Tercer aniversario de este blog

Tarta-tercer-cumpleañosEl martes, 16, recibí un mensaje de Worpress en el que me recordaba que ese día se cumplían los tres años de la apertura del blog. Se refería al momento en que creé el blog o abría la cuenta en WordPress. Para mí, sin embargo, el comienzo del blog fue el día en el que publiqué la primera entrada, es decir, el 19 de septiembre de 2011. Hoy hace tres años.

Tres años, unos cien artículos publicados, más de 80.000 visitas (además de 177 personas que reciben las entradas por correo electrónico), es un brevísimo resumen cuantitativo de la actividad del blog. Más allá de las cifras, la ilusión puesta al redactar las entradas o posts, sobre todo algunas, y el constatar la buenas aceptación por parte de los lectores. Conclusión: vale la pena continuar. Y esto gracias a los que lo seguís.

Una noticia: he comenzado un segundo blog

Quiero comunicaros que he iniciado un segundo blog. Esto no supone suprimir ni abandonar el primero, es decir, en el que estás en este momento o desde el que has recibido el texto que lees. Convivirán los dos, porque no son incompatibles sino complementarios. Pronto aparecerá un nuevo post o entrada. En la primera entrada del segundo blog podréis ver cuáles son sus objetivos, temática y estilo. De momento, he publicado una entrada cada día, pero tengo previsto disminuir este ritmo en los próximos días y espaciarlas más. Podés visitar este nuevo blog en la siguiente dirección:

https://enriquefranciscopallares.wordpress.com/

Al igual que el presente blog, el segundo lo podéis seguir entrando en la dirección que acabo de copiar, pero también os podéis suscribir (en el margen derecho encontraréis el lugar para hacerlo) y así recibir por correo electrónico las entradas, cada vez que publique una nueva. Otra forma de seguirlo es siguiéndome en las redes sociales a las que pertenezco: Twitter, Google+ y Facebook.

Quiero agradeceros, de verdad, la atención que prestáis a este blog y la que vaia a prestar al segundo. Os agradeceré también los comentarios y el que, si la entrada os gusta, hagáis clic en el espacio «me gusta». Algunos me lo decís de palabra, pero esta comunicación verbal no es incompatible con que lo expréis también en el espacio adecuado de cada entrada. Muchas gracias de nuevo.

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¿Por qué se inician las conductas de riesgo? (*)

Historias del KronenNo existe una explicación clara y universalmente válida para las conductas de riesgo. Se puede apelar, por ejemplo, a la existencia de una fuerza autodestructiva –el impulso de muerte– propuesta por Sigmund Freud, pero nos vamos a referir en los apartados siguientes a otras explicaciones diferentes: El comportamiento ordálico, la búsqueda de sensaciones fuertes, la teoría del proceso opuesto (el lado positivo de la ansiedad y del dolor) y al sesgo cognitivo de la fábula de la invulnerabilidad. Estas cuatro hipótesis explicativas proceden de orientaciones psicológicas diferentes entre sí. No se oponen entre sí, sino que pueden complementarse en proporciones diferentes según los casos. Hay que advertir que las cuatro proceden preferentemente de la Psicología y que dejan espacio para otras explicaciones más de tipo sociológico y cultural.

¿Comportamiento ordálico?
Se ha hablado de conductas ordálicas para explicar, en primer lugar las toxicomanías, pero podemos extender esta explicación a otras conductas de riesgo. La ordalía era el juicio de Dios, una prueba jurídica que se utilizaba a veces en la Edad Media para verificar la inocencia o culpabilidad de algunos reos. Dios respondía y daba el veredicto a través de una prueba peligrosa, cuyo resultado –morir o sobrevivir– mostraba claramente de parte de quién estaba Dios.
En la adolescencia, la conducta ordálica vendría a sustituir a los ritos de iniciación o de paso al estatus adulto. Los adolescentes occidentales, que carecen de ritos de iniciación institucionalizados recurren a formas de iniciación próximas a la ordalía, por medio de pruebas, desafíos, que viven intensamente.
Además, ante la duda radical sobre su propia valía, originada sobre todo por un futuro incierto, el joven acudiría a las conductas de riesgo buscando el veredicto del destino, como forma de reparar su erosionada autoestima y tendrían, por tanto, una función defensiva del propio yo. De forma paradójica, se trata de experimentar de algún modo la muerte –su cercanía– para poder seguir viviendo, para encontrar razón y sentido a la propia vida.

