¿Puede ayudar un viejo baúl a mejorar la memoria?

Viejo baul¿Un baúl viejo para favorecer el recuerdo? Al leer «baúl» y «recuerdo» es probable que le haya venido a la mente –que haya recordado–, el estribillo de aquella popular y pegadiza canción de Karina (nombre artístico de María Isabel Llaudes Santiago), de nuestros años juveniles: «Buscando en el baúl de los recuerdos, uuuh,…». Por supuesto, podría hablar de esta canción en relación con la memoria autobiográfica y los recuerdos personales. Pero, no; no voy a comentar en esta ocasión la canción de Karina. Me quedo con la imagen del baúl.

Voy a referirme a un caso que relata el filósofo empirista inglés John Locke (1632-1704), en su conocida obra Ensayo sobre el entendimiento humano. Se trata, en pocas palabras, de un joven que aprendió una danza a la perfección en una habitación en la que había un viejo baúl. Hasta aquí, nada raro. Lo curioso es que, según cuenta Locke, después no era capaz de ejecutar aquella danza si no estaba presente aquel baúl u otro semejante. Termina Locke diciendo: «Y me atrevo a afirmar que muy pocas serán las personas con curiosidad intelectual que lean esto y que no hayan tenido noticia, si es que no fueron testigos, de ejemplos comparables a éste, o de otros que lo justifiquen».

Efectivamente, casi tres siglos después, el profesor Alan Baddeley, conocido especialista en el estudio de la memoria, y también británico, junto con Duncan Godden, comprobaron esto mismo de lo que hablaba Locke con un experimento, ya clásocio, en el que el contexto material o ambiente del aprendizaje y del recuerdo eran bien fuera del agua o dentro del agua. Concretamente, unos sujetos aprendieron una lista de palabras dentro del agua y otros en tierra; al verificar después el grado de recuerdo de esas palabras se comprobó que los que las habían aprendido dentro del agua las recordaban mejor dentro del agua que en tierra, y algo semejante les ocurría a los que las habían aprendido en tierra, pues también las recordaban mejor en tierra que en el agua.

La conclusión del experimento anterior y de otros semejantes es que la coincidencia material o física entre el lugar donde se aprende algo y el lugar donde posteriormente se intenta recordar, favorece el recuerdo. Es decir, cuando el aprendizaje se realiza en un determinado contexto, el recuerdo es mejor si se realiza en ese mismo contexto. ¿Por qué ocurre esto? ¿A qué se debe este efecto del contexto físico? La explicación más adecuada es que cuando aprendemos algo lo aprendemos con algunas de las circunstancias ambientales o aspecto del entorno físico, que se constituyen en pistas o señales de recuerdo. Para entendernos, al «meter» en nuestra cabeza –o mejor, en nuestra memoria– tal definición de una asignatura de Derecho, o el encargo que nos dio un amigo, «se pegan» a esa definición o encargo detalles del entorno y «entran» también en nuestra memoria. El baúl, una mesa, un flexo, un color, una melodía musical, etc. De este modo, esos aspectos físicos del entorno se constituyen en pistas o señales de recuperación o recuerdo. Son como hilos que al tirar nos llevan al ovillo, es decir a la definición o al encargo que nos dio el amigo. Ver tal lugar o tal detalle y me viene el recuerdo de lo que allí experimenté o aprendí.

Entonces, ¿es necesario llevarse al lugar del examen la mesa, la silla, la estantería, etc. del lugar donde estudió? ¿Tendremos que volver al lugar donde nos presentaron a una persona cuando no conseguimos recordar su nombre? No; no es necesario. No necesita del camión de mudanzas para traer a la sala de examen los muebles de la habitación de estudio ni realizar ningún desplazamiento al lugar donde le su amigo el encargo. Por una parte, existen otras estrategias que favorecen el recuerdo (esta es una de ellas, pero no la única). Además, tampoco es ésta una estrategia infalible; el experimento de Baddeley se refiere a diferencias –eso sí, significativas estadísticamente– entre las puntuaciones promedio de los grupos y no a todos y cada uno de los sujeto en particular. Puede funcionar, pero no siempre funciona.

Finalmente, no es necesario volver físicamente al lugar donde aprendió algo –y esto es muy importante–, ya que puede contar con la ayuda de la imaginación. Se lo puede imaginar, lo puede recrear o revivir con la imaginación. Con la imaginación puedo «volver» durante un examen al lugar donde estudié aquello de lo que ahora estoy rindiendo cuentas. Al tratar de recordar algo, procure recrear con su imaginación el lugar donde lo aprendió, o donde tal vez lo pudo aprender. Con el mayor detalle posible, pero no se preocupe de hacerlo con absoluta exactitud. Que trabaje la imaginación y los sentidos. Tal como le vienen a la mente. ¿Qué suele haber en aquel lugar? ¿Qué suele estar a la vista? ¿Cómo es el flexo? ¿Hacía frío o calor? ¿Estaba sentado o de pie? ¿Qué vestido podía llevar entonces? ¿Cómo pasaba las páginas del libro o hablaba con el amigo? Etc. Insisto en que no se agobie al hacer esto. No es necesario responder a todas estas preguntas. No se trata de otra prueba de memoria ni de llegar a recordarlo todo de forma detallada y obsesiva, sino de intentar revivir, con paz y tranquilidad el contexto donde aprendió. Es suficiente con lo que espontáneamente recree o reviva de aquella situación. Actúe con espontaneidad sin ser escrupuloso.

Sobre todo, no pretenda acordarse de todo a la vez. La memoria funciona por asociación. Cualquier recuerdo, cualquier pista, cualquier detalle pueden ser el «gancho» que le traen lo que intenta recordar. Pero sin agobiarse. Si una vez no funciona, otra vez será. Vale la pena probar.

 

Godden D.R. y Baddeley A.D. (1975). Context dependent memory in two natural environments: On land and underwater. British Journal of Psychology, 66, 325-331

Locke, John: Ensayo sobre el entendimiento humano. Libro II, capítulo 33, n. 16. Original publicado en 1690.

La memoria_978-84-271-3591-8_C_01052014Pallarés Molíns, Enrique. La memoria. Guía para su conocimiento y práctica. Bilbao. Ediciones Mensajero, 2014.

