Protección emocional ante el coronavirus (4) [31.03.2020]

Proteccion emocional ante el coronavirus (4)

Protección emocional ante el coronavirus (4) [31.03.2020]

 

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 4 Protección emocional ante el coronavirus (4) [31.03.2020]

Una de las reacciones posibles a los estados emocionales que suscita la situación en la que nos encontramos es alterar los hábitos relacionados con la comida y la bebida. Trataré aquí con preferencia, sin pretender hacerlo con detalle, lo referente a la comida.

Comer emocional

El confinamiento en casa y las noticias que llegan del exterior –incluyendo las falsas, las imprecisas y los rumores–, más lo que imaginamos repercute, en diferentes grados, en el estado emocional de muchas personas. Sensación de frustración por la anulación o alteración de proyectos, interrupción de actividades de ocio, aburrimiento, miedo a las consecuencias en la salud, así como sociales, económicas… Miedo al futuro, a lo que puede venir.  Las emociones negativas se mezclan y potencian entre sí formando en ocasiones un complejo y nada positivo cóctel emocional.

Algunos estados emocionales, como la ira, el aburrimiento, la tristeza, la ansiedad y, en general, el estado afectivo negativo, tienen un reflejo en la conducta de comer, sea por defecto (tristeza, aflicción) o por exceso (aburrimiento, ira, ansiedad). Me voy a referir a este último caso, el comer por exceso, con el nombre de «comer emocional», que consiste en aumentar la frecuencia y la cantidad de ingesta, como respuesta o modo inadecuado de manejar determinados estados afectivos negativos.

Pues, sí; la ira, la ansiedad o el aburrimiento con frecuencia fomentan el comer más. Y no precisamente manzanas o ensalada. Este «comer emocional» tiene como diana, sobre todo, alimentos ricos en azúcar y en grasas (chocolate dulce, pastas, etc.), alimentos poco saludables, de los que se dice que resultan un minuto agradables en la boca y quedan para siempre o por mucho más tiempo en otras zonas del cuerpo. Unido a la disminución del ejercicio físico que facilita el confinamiento, puede terminar con un buen susto cuando nos pongamos sobre la balanza del cuarto de baño.

Parece ser que la persona propensa al comer emocional confunde o no distingue bien las sensaciones de malestar interno con las verdaderas sensaciones del hambre. Estas personas han podido aprender también a intentar resolver o superar los estados afectivos negativos con la comida. Aprendizajes que, por suerte, se pueden desaprender y aprender en su lugar otros hábitos más saludables.

¿Cómo controlar el «comer emocional»? Lo primero de todo, es necesario distinguir o captar la diferencia entre nuestra percepción de las señales naturales de hambre y las señales del «hambre emocional»?

¿Cómo distinguir el «hambre emocional» del «hambre normal»?

Aunque no existen casos puros de cada uno de los dos tipos de ‘hambre’, puede ayudar a conocer mejor el propio esta distinción:

♦ El «hambre emocional»

–Viene de repente, o de forma bastante rápida.

–Resulta incontrolable, debe satisfacerla inmediatamente. Percibe que se escapa a su control el comenzar o continuar la comida.

–Se centra con preferencia en un grupo reducido de alimentos. Los que le resultan más accesibles y de comida rápida: pastas, chocolate, pan, mermeladas, etc.

–El «hambre emocional» no cesa aunque se sienta el estómago lleno.

–Al final, aparecen sentimientos de culpabilidad, e incluso de vergüenza.

♦ El «hambre normal»

  +Se genera gradualmente, poco a poco, no viene de repente.

  +Aguanta, es posible esperar o demorar el comenzar a comer, por lo menos en cierto grado. Percibe que controla la situación.

  +La gama de alimentos para satisfacer el «hambre normal» es muy amplia: legumbres, frutas, verduras, ensaladas, carnes…

  +Cesa la sensación de hambre cuando siente el estómago lleno. Se dice a sí mismo «¡Ya basta!» y termina de comer.

  -No se siente afectivamente mal o peor tras haber comido.

Otras sugerencias para controlar el «comer emocional»

De las muchas que se proponen para el control de la conducta de comer inadecuada, le propongo estas:

  • Comer más no es la única forma ni la más conveniente de resolver una situación emocional negativa. Hasta podemos decir que no tiene sentido. Hay otras alternativas más saludables. En sucesivas entradas comentaré cómo manejar la ira, la ansiedad o la tristeza.

  • Tenga en cuenta su problema en el momento de hacer la compra y de llenar la despensa y el frigorífico.

  • Hay que romper el círculo vicioso o la espiral ascendente que se establece entre comida excesiva y sentimientos de culpabilidad o vergüenza. Me siento mal por haberme excedido en la comida, ello me lleva comer más, y así sucesivamente.

  • Tras un episodio de «comer emocional», lo más inmediatamente posible, recuerde con detalle qué estado emocional experimentaba al iniciar ese episodio de comida incontrolada, es decir, cómo se sentía (aburrido, enfadado por algo o contra alguien, miedo por algo, etc.). Haga esto en lugar de sentirse culpable. Actúe de forma objetiva, como si lo viera desde fuera. Tal vez le ayuda hacerlo por escrito.

  • Como primer e importante objetivo, trate de retrasar o demorar lo más posible (de momento, no le digo ‘evitar’) el comienzo de comer lo que le tienta. En esa demora trate de realizar alguna actividad que le distraiga y considere una alternativa para salir del estado emocional negativo.

  • Evite comer mientras vea la televisión, navegando por internet, etc. O ver la tv, internet, etc. o comer. No a la vez ni coma de forma mecánica.

  • Coma despacio, masticando bien. Cuente en silencio las veces que mastica cada bocado, observe las diferentes sensaciones de los alimentos en la boca, captando las diferencias de textura y sabor, como si estuviera catando la comida o fuera un sibarita. Saboree en lugar de tragar.

Y también algo sobre el beber alcohol emocional

Algunos utilizan el alcohol como ansiolítico –un ansiolítico muy accesible y barato–, para manejar la ansiedad, la inquietud y, en general, los estados de ánimo negativos. Pero es un mal ansiolítico, o mejor, un ansiolítico pésimo, porque sus efectos pasan muy rápidamente y, a medio plazo la ansiedad es mayor. Se crea un círculo vicioso o espiral ascendente al del comer emocional. Se siente peor por haberse excedido en la bebida y los sentimientos de culpa y vergüenza se añaden a su malestar inicial, lo que le lleva beber otra vez. Se dice, que el que pretende ahogar la ansiedad con bebidas alcohólicas, en realidad no la ahoga sino que las riega, y así, crecen más.

 

Próxima entrada, en los próximos días, sobre cómo manejar la ira

 

Entradas anteriores de la serie: Protección emocional ante el coronavirus:

Protección ante el coronavirus (1):

https://enriquepallares.wordpress.com/2020/03/27/proteccion-emocional-ante-el-coronavirus-1/

 

Protección ante el coronavirus (2):

https://enriquepallares.wordpress.com/2020/03/28/proteccion-emocional-ante-el-coronavirus-2-28-03-2020/

 

Protección ante el coronavirus (3):

https://enriquepallares.wordpress.com/2020/03/29/proteccion-emocional-ante-el-coronavirus-3-29-03-2020/

 

 

 

 

 

 

 

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