Buscar sensaciones fuertes
Entre los rasgos de personalidad que diferencian a unas personas de otras, el de la búsqueda de sensaciones se está mostrando en la actualidad como especialmente prometedor. Incluso parece que guarda relación con el nivel de activación de base del cerebro: unos tendrían este nivel bajo y necesitarían emociones y experiencias fuertes para elevarlo, mientras que otros no tendrían esta necesidad.
Marvin Zuckerman ha elaborado un cuestionario, que consta de 40 preguntas y mediante el cual se puede medir en cada sujeto el grado en que es buscador de sensaciones. Los estudios realizados posteriormente han señalado algunas características de los que obtienen puntuaciones altas. Estos sujetos necesitan experiencias variadas –nuevas sensaciones, viajes, etc.–, rechazan la monotonía, les gusta el cambio y lo imprevisto, son desinhibidos y, por lo que al riesgo se refiere, buscan el peligro y las actividades que implican velocidad.
También tienen tendencia a conductas adictivas, con o sin droga química e inician más conductas de riesgo después de tomar alcohol. La búsqueda del riesgo, pues, respondería a una característica de la personalidad, con una base biológica y relativamente estable –aunque suele ser más alta durante la adolescencia y juventud–, presente en diferentes grados en cada sujeto. Es más, la pasividad y monotonía inherente a tener resueltas las necesidades materiales más inmediatas, así como la falta de otros retos, invita a buscar sensaciones fuertes. Frank Farley ha descrito con más detalle este tipo de personalidad y la ha denominado Personalidad T, caracterizada por la búsqueda de activación, que puede buscar riesgos creativos (T+) o destructivos (T-), así como riesgos mentales o riesgos físicos.

El lado deseable de la ansiedad y del dolor
El psicólogo americano Richard Salomon, antiguo profesor de la Universidad de Harvard, propuso la teoría del proceso opuesto para explicar varios tipos de conducta y reacciones emocionales. Así como los placeres repetidos acaban siendo menos apetecidos, la repetición de experiencias que generan tensión y malestar termina por disminuir el desagrado. Es más, el malestar, desagrado o dolor que llevan consigo algunas de las conductas de riesgo provoca en el organismo un proceso de naturaleza opuesta –agrado o placer– que termina por hacerse dominante a medida que la conducta de riesgo se va repitiendo. Por ejemplo, si iniciamos una actividad, como el salto en paracaídas la primera reacción es de ansiedad y temor (desagradable), pero el organismo desarrolla la reacción opuesta de satisfacción (agradable), que se hace dominante cuando el sujeto llega a tierra y más todavía con la repetición que reduce la sensación desagradable. Vemos, pues, que el placer y la satisfacción están también tras las situaciones que provocan desagrado.

La fábula de la invulnerabilidad
El adolescente, aunque comienza a utilizar la inteligencia lógica y formal del adulto, todavía lo hace de forma balbuciente y con ciertas limitaciones. Por ejemplo, tiene dificultad para ponerse en la perspectiva correcta cuando considera la realidad y, en consecuencia, tiende a creerse algo especial y diferente a los demás. En mayor o menor grado se percibe como invulnerable e indestructible, dada la idea que tiene de la singularidad de sus capacidades físicas y habilidades mentales. El profesor David Elkind, especialista en Psicología del Desarrollo humano, ha llamado a esta distorsión fábula de invencibilidad o invulnerabilidad, que incluye el considerarse hasta cierto punto inmune a las leyes de la mortalidad y excepción de las leyes de probabilidad.
Piensa, de algún modo, que la exposición a situaciones de riesgo –conducción temeraria, consumo abusivo de alcohol u otras drogas, actividad sexual sin protección, etc.– no le van a dañar a él (“esas cosas les ocurren a los otros, pero no a mí”, “la muerte no me llegará”, etc.).
La fábula personal, no igualmente evidente en todos los adolescentes, puede subsistir con posterioridad a la adolescencia y en un grado moderado ayuda a la persona a no encogerse y encerrarse en un mundo con tantos accidentes y peligros potenciales, pues piensa que eso no le puede ocurrir a él. Pero puede también hacerle negar la evidencia del peligro y exponerse innecesariamente a él.
En el fondo, tal vez sea la tendencia a proteger nuestra propia autoestima, una de las o la más radical motivación humana, la que nos hace subestimar los peligros (“no estaré yo entre las víctimas de la carretera de este puente”) y, sin embargo, sobreestimar lo que consideramos deseable (“me tocará este décimo”).