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Agradecimientos e impresiones tras mi estancia en Santander (*)

Santander El AteneoEn la entrada anterior os anunciaba mi conferencia de ayer, martes, día 11, en el Ateneo de Santander. Ahora quiero manifestar por este medio mi agradecimiento a varias instituciones y personas. Al Ateneo de Santander por su amable y generosa acogida, de modo especial a su presidente D. Manuel Ángel Castañeda y al Dr. Julio Rama López, que fue quien me presentó, sin olvidarme de la amabilidad y disponibilidad de Antonio, el conserje del Ateneo. Por supuesto, también al público que llenó por completo el salón y me alentó y estimuló en mi exposición por el interés que mostró, así como a las personas que no pudieron acceder al salón por haberse completado el aforo y exigirlo así las normas de seguridad.

Mi agradecimiento también a los medios de comunicación que me entrevistaron o cubrieron el acto. Los periódicos Diario Montañés y El Mundo; las emisoras de radio Onda Cantabria, Radio Nacional de España, Cadena Ser y Onda Cero; y las de televisión Popular TV y TeleBahía. La amabilidad, el interés y la profesionalidad de los entrevistadores y entrevistadoras de estos medios me hicieron sentirme cómodo –como en casa– durante las entrevistas.

No quiero ni puedo olvidarme de expresar mi agradecimiento a Ediciones Mensajero (Grupo de Comunicación Loyola) por la publicación y difusión de mis libros, de forma especial a Ismael Gómez por el interés y esfuerzo puesto en todo, así como por asistir a la conferencia. Nieves y Pedro Pablo, aunque los menciona en último lugar, desempeñaron un papel esencial en el establecimiento de contactos, coordinación, elaboración de mi agenda y desplazamientos. Sentiría mucho –y doblemente, por tratarse de la memoria– olvidarme de mencionar a alguna otra persona o instituciones que haya intervenido en el desaUn día soleado y agradable realzaban la belleza de Santander.

Santander vistaEl almuerzo, con las vistas de El Sardinero y La Magdalena completó la calidad de los alimentos, la elegancia del servicio y la amable compañía. Visitar de nuevo Santander. contemplar su puerto, el paseo de Pereda, los jardines de Piquío, etc., aunque sea de forma rápida por lo apretado de la agenda, es un auténtico placer.

El tema de la memoria parece que suscita interés. Recordemos aquella frase de Luis Buñuel, con la que comencé la conferencia: «Hay que haber comenzado a perder la memoria, aunque sea sólo a retazos, para darse cuenta de que esta memoria es lo que constituye toda nuestra vida. Una vida sin memoria no sería vida». Además, hablar sobre la memoria es la ocasión para encuentros tan agradables como los de ayer.

(*) Esta entrada, con el mismo texto, ha sido publicada simultáneamente en mi segundo blog.

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Mi próxima conferencia sobre la memoria en Santander (*)

Santander CartelA partir de mañana comienzo una serie de conferencias y de presencia en los medios sobre el tema de la memoria, es decir, sobre el tema también de mi último libro. La primera conferencia tendrá lugar el martes en el Ateneo de Santander. Llevo varios años realizando este tipo de intervenciones con el público de carne y hueso delante. Yo les veo y ellos me ven. Me resultan muy agradables estos encuentros sobre temas que he trabajado –incluso, diría, a los que me he entregado– y cuyo esfuerzo se ha decantado en un libro. Cuando escribo mis libros trato continuamente de imaginarme al lector que lo tendrá entre sus manos y que intentará comprender lo que yo he escrito allí. Eso me hace procurar adecuar la forma de escribir, para hacer mi libro comprensible al lector no especializado en psicología. Mi objetivo es que lo entienda y le resulte interesante, a la vez que aplicable, a cualquier persona con un mínimo de formación intelectual; sin necesidad de que haya realizado estudios de psicología. Mi experiencia de hablar directamente a las personas, de ver sus caras y luego escuchar sus preguntas, me ha resultado hasta ahora muy gratificante. Ha sido, y espero lo siga siendo, un auténtico placer.

Al hablar en Santander no puedo olvidar –tened en cuenta que voy a hablar sobre la memoria– que mi padre comenzó su actividad de maestro nacional, el año 1927, en el barrio de Bernales de Ampuero. Allí estuvo cinco años hasta que por, razones de reagrupación familiar (era la forma de juntarse con mi madre, entonces su futura esposa), se trasladó a Ablitas (Navarra). Varias veces visité con él las tierras de Cantabria –por supuesto su antigua escuela– y ya desde niño me transmitió el afecto que él les profesaba. Mi hermano también estuvo vinculado a la Cantabria, seis años como médico (tres en Mataporquera y tres en Torrelavega), y a Santander capital de forma gozosa, pero también sufriente. En esta ciudad de Santander nació su única hija, pero fue en Valdecilla donde recibió todo tipo de atenciones para tratar una enfermedad mortal de necesidad y de la que falleció con cuarenta años, precisamente un diez de noviembre.

Mi editorial, Ediciones Mensajero, forma hoy parte del Grupo de Comunicación Loyola, una de cuyas sedes está precisamente en Santander. De hecho, mis libros, como todos los demás publicados por este grupo editorial, esperan en Maliaño, en el almacén central del Grupo de Comunicación Loyola, la demanda de los libreros y el interés de los lectores.

Si veis la página o sección fija de ACTIVIDADES de este blog, comprobaréis que no es esta mi primera conferencia. Pero trato de que cada una de mis intervenciones sea como la primera y no una más. Hablar durante solo unos cincuenta minutos de un tema que he trabajado varios años, sobre todo los meses anteriores a la publicación, decantado en un libro de cerca de cerca de 300 páginas, siempre resulta un reto. De las varias recomendaciones que hay para desarrollar y mejorar la memoria una de ellas, según los especialistas la primera, es conocerla. Eso es lo que trataré en mi intervención: ofrecer una visión general de los conocimientos actuales de la psicología sobre la memoria y, sobre todo, a las directrices y estrategias para practicarla.

La conferencia

Tema: Nuestra memoria. Claves para su conocimiento y práctica.
Día y hora: martes, 11 de noviembre. 19:30 h.
Lugar: Ateneo de Santander.

