Los libros son saludables

Leer libros para vivir más

Enrique Pallarés Molíns.

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en EL CORREO. Domingo, 2 de mayo de 2021

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En un interesante y sugerente estudio, publicado hace cinco años, tres profesores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Yale llegaron a la conclusión de que leer libros –no magacines o periódicos– durante al menos media hora al día reducía la tasa de mortalidad entorno al 20%. El estudio, realizado con rigor metodológico, consistió en seguir y comparar la evolución durante 12 años de varias características de 3635 personas, de más de 50 años al comienzo.

El análisis de los resultados mostró que la ventaja en la supervivencia se debe al efecto positivo que produce la lectura en varias áreas importantes de la persona. La inmersión reposada en un libro agiliza y flexibiliza la mente, fomenta la empatía, la inteligencia emocional y, en general, conductas que favorecen la salud.

Sin embargo, esta reducción de la tasa de mortalidad no justifica que se tome el libro como un remedio más, de los muchos probados a lo largo de la historia de la humanidad, para prolongar la vida. La mayor aportación del libro es el aumentar la calidad de los años vividos. Porque la lectura apacible de un buen libro puede tener un importante efecto ansiolítico y antiestrés. De hecho, entre los tratamientos psicológicos está la biblioterapia o lectura, reflexión y comentario de determinados libros. El buen libro, además, fomenta el bienestar y el crecimiento personal: nos hace más personas. Como dice Baltasar Gracián: «¡Oh!, gran gusto el leer, empleo de personas que si no las halla, las hace».

El escritor irlandés C.S. Lewis, en un ensayo sobre la lectura, plantea la posibilidad de distinguir un buen libro de un mal libro por la manera de leerlo. ¿Cómo leer bien un libro? Elegir el adecuado es el prerrequisito esencial. El abrumador número de libros publicados, en aumento cada año, obliga navegar con pericia por este océano de la bibliografía para evitar naufragar. Hay muchos libros para leer y releer, pero también para no invertir tiempo en su lectura. No parece que la moda o la novedad sea el mejor criterio de selección. El libro, como el buen vino, necesita adquirir la solera que le otorgan los años o el juicio de personas con buen criterio. No hay que olvidar, pues, esas obras que han resistido el paso del tiempo porque son de todos los tiempos, ni que ensanchar el gusto y el interés es también un objetivo del buen lector.

La lectura de un libro es un diálogo con el mismo libro, al que precede la escucha atenta de su mensaje. Por eso, conviene no limitarse a leer las líneas, sino leer también entre líneas e, incluso, más allá de las líneas; captar la totalidad de la obra y no solo la superficie. Y, también, llegar a suscitar un diálogo entre las lecturas realizadas, siguiendo la idea de Ítalo Calvino de que el buen lector es el que escucha la conversación que los libros entablan en las bibliotecas.  

Incluso el lugar donde se lee puede ayudar a disfrutar más del libro. El escritor norteamericano Henry James optaba por un bosque y con la cercanía de un arroyo, a diferencia de los que él mismo comenta que prefieren el retrete. Otros escogen un cómodo sillón en una terraza o junto a una ventana; otros la cama o tumbados en la hierba o en la arena.

También hay preferencias en el soporte material del libro, que a lo largo de la historia ha variado desde las tablillas y el papiro al libro electrónico. ¿Libro de papel o electrónico? Cada uno tiene sus ventajas, pero, aunque parezca una perogrullada, lo importante de verdad es elegir un buen libro.

Me agrada contemplar la escultura «Leyendo», en la entrada del Conde de Arteche desde la Gran Vía al parque de doña Casilda Iturrizar de Bilbao, obra de Joaquín Lucarini. Esculpida en mármol de Carrara, representa a una niña (¿o niño?) enfrascada en la lectura de un libro. Expresivo símbolo y modelo de la afición a la lectura en la niñez. Imagino que de adquirir vida la escultura intercalará la lectura con la contemplación de las flores del bello jardín que le rodea o de los árboles cercanos; se acercará a jugar con otros niños en la zona próxima de juegos y recordará con alegría las gracias de los hermanos Tonetti al pasar delante de la escultura de uno de ellos. Incluso avanzará pocos metros más y entrará en el Museo de Bellas Artes, para contemplar alguno o algunos de los destacados cuadros que allí se muestran.   

Porque la lectura de libros debe tener un lugar importante en la vida –más que el televisor, el smartphone o la tableta–, pero no absorberla. La naturaleza, el arte y las personas son otros «libros» amigables, para «leer», dialogar, aprender y disfrutar.

La entrada o post anterior, con enlace a audio, trata del mismo tema que la presente. Aquí tiene el enlace: https://enriquepallares.wordpress.com/2021/04/28/el-libro-un-amigo-disponible-los-365-dias-del-ano/

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