Calor… y frío

Calor..

Calor… y frío

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en EL CORREO. Sábado, 27 de julio de 2019. Página 27

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El tiempo es un tópico al que se acude para evitar otros temas más comprometidos, o cuando no se sabe de qué conversar. Pero, de vez en cuando, el tiempo y las temperaturas son noticia por sí mismas y adquieren protagonismo en los medios de comunicación y en el interés de las personas. Estas semanas, normalmente las más calurosas del año, son propicias a los comentarios y exclamaciones: «¡Nunca había visto tantos días seguidos de calor», «Parece que el fin de semana bajan las temperaturas», etc.

Porque el frío y el calor influyen de forma importante en la fisiología (golpe de calor, congelación) y en la conducta humana. Las temperaturas extremas, sin la adecuada protección, implican un riesgo para la vida, sobre todo en las personas muy debilitadas. Por eso la humanidad, a lo largo de los siglos, ha tratado de protegerse con el vestido adecuado y acondicionando lo mejor posible la vivienda y los lugares de trabajo y de ocio.

Varios estudios confirman la asociación entre calor excesivo y aumento del número de crímenes violentos (Hipótesis del calor-agresión). No es que el calor sea el único responsable de la conducta violenta, pues en ella influyen otros factores, como el grado de humedad, el consumo de alcohol o drogas, la personalidad, las condiciones sociales, etc. El hacinamiento amplifica el impacto de las altas temperaturas sobre el estado de ánimo negativo y del estado de ánimo negativo en la conducta violenta.

Las elevadas temperaturas influyen también en el rendimiento intelectual («¡Así no se puede estudiar!»). Un aumento en la temperatura dificulta la realización con éxito de tareas cognitivas complejas, e influye negativamente, por ejemplo, en la toma de decisiones. Con mucho calor o mucho frío aumenta la dificultad para realizar actividades intelectuales o manuales. Pero, sobre todo, la temperatura afecta al bienestar y satisfacción personal. No nos llevamos bien con las temperaturas extremas. Deseamos una temperatura agradable –ni frío ni calor–, aunque esto resulte difícil de conseguir.

Por eso, el calor, en sus diferentes grados, se utiliza para describir algunos estados emocionales. El profesor Robert J. Sternberg distingue siete tipos de odio, entre ellos el odio caliente, el odio hirviente y el odio ardiente. El calor, pues, como metáfora del odio y también de la ira. Pero no solamente las temperaturas altas sirven como imagen del odio, pues entre los tipos de odio se incluye también el odio frío y el odio gélido.

Así, pues, además del calor y del frío atmosférico, nos preocupa el excesivo calor o frío en las relaciones sociales, lo que podemos llamar la temperatura relacional o social. En bastantes lugares del orbe la temperatura relacional resulta tan elevada que la explosión parece inminente, cuando no es ya una realidad. La fricción de los egos inflados de algunos dirigentes, o aspirantes a dirigentes, producen elevadas y peligrosas temperaturas. Otras veces, paradójicamente, el termómetro relacional refleja tan bajas temperaturas en las relaciones entre grupos y personas, que aparece el riesgo de una explosión o de un incendio. Sí, porque el frío extremo puede provocar el calor extremo y la ebullición.

Cuando el calor estival crece sin freno y el bochorno hiere tratamos de refrescar el cuerpo con la piscina o el mar, una bebida refrescante, la sombra amable y el ventilador o el aire acondicionado. Este tiempo, de descanso en la actividad laboral y profesional, es también propicio para refrescarnos interiormente lejos de los ‘hornos’ del resto del año en los que con frecuencia producen quemaduras. Pero también es el momento adecuado para refrescar la temperatura relacional en cualquiera de los ámbitos en los que podemos influir.

Ante todo, evitar que las temperaturas asciendan todavía más o, como aconseja el saber popular, «no echar más leña al fuego». Además, siempre es posible dar un toque de suavidad a la ‘temperatura’ relacional. Es refrescarla cuando arde o hierve, pero también templarla cuando resulta gélida, para lograr así un clima social confortable, en un mundo más habitable y acogedor para todos.

Sobran los seguidores de Eróstrato, que provocan incendios por afán de notoriedad. Son necesarios, sin embargo, bomberos dispuestos a rebajar los sobrecalentamientos relacionales y a transformar la gelidez en suave calidez; personas que favorezcan los acuerdos en lugar de fomentar los desacuerdos. Para practicar este oficio no son necesarios unos cursos académicos o un título especial; es suficiente con tener muy en cuenta a los demás y no solo a uno mismo.

 

 

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Una respuesta a Calor… y frío

  1. Manuel Antonio Eliseo Reguero del Oxinalde dijo:

    Calor o frío los medios(de comunicacio”,MC Luhan y
    toda la ola los clasifico’ por su “temperatura” permisiva,pero adema’s sus “detentadores” saben
    amplificar los u obscurecerlos con repeticiones,intensificaciones y todo el arsenal de la reto’rica cla’sica incrementados con la moderna de efectuamos y juegos lo’gicos.Realmente ellos suben o bajan nuestra temperatura mental tan subrepticiamente que la hacemos nuestra como si tal
    ¡Ojo y buen acierto!

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