El libro

Pallarés Molíns, Enrique. La memoria. Guía para su conocimiento y práctica. Bilbao. Ediciones Mensajero. 2014. 294 páginas.
Cuando apareció mi libro sobre la memoria, en el mes de mayo, publiqué una entrada en mi primer blog en la que incluía un enlace a una información sobre mi libro, tomada de sus cubiertas y páginas. Os invito, de nuevo, a acceder al archivo PDF en el siguiente enlace enlace: BMemoria

Mis dos próximas conferencias sobre el tema de la memoria

26 de noviembre. Irún (Guipúzcoa). Aula de Cultura del Diario Vasco.
2 de diciembre. Madrid. Aula de Cultura del Diario ABC.
En los días próximos a la fecha de la conferencia ofreceré detalles del lugar y hora.

(*) El texto de esta entrada se publica simultáneamente en mi segundo blog.

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El síndrome de Stendhal. No tema visitar Florencia

firenze_panoramicaEl escritor francés Stendhal (pseudónimo de Marie-Henri Beyle, 1783-1842), famoso sobre todo por sus novelas Rojo y negro y La cartuja de Parma, es también conocido por haber dado nombre a un síndrome: el síndrome de Stendhal (y también síndrome de Florencia, o estrés del viajero). El mismo Stendhal nos cuenta su experiencia al visitar la basílica florentina de la Santa Croce el 22 de enero de 1817:

«Allí, sentado en el escabel de un reclinatorio, la cabeza vuelta hacia atrás y apoyada en el atril [o parte superior del reclinatorio] para poder observar la bóveda, las Sibilas de Volterrano me produjeron el placer tal vez más intenso que la pintura me haya jamás provocado. Estaba en una especie de éxtasis por la idea de encontrarme en Florencia y en la proximidad de hombres tan ilustres, cuyas tumbas acababa de visitar [en la basílica de la Santa Croce están enterrados, entre otros personajes famosos, Dante, Miguel Ángel, Galileo y Maquiavelo]. Absorto en la contemplación de la sublime belleza, la veía cerca; la tocaba, por decirlo de alguna manera. Había llegado a ese grado de emoción en que se experimentan las sensaciones celestes producidas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Al salir de la Santa Croce mi corazón latía acelerado; lo que en Berlín se llama nervios. La vida en mí se había agotado, caminaba con temor a caer».

Nace el síndrome de Stendhal

Casi dos siglos después de esta visita de Stendhal a la basílica de la Santa Croce, en 1989, la psicoanalista Graziella Magherini, psiquiatra del hospital de Santa María Nuova de Florencia, propuso la denominación síndrome de Stendhal a la presencia de un conjunto de síntomas, de algún modo semejantes a la descripción que hace Stendhal de su propia experiencia, en 106 turistas extranjeros atendidos en ese hospital desde julio de 1977 a diciembre de 1986. Dichas personas presentaban un cuadro agudo de alteración mental con dos tipos de manifestaciones clínicas: psicosomáticas (por ejemplo, taquicardia, sensación de debilidad y desfallecimiento, agotamiento físico, mareos, sudoración, tensión y dolor en la región gástrica, opresión torácica con sensación de le falta aire) y mentales (por ejemplo, alteración del sentido de la realidad y de la identidad, sensación de extrañeza, confusión, alteración en la percepción de los colores y de los sonidos, ideación delirante persecutoria, incluso alucinaciones). Estas alteraciones, acompañadas de intensa ansiedad, desaparecían por lo general entre los dos y ocho días siguientes a su inicio. Como resumen, Magherini distingue tres formas de presentación del síndrome, según el predominio de las alteraciones del pensamiento –el más frecuente–, de las emocionales, o de las proyecciones somáticas (crisis de pánico).

Consiste, pues, el síndrome de Stendhal en una experiencia desagradable e indeseable, que guarda cierta relación con las crisis de angustia (o ataques de pánico) y con formas suaves de las experiencias disociativas. La coincidencia del síndrome descrito por la doctora italiana con la experiencia de Stendhal no es total, ni muchos menos; incluso podemos decir que existe una diferencia esencial. La experiencia de Stendhal se parece más a un arrebato artístico o a un estado de éxtasis, originado no solo por la contemplación de la belleza, sino también por saberse cercano a las tumbas de personajes tan ilustres como Dante, Miguel Ángel, Galileo o Maquiavelo. El síndrome que describe la doctora Magherini son experiencias fundamentalmente desagradables e indeseables (egodistónicas), con cierta semejanza a la crisis de angustia.

El síndrome de Stendhal se presenta, pues, como una perturbación psíquica, consecuencia de la exposición a obras artísticas de excepcional belleza, que incluso rozan la sublimidad. Respecto a la mayor frecuencia en Florencia se especula que la causa pueda ser la mayor concentración en la capital de la Toscana de obras de arte de extraordinaria belleza y valor. En el grupo de personas cuyas historias clínicas constituyen la base del libro de la doctora Magherini predominaban las mujeres de edad relativamente joven, solteras y de personalidad muy sensible. La mayoría de ellas viajaban solas o con poca compañía y habían admirado las obras de arte de Florencia sin guía. Más de la mitad habían establecido previamente contacto, al menos una vez, con profesionales de la psiquiatría o de la psicología, aunque la mayoría no habían sido diagnosticadas de un trastorno mental concreto.

Sindrome StendLa popularidad de un síndrome

El libro de la doctora Magherini tuvo gran éxito –traducido a varios idiomas, incluido el español–, y el nuevo síndrome fue muy bien aceptado y difundido, eso sí, con más entusiasmo por los medios de comunicación y a nivel popular que por la comunidad científica. Por ejemplo, dio nombre a una película de Dario Argento, La síndrome di Stendhal, en España doblada con el título de El arte de matar. En esta película, que destaca por su fino esteticismo, la inspectora Anna Manni persigue a un peligroso psicópata que ha asesinado a varias jóvenes después de violarlas. Sus indagaciones le llevan a la Galeria degli Uffizi florentina, donde sufre el síndrome de Stendhal debido a la contemplación de las obras allí expuestas; pierde el conocimiento y, al recobrarlo, no recuerda nada de lo ocurrido. Por su parte, la empresa alemana de automóviles Audi basó en el síndrome de Stendhal el anuncio de promoción del modelo Audi A8 («A veces la perfección resulta difícil de soportar», es la conclusión del anuncio), premiado como el mejor anuncio del año 2006. El síndrome de Stendhal es también el nombre de un grupo musical, un obra de teatro, una revista, etc.

