Una lección de Arthur Rubinstein

Una lección de Arthur Rubinstein

Enrique Pallarés Molíns. Doctor en Psicología. Profesor emérito de la Universidad de Deusto

Publicado en EL CORREO. Domingo, 3 de octubre de 2021

El famoso pianista polaco Arthur Rubinstein, cumplidos los ochenta y un años, fue entrevistado por una cadena de televisión al terminar uno de sus conciertos. La pregunta se resumía en cuál era el secreto para que, a pesar de su avanzada edad, mantuviera la excelente calidad de sus interpretaciones. Respondió Rubinstein que, en primer lugar, había seleccionado de su repertorio las obras que más dominaba. En segundo lugar, había aumentado el número de ensayos de cada pieza antes del concierto. Por último, interpretaba con ritmo más lento los fragmentos contiguos a los que exigían un ritmo rápido, para que, por contraste, estos últimos se percibieran como más rápidos.  

Desvelaba así Rubinstein su triple estrategia para superar los puntos débiles como pianista, asociados a la edad: seleccionar, optimizar y compensar. Los gerontólogos Paul Baltes y Margret Baltes, del Instituto Max Planck, de Múnich, citan esta anécdota para ilustrar su modelo de adaptación al proceso de envejecimiento, comprobado empíricamente en el Estudio de Berlín sobre el Envejecimiento. Selección, optimización y compensación.

La selección consiste en optar por los objetivos más importantes y significativos para la persona y por los que requieren poner en juego las habilidades mejor preservadas. Así, reducirá o dedicará menos tiempo a las relaciones sociales más superficiales y menos gratificantes, mientras que dará preferencia a las que considera más valiosas y satisfactorias.

Pero selección no implica necesariamente reducción o limitación. También es posible descubrir o redescubrir objetivos y actividades nuevas, adecuadas para la persona. La lectura, la fotografía, el voluntariado, la escritura, y muchas más, pueden descubrirse o redescubrirse durante estos años. Es decir, a veces la selección está forzada por las circunstancias, pero otras es proactiva o buscada por la persona mayor.

En conjunto, la selección implica una reevaluación de las metas personales, no necesariamente para perder, sino para invertir más adecuadamente las capacidades y recursos mejor conservados. De este modo, se centra en aquello que le permite mantener el sentido de control sobre la propia vida.

La optimización se concreta en aprovechar al máximo las aptitudes preservadas. Es decir, enriquecer con el aprendizaje y la práctica lo que ya se posee, para conseguir realizar las actividades seleccionadas al mejor nivel posible. La optimización tiene como fundamento la plasticidad conductual y, en última instancia, la plasticidad neurológica. El cerebro humano no está formado por una masa rígida e inerte, sino que las redes neuronales que lo constituyen fundamenta la potencialidad de nuevos aprendizajes. Como afirmó Ramón y Cajal, el aprendizaje y la experiencia modifican el cerebro, es decir, refuerzan o crean circuitos neuronales o redes de sinapsis. Por eso, si no es siempre posible revertir o detener el deterioro cognitivo, si lo es, en muchos casos, retrasar su aparición y disminuir su velocidad.

Cuando la selección y la optimización ya no resultan eficaces, se activa la tercera estrategia, la compensación. La pérdida de la agudeza auditiva se puede compensar­, al menos en cierto grado, con un buen audífono; los fallos en la memoria con una agenda o con la oportuna colocación de post-it. Además de con la ortopedia o con la ‘tienda del abuelo’, la persona mayor cuenta con un conjunto de reservas internas, que ha acumulado durante la vida, que le ayudarán a encontrar otra puerta cuando una se cierra. Una de ellas, y muy importante, es la autoaceptación incondicional.

La selección, optimización y compensación –el modelo SOC–, se pueden aplicar en cualquier estadio y momento de la vida, pero durante la vejez adquieren especial relevancia. De hecho, el modo en que se aplican y armonizan estas tres estrategias explica, al menos en parte, las importantes diferencias entre unas personas y otras en el grado de adaptación a las demandas de la vejez. Por supuesto, no son la panacea universal, pero pueden ayudar a mejorar la calidad de vida y la satisfacción personal.

Aunque se trata de una tarea personal, la sociedad la puede facilitar o dificultar. El edadismo, ampliamente extendido, pero poco reconocido y combatido, a diferencia de otros ‘ismos’ (racismo o sexismo), en nada favorece la adaptación y satisfacción psicológica de la persona mayor. La proximidad al Día Internacional de las Personas Mayores (1º de octubre) es una buena ocasión para rectificar las actitudes hacia la vejez, un estadio de paso obligado, salvo para los que mueren antes de llegar a él.

Sobre el tema del artículo encontrará más información en el libro del autor del artículo (Enrique Pallarés) “Para afrontar el envejecimiento”. Dossier de este libro en: https://enriquepallares.wordpress.com/2019/10/01/nuevo-libro-para-afrontar-el-envejecimiento/

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