(*) Esta entrada es la segunda parte de un artículo de Enrique Pallarés Molíns, que se publicó por primera vez en la revista Mensajero (abril, 1997). La primera parte apareció   en este blog el día 9 de este mes de septiembre.

Fotografía. Es un fotograma de la película Historias del Kronen, basada en la novela del mismo nombre de José Ángel Mañas. En ellas aparecen diferentes conductas de riesgo.

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Al comenzar el nuevo curso. Para estudiantes, padres y profesores

Estudiante UD pasarelaAl comenzar el nuevo curso os invito a leer uno de los artículos o entradas de mi blog (*), en el que sintetizo las orientaciones que considero más adecuadas para superar bien los estudios: 12 orientaciones generales. Son el resumen de lo que desarrollo en los diferentes capítulos de un libro (Técnicas de estudio y examen para universitarios. Ediciones Mensajero, 2007) que publiqué hace unos años. El libro va dirigido de forma preferente a los estudiantes universitarios, pero creo que tanto las orientaciones que allí desarrollo como el resumen que presento, pueden ayudar también a los estudiantes de otros niveles del sistema educativo, sobre todo a los de bachiller.
Este es el texto del artículo:

Doce consejos para los estudiantes

Si preferís el texto que sigue en archivo PDF, para descargarlo o imprimirlo con mayor facilidad, lo encontraréis en este otro enlace (control y clic): Doce consejos en pdf

1.- Fomenta y desarrolla una motivación adecuada. Trata de aumentar la motivación intrínseca por lo que estudias («esto lo estudio porque me resulta interesante»). Esta motivación intrínseca la conseguirás, poco a poco, si practicas un tipo de estudio según los apartados Practica el estudio crítico y aplicado y Utiliza estrategias eficaces de aprendizaje, que encontrarás más abajo. La motivación se puede crear y desarrollar; no es algo fijo. No cedas al desánimo cuando algo no te salga como esperabas. Ante un resultado peor de lo esperado, evita echar la culpa a nadie (ni a otros, ni a ti mismo) sin después hacer nada; en lugar actuar así, revisa lo que puedes mejorar, para llegar a un plan operativo de actuación. También de los fallos se puede aprender. Evita aplicarte etiquetas negativas, como «No tengo fuerza de voluntad», «No valgo», «No puedo cambiar», etc. Por el contrario, piensa que, con el método adecuado y constancia, puedes mejorar en todo o casi todo, como otros lo hacen.

2.- Organiza bien el tiempo. Ten un plan realista, no minucioso ni inflexible. Distribuye el tiempo de forma proporcional entre todas las materias, las diferentes partes de cada materia y las varias tareas o actividades que se pueden realizar durante el estudio. Puedes tomar la semana como unidad para planificar. Aprovecha los «tiempos muertos», esos ratos en que no tienes una actividad realmente interesante. No concedas demasiado tiempo a una materia a costa de las otras, ni te detengas demasiado tiempo en un tema, o en el comienzo de un tema, y dejes el resto casi sin ver. Lleva al día ─o «a los dos días»─ todas las asignaturas, lo que no equivale necesariamente a estudiarlo como para dar en ese momento el examen, sino que se trata de que, como mínimo, entiendas lo explicado, subrayes o hagas esquemas y realices alguna lectura.