Dudas sobre la consistencia del síndrome de Stendhal

Pero, ¿existe realmente el síndrome de Stendhal? Ante todo, es necesario aclarar que no se trata de un nuevo trastorno mental, específico y definido, como lo es la depresión o la esquizofrenia. No ha sido reconocido como tal ni incluido en la extensa clasificación de trastornos mentales de la American Psychiatric Association (DSM-5 o ediciones anteriores) ni en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (CIE-10), que son las dos clasificaciones de referencia para los profesionales de la salud mental.

Es más, una consulta a la base de datos Medline (PubMed) con el término de búsqueda ‘Stendhal syndrome’ arroja solo 7 resultados, y no todos son documentos de investigación –la mayoría son de información general o de revisión–, lo que indica que ha suscitado escaso interés entre los investigadores de las ciencias de la salud mental. Todavía es menor su presencia en la base documental PsycINFO de la American Psychological Association. Contrasta este escaso número de referencias de estudios científicos con los más de 180.000 resultados que ofrece la misma consulta en Google, con un criterio mucho más inclusivo.

Además, el estudio de Magherini ha recibido varias observaciones críticas. El centenar de casos recogidos durante el período anteriormente citado habría que compararlo cuantitativamente con el elevado número de turistas que visitaron Florencia durante esos mismos años, para poder así calcular el impacto relativo del síndrome. Además, un estudio epidemiológico completo, y la misma consistencia del síndrome, requeriría la comparación de los casos observados en Florencia con los ocurridos en otros museos o lugares privilegiados en cuanto a la concentración de obras artísticas o de recuerdos históricos: Pirámides de Egipto, museo del Louvre, museo del Prado, sin olvidar, por supuesto, los Museos Vaticanos. Ni algunos lugares naturales que destacan por su belleza.

Más allá de algunos relatos anecdóticos, no he encontrado estudios comparativos, de cierta solvencia científica sobre reacciones similares a las estudiadas en Florencia ante la belleza artística en otros lugares del mundo. Por otra parte, aunque las alteraciones psicosomáticas y mentales que se relacionan con el síndrome, hayan podido producirse tras contemplar las obras de arte, habría que considerar y controlar con mayor rigor metodológico el peso de otras variables que han podido influir, e incluso determinar, dichas reacciones: historia personal, motivos y circunstancias del viaje, horarios, comidas, horas de sueño, seguimiento posterior del caso, etc. En los casos que cita Magherini en su libro se alude a estos antecedentes, pero sin evaluar, o al menos estimar, su influencia causal en las perturbaciones psicosomáticas y mentales observadas. Surge también esta pregunta, que ya hemos indicado más arriba: ¿por qué en las descripciones del síndrome de Stendhal se presta atención preferente o exclusiva a las reacciones negativas? En el relato de Stendhal, junto a las reacciones que han servido de base para definir el síndrome, se relatan también otras que apuntan a una experiencia de éxtasis artístico y no tanto a una reacción o perturbación exclusivamente patológica.

Un estudio publicado este mismo año en la Rivista di Psichiatria, revisión y estado de la cuestión del tema, concluye que no existe evidencia para considerar el síndrome de Stendhal como un trastorno psicopatológico específico. Es más, señala que las zonas cerebrales implicadas en las reacciones emocionales en general, son o pueden ser activadas también durante la contemplación de obras artísticas. Por tanto, resulta imposible, o muy difícil, distinguir con ayuda de la neuropsicología el impacto estético emocional de una obra de arte del impacto del de otros estímulos emocionales.

Con esto no quiero desacreditar ni rebajar el valor del trabajo de Graziela Magherini. Ni mucho menos. Es más, su libro sobre el síndrome de Stendhal resulta sugerente, ameno y de fácil lectura. Sin embargo, es necesario aceptar la metodología psicoanalítica y algunos de sus postulados para que las explicaciones de la Magherini resulten comprensibles y aceptables.

stendhal_legionLa experiencia de Stendhal

El mismo relato de Stendhal suministra algunas pistas sobre la presencia de otros factores que influyeron en la intensa reacción emocional que describe. Antes de llegar a Florencia experimentó ya algunas sensaciones especiales: «Bajando los Apeninos para llegar a Florencia, mi corazón latía con fuerza. No estaba en condiciones de pensar y me abandoné a mi locura, como si estuviera al lado de una mujer amada». Stendhal llegó a Florencia en una diligencia, tras un viaje de varias horas, sin ningún descanso. Solo llegar, se dirigió a la basílica de la Santa Croce por la ruta más breve. La postura que tuvo que adoptar para contemplar la bóveda también puede explicar en parte alguna de las reacciones psicosomáticas que describe. Por otra parte, los datos de su biografía indican que Stendhal tenía problemas físicos con los que se pueden relacionar los síntomas que relata en su diario.

Finalmente, uno de sus biógrafos, Stefan Zweig, señala que Stendhal inventaba con facilidad algunos de sus relatos autobiográficos, lo cual no es de extrañar en un creador de personajes y de situaciones como él. «Son pocos los escritores que hayan mentido tanto a sus lectores y más se hayan burlado del mundo como lo hizo Stendhal, con su innato placer de deslumbrar y su inclinación a la falsedad desde dentro de sus muros del puro fingimiento». Pensamos, pues, que pudo ser diferente lo que experimentó Marie-Henri Beyle en la basílica de la Santa Croce y lo que relató en su diario Stendhal.

Exceso de síndromes y generalizaciones

Cuando a comienzos del siglo XX el psicólogo americano William McDougall desarrolló la psicología hórmica, se acudía al concepto de instinto con gran facilidad para explicar cualquier conducta humana. La lista de instintos aumentó en número de forma llamativa (instinto de proteger las frutas del huerto de los robos, instinto de despiojarse, etc.). Alguien, con cierta ironía, propuso también reconocer la existencia en el hombre del instinto de inventar nuevos instintos.

