Protección emocional ante el coronavirus (1)

Proteccion emocional ante el coronavirus

Protección emocional ante el coronavirus (1)

Inicio con la presente una serie de entradas en mi blog –no sé exactamente cuántas serán– orientadas al manejo de las emociones, tan importantes para nuestro bienestar personal y social, en estos difíciles momentos que vivimos.

 

Enlace a la segunda entrada (28.03.2020): https://enriquepallares.wordpress.com/2020/03/28/proteccion-emocional-ante-el-coronavirus-2-28-03-2020/

Breve introducción

Nos protegemos para evitar el contagio del coronavirus y procuramos seguir todas las recomendaciones sanitarias: evitar desplazamientos, distancia social, lavarse bien las manos, tapar la boca y nariz al estornudar o toser, etc. La constancia en el cumplimiento de estas normas ayudará, sin duda, a controlar la pandemia que padecemos.

¿Por qué, entre las personas que dan positivo en el test del coronavirus unas desarrollan la enfermedad y otras permanecen asintomáticas, e incluso contagian a otras? Es porque el desarrollo de la enfermedad resulta no solo de la acción del virus, sino también de la actividad defensiva del sistema inmunitario de la persona expuesta al virus.

La eficacia del sistema inmunitario –‘las defensas’, como frecuentemente decimos– depende en su complejidad de varios factores biológicos (genética, enfermedades anteriores, dieta, etc.), pero también del estado emocional de la persona. Desde hace siglos la medicina ha reconocido la importancia del estado emocional en el grado de susceptibilidad a las enfermedades, entre ellas las infecciones producidas por virus o por bacterias. Para el médico y alquimista suizo Paracelso (1493-1541), el aire contaminado por sí solo no provocaba la peste, a no ser que se combine en la persona con «la levadura del pánico». Unos años después, el cirujano francés del siglo XVI, Ambroise Paré (1510-1590), reconocido por muchos como el padre de la cirugía moderna, recomendaba que ante la peste «hay que estar alegres, con buena y reducida compañía, y unas veces escuchar música vocal o instrumentos de música, y otras leer o escuchar alguna lectura agradable».

Sin embargo, la relación entre estado emocional y sistema inmunitario –y, por tanto, entre estado emocional y enfermedad– es compleja. En realidad, estado emocional y sistema inmunitario interactúan y tanto influye el estado emocional en la eficacia del sistema inmunitario como el sistema inmunitario en el estado emocional. No entro en detalles interesantes, sino que paso a lo que me parece más práctico.

En términos generales, algunas emociones positivas, como la alegría, la felicidad o la gratitud, fomentan la eficacia del sistema inmune. Otras, sin embargo, como la ira, la tristeza o la ansiedad, disminuyen la eficacia del sistema inmune. El estrés parece que disminuye la eficacia del sistema inmunitario. Pero, repito, esta relación no es sencilla ni infalible.

Algunas sugerencia generales

 Tal vez le pueda ayudar alguna de estas sugerencias u orientaciones:

♦ No se culpabilice por experimentar tristeza, ira o ansiedad si ya está infectado, ni tema infectarse por experimentar estas emociones negativas. No son las emociones la única causa de la salud y de la enfermedad. La cuestión es mucho más compleja.

♦ Con todo, el conocimiento y manejo de las propias emociones le vendrá bien, sobre todo, para sentirse mejor. Es fortalecerse psicológicamente ante esta situación adversa.

♦ Observe su estado emocional y diferencie las emociones que experimenta. No vea ni describa su estado emocional, sobre todo si es negativo, de forma global e indiferenciada («Me siento fatal», «Estoy hundido»), sino diferenciada y concreta, con el mayor detalle posible («Después de ver el telediario ha aumentado mi ansiedad», «En este momento tengo ganas de gritar»).

♦ Resulta muy recomendable realizar de vez en cuando, aunque solo sea durante unos pocos minutos cada día, esta revisión de las emociones que hemos experimentado. Tal vez le ayude hacerlo por escrito. Pero sin obsesionarse ni culpabilizarse.

♦ Procure no mezclar las emociones. Diferencie lo mejor posible cada emoción. Que la ansiedad que pueda experimentar en un momento dado no active la ira contra los que le rodean. Evite que la culpabilidad que experimenta por sentir ira le produzca una malestar que aumente sus emociones negativas, entre ellas la misma ira.

♦ No se exponga demasiado a las informaciones sobre la pandemia del coronavirus. Los medios (radio, prensa, televisión) abundan en noticias sobre el tema del coronavirus. La sobrexposición distorsiona la realidad, por supuesto, grave, y activa las emociones negativas. Nos hace ver las cosas peor de lo que están.

♦ Por la misma razón, procure no convertir el tema del coronavirus en monotema de la conversaciones con la familia o con los amigos. Hay otros muchos temas de los que podemos hablar, en lugar de dar vueltas y vueltas a las noticias sobre la pandemia.

♦ Manténgase activo. Variando en la actividad. Lectura, escuchar música, conversar, etc. Un rato de relajación o de meditación es, por supuesto, actividad. En otra entrada insistiremos sobre la importancia de estar activos.  Recuerde el consejo de cirujano francés Ambroise Paré, citado más arriba.

♦ El no poder salir de casa, por más que esté justificada, supone una restricción en un espacio limitado que resulta difícil de aceptar. Pero es algo que no puede cambiar. Vea qué es lo que puede hacer dentro de esta limitación y no le dé vueltas a lo que no puede hacer. Por ejemplo, no puedo salir a correr o pasear, pero puedo poner en práctica otras formas de ejercicio físico en casa. Todavía es posible realizar bastantes actividades, algunas de ellas bien agradables.

En sucesivas entradas ofreceré otras orientaciones y sugerencias para manejar las emociones, positivas y negativas, en estos momentos de crisis.

En la siguiente entrada pondré el enlace a la versión en formato PDF de esta entrada.

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