3.- Crea un entorno favorable al estudio. Tanto material como personal. Un lugar que facilite la concentración y en el que te encuentres a gusto. Pero, sobre todo, crea un ambiente personal positivo, una disposición y actitud favorable al estudio. El estudio activo (lee los dos apartados siguientes) te ayudará a mantener la concentración. Procura estar en forma física y mental con una vida sana. No le quites tiempo al sueño o al descanso necesario para estudiar o intentar estudiar, pues actuar así termina por ser una mala inversión del tiempo.

4.- Utiliza estrategias eficaces de aprendizaje. No te limites a leer y leer, sin más; ni tampoco a aprender de memoria sin entender. Estudia cada tema con un objetivo (busca algo), proponte preguntas y trata de responderlas con la o las lecturas. Alterna la visión de conjunto o general con la visión por partes, sin perder nunca la visión de conjunto del tema o cuestión. Relaciona las diferentes ideas o puntos entre sí, relaciona también lo que estudias ahora con lo anterior o con la explicación de clase, etc. Estructura (Haz un esquema escrito o mental) y «esencializa» (trata de llegar a palabras clave), pero sé capaz de reconstruir o explicar ese esquema. Hazte con frecuencia una especie de examen («¿Cómo expresaría lo que acabo de estudiar?»).

5.- Practica el estudio crítico y aplicado. No un estudio pasivo, mecánico y superficial. Consulta otros libros y documentos. Hazte amigo de los diccionarios y enciclopedias, tanto generales como de las diferentes materias. Después de entender lo que lees trata de descubrir el punto de vista del autor, sus fuentes, los supuestos de los que parte, el rigor de sus argumentos y razonamientos, etc. Relaciona lo que estudias con otras lecturas, con noticias de actualidad, etc. Relaciona lo que aprendes en una materia con otras materias. Trata de hacer aplicaciones de lo que estudias. Estudiar así no te llevará mucho más tiempo, pero te ayudará a aprender mejor y experimentar mayor satisfacción y motivación intrínseca.

6.- Repasa con frecuencia. Realiza varios repasos, no solo poco antes de los exámenes. El primero, al poco de estudiar algo y, después, de vez en cuando. Reserva un espacio de tiempo a la semana para repasar. Pero haz repasos activos, no simplemente «leer y leer». Aprende a realizar los repasos sin emplear mucho tiempo: varios repasos rápidos. Utiliza las ayudas (subrayado, esquemas, mapas conceptuales, fichas de repaso, etc.). Reconstruye mentalmente lo estudiado (autoexamen), comprueba con los apuntes o el libro si los has hecho bien, y termina con otra lectura.

7.- Mejora tu memoria. Mejorar la memoria es mejorar la forma de aprender. Entiende y comprende todo lo que lees. Sintetiza y simplifica, hasta llegar a palabras-clave o palabras que te suscitan el recuerdo de lo estudiado. Visualiza e imagina hasta llegar a «ver» o «sentir» lo que estudias. Relacionar unas cosas con otras es el «pegamento» de la memoria. Comprueba si has aprendido bien con una especie de autoexamen. No es lo mismo entender (o creer que se entiende) que dominar y ser capaz de aplicar lo estudiado. Ten bien presente que el recuerdo viene poco a poco, con suavidad, por asociación, sin tratar de forzarlo.

8.- Sigue las clases y orientaciones del profesor. Conoce bien los objetivos, método de trabajo y criterios de evaluación de cada materia. Aprovecha al máximo las clases, pues es una forma de optimizar tu tiempo. Presta atención a los puntos que el profesor señala como importantes. Revisa diariamente los apuntes. Relaciona la explicación del profesor con el libro o libros. Dentro de tu estudio, puede resultar provechoso dar un vistazo rápido a lo que van a explicar próximamente. Aprovecha la disponibilidad de los profesores para aclarar tus dudas y desarrollar la forma de aprender mejor.

