Cambio de hábitos ante la COVID-19

Cambio de hábitos

Enrique Pallarés Molíns

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en EL Correo. Domingo, 30 de agosto de 2020. Página 34

Publicado en La Rioja. Lunes, 31 de agosto de 2020.

Uno de los frentes, no el único, para la contención de la COVID-19, es el cambio de algunos hábitos personales y sociales. Aunque están en el foco de los medios y en la diana de algunas medidas legales, no pretendo culpar de los rebrotes únicamente a las actividades festivas grupales y al ocio nocturno, pero tampoco se puede negar ni minimizar su importante papel.

Tras estos comportamientos están ciertas creencias, sostenidas más o menos conscientemente. Una de ellas es la ilusión de invulnerabilidad, creencia falsa que niega o minimiza la probabilidad de una amenaza real, como el consumo excesivo de alcohol, o el ser contagiado o contagiar a otros. Responde, a su vez, al pensamiento egocéntrico de que uno, o el grupo, constituye una excepción a las leyes naturales. Es muestra también de un optimismo exagerado y no realista, acompañado de una sensación de control exagerada («Está bajo mi control»), tan negativa como percibir que todo escapa al propio control.

Hay más. Walter Mischel, en un experimento clásico, repartió un caramelo a varios niños, con esta instrucción: «si lo conservas sin comerlo, cuando regrese te daré dos». Algunos niños optaron por la gratificación inmediata y se lo comieron al momento, mientras que otros lo guardaron y, así, recibieron después dos caramelos más. Saber posponer la gratificación es un buen indicador de la personalidad madura, capaz de regular la propia conducta y de prevenir las consecuencias de sus acciones. Limitar los contactos, mantener la distancia social, usar correctamente la mascarilla, o cumplir las normas higiénicas, son condiciones, no para recibir dos caramelos, sino para conservar la salud propia y la ajena.  

La presión del grupo constituye un factor muy importante o determinante en estas personas reunidas para la socialización festiva, con ese eficaz creador de ‘ambiente’ y desinhibidor que es el alcohol. Con frecuencia se observa el llamado ‘pensamiento de grupo’, o proceso por el que se toman decisiones irracionales, debido a la tendencia a la conformidad y a descartar la disidencia. Los miembros prefieren la armonía y la cohesión del grupo al pensamiento racional y crítico. La reflexión lúcida sobre esta dinámica constituirá una vacuna eficaz, para ser capaz de decir «no» a comportamientos grupales inadecuados, con los que en el fondo no se está de acuerdo.

Importa también ser consciente de que, además del grupo de amistad, de familia o de edad, está el grupo social más amplio. Porque no vivimos en una burbuja que impide la repercusión de nuestras acciones en los demás, sino en una red global de influencias, en la que todo repercute en cadena en todos.

La proximidad y el contacto físico expresan, y a la vez estrechan, la amistad y el afecto, pero, por desgracia, en el momento actual favorecen también el contagio. Mantener la distancia social y frenar las efusiones afectivas y de alegría con contacto, cuando hay riesgo de contagio, es saber apreciar la salud propia y la ajena. Los confinamientos temporales y la abstención del contacto corporal al saludar pueden ser, paradójicamente, la ocasión para profundizar en lo que es la auténtica cercanía y aprecio. Una circunstancia propicia también para reducir la dependencia excesiva del grupo, tan negativa como la búsqueda del aislamiento autosuficiente de los demás.

Algunas de las normas restrictivas para contener la COVID-19 chocan con usos y costumbres, arraigados con fuerza. Pero no son restricciones caprichosas ni limitan los derechos fundamentales más de lo que lo hace la norma de tráfico para los vehículos de no saltarse un stop o de no circular por las aceras. Es más, en general, resultan saludables. Por ejemplo, las limitaciones al ocio nocturno facilitarán la saludable sincronización con el ritmo circadiano de sueño-vigilia, a la vez que posibilitarán el descanso de los que sufren con indefensión los ruidos de la ‘movida nocturna’. 

La mayoría cumple las normas establecidas, pero una minoría adopta, incluso con arrogancia, la postura insolidaria o inconsciente de incumplirlas; algunos, incluso, muestran un negacionismo militante, apelando a ideas pseudocientíficas y siguiendo intereses políticos y económicos ocultos. La reflexión razonada, sin buscar culpables ni realizar generalizaciones inexactas, evitará reacciones defensivas de rechazo, a la vez que fomentará la creatividad para buscar formas alternativas de socialización y de ocio, compatibles con la prevención de la COVID-19. Pero la situación es tan grave como para que la autoridad no mire para otro lado ante los incumplimientos.

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2 respuestas a Cambio de hábitos ante la COVID-19

  1. 1950mayo dijo:

    Gracias

    Miguel A. M. Deniz

    > El 31 ago 2020, a las 15:38, Blog de Enrique Pallarés Molíns escribió: > > >

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