Hoy puede ocurrir algo parecido con los síndromes: síndrome de Stendhal, síndrome post-vacacional, síndrome del nido vacío, etc. Incluso, tras la publicación del último libro de la doctora Magherini, se habla ya de un síndrome de David, cuyo modelo serían las reacciones observadas a la contemplación del David de Miguel Ángel ¿Será que experimentamos –o más bien padecemos– un síndrome de ‘inventar síndromes’, es decir, de realizar generalizaciones, populares y atractivas para los medios de comunicación, pero con escaso fundamento, a pesar de su envoltura científica? Junto a los síndromes bien estudiados, comprobados y definidos, otros pretenden alcanzar notoriedad, pero no resisten al examen científico riguroso o son meras especulaciones o divagaciones.

Por lo que respecta al síndrome de Stendhal o síndrome de Florencia y a sus posibles riesgos, no tenga ningún miedo de sufrirlo ni aplace un posible viaje a Florencia o a otra ciudad o lugar de notoria belleza. La contemplación de las obras de arte bellas no encierran ningún peligro; todo lo contrario.

Enlace a un breve comentario y resumen sobre esta entrada en mi segundo blog:

http://enriquefranciscopallares.wordpress.com/2014/10/23/es-malo-el-arte-para-la-salud-mental/

Nota final

El síndrome de Stendhal está estrechamente relacionado con dos cuestiones: los posibles efectos de la contemplación de la belleza artística y los llamados síndromes del viajero. A ellas alude el subtítulo del libro de Magherini en su original italiano. No he tratado aquí estas dos cuestiones para evitar aumentar excesivamente la longitud de esta entrada. Lo haré, aunque de forma más breve, en una o dos entradas de este blog.

Referencias bibliográficas

Amâncio E.J. (2005). Dostoevsky and the Stendhal syndrome. Arquivos de Neuro-Psiquiatria, 63, 1099-1103.
Bamforth I. (2010). Stendhal’s Syndrome. British Journal of General Practice, December, 945-946.
Innocenti C, Fioravanti G, Spiti R, Faravelli C. (2014). La sindrome di Stendhal fra psicoanalisi e neuroscienze. Rivista di Psichiatria, 49, 61-66.
Magherini G. (1990). Síndrome de Stendhal. Madrid: Espasa-Calpe. [Original italiano: La sindrome di Stendhal. Il malessere del viaggiatore di fronte alla grandezza dell’arte. Firenze: Ponte Alle Grazie].
Magherini G. (2007). “Mi sono innamorato di una statua”: Oltre la Sindrome di Stendhal. «I’ve fallen in love with a statue»: Beyond the Stendhal syndrome. Firenze: Nicomp Laboratorio Editoriale.
Stendhal (1919/1826). Rome, Naples et Florence. Tomo II. 3ª edición. Paris: Delaunay, Librairie, Palais-Royal. (páginas 101-102 y página 99).
Valtueña, O. (2009). ¿Existe realmente el Síndrome de Stendhal? Anales de la Real Academia de Medicina, CXXVI (III), 455-473.

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Día Mundial de la Salud Mental: 10 de octubre

Mensaje del Secretario General de la ONU con ocasión del Día Mundial de la Salud Mental
10 de octubre de 2014

El Día Mundial de la Salud Mental nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre las dificultades que enfrentan las personas con enfermedades mentales graves y sobre lo que se puede hacer para mejorar sus vidas. El tema central de este año serán las personas que viven con esquizofrenia, y las familias y los amigos que les ayudan a sobrellevar esta enfermedad.

En todo el mundo, unos 21 millones de personas padecen esquizofrenia, un trastorno que afecta la percepción, la cognición, el comportamiento y las emociones. En los lugares donde los servicios sociales y de salud no están en condiciones de prestar asistencia, la esquizofrenia y otros trastornos mentales graves pueden empujar a las personas a los márgenes de la sociedad y conducir a la pérdida de su empleo y su vivienda.

Las personas que sufren enfermedades mentales graves como la esquizofrenia también mueren en promedio entre 10 y 25 años antes que la población en general, principalmente debido a que llevan un estilo de vida poco saludable, caracterizado por hábitos como fumar, consumir alcohol en exceso, tener una mala alimentación y no realizar actividad física. Pero esto puede cambiar. La esquizofrenia puede tratarse. No tiene por qué significar una vida de aislamiento y mala salud física. La atención apropiada de la salud mental y física, junto con un seguimiento periódico y apoyo psicológico y social, puede influir notablemente, al igual que el reconocimiento por parte de la sociedad en general de que las personas que padecen esquizofrenia y otros trastornos mentales graves gozan de los mismos derechos y merecen comprensión y asistencia.

En el Día Mundial de la Salud Mental, hago un llamamiento a los sistemas de atención social y de la salud a que trabajen juntos para ofrecer oportunidades de educación, empleo y vivienda. Animo a los servicios de salud a que amplíen la cobertura a nivel comunitario y apoyen la creación de redes de asistencia a los pacientes y las personas que cuidan de ellos, e insto a las personas que padecen esquizofrenia a someterse a exámenes médicos periódicos y a solicitar asesoramiento para llevar una vida sana. Juntos, podemos dar dignidad y esperanza a quienes padecen esquizofrenia y otras enfermedades mentales graves.

Os recomiendo las entradas que en este mismo blog publiqué los años 2011 y 2013. Las encontrareis en los siguientes enlaces:

http://enriquepallares.wordpress.com/2013/10/10/en-el-dia-mundial-de-la-salud-mental-2013/

http://enriquepallares.wordpress.com/2011/10/10/10-de-octubre-dia-mundial-de-la-salud-mental/

(*) http://www.un.org/es/sg/messages/2014/mentalhealthday2014.shtml

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Día Internacional de las Personas de Edad (*)

Por una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada en diciembre de 1990, el día 1º de octubre fue declarado Día Internacional de las Personas de Edad.