9.- Prepara bien los exámenes. Desde comienzo de curso. En la etapa inmediata, dedica la mayor parte del tiempo a los repasos activos. Da un vistazo al conjunto de las preguntas, antes de empezar a responderlas. Haz una especie de esquema ─por escrito o mental─ de cada pregunta, antes de empezar a redactar. Reparte el tiempo proporcionalmente entre las partes del examen. Adquiera las estrategias de cada tipo de examen: desarrollo, «tipo test», oral, etc.

10.- Aprende a manejar la ansiedad durante los exámenes. Evita los agobios en los días anteriores. No te alarmes si experimentas algo más de ansiedad: acéptalo y no aumentes la ansiedad por sentir ansiedad. Se trata de manejar la ansiedad y no de suprimirla. No pretendas recordar todo a la vez: el recuerdo llega a su ritmo, por asociación, pero nunca bajo la presión de querer acordarte de todo a la vez. No te atasques en lo que ahora no recuerdas. Da un vistazo a las preguntas y, durante unos minutos, deja que venga a tu mente de forma espontánea cualquier dato o información, aunque no sea correcta; después vendrá la selección y la estructuración. Recurre, si te resulta necesario a utilizar algunas de las estrategias generales y técnicas para manejar la ansiedad.

11.- Planifica y realiza con esmero los trabajos académicos. Lo más importante en los trabajos académicos es el ejercicio y desarrollo de importantes habilidades intelectuales, como buscar, seleccionar, relacionar, organizar, estructurar y resumir la información, o llegar a conclusiones; además, por supuesto, de aprender a expresar correctamente por escrito lo que has elaborado, así como a realizar presentaciones orales. No tomes información de cualquier libro, revista o página de internet. Selecciona las fuentes de tu trabajo con una actitud crítica. Comprende bien las ideas o datos que tomas prestados y no copies literalmente: cita siempre las fuentes que utilizas. Haz un borrador. Estructura bien las ideas. Deja claro cuál es el objetivo de tu trabajo, las conclusiones a las que llegas y sus límites. Redacta con claridad, pues un trabajo no es solo para ti, sino algo que tienen que leer y entender otros.

12.- Mejora tus estrategias, técnicas y hábitos de estudio. Un objetivo fundamental de los años de estudiante, sobre todo durante la universidad, es aprender a aprender. Revisa de vez en cuando tu forma de estudiar. Proponte algunos objetivos concretos para mejorar tus estrategias y hábitos de trabajo intelectual. No pretendas hacerlo todo a la vez, ni te agobies al ver muchas recomendaciones juntas. Poco a poco, pero con constancia. Releer este libro y consultarlo con frecuencia, puede ser una buena ayuda para aprender a aprender. El cuestionario de las páginas 113-117 te ayudará de forma especial para empezar.

El año pasado, por estas mismas fechas, me hicieron una entrevista para un suplemento sobre educación del diario El Correo. La página del periódico que contiene la entrevista la podéis encontrar, en formato PDF, haciendo “clic” o “control” + “clic” en el siguiente enlace: Entrevista El Correo Ensañanza

(*) Publicado el 11 de noviembre del 2011.

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Cuando el ser humano busca el riesgo

puenting2La conducta humana siempre resulta sorprendente. Con frecuencia aludimos al “instinto de conservación” para explicar las conductas reflejas de autoprotección, pero no podemos dejar de observar otras conductas que suponen un claro riesgo para la propia vida.

Riesgo necesario y riesgo buscado
Arriesgarse es algo que va incluido en la propia vida y que de algún modo es la condición del progreso, ya que no es posible ir adelante sin asumir algún porcentaje de riesgo. Estamos, pues, ante una variable o dimensión del comportamiento humano, presente en mayor o menor grado en la conducta y vida del hombre.
Pero, desde el punto de vista de su finalidad, no podemos igualar todas las conductas de riesgo. A veces se pone en riesgo la propia vida o la salud para salvar a otras personas, por una ideal, o por exigencias de la profesión; aunque también se asumen riesgos por motivos menos altruistas, como es por la fama o el dinero. Otras veces, sin embargo, el riesgo es buscado activamente y de forma repetida por sí mismo: estamos ante el riesgo por el riesgo. Es este último tipo de riesgo el que resulta más intrigante desde el punto de vista psicológico.

