Contagiar ira

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[En mi libro “Controlar la ira. Menos enfados y mejores relaciones con los demás” el capítulo 5 lleva por título “¿Por qué se experimenta ira?”. De los diferentes y complejos factores que allí expongo como origen de los episodios de ira, transcribo aquí unos párrafos de uno de esos factores: el ‘contagio emocional’. Suprimo las referencias bibliográficas que apoyan algunas afirmaciones. Dichas referencias se pueden encontrar en mi libro].

«La ira, en realidad, como cualquier conducta, es el resulta­do de la compleja interacción de factores biológicos, psicoló­gicos y sociales. Es más, cada teoría o escuela psicológica ofrece su propia explicación de la ira, por lo que existen varias explicaciones o modelos explicativos de la experiencia de ira, por lo general compatibles entre sí. Por mucho que uno se esfuerce en buscar una explicación, la ira no es un problema con una sola causa, sino más bien un proceso, normalmente un proceso complejo de interacción social con varias posi­bles causas o explicaciones. Como posibles inductores de ira y agresión merecerían un apartado especial las condiciones ambientales físicas. Así, los ruidos, el hacinamiento, el calor, la presencia de armas, etc. Habría que destacar también la im­portancia del ambiente social». […]

«La ira tiene un evidente carácter social y se puede propa­gar o extender socialmente, de modo que el tratar con perso­nas que experimentan ira casi siempre lleva a que también los otros la experimenten, aunque no tengan un problema espe­cial. Y esto no solamente por la provocación, que con fre­cuencia supone la expresión de ira de una persona, sino por el mecanismo denominado contagio emocional.

Se han señalado tres fases en el proceso del contagio emo­cional. En la interacción social, sin advertirlo consciente­mente, se tiende a imitar y sincronizar de forma automática y casi instantánea las manifestaciones emocionales de la otra persona, como su expresión facial, movimientos o postura. Estas expresiones emocionales que se imitan hacen sentir la emoción correspondiente. De este modo, llega uno a quedar contagiado por la ira de otra persona. Dado que el contagio emo­cional no ocurre solamente en la ira, también por este mismo proceso se pueden contagiar emociones positivas y es posible reducir o evitar que aumente la ira de la otra persona, pues también la calma y la tranquilidad se pueden contagiar».

(Enrique Pallarés Molíns: Controlar la ira. Menos enfados y mejores relaciones con los demás. Bilbao: Ediciones Mensajero. Páginas 53-54, 59-60. ).

Enlace al siguiente post o entrada: «Contagiar calma y tranquilidad»: https://enriquepallares.wordpress.com/2018/10/21/contagiar-calma-y-tranquilidad/

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