Buscar el riesgo

Buscar el riesgo

Enrique Pallarés Molíns

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

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Un importante objetivo al tomar decisiones es evitar o minimizar el riesgo para nuestra vida o para nuestros bienes. Seguimos la actitud de cautela del ingeniero y del arquitecto al planificar sus obras, o la del financiero al realizar una inversión. Normalmente, pues, funciona el llamado «instinto de conservación».

Pero no siempre ocurre así. Con cierta frecuencia las conductas de riesgo se convierten en noticia por sus fatales consecuencias o por las circunstancias singulares en que ocurren. Además, otras muchas conductas de riesgo no resultan noticiables porque están muy acomodadas y encajadas en la vida diaria.

La ruleta rusa sería la expresión máxima de conducta de riesgo, a la vez que la metáfora para muchas de estas conductas. Y una larga lista: conducción temeraria (circular en una autovía por el carril contrario), ingestión de alcohol en exceso, consumo de drogas, actividad sexual sin protección, con riesgo de contagio de enfermedades de transmisión sexual o de un embarazo indeseado… Algunos deportes actuales, frente al deporte tradicional, incluyen el riesgo como parte del juego, incluso como el aspecto más importante: barranquismo, puenting, lanzarse al vacío desde un avión sin paracaídas para recogerlo en el aire de un compañero, o para caer en una red de dimensiones limitadas… En las circunstancias sanitarias actuales, junto a la actitud precavida de la mayoría de la población, no faltan quienes hacen caso omiso de las normas y recomendaciones e incluso adoptan una actitud negacionista y beligerante.

¿Cómo se explica que algunos pongan en juego su vida? No existe una única explicación. Se ha apelado, sobre todo para los deportes de alto riesgo, a la búsqueda de sensaciones nuevas. Incluso se ha descrito un tipo de personalidad, la ‘personalidad T’ (de ‘thrill’), caracterizada por la tendencia a buscar excitación, sensaciones y emociones nuevas, sobre todo, aunque no únicamente, las que incluyen riesgo. Se ha observado también que la hipofunción de la corteza prefrontal ventromedial está asociada a impulsividad y a peor evaluación del riesgo de una determinada acción. 

Algunas conductas de riesgo se han explicado por la reacción del organismo a la tensión y ansiedad que producen esas conductas. Es la teoría del proceso opuesto, que predice una reacción de alivio y placer tras la ansiedad y malestar inicial. La conducta de riesgo resultaría reforzante por esa reacción placentera, superior al malestar previo, sobre todo tras la repetición.

Pero también puede motivar la búsqueda del riesgo el realizar una acción que la mayoría de las personas no se atreve a realizar. Una forma inadecuada y peligrosa, pues, de compensar una autoestima débil o poco segura. En relación con esto, se habla de conductas ordálicas, en recuerdo de la ordalía, practicada en la Edad Media para probar la culpabilidad o inocencia del acusado. En nuestros días, de forma no consciente, se trata de que sea el destino quien decida la propia valía si supera o no la prueba.

No se puede olvidar la importancia que tiene la presión del grupo para iniciar y continuar algunas conductas de riesgo. El refuerzo por la atención que les prestan otras personas y, sobre todo, los medios de comunicación, puede llegar a compensar los inconvenientes de optar por el peligro. 

Otras explicaciones se centran en el funcionamiento cognitivo. Al evaluar los riesgos con frecuencia se cometen errores, tanto por sobreestimar el riesgo (la explosión de un reactor nuclear, un accidente aéreo), como por infraestimarlo (consumo problemático de alcohol). En general, se cree que el resultado positivo es más probable que el negativo y algunos piensan, o funcionan como si pensaran, que son invulnerables. Otra causa de optar por el riesgo proviene de no advertir que el efecto de las conductas de riesgo se puede acumular (fumar y cáncer de pulmón). Claro está, que el que opta por esas conductas –irracionales para la mayoría–, valora más la gratificación subjetiva inmediata y pone en segundo plano u omite la racionalidad. Por eso, no resulta nada fácil neutralizar este tipo de comportamientos.  

Junto a quienes buscan el riesgo directamente, están aquellas personas cuyas tareas laborales, vitales para el buen funcionamiento de la sociedad, implican un grado considerable de riesgo para su salud, y a veces la de sus familias, sobre todo durante la pandemia. Nunca se lo agradeceremos lo suficiente. Su dedicación y profesionalidad contrasta con la actitud de los que buscan el riesgo y el peligro sin ninguna razón sensata y socialmente aceptable. 

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Una respuesta a Buscar el riesgo

  1. 1950mayo dijo:

    Muchas gracias, Un abrazo

    Miguel A. M. Deniz

    > El 5 abr 2021, a las 10:17, Blog de Enrique Pallarés Molíns escribió: > > >

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