Variedad de riesgos
La ruleta rusa sería la forma arquetípica de conducta de riesgo. Solo, o más frecuentemente con otros -como testigos o participantes-, se deja exclusivamente en manos del azar la propia vida. La sensación experimentada en dicha situación tiene que ser, por supuesto, extrema.
Pero el repertorio de conductas de riesgo es mucho más amplio y va desde conductas reconocidas como patológicas (adicción a las drogas) a algunas actividades deportivas y de ocio. Asistimos al auge de estas últimas. En el deporte tradicional el riesgo físico estaba minimizado, pero algunos deportes actuales incluyen el riesgo corporal como parte del juego. Es más parece existir una tendencia a realzar el papel del riesgo y a concederle el protagonismo. La “marca” consistiría precisamente en superar un peligro grave -o extremo- y espectacular. Si el paracaidismo es ya considerado como una actividad de riesgo, todavía lo es más saltar del avión sin paracaídas, para recogerlo durante el descenso de otro paracaidista.
En algunas de estas variantes deportivas y de ocio, tanto para los principiantes como para los veteranos, los accidentes pueden ocurrir de forma impredecible. La conducción del automóvil comporta un riesgo, que a veces se trata de maximizar, con la excesiva velocidad o la conducción por el carril de sentido contrario de una autovía. El riesgo se multiplica de forma considerable cuando se conduce bajo los efectos del alcohol, factor que interviene en un porcentaje alto de accidentes. El alcohol, además de aumentar el tiempo de reacción ante un posible obstáculo, induce a una sobreestimación de las propias capacidades, incluso a la misma negación de la existencia del peligro. Aquí, el momento verdadero de la conducta de riesgo sería cuando se consume el alcohol. En el caso de las toxicomanías, si en el adicto a la heroína su misma carencia es la que le impulsa a una nueva toma, al comienzo sobre todo destaca una especie de flirteo con el peligro y la muerte.
Apartado propio merecen las conductas sexuales de riesgo: omisión de protección ante enfermedades de transmisión sexual -sobre todo del SIDA-, exposición a embarazos no deseados en adolescentes, o la reducción del oxígeno hasta la asfixia, juego extremo éste entre el placer y la muerte.
Por otra parte, no siempre se pueden diferenciar con claridad las conductas suicidarias de las conductas de riesgo. Es más, algunas conductas de riesgo las podemos considerar como equivalentes suicidarios.
Otros prefieren asumir riesgos financieros o de sus posesiones -pensemos en el jugador patológico-, o riesgos afectivos o sociales. Existe alguna semejanza entre estos riesgos y el de la vida. El jugador patológico, al poner en juego sus bienes, pone en juego de forma simbólica su propia vida. En esta “adicción” sin droga química, se produce la experiencia emocional del riesgo de perder.
Podemos hablar de la existencia de una verdadera “adicción al peligro”. Ya no hace falta ser caballero andante ni capitán Trueno, para realizar actos heroicos; estamos asistiendo a un proceso de democratización del heroísmo. Por otra parte, el asumir riesgos es valorado socialmente y recibe el refuerzo de la importancia que le conceden los medios de comunicación social. De este modo, estas informaciones pueden actuar en algunos sujetos como activadores de otros motivos.

Más allá de esta respuesta, ¿cómo podemos explicar estos hechos? En una próxima entrada expondremos algunas de las explicaciones que los psicólogos han propuesto.

Esta entrada es la primera parte de un artículo de Enrique Pallarés Molíns se publicó por primera vez en la revista Mensajero (abril, 1997).