Abuelos tres generacionesA veces me pregunto si no sería mejor, en lugar de la expresión «Personas de edad», «Personas mayores» o «Tercera edad», utilizar la más directa de «viejos», simplemente «viejos» o, si se le quiere dar un toque cariño y humor, «vejetes». Día Internacional de los Viejos, o mejor, Día Internacional de los Viejos y de las Viejas, para evitar un lenguaje sexista. Incluso, Día Internacional de los Vejetes (incluyendo en ‘vejetes’, claro está, a ellos y a ellas). Posiblemente sería una expresión más sincera y acorde con la realidad, con la actitud edadista que abunda en nuestra sociedad, es decir, con el estereotipo –asociado a prejuicio y discriminación–, respecto a este grupo de edad. Cuando una realidad social resulta incómoda y se constatan actitudes negativas hacia ella en ocasiones se trata de solucionar el problema con el cambio de nombre («En lugar de ‘viejo’ digamos ‘mayor’ y en lugar de ‘vejez’ utilicemos la expresión ‘tercera edad’). No digo que el cambiar el nombre resulte inútil, pero es necesario hacer algo más. De lo contrario, es mejor optar por la brevedad y hablar de ‘viejo’ o de ‘vieja’.

Además, dicho con cierta ironía, no siempre la vejez o los años se considera que es algo negativo. Como sello de calidad de un establecimiento, de una institución o de un producto, es frecuente apelar a su edad: «Fundado en 1860», «Desde 1925 a su servicio», «El mismo que tomaban sus abuelos», etc. Aquí se valora la antigüedad; cuantos más años, mejor. Los años añaden prestigio, categoría o calidad. Sorprende que en ese apelar a la edad se utilicen fechas relativamente recientes, o mejor dicho, relativamente recientes para mí, como la de 1982. Pero, eso sí, esa ventaja que se le otorga al producto o a la institución por sus años, no se le concede a las personas que trabajan en esa empresa, fuera del día de su jubilación. En las personas se valora la juventud, y los años son con frecuencia un inconveniente, o un impedimento, sobre todo en algunas instituciones.

Por otra parte, en la celebración de hoy es necesario dar por supuesto o subrayar lo de «Día». Es suficiente con un día; solo un día. Un día de reconocimiento a los servicios que los mayores han prestado durante sus años de vida laboral, en el hogar o fuera del hogar, y a los que siguen prestando: apoyo a los hijos y a los nietos, voluntariado, etc. La experiencia acumulada a lo largo de la vida profesional se toma a veces como un impedimento para el progreso y como un obstáculo para los planes innovadores, que con cierta frecuencia no está muy claro si tienen un objetivo válido.

Es cierto que no en todos los ámbitos de la sociedad está igualmente vigente, ni con la misma intensidad, el estereotipo sobre –o más bien contra– los mayores que se llama edadismo o viejismo, término que por cierto todavía no está incluido en el Diccionario de la Real Academia Española, como lo están «sexismo» y «racismo». Está claro que no todos son o pueden ser objetivo del estereotipo sexista o del racista. Pertenecer al sexo masculino y a la raza blanca la libra a uno de ser víctima tanto del estereotipo sexista como del racista. Sin embargo, del edadismo no está libre nadie, ahora o dentro de unos años, salvo el que no llega a esta edad, lo cual es todavía peor.

Yo, personalmente, no me puedo quejar. No he sido objeto de discriminación asociada a mi edad. Lo mismo pueden decir otros muchos de mi edad, o incluso mayores que yo. Por eso no hablo ni tengo razón para hablar con amargura. Tal vez porque los años enseñan también a saber retirarse a tiempo y a evitar chocar cuando se adivina que hacerlo no conduciría a nada positivo. Tampoco conviene olvidar que en nuestros años mozos, años de importantes cambios sociales, no siempre fuimos especialmente considerados con los que entonces eran mayores. Además, es constatable también el cariño, respeto y atención que reciben o recibimos muchas personas mayores por parte de los más jóvenes. El estereotipo contra los mayores incluye aspectos negativos y también positivos, aunque siempre es estereotipo. Pero los estudios realizados sobre el estereotipo y prejuicio edadista confirman su existencia, e incluso el que la misma persona mayor a veces los interioriza («Esto ya no es para mí cabeza», «Esto es cosa de la edad»). Con expresiones como estas, algunos se estacan, se resignan o tiran la toalla antes de tiempo. El edadismo no es una invención ni una metáfora, sino una realidad.

«Al envejecer nos volvemos más locos, y más cuerdos» dice François de La Rochefoucauld en su máxima 210. Por «locos» no entiendo la demencia senil, sino la posibilidad de decir más abiertamente la verdad, de expresarse con mayor libertad, sin verse obligado a decir «lo correcto» ni a tener que «pensar lo que se dice». La libertad que otorga el relativizar las cosas y el alejarse en ocasiones del pensamiento convencional. Por «cuerdo» entiendo, esa posibilidad de integrar el conocimiento, de llegar a una visión más global y sintética de la realidad, de saber que no siempre dos y dos son cuatro, de conocer no solo con el entendimiento sino también con el corazón. En este sentido, «loco» y «cuerdo» no se excluyen, sino que se complementan dialécticamente. Sin embargo, esto no es algo que viene automáticamente con los años, aunque sí una gran posibilidad que otorgan o favorecen los años. Una valiosa aportación que pueden prestar las personas de edad o «los viejos y las viejas», del mismo modo que los mayores pueden recibir otras ricas aportaciones de las generaciones más jóvenes.

(*) Entrada publicada con el mismo texto y simultáneamente en mi otro blog:

http://enriquefranciscopallares.wordpress.com/

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Miguel de Unamuno: ¿también psicólogo?

Joaquin-Sorolla-Y-Bastida-Miguel-de-UnamunoHoy, 29 de septiembre, hace 150, nació en Bilbao Miguel de Unamuno. Conocido por casi todos, leído por menos, tal vez resulta más difícil clasificarlo como intelectual. ¿Especialista en lengua griega? Sí, pero algo más: ensayista, poeta, filósofo. ¿También psicólogo? Tal vez dudaríamos en responder afirmativamente a esta última pregunta. La verdad es que no aparece su nombre en los tratados de Historia de la psicología, como tampoco en las enciclopedias o diccionarios especializados en Psicología. No estudió la carrera de Psicología –en su tiempo no existía y tardaría todavía varias décadas en iniciarse–, pero sus escritos, incluso su poesía, contienen muchas intuiciones y conocimientos muy válidos para el psicólogo y para la Psicología. La Psicología no se reduce, o no debe reducirse, a la Psicología Experimental. Surgió de la matriz común de las ciencias que es la filosofía y, si hoy resulta imprescindible el rigor metodológico, tampoco parece adecuado prescindir de aportaciones tan valiosas como las que ofrece la obra de don Miguel. Los análisis que hace de sus propias vivencias, incluyendo las de su niñez, así como sus intuiciones sobre el sentir y actuar del hombre, siguen teniendo plena validez en la actualidad. Solo a modo de ejemplo, insisto en que solo a modo de ejemplo, presentaré tres citas, las tres tomadas del capítulo primero de su obra Del sentimiento trágico de la vida en el hombre y en los pueblos.

