La cuarta edad (1/10 Día Internacional de las Personas de Edad)

Mayores en residencia

 

…y la cuarta edad

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

El Correo. Domingo, 30 de septiembre del 2018. Página 41

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La celebración el 1º de octubre del Día Internacional de las Personas de Edad invita a realizar un breve comentario sobre la última etapa de la vida. Hablamos con frecuencia de la tercera edad, de los años a partir de los 60-65, fecha habitual de la jubilación, pero menos de la cuarta edad. Con un criterio cronológico, la cuarta edad comienza hacia los 80 años; con un criterio demográfico cuando solo siguen vivos la mitad de los miembros de la propia cohorte, o grupo de personas nacidas el mismo año y que llegaron a la madurez. Finalmente, otros gerontólogos definen la cuarta edad, sin utilizar referencias cronológicas, como la situación en la que se encuentran las personas cuando la fragilidad y la dependencia se hacen evidentes e irreversibles.

La tercera edad, por lo general, es una prolongación de la madurez, pero con la ventaja de estar libre de las limitaciones que imponen las actividades laborales y paternales o maternales. El filósofo italiano Norberto Bobbio la llama ‘vejez burocrática’, porque su comienzo lo marca la jubilación. La cuarta edad, por el contrario, que Bobbio llama ‘vejez fisiológica’, está asociada a fragilidad y a dependencia. Se puede decir, rehuyendo ‘romantizar’ la vejez, que la cuarta edad es la verdadera y temida vejez.

Joan Erikson, tras la muerte de su esposo Erik y con más de noventa años, añadió un noveno estadio a los ocho, ya clásicos, con los que resumió Erik el ciclo vital humano y sus retos o tareas psicosociales. Este noveno estadio, que coincide con la cuarta edad, «trae consigo nuevas demandas, reevaluaciones, y dificultades diarias». Intuir un futuro efímero, largo tal vez solo por el sufrimiento, reducida la autonomía y considerarse una carga, puede llevar a la desesperanza total.

El extraordinario avance de las ciencias biológicas y de la salud ha facilitado un aumento considerable de la esperanza de vida; pero algunos se preguntan si lo que se ha conseguido, en realidad, es solo posponer la fecha de la muerte. Un objetivo, propuesto por el profesor James Fries, de la Universidad de Stanford, es la llamada ‘compresión de la morbilidad’ o reducción de la etapa final de fragilidad. Más lejano está lograr detener y revertir el proceso de envejecimiento, que propone el biogerontólogo británico Aubrey de Grey. Resulta necesario, pues, escuchar las sugerencias de la Psicología Humanista y de la Positiva. Es el tiempo de utilizar las reservas interiores, cultivadas y atesoradas a lo largo de la vida, que no se deterioran como el cuerpo, pero capaces de convertir la fragilidad física en fortaleza interior y el sinsentido en sentido.

Así: adoptar una concepción de la existencia humana cimentada en los valores más sólidos (dignidad de la persona, amor y amistad, trascendencia…); sentir y expresar gratitud por cada nuevo día y por las grandes o pequeñas experiencias positivas; reaccionar a la frustración de forma adaptativa y no agresiva o autoagresiva; regirse por el lema de que el valor de la persona no radica en ‘tener’ (apariencia, bienes materiales, prestigio), sino en el hecho mismo de ‘ser’ persona; bajar el ‘volumen’ del propio ego y escuchar el clamor de la humanidad; amabilidad y compasión con los demás y con uno mismo; reconciliado con el pasado, vivir el presente con esperanza hacia el futuro; convicción de que, aunque no siempre es posible controlar lo que nos ocurre, siempre podemos controlar nuestra reacción, y aceptar lo que se escapa a nuestro control, sin ‘dar coces contra el aguijón’. En resumen: aceptar la vida y aceptarse a sí mismo y a los demás.

Tarea también para las diferentes instancias de la sociedad. La atención a las personas de la cuarta edad, con un trato humano, amable y técnicamente correcto, demuestra que no somos una horda salvaje que se rige solo por la eficacia y la ley del más fuerte, sino que reconocemos la potente energía que esconde la fragilidad y el tender la mano al débil. Porque, junto a muchas acciones insolidarias, también existen modelos –y no escasos, aunque menos noticiables– de entrega desinteresada a personas frágiles, como para pensar que la pretensión de extender esta actitud humanitaria no es una bella ilusión ni una meta inalcanzable.

Además, la persona en situación de fragilidad nos ofrece la ocasión de expresar lo mejor de nosotros –a veces velado por la búsqueda veloz de la utilidad material–, como la bondad, empatía y compasión con el que sufre. Por eso, si esperamos gratitud por la a veces difícil tarea de asistir a estas personas, también hemos de agradecerles el que nos ayudan a ser más humanos.

 

 

 

 

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4 respuestas a La cuarta edad (1/10 Día Internacional de las Personas de Edad)

  1. 1950mayo dijo:

    Gracias

    Miguel A. Marrero Deniz

    > El 1 oct 2018, a las 11:29, Blog de Enrique Pallarés Molíns escribió: > > >

  2. Mª del Carmen Sáinz dijo:

    Estimado Quique. Siempre encuentro oportunidad, luz… en tus mensajes respecto del momento que vivimos socialmente y en consideración de la vida, y la multitud de gente que estamos entrando en la 4ª etapa o vivimos en ella. En esta ocasión, no sólo veo esa luz, oportunidad, ayuda… sino que agradezco muy de veras ese estudio que haces y ese servicio público que ofreces a quien te lee. Tan bien a mí. Es posible que yo, por mi propio momento del existir, de desarrollo…, sienta una luz especial en que la claridad de tu mensaje, el razonamiento sencillo y a la vez profundo, me obliga a ponerte estas letras. Yo diría que la 4ª etapa es la Etapa del Olvido, pero no para ti. Creo que la ayuda que ofreces a los “acompañantes”, “auxiliares”, “ayudadores”, incluso familiares, de las personas que están viviendo momentos de fragilidad severa, es, cuanto menos de agradecer, es “poner” reflexión, no liviana, en ese campo tan costoso para quienes lo viven: personas mayores con conciencia de su situación, familiares, y para los que se encuentran con personas en esa situación como modo de trabajo asistencial. Te animaría a que siguieras por aquí ofreciendo reflexión, opinión, en un tema tan delicado como importante y necesario y del que no se encuentra o es difícil dar con un comentario también expresado. Muchas gracias. Te acompaño desde mi consideración y deseo de poner en valor en cuantos lugares crea es oportuno. Un abrazo agradecido, McSáinz

    • Muchas gracias a ti, Mari Carmen. Te agradezco el ánimo que das. Precisamente tengo entre manos un futuro libro sobre el envejecimiento. Escrito desde mi propia experiencia y con ayuda de lo que han investigado otros. Nada fácil ni para un optimismo ingenuo. Pienso que el cultivo de las fortalezas interiores -siempre hay posibilidad de hacerlo- es la mejor solución. Deseo que sigas bien y te agradezco de nuevo tu comentario. A ver si tenemos ocasión hablar con mayor tranquilidad. Un abrazo Enrique

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