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Estimar y valorar a los demás

medaille RousseauLlevo varias semanas sin publicar entradas en este blog. Algunos de los seguidores y lectores llegarán incluso a sospechar que lo habré abandonado. La verdad es que no; no lo he cerrado; sigo adelante. Lo que ocurre es que estas últimas semanas estoy más centrado en la lectura (de psicología y también de otros temas), en tantear la posibilidad de un futuro libro –todavía no he concretado con seguridad cuál será el próximo, aunque tengo algo entre manos– y en algún escrito de mayor longitud que una entrada de blog. Con toda razón, podrán decir ustedes que una cosa no quita a la otra, y que no descuide el blog por dedicarme con mayor intensidad esas otras tareas. Voy a procurar hacerlo.

En la búsqueda bibliográfica sobre el orgullo y la arrogancia, dentro de un posible trabajo sobre las emociones humanas, me he encontrado con varias citas, que no forman parte de las investigaciones y estudios realizados por psicólogos, pero no por ello menos importantes y sugerentes. Con ellas voy a preparar esta entrada. La primera cita es del jesuita aragonés del siglo XVII Baltasar Gracián (1601-1658), tomada de ese compendio de sabiduría, precisión y agudeza que es el Oráculo manual y arte de prudencia. Dice así:

«Saber estimar. Ninguno hay que no pueda ser maestro de otro en algo; ni hay quien no exceda al que excede. Saber disfrutar a cada uno, es útil saber. El sabio estima a todos, porque reconoce lo bueno en cada uno, y sabe lo que cuestan las cosas de hacerse bien; el necio desprecia a todos por ignorancia de lo bueno, y por elección de lo peor». [Baltasar Gracián: Oráculo manual y arte de prudencia. Nº 195].

Llama la atención las afirmaciones rotundas de Gracián: «Ninguno», «Todos». Pensamos, en el mejor de los casos, que solo unos cuantos, muy pocos, los especialistas en las materias que deseamos dominar y reconocemos que no dominamos, son los que nos pueden enseñar y de los que podemos aprender. Pero, si ampliamos el horizonte de todo lo que es posible aprender en esta vida, en lugar de reducirlo a los conocimientos académicos o a las habilidades más visibles, tal vez sea verdad que podemos aprender algo de muchos más, incluso de todos. El repertorio de las fortalezas humanas es muy amplio: solidaridad, fidelidad a la amistad, cordialidad, saber persistir y también saber ceder en su momento, amor, fidelidad, sano sentido del humor, perdón, gratitud, transmitir serenidad y paz, interés por aprender, empatía, generosidad, compasión, y un largo etcétera. Los lugares de aprendizaje son muy variados y las personas que imparten estas enseñanzas son las que a veces menos esperamos. No se trata casi siempre de una lección formal y concreta, sino de la gran lección de la sencillez. Lo más sencillo y cotidiano, que casi pasa inadvertido, con frecuencia encierra gran profundidad. Parece, pues, que sí es posible aprender algo de cada uno de los demás. En el último extremo, de algunas personas podemos aprender, por lo menos, lo que no debemos hacer, es decir, podemos aprender en negativo.

El niño parece el modelo y ejemplo más evidente de aprendiz: solo aprendiz; maestro y discípulo, cada uno en su puesto; que el niño aprenda del maestro. Sin embargo, el lema del Instituto Juan Jacobo Rousseau, fundado por el psicólogo y pedagogo Édouard Claparède (1873-1940) y actualmente integrado en la Universidad de Ginebra como Facultad de Ciencias de la Educación, dice así: «Discat a puero magister» («Que el maestro aprenda del niño»). Esta famosa institución pedagógica, lugar de la docencia e investigación del eminente e influyente psicólogo Jean Piaget (1896-19980), expresó y condensó en este lema el giro copernicano que se introdujo en la pedagogía, al pasar a tomar al niño como centro del aprendizaje (el puerocentrismo). La sentencia, que fue elegida por el fundador, está grabada debajo de un relieve en el que aparece el gran pedagogo y psicólogo suizo Johann Heinrich Pestalozzi (1746-1827) con un niño. Merece la pena comprender la verdad profunda que encierra esta sentencia («Discat a puero magister», «Que el maestro aprenda del niño») y plantear la posibilidad de generalizarla, más allá del niño, a otros que consideramos «niños», es decir, inferiores. Por supuesto, no se ha de entender como una defensa o elogio del niño sabelotodo, caprichoso y pequeño tirano, que pretende estar por encima de todo y de todos. En general, del que menos lo esperamos podemos aprender algo, siempre que nos liberemos de la miopía y reducción del campo visual de la autosuficiencia.

