón como fortaleza humana. EL CORREO. Sábado, 7 de mayo del 2016. Página 41. Enlace al texto de este artículo: https://enriquepallares.wordpress.com/2016/05/09/el-perdon-como-fortaleza-humana/

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