De vacaciones

De vacaciones

Enrique Pallarés Molins

Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en El Correo y en el Diario Vasco. Domingo, 11 de julio de 2021

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Aunque la mayoría de las personas no están sometidas a una condición de estrés excepcional, tampoco para la mayoría el trabajo es fuente de plena satisfacción y disfrute. Todas, o casi todas, experimentan algún grado diario de estrés que, aunque no sea excesivamente intenso ni siempre advertido conscientemente, puede por acumulación resultar negativo para la salud mental y física; como la gota de agua que desgasta la roca con su constancia. 

La acumulación de estrés suele tener efectos negativos en la salud, debido tanto a la acción directa de las reacciones fisiológicas dañinas que provoca, como a la acción indirecta de los hábitos no saludables asociados: dieta inadecuada, alteración del sueño, consumo excesivo de alcohol, etc.

Para la recuperación no es suficiente con las horas libres de cada día o con los fines de semana, tal vez debido a que la mente no se despega del todo de las obligaciones. La COVID-19 deja un rastro de muerte y dolor, pero también de incertidumbre y de estrés.

Las vacaciones son necesarias por su capacidad para neutralizar ese estrés y evitar que desgaste a la persona. Su efecto positivo no se limita al que las disfruta; la sociedad humana es un sistema de interdependencias en el que todo influye en todo. El estrés de una persona afecta a quienes interactúan con ella, que a su vez repercute en otras, generándose así una compleja red de reacciones en cadena.

Los efectos reparadores y saludables de las vacaciones pueden deberse a la liberación de las circunstancias que provocan el estrés. Pero también actúan otros mecanismos más activos, como la posibilidad de realizar durante ellas actividades agradables, saludables y libremente elegidas, así como facilitar la interacción y el estrechar la relación con familiares y amigos. Se satisfacen, pues, dos necesidades fundamentales del ser humano, como son la de autonomía y la de establecer relaciones interpersonales estrechas, contempladas en la teoría de la autodeterminación, propuesta por los profesores Edward Deci y Richard Ryan. Autonomía para elegir e iniciar las actividades que uno prefiere y ocasión para intensificar la conexión con amigos y familiares. 

¿Se mantienen los efectos positivos de las vacaciones en la salud física y mental más allá de los días inmediatos al regreso a la normalidad? Algunos estudios reflejan su breve duración. En este caso, parece que sería recomendable optar por una fragmentación del tiempo vacacional en varios periodos más breves. Las vacaciones cortas (unos cinco días) pueden resultar eficaces para neutralizar o aliviar el estrés. Aunque en ocasiones las más largas favorecen que el corte con las fuentes de estrés resulte más eficaz. En todo caso, según un estudio, no tomar vacaciones durante largo tiempo puede aumentar la morbilidad e, incluso, la mortalidad.

Conviene tener en cuenta y prevenir varias circunstancias que pueden ensombrecer las vacaciones. Algunas personas necesitan «aprender a descansar» o, más exactamente, a aceptar que el trabajo no lo es todo y a no culpabilizarse ni inquietarse por el merecido descanso. Las vacaciones son la ocasión a veces para la práctica de hábitos menos saludables, como la vida sedentaria o los excesos en la comida y en la bebida. El mayor contacto con familiares y amigos ayuda a la reconciliación de conflictos leves, pero a veces los exacerba. Finalmente, el clima vacacional puede favorecer la falsa percepción de que la COVID-19 es agua pasada.

No existe acuerdo sobre si las vacaciones en el domicilio (las staycation) tienen los mismos efectos positivos en la salud y en el bienestar que las que implican desplazamiento respecto a la residencia habitual. Eso sí, un estudio realizado por un equipo internacional llega a la conclusión de que las vacaciones en familia favorecen la comunicación entre sus miembros y refuerzan los vínculos afectivos.

Los efectos positivos de las vacaciones no se producen automáticamente, por solo interrumpir las obligaciones habituales. El no hacer nada puede resultar agradable –Il dolce far niente– y saludable para contrarrestar la sensación de urgencia y la tiranía de los horarios, pero no es suficiente. Porque las vacaciones ofrecen también la oportunidad para realizar actividades saludables y agradables: conversación amigable, lectura, reflexión, ejercicio físico, contacto con la naturaleza, conocer nuevos lugares y gentes, etc. Un tiempo propicio, pues, para el reencuentro con la naturaleza, con familiares y amigos… y con lo más profundo y positivo de la propia persona. ¡Felices vacaciones!

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