El orgullo, o más exactamente el engreimiento, es la actitud de creerse por encima de los demás, de intentar poner un abismo entre mi yo, inflado –engrandecido artificialmente por el relleno inconsistente de la propia vaciedad– y los demás. Como ya lo dijo François de La Rochefoucauld, el orgullo no más que una endeble defensa para evitar el dolor que produce reconocer las imperfecciones y limitaciones que tiene el que lo muestra sin reconocerlo.

«Parece como si la naturaleza, que tan sabiamente ha dispuesto los órganos de nuestro cuerpo para hacernos felices, nos hubiera dado también el orgullo para ahorrarnos el dolor de conocer nuestras imperfecciones». [La Rochefoucauld. Máximas, nº 36].

Siguiendo a Baltasar Gracián, tal vez todo se resuma en una invitación a ser sabio indagador de lo que es posible aprender de cada uno de los demás y a evitar la tentación, siempre presente, de la necedad de la autosuficiencia. Ahora bien, también es necesario reconocer que los demás también pueden aprender algo de nosotros, que, sin sentarnos en una cátedra y sin la toga de la vanidad, también podemos enseñar y dar algo a otras muchas personas. Al fin y al cabo, humildad no es creerse inferior a los demás, sino reconocer nuestras debilidades, pero también nuestras fortalezas.

 

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En la Feria del Libro de Madrid

Firma_pallaresEste fin de semana estaré en la Feria del Libro de Madrid para firmar ejemplares de mi último libro (La memoria. Guia para su conocimiento y práctica) y de otros títulos míos, sobre todo de los más recientes.

Si desea más información del libro La memoria. Guía para su conocimiento y práctica  (Cubierta, contracubierta, dedicatoria,  índice y prólogo) y una breve reseña de mis libros más recientes, la encontrará, en un archivo PDF, haciendo clic en este enlace: BMemoria

Horarios de firma:

Sábado, día 14: de 18 a 21 h.

Domingo, día 15: de 11,30 a 13,30 h. y de 18 a 21 h.

Lugar:

Caseta 226, de Ediciones Mensajero.

Parque del Retiro (Paseo de Coches). Madrid

 

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A estudiar también se aprende

COMIENZO DE LA SELECTIVIDAD-FOTOS BERNARDO CORRALA estudiar también se aprende (Así se aprueba todo). Este es el título de una entrevista que me realizó el martes de esta semana la periodista Marta Fernández Vallejo, y que publicó el miércoles el diario El Correo en su edición digital. Me ha sorprendido el elevado número de personas a las que ha interesado, a juzgar por las estadísticas que ha ido publicando el mismo diario digital, el número de veces que ha sido compartido y la cantidad de visitas a mi blog.
Los que me seguís en Facebook, Twitter y Google + ya habéis recibido información de esta entrevista. Publico esta entrada para informar a los que todavía no la conocen.
El enlace que os llevará a ella es:

http://www.elcorreo.com/bizkaia/sociedad/educacion/201406/04/claves-para-hincar-bien-20140604113712.html

En las secciones fijas de este blog Mis libros y Actividades podrán ver que ahora me dedico más a otras áreas de la psicología que a las técnicas de estudio. Pero las técnicas de estudio ha sido un tema del que me he ocupado en tres libros, cursillos y charlas, debido en gran parte a mi tarea de psicólogo orientador durante varias décadas.

Espero que la citada entrevista les sirva de alguna ayuda, tanto a los estudiantes –implicados directamente en el estudio y en los exámenes–, como a los implicados menos directamente (lo que no quiere decir que con menos interés, dedicación y compromiso), como son los padres, profesores, familiares y amigos de los estudiantes. ¡Mis mejores deseos para todos en estos días de exámenes!

Fotografía: diario El Correo

 

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