¿Por qué hacemos lo que hacemos?

«Florezco porque me gusta»

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en El Correo. Domingo, 4 de octubre del 2020.

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El escritor y folclorista judío-norteamericano Natham Ausubel recoge esta historieta, que adapto y abrevio. En una ciudad europea, en pleno furor antisemita, un grupito de niños gritaba con fuerza «¡Cerdo judío!» al pasar delante del taller de un sastre judío. Discurrió el sastre cómo evitar este indeseable ‘saludo’ y probó esta estrategia. Consiguió detener a dos de ellos, cuando ya comenzaban su huida, les tranquilizó y les propuso este trato: «Os daré 90 centavos cada día que me llaméis «¡Cerdo judío!». Muy sorprendidos los niños, volvieron al día siguiente y cada uno recibió los 90 centavos prometidos. A los tres días, el sastre les comunicó que, en adelante, la cantidad sería de 70 centavos. Tras otras dos reducciones, que aceptaron a regañadientes, les dijo que en el futuro les daría 10 centavos. Entonces, el jefecillo del grupo se encaró con el sastre y le espetó: «¿Crees que por solo 10 centavos te vamos a llamar “¡Cerdo judío!”?». Y le dejaron de molestar.

Estos niños pasaron de insultar al sastre por gusto a hacerlo por la recompensa externa; en términos psicológicos su motivación intrínseca fue remplazada por la motivación extrínseca. La motivación intrínseca, cuyo fundamento está en la tendencia hu­mana a la autodeterminación –ser agente de la propia vida–, consiste en realizar las actividades por la satisfacción misma que producen y no por las pre­siones o recompensas exteriores.

Los profesores Edward L. Deci y Richard M. Ryan, de la Universidad de Rochester, conocidos investigadores de la motivación intrínseca, mostraron sus importantes consecuencias positivas. No solo lleva a un mejor rendimiento y a conseguir metas elevadas, sino también a experimentar mayor satisfacción. Las recompensas exteriores, como vemos en el relato, pueden socavar la motivación intrínseca y llevar al cese de la actividad. El sastre, guiado por su intuición natural, actuó como un experto profesional en modificación de conducta.

Sería vivir de espaldas a la realidad y al sentido común pretender que las personas realicen sus actividades (profesionales, académicas…) exclusivamente por gusto, prescindiendo del sueldo o de las calificaciones. Porque no solo las recompensas y presiones exteriores minan la motivación intrínseca; ciertas condiciones de la actividad laboral y académica favorecen muy poco el realizar las tareas única o preferentemente por ellas mismas. Las circunstancias actuales de extrema incertidumbre tampoco ayudan mucho a encontrar esta satisfacción. 

Pero estas condiciones negativas no bloquean y dejan un margen –a veces muy estrecho–, para fomentar el gusto e interés por la tarea. En la práctica las personas actúan movidas por una mezcla de motivación intrínseca y extrínseca, entre los dos extremos de ese dial. La aguja o señal no está fija, sino que se puede mover hacia el extremo que optimiza la tarea y la satisfacción personal. No es recomendable instalarse en el pesimismo y tachar de ingenuidad el decidir cambiar a mejor. 

Descubrir la novedad en lo cotidiano y en lo sencillo, mostrar gusto por la tarea, no es someterse pasivamente al orden establecido ni renunciar a trabajar para que las condiciones mejoren, sino actuar con sabiduría creativa. Veo con frecuencia profesionales que, incluso en tareas socialmente poco brillantes muestran interés y satisfacción como si fuera el primer día. No se han ‘quemado’. La satisfacción en una tarea depende de la tarea, pero no menos de la actitud hacia esa tarea. En cualquier caso, es posible hacer virtud de la necesidad y suscitar interés por la actividad que se tiene que realizar.

El filósofo alemán Arthur Schopenhauer describe, en un breve y poético apartado de “Parerga y Paralipomena”, la admiración de un observador ante un campo florido, a la vez que expresa en voz alta su perplejidad y pesar porque la mayoría de esas flores se marchitarán sin ser contempladas por nadie. El campo le contesta: «Florezco porque me gusta: en eso, en florecer y en existir, estriba mi alegría y mi gozo». Una invitación, a pocas semanas de comenzar el curso, para afianzar y renovar el interés y gusto por la tarea que uno realiza o, por lo menos, para reducir una posible animadversión. Invitación también a los responsables a asegurar y afianzar unas condiciones laborales y académicas que favorezcan o no impidan encontrar interés y satisfacción en la tarea. Se reducirá así una fuente importante de estrés y crecerá el bienestar subjetivo y la salud mental. Porque el desinterés y la desgana no solo deterioran la tarea, sino también a quien así la realiza

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