El amable tirano (sobre el sueño)

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El amable tirano

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

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Está reciente todavía el Día Mundial del Sueño. Un día –ampliable– para reconocer la importancia de este «amable tirano», como lo definió el escritor británico Samuel Johnson, que nos visita a diario. El que cerca de un tercio de nuestra vida lo pasemos en los brazos del sueño sugiere su importancia. Pero, sobre todo, el que el sueño afecta de modo importante a nuestra vida de vigilia, como también la vigilia afecta al sueño. «Para vivir bien, dormir bien; para dormir bien, vivir bien». 

Hasta don Quijote reconoce el acierto de las palabras de Sancho sobre el sueño: «Capa que cubre todos los humanos pensamientos, manjar que quita el hambre, agua que ahuyenta la sed, fuego que calienta el frío, frío que templa el ardor. Balanza y peso que iguala al pastor con el rey y al simple con el discreto». Es el amable, reparador, democrático, amable y dulce sueño. Escenario, a su vez, del «teatro de la noche» que son los sueños.

Pero también tirano, aunque para nuestra salud y bienestar. El sueño toma nota de las horas que se le sustraen y no condona con facilidad la llamada «deuda de sueño». No acepta de buen grado que se intente compensar la restricción habitual con un atracón de sueño el fin de semana, pues prefiere cobrar cada día su tributo de unas siete u ocho horas. Existiría, incluso, por analogía con la deuda pública, una «deuda nacional de sueño», que sería la estimación del déficit promedio de sueño de un país. Un 31% de la población española se despierta con la sensación de que su sueño no ha sido reparador.

La luz eléctrica, los horarios laborales, la vida social y la oferta en casa de veinticuatro horas de ocio (lectura, televisión, internet), pueden ser las causas, junto con el insomnio, de la «deuda de sueño». Esta reducción habitual de sueño puede tener consecuencias negativas para la salud y el bienestar: sistema cardiovascular, sistema inmunológico, diabetes, obesidad, memoria, accidentes, falta de concentración, irritabilidad, etc. Sin olvidar los importantes costos económicos, que en los Estados Unidos se estiman en 411.000 millones de dólares (2,28% del PIB), sin contar los gastos en fármacos, diagnósticos, etc.

La Dirección General de Tráfico, por su parte, considera que la falta de sueño es uno de los factores de riesgo más importantes para sufrir o provocar un accidente de circulación. No es necesario quedarse completamente dormido. Se calcula que la somnolencia al volante interviene, directa o indirectamente, en entre el 15 y el 30% de los accidentes de tráfico en España.

Todo ello obliga a prestar mucha más atención al sueño y a sus condiciones para visitarnos y permanecer. En primer lugar, requiere de un ambiente material adecuado (oscuridad, temperatura), libre, sobre todo, de ruidos perturbadores. Además, mantener un horario regular y evitar dormir durante el día, así como suprimir la ingestión de sustancias estimulantes (cafeína) horas antes. El ambiente emocional de la vigilia es también muy importante; el deficiente control de las emociones negativas –ansiedad, culpabilidad o ira– puede herir e incluso matar el sueño nocturno. Por el contrario, como recuerda Baltasar Gracián, «El día sin pleito hace la noche soñolienta».

La paz con uno mismo y con los demás, así como aparcar las preocupaciones fuera de la almohada, es un buen facilitador del sueño y sin los efectos indeseables de los fármacos. El ejercicio físico, la exposición a la luz natural y la distancia a las pantallas y pantallitas (TV, ordenador, móvil), favorece también la calidad y cantidad del sueño. Recordemos, finalmente, que el sueño ejerce su tiranía al visitarnos cuando él quiere y no cuando lo reclamamos: buscar ansiosamente el sueño es el mejor modo de ahuyentarlo.

El sueño llega tras varias horas sin dormir (regulación homeostática), pero también acude según un ritmo de unas veinticuatro horas (regulación circadiana) controlado por un ‘reloj’ biológico, localizado en el núcleo supraquiasmático. Un ‘reloj’ cuya señal, salvo fuerza mayor, conviene acatar. Surge aquí el reconocimiento agradecido a todas las personas que se ven obligadas a alterar su ritmo de sueño por el bien de la comunidad en los servicios sanitarios o de seguridad, cuidado de enfermos, fábricas, transportes, etc. Ocasión también para empatizar con los que sufren insomnio crónico –entre un 6 y un 10% de la población con un criterio riguroso, elevable hasta el 30%– u ocasional. Una oportunidad, sobre todo, para reconocer la excepcional importancia del sueño, fácil de pasar por alto debido a su presencia cotidiana y silenciosa.

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