El objeto de la filosofía, y por supuesto de la psicología, ha de ser el hombre. Pero no el hombre en abstracto, sino el hombre concreto. Es necesario conjugar las necesarias generalizaciones que realiza la ciencia psicológica con la mirada al hombre concreto, al hombre de carne y hueso:

«Homo sum: nihil humani a me alienum puto, dijo el cómico latino. Y yo diría más bien, nullum hominem a me alienum puto; soy hombre, a ningún otro hombre estimo extraño. Porque el adjetivo humanus me es tan sospechoso como su sustantivo abstracto humanitas, la humanidad. Ni lo humano ni la humanidad, ni el adjetivo simple, ni el sustantivado, sino el sustantivo concreto: el hombre. El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere -sobre todo muere-, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano.
»Porque hay otra cosa, que llaman también hombre, y es el sujeto de no pocas divagaciones más o menos científicas. Y es el bípedo implume de la leyenda, el zóon politikón de Aristóteles, el contratante social de Rousseau, el homo oeconomicus de los manchesterianos, el homo sapiens de Linneo o, si se quiere, el mamífero vertical. Un hombre que no es de aquí o de allí ni de esta época o de la otra, que no tiene ni sexo ni patria, una idea, en fin. Es decir, un no hombre.
»El nuestro es otro, el de carne y hueso; yo, tú, lector mío; aquel otro de más allá, cuantos pensamos sobre la Tierra.
»Y este hombre concreto, de carne y hueso, es el sujeto y el supremo objeto a la vez de toda filosofía, quiéranlo o no ciertos sedicentes filósofos».

También es digno de mención para el psicólogo actual el énfasis que Unamuno pone en la afectividad, en el mundo de los sentimientos, a los que considera la característica diferencial del hombre. En los años 1980 se produce en la Psicología la llamada «revolución afectiva», que consiste en destacar la vida emocional o afectiva del hombre, hasta entonces postergada u olvidada, primero por el conductismo y después por la «revolución cognitiva» de los años 1960. Hoy estamos precisamente dentro de esta corriente que reivindica la importancia fundamental de lo afectivo. El aviso de Unamuno sigue teniendo plena validez.

«El hombre, dicen, es un animal racional. No sé por qué no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental. Y acaso lo que de los demás animales le diferencia sea más el sentimiento que no la razón. Más veces he visto razonar a un gato que no reír o llorar. Acaso llore o ría por dentro, pero por dentro acaso también el cangrejo resuelva ecuaciones de segundo grado».

Me resulta también interesante la valoración que hace de la memoria. La memoria como base de nuestra personalidad, de nuestra identidad. La unión que establece la memoria, que no es una reproducción mecánica del pasado, entre el recuerdo vivo y el futuro: el recuerdo que empuja y construye el futuro.

«La memoria es la base de la personalidad individual, así como la tradición lo es de la personalidad colectiva de un pueblo. Se vive en el recuerdo y por el recuerdo, y nuestra vida espiritual no es, en el fondo, sino el esfuerzo de nuestro recuerdo por perseverar, por hacerse esperanza, el esfuerzo de nuestro pasado por hacerse porvenir».

En mi segundo blog le he dedicado a Miguel de Unamuno una entrada más extensa –aunque, por supuesto, siempre inferior a lo que se merece–, en la que incluyo varios fragmentos de sus poemas y de su obra en prosa, que encontraréis en el siguiente enlace y que os invito a leer:

http://enriquefranciscopallares.wordpress.com/2014/09/29/150-aniversario-del-nacimiento-de-miguel-de-unamuno/

Ilustración: Miguel de Unamuno. Oleo sobre lienzo de Joaquín Sorolla y Bastida. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

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La sencilla y a la vez gran lección de una niña de tres años (Referencia)

El de 14 de julio pasado publiqué en este blog una entrada titulada «Estimar y valorar a los demás». Insistía allí en que las personas más sencillas son las que imparten con frecuencia, más con sus acciones que con palabras, las lecciones más importantes.
De ese principio se pueden poner muchos ejemplos. Uno de ellos es el que relato en una nueva entrada de mi segundo blog. Allí encontraréis el texto íntegro. Podéis llegar a él mediante este enlace:

https://enriquefranciscopallares.wordpress.com/

Os recuerdo la activación, desde hace una semana, de este mi segundo blog, con un enfoque más informal y personal, a la vez que con una temática más amplia que la de la psicología. Contando la presente, he publicado ya 8 entradas, aunque a partir de ahora disminuiré la frecuencia de publicación.

Si quieres seguir el segundo blog, puedes optar por tomar nota de su dirección o por suscribirte, rellenando el espacio que encontrarás en el margen derecho del segundo blog. De este último modo, recibirás por correo electrónico el texto de cada entrada de ese blog en cuanto la publique. No siempre, sino solo excepcionalmente, informaré en este blog de las entradas nuevas del otro.

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21 de septiembre: Día Mundial del Alzheimer

Dia_mundial_del_alzheimer_2014 recortada21 de septiembre, Día mundial del Alzheimer o, con mayor exactitud y sentido, Día Mundial de los Enfermos de Alzheimer y de sus familiares.

En 1901 acudía a la consulta del neuropsiquiatra alemán Aloysius Alzheimer (1864-1915), una enferma de 51 años (¡51!) , Auguste Deter, que presentaba un cuadro de pérdida grave de memoria, unido a ideas delirante de celos. A los seis meses de la muerte de Auguste, en 1906, Alzheimer presentó el caso en un congreso de psiquiatría que tuvo lugar en la ciudad de Tubinga. Pero fue el eminente psiquiatra Emil Krapelin, director del laboratorio en el que investigaba Alzheimer, y donde se realizó el estudio post-mortem del cerebro de Auguste, quien aplicó a esta enfermedad el nombre (epónimo) por el que hoy la conocemos: la enfermedad de Alzheimer. Siendo más preciso, «demencia tipo Alzheimer», pues aunque es la más frecuente, existen otros tipos de demencias.

No pretendo ni siquiera resumir brevemente las características diagnósticas, evolución, epidemiología, teorías explicativas u otros datos sobre esta enfermedad neurodegenerativa, caracterizada por un deterioro cognitivo progresivo y generalizado, unido a otras alteraciones conductuales. No pretendo ser preciso, tampoco aproximado, ni destacar las cifras de la llamada «Epidemia del siglo XXI». Entre paréntesis, no me gusta esta expresión de «epidemia» porque invita al alejamiento del que la padece, en lugar del necesario acercamiento. En España afecta a unos tres millones y medio de personas, entre enfermos (unos 800.000, o más) y sus familiares.

Ante su magnitud, simplemente quiero tener presente y recordar, de forma especial en este día, a los enfermos que la padecen y a todas las personas que los atienden, familiares y cuidadores, o que de alguna forma se ven afectados por la enfermedad. También, un recuerdo de afecto y solidaridad al personal sanitario y a todas las asociaciones que trabajan a favor de los enfermos de Alzheimer. Sin olvidarnos de los investigadores que luchan desde el laboratorio contra esta enfermedad. La Confederación Española de Asociaciones de Familiares de Personas con Alzheimer y otras demencias (CEAFA) propone este año el siguiente lema, que lo resume todo: «Haz que este gesto se te pegue». Se nos pegue al corazón. El gesto de poner la pegatina cerca del corazón.

Ocasión también la de este día para recordar, frente a las cifras y generalizaciones, la singularidad de cada enfermo. La enfermedad, en su afán destructivo del tejido cerebral, no diluye la peculiaridad del sujeto, ni su dignidad como persona. La citada CEAFA opta, en su misma denominación, por la referencia a «Personas con Alzheimer» y no por la de enfermos de Alzheimer. ¡Personas afectadas por la enfermedad de Alzheimer! ¡Personas!
Se habla de los problemas físicos y mentales que puede generar la tarea de atender a las personas con esta enfermedad, resumidas en el llamado “síndrome del cuidador”. Por supuesto que esas personas deben contar con todo el apoyo social y personal que sea posible.

Pero estas posibles consecuencias negativas no se desarrollan fatalmente, como ocurre con el progreso de la enfermedad de Alzheimer. Además, para muchas personas, el cuidar a un familiar –con frecuencia padre, madre o cónyuge– es la ocasión para desarrollar y mostrar las tendencias y sentimientos más nobles que encierra el corazón humano. En muchos caso, la enfermedad es la ocasión de devolver, simplemente, los cuidados que ellos recibieron en otro tiempo, sobre todo durante la niñez, por parte de los que ahora están enfermos. Los medios de comunicación social abundan y destacan las noticias que son ejemplo confirmatorio del lema hobbesiano “homo homini lupus” (“El hombre es un lobo para el hombre”). Aunque esas noticias, por desgracia son verdaderas, no son toda la verdad.

enfermedad-de-alzheimer-11Los casos, ni mucho menos raros, de las personas que asisten a familiares con la enfermedad de Alzheimer o con otras enfermedades que generan alto grado de dependencia, muestran que el hombre es capaz también de desarrollar y ofrecer el amor compasivo y oblativo de forma prolongada. Son muestras elocuentes de cariño y amor desinteresado, desarrollado con frecuencia en el silencio y anonimato de una casa, sin saltar como noticia al telediario. Día tras día, año tras año, dos manos que se unen, sin tener en cuenta el calendario laboral. Una mano, la del enfermo, recibe el cuidado y apoyo físico del familiar que le cuida; la otra mano, la del cuidador, recibe también el inmenso beneficio de poder plasmar y actualizar lo mejor que hay en el corazón del ser humano, dentro de uno mismo.

Enlace recomendado para acceder a otras informaciones:

http://www.ceafa.es/es/plan-estrategico/informacion/dia-mundial-del-alzheimer/ano-2014

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Tercer aniversario de este blog

Tarta-tercer-cumpleañosEl martes, 16, recibí un mensaje de Worpress en el que me recordaba que ese día se cumplían los tres años de la apertura del blog. Se refería al momento en que creé el blog o abría la cuenta en WordPress. Para mí, sin embargo, el comienzo del blog fue el día en el que publiqué la primera entrada, es decir, el 19 de septiembre de 2011. Hoy hace tres años.

Tres años, unos cien artículos publicados, más de 80.000 visitas (además de 177 personas que reciben las entradas por correo electrónico), es un brevísimo resumen cuantitativo de la actividad del blog. Más allá de las cifras, la ilusión puesta al redactar las entradas o posts, sobre todo algunas, y el constatar la buenas aceptación por parte de los lectores. Conclusión: vale la pena continuar. Y esto gracias a los que lo seguís.

Una noticia: he comenzado un segundo blog

Quiero comunicaros que he iniciado un segundo blog. Esto no supone suprimir ni abandonar el primero, es decir, en el que estás en este momento o desde el que has recibido el texto que lees. Convivirán los dos, porque no son incompatibles sino complementarios. Pronto aparecerá un nuevo post o entrada. En la primera entrada del segundo blog podréis ver cuáles son sus objetivos, temática y estilo. De momento, he publicado una entrada cada día, pero tengo previsto disminuir este ritmo en los próximos días y espaciarlas más. Podés visitar este nuevo blog en la siguiente dirección:

https://enriquefranciscopallares.wordpress.com/

Al igual que el presente blog, el segundo lo podéis seguir entrando en la dirección que acabo de copiar, pero también os podéis suscribir (en el margen derecho encontraréis el lugar para hacerlo) y así recibir por correo electrónico las entradas, cada vez que publique una nueva. Otra forma de seguirlo es siguiéndome en las redes sociales a las que pertenezco: Twitter, Google+ y Facebook.

Quiero agradeceros, de verdad, la atención que prestáis a este blog y la que vaia a prestar al segundo. Os agradeceré también los comentarios y el que, si la entrada os gusta, hagáis clic en el espacio «me gusta». Algunos me lo decís de palabra, pero esta comunicación verbal no es incompatible con que lo expréis también en el espacio adecuado de cada entrada. Muchas gracias de nuevo.

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